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LEONARD COHEN, Palabras y silencios

Leonard Cohen con Constantino Romero: la primera entrevista en España. Foto: Albert Fortuny

 
 

ENTREVISTA (1974)

LEONARD COHEN Palabras y silencios

Como ya saben los fans de Leonard Cohen, en el Rockdelux 356 (diciembre 2016) se publicó un especial de 15 páginas con un repaso exhaustivo de la vida y obra del artista canadiense fallecido. Y, como complemento, aquí recuperamos este casi incunable extraído de los archivos de la revista ‘Vibraciones’, antecedente histórico de Rockdelux. Estamos en 1974, en la primera visita de Cohen a España para presentar su cuarto disco, “New Skin For The Old Ceremony”, publicado ese mismo año, circunstancia que aprovechó el mítico Constantino Romero para hablar con él tras el concierto. Fue el primer periodista español que lo hizo. El resultado fue este artículo –motivo de portada de ‘Vibraciones’ en su número 2– que ahora te ofrecemos. También Jordi Sierra i Fabra pudo entrevistarlo para ‘Popular 1’, pero, por discrepancias con el editor, Martin J. Louis, no llegó a publicarse el resultado de la conversación. Así pues, solo quedó este documento de aquel primer paso de Cohen por nuestras tierras.

Hace aproximadamente cinco años que me acerqué por vez primera a la música de Leonard Cohen. Hace solo unas horas que por fin he comprendido muchas cosas que empecé a preguntarme entonces, cuando comenzaba a desentrañar el misterio de unas canciones, de unos poemas. Las increíbles mezclas que Leonard Cohen nos ofrece en sus poemas-canciones es quizá lo primero que sorprende en este escritor-cantante, que algunos han llamado de la “nueva generación”. Creo que no hay demasiadas cosas nuevas en lo que Leonard Cohen hace; su arte es el de siempre, ubicado en un tiempo que es el que nos ha tocado vivir. Sus canciones no tienen más secreto que el de decir las cosas como él las ve. Y el único modo de transmitir esa visión es la metáfora. La metáfora que en el caso de Leonard Cohen es algo fuerte, increíblemente poderoso. Tanto que a veces nos confunde y nos hace pensar que estamos ante algo tan irreal como un sueño, a veces ante una pesadilla. Y es ahí donde está la fuerza de Cohen. Una tremenda fuerza interior que le hace manejar los elementos con que contamos los humanos para concluir con algo que tiene muy poco de prosaico. Que tiene mucho de espíritu profundo, de pensamiento claro, elevado. Su poesía no es otra cosa que la sublimación de lo humano. Su poesía no es otra cosa que el hombre; el hombre ante la sociedad, el hombre ante el amor, ante el odio: el hombre ante sí mismo. El hombre ante las cosas de cada día; el hombre convirtiendo esas cosas en algo más, por el solo hecho de elevarse un poco, de alcanzar otros caminos, vayan hacia arriba o hacia abajo, porque Leonard Cohen cree en el espíritu y en la bondad. Y también cree en sus poemas. Y cree que se puede ser poeta de muchas formas. Y cree en el silencio. Cree en las vibraciones, casi más que en las palabras, porque las palabras pueden ser inexactas, y el silencio es siempre indiscutible.

“Cuando regresé a Nueva York me encontré en medio de una increíble explosión pop, de la que yo me había mantenido bastante alejado. Así que empecé a escuchar a gente como Judy Collins, Joan Baez, Bob Dylan, Richard Fariña… y lo que hice fue quedarme en Nueva York y tratar de encontrar un camino para mis canciones”


“Me dices que el silencio
está más cerca de la paz que los poemas.
Pero si te regalara el silencio
(porque yo sé lo que es el silencio)
me lo devolverías diciendo:
Esto no es el silencio,
es otro poema…”


Siempre a caballo de la desilusión, sus canciones nos llegan como bofetadas inesperadas que nos hacen fijarnos en él. En su pensamiento.

Quizá por esta razón los recitales de Leonard Cohen han sido un éxito de público. Un público ávido de escuchar a Cohen hablar de ese hombre cuya mano es imposible de alcanzar porque su única aspiración es alcanzar el cielo para rendirse. O de esos personajes protectores que le acogen a uno cuando ya empiezan a faltar las fuerzas. O para escuchar una vez más la historia de Suzanne.

También fui a su recital para oír todo eso. Para comprobar que todos esos personajes, todas esas imágenes, eran producto de una actitud ante la vida mantenida por un hombre: Leonard Cohen. Todo esto corría en mi pensamiento cuando me acerqué a él para hablar de cosas un tanto inconcretas. Me resultaba muy difícil pensar en temas de conversación, tratándose de alguien como Leonard Cohen. Pensé que lo mejor sería acercarme a él sin imposiciones, dejándole libre para que él me contara, al principio lo que quisiera y luego, si se prestaba, encauzar la conversación por los derroteros que a mí me pudieran interesar.

Me habían dicho que era un hombre arisco. Que no era amigo de conversaciones con desconocidos. Que no se abría fácilmente, que ni siquiera hablaba con los miembros de su grupo y que por eso resultaba bastante difícil hablar con él de lo que fuera.

Es curioso, pero desde el momento en que me acerqué a él tuve la impresión de estar ante alguien tan normal, tan introvertido o extrovertido como cualquier persona que no tuviera sobre sus espaldas la responsabilidad de casi una completa filosofía de la vida.

 
LEONARD COHEN, Palabras y silencios

Portada de la revista ‘Vibraciones’ en su número 2, el correspondiente a noviembre de 1974, donde se incluyó esta entrevista.

 

ESCRIBIR, COMPONER, CANTAR

“Nací en Montreal hace cuarenta años. Y todavía conservo los amigos de mi infancia. Vivo aproximadamente medio año en Montreal y otro medio en Grecia, en una pequeña isla”.

¿Por qué fuiste a Grecia? Había ganado un premio del gobierno por un libro de poemas que escribí y me dieron algún dinero que me permitió viajar. Estuve en París y desde allí me fui hasta Grecia y empecé a ver esas islas maravillosas. Me quedé en una de ellas, conocí a una chica, alquilé una casa y me quedé allí ocho años.

¿Fue ese el período más importante de tu vida, en cuanto a inspiración? Creo que fue una buena época, en cuanto a trabajo.

“Mis canciones son algo así como documentales, como reportajes. La gente me acusa de que a veces soy demasiado poético. Pero es así como funciona mi imaginación. Es así como yo veo las cosas. No intento ni siquiera hacer frases bonitas”

¿Hiciste muchas canciones entonces? Sí; aunque yo siempre había mostrado interés por la música. Cuando tenía 16 o 17 años formaba parte de un grupo de música country, en Canadá.

¿Y qué pasó en Grecia para que de repente surgieran canciones compuestas por ti? Allí acostumbraba a escuchar la emisora del ejército americano. Ponían mucha música country and western. Siempre me había gustado esa música, pero nunca había compuesto nada. Eso fue lo que me empujó a componer. Y como no tenía dinero, pensé que lo mejor sería ir a Nashville e intentar vender algunas canciones.

¿Y las compró alguien? Lo que ocurrió fue que cuando regresé a Nueva York me encontré en medio de una increíble explosión pop, de la que yo me había mantenido bastante alejado. Así que empecé a escuchar a gente como Judy Collins, Joan Baez, Bob Dylan, Richard Fariña… y lo que hice fue quedarme en Nueva York y tratar de encontrar un camino para mis canciones.

¿Seguías interesado en los libros mientras luchabas por conseguir un lugar para tus canciones? Nunca he podido permitirme el lujo de distinguir entre una cosa y otra. No soy lo suficientemente rápido escribiendo como para poder escoger. Me lleva mucho tiempo escribir una canción, un poema o una novela.

¿Qué te resulta más agradable: escuchar un disco tuyo o leer tus poemas? No creo que pueda contestarte a esta pregunta. A veces sientes que tu trabajo no es lo suficientemente bueno. Sientes algo así como unas ganas tremendas de repudiarlo, de abandonarlo.

 
LEONARD COHEN, Palabras y silencios

Sobre “Sisters Of Mercy”: “Me encontré con dos chicas que me invitaron a pasar la noche con ellas. Pronto me di cuenta de que aquello no tenía nada que ver con el sexo. Sencillamente nos fuimos a dormir porque yo estaba muy cansado. Me desperté durante la noche y ellas estaban dormidas. Me puse a escribir esta canción. Creo que es la canción más bonita que he escrito”.
Foto: Albert Fortuny

 

Pero en ocasiones como esta, en que te encuentras metido en una gira, no tienes más remedio que encararte con tu trabajo cada día. Tienes que cantar canciones que a lo mejor ya han dejado de significar algo para ti… Yo creo que una canción siempre tiene dos o tres puertas por las que entrar en ella. Si sabes qué puerta escoger, casi siempre puedes entrar en la canción. Y eso es lo que intento hacer en el escenario. Buscar una puerta que en aquel momento me parezca adecuada. Porque si te acercas a una canción de modo cínico, acabas por aburrirla.

De toda las canciones de Leonard Cohen hay una que siempre me ha hecho pensar. Una canción que me ha preocupado por su tema más que las otras. Una canción que habla de la caridad. De esa caridad repartida sin condiciones. De esa sensación de comodidad que alguien te hace sentir en el momento en que más lo necesitas. Cuando todo se vuelve incontrolable, cuando las luces de la ciudad empiezan a perder su brillo y solo queda la esperanza de una reacción humana.

Quería preguntarle a Cohen por esta canción, que habla de una protección imprescindible para continuar viviendo. Quería saber lo que él pensaba de la necesidad que los seres humanos tenemos de los demás. Quería saber cuál era la verdad de “Sisters Of Mercy”.

“Es el poeta que más me ha influenciado. Tanto que hace un mes he tenido una hija y he decidido llamarla Lorca. Lorca Cohen. ¿Qué puedo decir de un nombre que en un momento de mi vida cambió mi forma de ser y de pensar de un modo radical? Por otro lado está la guitarra española. El cante profundo de un pueblo que ha sabido poner al cantante en la posición de alguien que no es un espectáculo, sino algo que tiene mucho que ver con el pueblo y, más que eso, con sus emociones. Me refiero al cante jondo. Por eso siempre había sentido un deseo especial de actuar en España”

“Estaba muy solo. Únicamente tenía mi guitarra. Y de pronto me encontré con dos chicas que me invitaron a pasar la noche con ellas. Pronto me di cuenta de que aquello no tenía nada que ver con el sexo. Sencillamente nos fuimos a dormir porque yo estaba muy cansado. Me desperté durante la noche y ellas estaban dormidas. Me puse a escribir esta canción y cuando se despertaron se la canté y creo que las hice muy felices. Creo que fue la primera y única vez que he escrito una canción de principio a fin sin una corrección. Creo que es la canción más bonita que he escrito”.

En tus canciones casi siempre hay un sujeto que está observando. Alguien que habla, que vive. ¿Eres tú ese alguien? Mis canciones son algo así como documentales, como reportajes. La gente me acusa de que a veces soy demasiado poético. Pero es así como funciona mi imaginación. Es así como yo veo las cosas. No intento ni siquiera hacer frases bonitas.


FEDERICO GARCÍA LORCA

Pero, a pesar de no intentarlo, Cohen dijo dos frases realmente bellas en su recital. Al principio dijo que su guitarra había llegado a casa. Y al final del recital quiso dejar claro que dedicaba su primer concierto en España a Federico García Lorca. Lo de la guitarra estaba claro. Era una guitarra española. Pero ¿por qué esa dedicatoria?

“No es que yo quisiera ganarme simpatías dedicando el recital a Lorca. Cuando yo tenía quince años descubrí un libro de poemas suyos que desde entonces siempre llevé conmigo, hasta que el libro empezó a perder sus páginas. Es el poeta que más me ha influenciado. Tanto que hace un mes he tenido una hija y he decidido llamarla Lorca. Lorca Cohen. ¿Qué puedo decir de un nombre que en un momento de mi vida cambió mi forma de ser y de pensar de un modo radical? Por otro lado está la guitarra española. El cante profundo de un pueblo que ha sabido poner al cantante en la posición de alguien que no es un espectáculo, sino algo que tiene mucho que ver con el pueblo y, más que eso, con sus emociones. Me refiero al cante jondo. Por eso siempre había sentido un deseo especial de actuar en España”.

En las canciones de Cohen hay alusiones repetidas al matrimonio.

“El año pasado estuve viajando con un monje. Yo estaba a su servicio. Le llevaba su equipaje. Fuimos a varios monasterios en América, y recuerdo que él en cierta ocasión dijo a los monjes de un monasterio trapense que la vida que llevaban era en el fondo muy fácil. Que para saber lo que era la vida dura, difícil, tenían que conocer lo que era el matrimonio. En el fondo era muy fácil levantarse a las tres de la mañana y rezar. Pero llevar una vida de compromiso con otra persona era lo más difícil de este mundo. En el matrimonio es donde se prueba a los hombres. Donde se prueba su hombría, su dignidad. Por eso hablo en mis canciones sobre el matrimonio; porque creo que cualquier ser humano que adquiere ese compromiso es un ser con auténtico espíritu monástico”.

¿Estás casado? Vivo con una mujer.

¿Y lo haces con ese espíritu del que me hablas? Sí; aunque creo que es muy difícil. De todos modos, vale la pena intentarlo.

 
LEONARD COHEN, Palabras y silencios

Cohen en su primer concierto en España: Palau de la Música de Barcelona, 12 de octubre de 1974. Repetiría a la mañana siguiente en el mismo recinto. El 14 de octubre actuó en Madrid, en el Teatro Monumental. Foto: Albert Fortuny

 

POLÍTICA Y SUPERVIVENCIA

Cambiando de tema.

¿Cuál es tu postura política? Es una pura postura de supervivencia. Creo que el ser humano debe defender sus creencias contra viento y marea. Cualquiera que sea la postura que él cree que tiene que adoptar debe hacerlo. Si cree que tiene que luchar, debe hacerlo, y si cree que debe esconderse, también. Esa es mi postura política; pura cuestión de supervivencia.

¿Cómo aplicas esa postura al problema judío? Dice la Biblia que “no debes permanecer inactivo ante la sangre de tu hermano”. Cuando yo fui allí, no pensé en mi actitud. Solamente fui. A pesar de ser judío, soy un gran admirador de la cultura árabe. Y me gustaría poder vivir en esos países. En el fondo los países árabes están más cerca de mis gustos personales (en cuanto a cultura, etc.) que Israel. Pero mis hermanos tenían problemas y fui con ellos.

“La religión puede ser un sistema de purificación, una técnica, un sistema que te permita pasar del mundo ‘no limpio’ al mundo limpio. Un sistema para prepararte para el mundo limpio y una vez estás ahí, otro sistema para darte la fuerza suficiente para pasar otra vez al mundo ‘no limpio’. Porque el hombre no puede estar siempre en un mundo limpio, ni tampoco en un mundo ‘no limpio’. Para mí la religión es ese movimiento entre los dos mundos”

“Lover Lover Lover”, es una canción que escribiste para los soldados de ambos bandos… Sí; y fue un gran éxito entre ellos.

¿Y tu postura religiosa? No soy ni más ni menos virtuoso que los demás; creo que existe el pecado; en esto creo que me parezco a los católicos.

¿Y cuál es tu idea del pecado? Hay diferencia entre lo que es limpio y lo que no. La noción de lo limpio y lo “no limpio” hoy día se llamaría vibraciones (y conste que no me invento la palabra: Cohen dijo exactamente eso). Es el sentimiento que te indica dónde debes estar y dónde no debes estar. Pero como no siempre podemos estar en el mundo limpio, a veces tocamos el mundo “no limpio”. La religión puede ser un sistema de purificación, una técnica, un sistema que te permita pasar del mundo “no limpio” al mundo limpio. Un sistema para prepararte para el mundo limpio, y una vez estás ahí, otro sistema para darte la fuerza suficiente para pasar otra vez al mundo “no limpio”. Porque el hombre no puede estar siempre en un mundo limpio, ni tampoco en un mundo “no limpio”. Para mí la religión es ese movimiento entre los dos mundos.


LA RETIRADA QUE NUNCA EXISTIÓ

¿Qué hay de los rumores que surgieron hace un tiempo sobre tu retirada de los escenarios, e incluso de la composición de canciones? En Inglaterra concedí una entrevista a un periodista. Aquel día estaba muy cansado y bastante harto de todo. Yo no dije nada de eso. Pero parece que aquel periodista lo entendió así y así lo publicó. No había nada de retirarse, no había nada que abandonar porque cada dos años o así hago giras y eso… El resto del tiempo me dedico a vivir mi vida.

Cuando nuestra conversación llegó a este punto, ya había mucha gente y mucho ruido a nuestro alrededor. Decidí dar por terminada nuestra charla y dejar su continuación para una ocasión más tranquila. Agradecí a Cohen su amabilidad, y él me dio su dirección para que le enviara un ejemplar de la revista con este artículo. Le prometí que lo haría y le dejé en medio de la confusión que siempre crean cazadores de autógrafos, groupies y fantasmas en general.

Cuando me alejaba, pensaba sobre todo en lo que me había dicho sobre Lorca y que quizá sea la explicación de muchas cosas de Leonard Cohen. “¿Qué puedo decir de un hombre que en un momento de mi vida cambió mi forma de ser y de pensar de un modo radical…?”

Publicado en Vibraciones 2 (Noviembre 1974)
Etiquetas: 1970s, 1974, Canadá, folk, folk-rock
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