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LEYLAND KIRBY, No future

“Tras tantos años oyéndome despedazar muestras de audio, mucha gente se ha sorprendido de ver que también era capaz de hacer música bonita”.

 
 

ENTREVISTA (2010)

LEYLAND KIRBY No future

El británico James Kirby es una de las mentes más inquietas de las músicas al margen. Bajo distintos alias –Leyland Kirby, V/Vm, The Caretaker...–, construye inquietantes paisajes sonoros con un pie en el pasado y otro en un futuro desconocido. Humor, citas y resonancias magnéticas en una obra siempre en movimiento, siempre sorprendente. Llorenç Roviras entrevistó a Mr. Kirby justo antes de que viniese a España, en abril de 2010, a presentar en directo el monumental (álbum triple) “Sadly, The Future Is No Longer Was It Was” (2009), un disco que redefinía el ambient y buscaba la inspiración en las fuentes originales de esta corriente musical, reprocesando los sonidos con las herramientas de hoy y llevando así el género a un lugar distinto.

Lejos del humor corrosivo de su proyecto V/Vm, y yendo un paso más allá de la manipulación espectral de samples de The Caretaker, James Kirby toma el nombre de su abuelo (con menos tocayos que él en Google) para entregar su obra más personal y emotiva: una desoladora epopeya ambient sobre el desengaño producido al descubrir que el presente no es como nos lo vendieron. Un camino de sufrimiento al final del cual se atisba, sin embargo, una brizna de luz.

De un tiempo a esta parte el nombre de Kirby circula con cada vez mayor frecuencia entre connaisseurs. Sus trabajos como The Caretaker, piezas de baile de salón de entreguerras sometidas a erosión bajo el influjo de “El resplandor” de Stanley Kubrick, y su reciente primer disco firmado como Leyland Kirby, “Sadly, The Future Is No Longer What It Was” (History Always Favours The Winners, 2009), le han convertido en uno de los principales hypes de la temporada. Sus letárgicos adagios a base de piano, sintetizador y ruido ambiente encajan con el rollo “home listening/modern classical/ambient” tan en boga últimamente, y para el que tiendas como Boomkat.com tienen hasta su propia etiqueta. Pero sería un grave error atribuir el éxito del mancuniano a un golpe de suerte o a su sentido de la oportunidad.

“Parece que hoy en día nadie tiene tiempo para nada, lo que es extraño, porque en los ochenta nos decían que en el año 2000 los ordenadores y robots harían todo el trabajo y nosotros dispondríamos de mucho tiempo libre”

The Caretaker y Leyland Kirby son dos proyectos de música a muy bajas revoluciones. De música inusitadamente solemne y bella para estar hecha por un artista que se hacía llamar V/Vm, era conocido por sus apropiaciones corrosivas de éxitos de Chris de Burgh, Falco y Aphex Twin, y actuaba escondido bajo una máscara de cerdo. “Tras tantos años oyéndome despedazar muestras de audio, mucha gente se ha sorprendido de ver que también era capaz de hacer música bonita. Creo que esta parte de mi trabajo aporta un valor adicional a la anterior, y me siento orgulloso de poder mostrarla por fin”.

Pese al abismo que las separa, ambas facetas, la destructora y la creadora, están unidas por un fino hilo. “Todos mis proyectos han jugado alguna vez con la memoria, con una memoria que cambia con el tiempo, que se deteriora. Por supuesto, cada proyecto tiene sus características. Con V/Vm realicé un volumen de trabajo monstruoso. Un volumen descontrolado, imposible de digerir. Pero el nexo entre todas mis obras es la memoria y el recuerdo”.

Como V/Vm, Kirby llegó a publicar un tema al día durante un año. Algunos de sus trabajos como The Caretaker llenan más de un CD; seis en el caso de “Theoretically Pure Anterograde Amnesia” (V/Vm Test, 2005). Su última obra puede adquirirse en tres CDs o en seis vinilos. Hay quien ve en todo esto la huella de un personaje megalómano, y es cierto que Kirby es un artista excesivo, pero excesivo en su entrega al trabajo –afirma haber pasado veinticuatro horas seguidas en el estudio para sacar un tema–, en su compromiso con el acto creativo. Kirby es, en suma, un romántico empedernido, extremista, casi patológico. “La longitud de mis piezas tiene que ver con forzar a la gente a buscar tiempo para escuchar. Y creo que mis discos recompensan al que lo encuentra. Parece que hoy en día nadie tiene tiempo para nada, lo que es extraño, porque en los ochenta nos decían que en el año 2000 los ordenadores y robots harían todo el trabajo y nosotros dispondríamos de mucho tiempo libre”.

 
LEYLAND KIRBY, No future

“Todos mis proyectos han jugado alguna vez con la memoria, con una memoria que cambia con el tiempo, que se deteriora”.

 

En sus respuestas, se percibe en Kirby despreocupación por el efecto que pueda tener su obra en el público. Su única necesidad estriba en crearla. Si luego resulta que gusta, lo agradece. Pero no cuenta con ello. En referencia al hecho de que su último disco no incluye prácticamente ningún crédito, razona: “No creo que eso sea importante en este momento. Ya hay demasiada información en el mundo, así que mis nuevos trabajos irán casi desnudos. Lo único que me interesa es hacer un trabajo de calidad y con el que me sienta emocionalmente vinculado. Creo que soy muy afortunado por poder dedicar tanto tiempo a trabajar y realizar algo valioso en esta época de usar y tirar que nos ha tocado vivir”.

“Soy honesto: este es un disco de ambient. Amo el género. Se abusó de él en los noventa con la mierda del chill out ibicenco, pero siempre ha habido obras maravillosas en este campo. No creo que mi último trabajo sea música de fondo. Lo que he intentado es sonar como esos clásicos, Eno, Budd y Fripp”

En el mismo sentido, no duda en catalogar su música como ambient. “Soy honesto: este es un disco de ambient. Amo el género. Se abusó de él en los noventa con la mierda del chill out ibicenco, pero siempre ha habido obras maravillosas en este campo. No creo que mi último trabajo sea música de fondo, pero como no es vigoroso puede quedar en un segundo plano. Lo que he intentado es sonar como esos clásicos, Eno, Budd y Fripp, pero reprocesando los sonidos con las herramientas de hoy y llevando así el género a algún lugar distinto”.

Que James Kirby ha ido siempre por libre queda claro al ver que se ha autoeditado casi todos sus discos y que ha hecho poquísimas colaboraciones. “La verdad es que muy poca gente quiere trabajar conmigo –admite–. He colaborado con cineastas, pintores... pero casi nunca con músicos. En Berlín, donde vivo, estoy rodeado de ellos, pero me apaño para no encontrármelos. Prefiero jugar a dardos y hablar de cosas reales con un anciano en un bar de Berlín Este que hacerlo con alguien que me cuenta sus problemas con el Pro Tools”.

Aunque el título de su nuevo disco denota nostalgia por el prometedor futuro que no fue y un pesimismo atroz por el que realmente nos viene, Kirby le da una segunda lectura. “A un nivel personal, trata de no esperar días mejores, sino de hacer que cada día sea mejor. Aunque no siempre fue así, ahora vivo para el presente”. Y como todo lo demás, el inglés lleva esa afirmación al extremo: “Me siento una de las personas más afortunadas del mundo porque mi vida es totalmente impredecible y estoy totalmente abierto. Siempre estoy a una sonrisa de distancia del desastre, pero vivo para ese caos”.

Su directo, cuenta, es “como estar atrapado dentro de un sueño. En los conciertos en España me acompañará al vídeo mi buen amigo Jorge Ballarín. Estamos preparando juntos una película que protagonizaré y que intentará reflejar el desequilibrado estilo de vida que llevamos en Berlín: la energía y el movimiento, la bebida y las chicas, la resaca y el rechazo, la supervivencia y la libertad”.

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