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LIDIA DAMUNT, Definitivamente, esta chica tiene algo

A Lidia Damunt le incomodan las entrevistas. Foto: Paco y Manolo

 
 

ENTREVISTA (2008)

LIDIA DAMUNT Definitivamente, esta chica tiene algo

“En la isla de la bufandas” (2008) fue un debut extraño que ya anunciaba una carrera imaginativa y sorprendente, la de Lidia Damunt. Nando Cruz la tanteó entonces, justo cuando, tímidamente, empezaba a presentar las canciones de ese disco. “En la isla de las bufandas” fue un álbum nervioso, iluminado, inmediato e imperfecto. Con cambios de acordes descabalgados, melodías improvisadas sobre la marcha, versos con sílabas apretujadas y letras llenas de símbolos con palabras con los acentos alterados. Aquí se explican los primeros pasos, al margen de Hello Cuca, de esta cantautora poseída.

A Lidia Damunt le incomodan las entrevistas. Prefería resolver esta por correo electrónico, pero quedamos en persona horas antes de su pase en el festival Faraday. Es simpática y resuelta, aunque en cuanto activo la grabadora se le secan las palabras y empieza a soltar “ya no sé lo que me digo”, “tú luego escríbelo para que parezca una persona racional”, “esto no se puede poner así en una revista seria”...

Estamos en un camerino con vistas al mar. A los quince minutos entran unos músicos. Paro la grabadora. Liberada momentáneamente, suelta: “No vas a poder usar nada de lo que he dicho hasta ahora”. Según cómo se mire. En este ratito ya he aclarado siete cosas:

1) Creció en La Manga del Mar Menor.

2) Iba con su hermana a comprar casetes a El Corte Inglés de Murcia. “Ella de Whitney Houston y yo de Bros”.

“Cuando algo me gusta mucho nunca sé exactamente por qué; es como un encantamiento”

3) Con 11 años compró el libro “En la jungla de seis cuerdas” del guitarrista heavy Salvador Tarzen para aprender a tocar.

4) Practicó en su habitación con recopilatorios de blues que conseguía por correo en el boletín ‘Discoplay’.

5) El día que cuadró las notas sobre el “He’s My Thing” de Babes In Toyland el grado de excitación fue máximo.

6) Ella animó a Mabel a comprarse un bajo y a montar Hello Cuca.

7) La única entrevista presencial que ha hecho hasta hoy es la de ‘Ladinamo’. “Me da vergüenza, dije muchas tonterías. Y esta va camino de ser igual”.

Lidia es la menor de las hermanas Damunt. En Hello Cuca –que un día me recomendó David Rodríguez (Beef)– ella toca la guitarra y canta y Mabel se encarga de las letras. “Mi hermana las hacía muy bien y yo ni lo intentaba. No tenía mucho que contar”, recuerda. Por eso hasta un fan como Manolo Martínez (Astrud) se ha llevado una sorpresa con “En la isla de las bufandas” (Lucinda-Subterfuge, 2008). “Ahí abajo tienen algo”, dice, refiriéndose a la magia de la poética murciana. “Yo creía que era cosa de Mabel, pero lo de Lidia es muy bonito”, añade. Y remarca el “muy” con entusiasmo.

Lo de Lidia no se parece a Hello Cuca. Ella es una especie de cantautora country poseída y ahora, en comparación, el “Gran Sur” (2004) de las Cuca suena eléctrico y casi duro. Tampoco se parecen como letristas. Mabel es sintética; Lidia funciona más por acumulación. Eso sí, los versos de ambas flotan en un plano extraño, como sobrevolando la escena con una clarividencia llena de símbolos que te son familiares pero te cuesta descifrar. “Cuando algo me gusta mucho nunca sé exactamente por qué; es como un encantamiento”, dice. Exacto, a veces lo de menos es entender las cosas.

 
LIDIA DAMUNT, Definitivamente, esta chica tiene algo

“No es lo que hagas, sino a quién le dejas verlo”.

Foto: Inma Varandela

 

“En la isla de las bufandas” es un debut nervioso, iluminado, inmediato e imperfecto. Pica y rasca. Hay cambios de acordes descabalgados, melodías improvisadas sobre la marcha, versos con sílabas apretujadas y palabras con los acentos alterados. Alguna letra la escribió en cinco minutos. Muchas músicas, en dos. Lidia modifica el lema punk: no es “hazlo tú mismo”, sino “hazlo ya mismo”. Grabó el disco en solo dos días, claro. “Pero lo de los acentos está hecho a propósito”, advierte. Ya es parte de su identidad.

Seguimos con la entrevista. Indago sin suerte en su afición al country, me habla de los ánimos que recibió de Mabel al leer su primera letra y le pregunto por Tormina, personaje que a veces parece un álter ego travieso y otras “es una amiga fantasma como Casper”. Ya no tengo claro con cuál de las dos estoy hablando. Sea como sea, recabo cuatro datos más:

1) Una amiga le propuso ponerse la pandereta en el tobillo tras ver a Two Tears marcar el ritmo pulsando un bombo con el pie.

2) Canta gritando desde que oyó a Bikini Kill y a X-Ray Spex.

3) Ha trabajado de camarera en Mojácar y de teleoperadora en Madrid.

4) Dio su primer concierto como solista el 5 de diciembre de 2007.

“Estaba en un pueblo de casas bajas y blancas y salían brazos de aloes de las paredes y las ventanas. Luego iba corriendo a la playa, me tumbaba y veía una estrella fugaz. Después, más arriba, a tres señores en una mesa pintando estrellas en una pizarra y descubría que la estrella fugaz la habían dibujado ellos

Y como las pesadillas abundan en su cancionero, le pido que me explique la que originó “Aloes de 50 metros”. “Estaba en un pueblo de casas bajas y blancas y salían brazos de aloes de las paredes y las ventanas. Luego iba corriendo a la playa, me tumbaba y veía una estrella fugaz. Después, más arriba, a tres señores en una mesa pintando estrellas en una pizarra y descubría que la estrella fugaz la habían dibujado ellos. Y entonces veía que estábamos atrapados, como si ellos estuvieran encima del mundo y nosotros dentro de una bola y todo fuera como una película”.

Empieza el concierto. En primera fila, Manolo de Astrud, músicos de Grande-Marlaska, Feria, Veracruz, Tachenko, Nueva Vulcano y sus amigos de Incrucificables. Todos asienten con la cabeza al ritmo que marca Lidia. Muchas caras de asombro. Detrás de mí un espectador le comenta a otro: “Ya verás, fíjate en cómo cambia el acento de las sílabas”. ¡Parecían dos personajes de un sueño extraño aprobando a Lidia desde el más allá!

Horas después de la actuación, me cruzo con Howe Gelb. Él también ha asistido al concierto y está impresionado. Quería oírla al ver cómo lleva colgada la guitarra en la portada de “Gran Sur”; alguien que posa así ha de saber algo más, sospechaba. Le hablo de su modo de alterar la acentuación de las sílabas y, con cara de haber apostado por el caballo ganador, sentencia: “Definitivamente, esta chica tiene algo”.

El artículo podría acabar aquí, pero tres días después recibo un correo electrónico. Quiere matizar varias respuestas. Me explica que hacer música es “lo más parecido a tener un sueño lúcido”; que al cantar nunca piensa “estoy cantando esta canción”, sino “yo soy la canción”; y que de Hank Williams admira “ese punto de humor que hace que no sea un simple llorica. Para mí, eso ya significa una forma de ver las cosas y de contarlas”.

Añade que una de sus frases favoritas de Hello Cuca es “no es lo que hagas, sino a quién le dejas verlo”. “Es una fuente de inspiración. Puedo cantar las letras de Mabel repitiendo cada frase veinte veces, son como mantras”, añade. En mi cabeza ya solo suena eso: no es lo que hagas, sino a quién le dejas verlo; no es lo que hagas, sino a quién...

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