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LIFT TO EXPERIENCE, Próxima parada, el paraíso

El apocalipsis bíblico.

 
 

ENTREVISTA (2001)

LIFT TO EXPERIENCE Próxima parada, el paraíso

Los inicios de Lift To Experience, por Juan Manuel Freire, quien habló con el trío en 2001 tras la publicación de su único álbum (doble), “The Texas-Jerusalem Crossroads”. De ahí surgió Josh T. Pearson, con una esperanzadora carrera en solitario. Aún estás a tiempo de redescubir los poderes de un grupo compuesto por tres hijos de predicadores que recibió el aval de dos ex Cocteau Twins.

El preludio y el adiós del primer álbum de Lift To Experience están adornados con los silbidos de un tren, el que pasaba rozando los estudios donde Josh T. Pearson (voz y guitarra), Josh Browning (bajo) y Andy Young (batería) grabaron la mayoría de su espléndido contenido. Esos silbidos son “una alusión transparente –admite Young– que apunta nuestro ánimo de escapar en alguna dirección, en cualquiera”.


“No solo bebemos de la Biblia. En nuestra música son básicos Italo Calvino, Carson McCullers, Flannery O’Connor... autores que buscan solaz en el arte y dan con un paraíso”
(Andy Young)

Estamos, como en My Bloody Valentine, Mogwai y The Flaming Lips (“nuestra banda favorita”, señala el amable Young), ante un proyecto de música catártica y quemante, construida con la herida impaciencia de quien ha pasado media vida mirando trenes marchar. Amigos del shoegazing inglés y el country alternativo (“no escapes de tus raíces, nunca vayas contra natura”, recomienda Pearson), y dueños de una gran reputación como banda de directo, Lift To Experience cogieron su tren cuando, nada más acabar un mítico show en el festival South By Southwest (Austin), recibieron las loas y promesas de Robin Guthrie y Simon Raymonde (ex Cocteau Twins). “Raymonde nos abrazó y dijo: ‘Gracias’. Robin dijo algo ininteligible, y nosotros, simplemente, no dijimos nada –comenta Pearson, risueño–. Nuestros iconos rock venían a felicitarnos y a ofrecernos fichar por su sello, Bella Union, y no podíamos dar crédito. Siempre les estaremos agradecidos, porque ninguna otra empresa hubiera aprobado nuestros requisitos: editar un primer disco que fuera doble y de tesis”.

“The Texas-Jerusalem Crossroads” (Bella Union-Everlasting, 2001), ese doble disco de concepto, es una epopeya intensa y dramática, con una vocación cósmica sin disimulos, referencias al Viejo y Nuevo Testamento y una voz aguda y sobrecogedora como la de Jeff Buckley. “Es un disco de Steve Earle conducido hasta una expresión más o menos espectacular –explica Pearson–. Tiene la lírica usual de cualquier poeta que habite en una ciudad pequeña, fuera del área metropolitana: el ansia por salir de allí cuanto antes y hacerse un semidiós. Es una extensa poesía épica sobre el fin del mundo, donde Texas sería la tierra prometida”.

La religión les viene de casta: los tres son hijos de predicador. La madre de Pearson abandonó a su esposo, empleado del Pentecostés, porque el cuidado de la fe no le dejaba tiempo para su familia. “Tras separarse –cuenta Pearson–, mi padre nunca le pagó una pensión a mi madre, y jamás pude perdonarle por eso. Resolví que la forma de olvidar y crecer era dedicarme al rock en cuerpo y alma: me mantenía lejos de mi padre pero en contacto con Dios”. “Sin embargo, no solo bebemos de la Biblia –sigue Young–. En nuestra música son básicos Italo Calvino, Carson McCullers, Flannery O’Connor... autores que buscan solaz en el arte y dan con un paraíso”. Ese espacio donde la rutina de los días desaparece, deja paso a la dicha y queremos estar vivos.

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