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LITORAL, Perder el norte

“Islandia es un país grande en extensión pero muy poco habitado; toda su población cabe en la ciudad de Alicante (que no se entere el PP valenciano de esto...)”. Foto: Sergi A. Minguell

 
 

EN LA CARRETERA (2011)

LITORAL Perder el norte

Por Pau Roca

Tras su primer EP, Litoral ampliaron horizontes con su LP de debut, los dos publicados en 2011, año en el que aprovecharon para lanzarse a la aventura de pasear su música fuera de España. Pau Roca, portavoz del grupo, nos contó aquí su experiencia por Inglaterra e Islandia durante los primeros días de diciembre de 2011. Entre cantos vikingos y jacuzzis en la nieve, la baja de la belga Guillaine Goose fue cubierta por una nueva incorporación, Hélyette. Parte de esos episodios se pueden ver en la película “Marglytta. A Music Documentary Based On Litoral”.

“Cantante francesa busca grupo Madrid”. Estas fueron las palabras que “gugleó” Iván Cuevas, hace apenas un mes, en un intento desesperado de reemplazar a la irreemplazable Guillaine, que había decidido que tenía bastante folk mediterráneo y quería llevar una vida más tranquila en su Bélgica natal. A la búsqueda respondió el anuncio de una tal Hélyette, quien ofrecía su colaboración con músicos residentes en Madrid. Una semana más tarde Hely se halla sentada junto a alguno de nosotros en un avión, camino de Londres e Islandia, después de apenas dos ensayos y de ni siquiera haber estado nunca con todos los miembros del grupo en el mismo local.

Esta relación tan directa de Litoral con el azar, la inspiración y su tendencia natural al caos y al desorden, mezclada con cierta habilidad para que todo acabe bien y se solucione de manera imprevisible en el último momento, hacen que el que escribe parta rumbo a este viaje con un espacio en blanco en la mente, justo donde normalmente uno suele ubicar las previsiones y los planes.

Así fue que, después de dejarnos un buen pastizal en el mostrador de Ryan Air, partimos hacia Inglaterra, donde supuestamente nos esperan un par de entrevistas, mucho tiempo libre y un concierto en The Bull And Gate que gentilmente nos organiza Take Away Showlutions.

“Nada más llegar, Emma nos enseña la casa de Björk (una casa muy chula y completamente negra y sin la más mínima medida de seguridad y con las ventanas a la vista de todo el mundo) que está a cien metros de la ‘nuestra’ y, lo que es mejor, me informa de que el vecino de enfrente es el cantante de Iron Maiden (Bruce Dickinson), que disfruta del respeto (casi pasotismo) de este país para con los famosos”

El The Bull And Gate es un local sorpresivamente bonito y con solera; la parte interior es la de un típico pub inglés donde se podría haber embriagado perfectamente el mismísimo Jack el Destripador antes de cometer sus abominables (palabro que rima perfectamente con la decimonónica cadencia del lugar) crímenes. Tocamos con dos grupos de jovenzuelos ingleses a los que les sobra actitud y les faltan amigos, justo aquello de lo que nosotros adolecemos para darle “coloret al drap”. Eso sí, disponemos de unos cuantos incondicionales, de manera que, contra todo pronóstico, conseguimos caldear el ambiente. Calculamos que el cincuenta por ciento de la audiencia es española (representando a sus múltiples y complejas nacionalidades históricas constituyentes), por lo que nos perdemos a la hora de elegir el idioma a través del cual presentar los temas y hacer los chistes de turno.

5 de diciembre, llegada. Después de deambular sin rumbo y sin libras por la húmeda, enorme y populosa Londres (y casi perder otra vez el avión), ver Islandia desde el aire impresiona y a su vez proporciona una agradable sensación de relax. La primera pregunta que a uno le viene a la mente es cómo el ser humano ha podido habitar ese enorme trozo de hielo. ¿Somos tan sapiens sapiens como se nos supone? Islandia es un país grande en extensión pero muy poco habitado; toda su población cabe en la ciudad de Alicante (que no se entere el PP valenciano de esto...).

Emma nos lleva a su casa. Ah, Emma es una asturiana vulcanóloga enamorada de Islandia que nos ha organizado una curiosa gira polar. Dicho queda. Una valiente.

Nada más llegar, Emma nos enseña la casa de Björk (una casa muy chula y completamente negra y sin la más mínima medida de seguridad y con las ventanas a la vista de todo el mundo) que está a cien metros de la “nuestra” y, lo que es mejor, me informa de que el vecino de enfrente es el cantante de Iron Maiden (Bruce Dickinson), que disfruta del respeto (casi pasotismo) de este país para con los famosos.

6 de diciembre, colegio y psicodelia. Miguel, el cocinero de un colegio de Reikiavik, es de Bilbao y amigo de Emma (protagonista del ‘Españoles por el mundo: Islandia’), y nos ha organizado junto al encantador staff y la genial directora del centro una comida típica y un concierto con todos los niños (entre 2 y 6 años) del colegio al que alimenta, unos ciento cincuenta, nada más y nada menos.

En Islandia hay colegios donde los niños crecen a su aire: empiezan a leer cuando ven que sus compañeros lo hacen o simplemente les apetece. Los profesores les ayudan y dejan desarrollar sus características: si un niño decide estar más tiempo pintando que haciendo otra cosa, le dejan. Suena lógico.

 
LITORAL, Perder el norte

“Nos quedamos con las ganas de ver la aurora boreal (que no de correr semidesnudos por la nieve y chapotear en el agua caliente del jacuzzi alternativamente)”.

Foto: Sergi A. Minguell

 

Damos un concierto muy divertido: callan primero, bailan y cantan después un villancico islandés que nos hemos aprendido para la ocasión, y luego sus profesores les invitan a dibujar “lo que han sentido con nuestra música”.

Por la tarde nos encontramos con Arnar (al que llaman Gaizka por su evidente parecido con Mendieta, a quien, por otro lado, idolatra) en su estudio para que pinte mientras tocamos. Ya, suena demasiado arty y preparado, pero accedemos encantados. Montamos para tocar con pocos pero efectivos elementos. Arnar proyecta diapositivas sobre nosotros, compramos cervezas y un licor islandés con el que los locales suelen acompañar el tiburón podrido (uno de los platos tradicionales islandeses) y llegan dos amigos del artista (los gemelos Guilli y Kiddi Júníusson) con quienes conectamos al instante. Empezamos tocando una larga versión de “L'infern finés” y acabamos con lo que a mí me parece la mejor improvisación hecha en la historia, enlazando sin pausa temas de Ride, Bowie, Iron Maiden, Kiko Veneno, The Beatles, The Smiths y The Stone Roses. Sí, sí, como suena.

7 de diciembre, Nordurpollin. Por la tarde tocamos el primer concierto “formal” de la gira. El Nordurpollin es una nave a las afueras de Reikiavik que el gobierno ha cedido a una asociación, donde se hace teatro, música y esas cosas. Es un sitio acogedor, preparado, donde todo funciona de manera muy amable y, por ejemplo, el bar es self service con una lista de precios y una caja donde cada uno deposita el dinero de lo que ha consumido. Nos han invitado a tocar junto con un grupo islandés, una cantautora debutante y una noruega con cierta fama en Islandia que canta y toca de maravilla.

La empatía y el ambiente que se crea nos deja satisfechos.

“Tocamos y disfrutamos de la hospitalidad de un matrimonio islandés que vivió quince años en Barcelona y sigue hablando el catalán. Gentilmente nos ofrecen como recompensa a los servicios prestados una cabaña con jacuzzi en la nieve que disfrutamos como niños (jacuzzi y cabaña)”

8, 9 y 10 de diciembre, el norte. El viaje es precioso, temerario y lentísimo. Incluso los islandeses se sorprenden de que vayamos en coches y no en avión. Llegamos al Hotel Brimnes, donde se encuentra tocando un grupo con el que terminaremos haciendo dos conciertos. Tocamos y disfrutamos de la hospitalidad de un matrimonio islandés que vivió quince años en Barcelona y sigue hablando el catalán. Gentilmente nos ofrecen como recompensa a los servicios prestados una cabaña con jacuzzi en la nieve que disfrutamos como niños (jacuzzi y cabaña) y desde la que nos quedamos con las ganas de ver la aurora boreal (que no de correr semidesnudos por la nieve y chapotear en el agua caliente del jacuzzi alternativamente).

Al día siguiente seguimos hacia el norte rodeando la “península de los trolls” (sic) hasta llegar a Akureyri, una ciudad preciosa, a las afueras de la cual hay un antiguo establo reconvertido en sala de conciertos y teatro, lleno de cachivaches, instrumentos, tocadiscos y vinilos, donde tocamos conscientes de que la expresión “perder el norte” cobra significados insospechados para todos.

Podemos, además, comprobar que en Islandia son más del Barça que un servidor, y vemos el “clásico” rodeados de músicos islandeses cantando “¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?”.

11 y 12 de diciembre, Kaffibarinn y coros vikingos. Finalmente, tocamos en el Kaffibarinn, donde acudimos casi a diario y donde se suele dar cita toda la gente que hemos ido conociendo. Todo el mundo acaba bailando y dando palmas. Un éxito, se diría. Al día siguiente nos invitan a participar en un coro de música tradicional (rollo vikingo) que tienen los músicos de la ciudad. Es sobrecogedor ver cómo suena “Confessions d’un meteoròleg no practicant” con un coro de veinte hombretones cantando detrás.

14 de diciembre. Después de una última noche islandesa de dispersión y melancólicos raptos de compromiso con la belleza (envío de postales, baños desesperados en lagos termales y visitas trasnochadas a géiseres improbables), nos regresamos al sur de la vieja e ingrata Europa continental, más pobres y ufanos que nunca, despidiéndonos en el cruce de la calle del Pez con Madera, preguntándonos por el sentido de nuestros calzoncillos térmicos.

Publicado en la web de Rockdelux el 31/12/2011
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