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LITTLE SIMZ, Trastornos del crecimiento

Diario en gris.
Foto: Jack Bridgland

 
 

ENTREVISTA (2019)

LITTLE SIMZ Trastornos del crecimiento

Little Simz llega al cuarto de siglo, a los 25 años, con los problemas característicos de la edad y, además, con los propios de una carrera 
que se ganó piropos de Kendrick Lamar o Jay-Z al poco de arrancar. Recopila algunos de esos dilemas en “Grey Area”, un disco de rap más 
bien clásico que nada a contracorriente en tiempos de trap y que es, 
sobre todo, un diario personal.






“Empecé a escribir el disco en un período de confusión. Cuando pasas de los 20 años, nada tiene sentido. De repente, nada es solo blanco o negro; hay muchos más matices, muchas más capas

Los veintipocos, ese momento vital bisagra entre la juventud y la edad adulta, han alimentado la cultura pop casi desde que el mundo es mundo. Han inspirado películas y novelas. También, claro, discos. Con una historia coming of age, se vea, se lea o se escuche, conecta cualquiera en cualquier tiempo verbal: los que la han vivido, los que la están viviendo y los que la vivirán. A esa fase de turbulencias es a lo que Little Simz se refiere en el título de su tercer álbum al uso más allá de mixtapes, “Grey Area” (Age 101-Popstock!, 2019). Un jaleo, un lío, una zona gris. “Empecé a escribir el disco en un período de confusión. Cuando pasas de los 20 años, nada tiene sentido. De repente, nada es solo blanco o negro; hay muchos más matices, muchas más capas, todo es más complejo de lo que solía serlo. Lo que no me gustaba empezó a atraerme y lo que creía que me gustaba ya no me interesaba tanto. Todavía me estoy descubriendo a mí misma. Mis amigos y la gente de mi generación que tengo a mi alrededor también están pasando por lo mismo”, cuenta la británico-nigeriana, nacida Simbi Ajikawo, desde el otro lado del teléfono. Habla con bastante menos determinación de la que luce cuando rapea: empieza una frase, frena, se lo piensa, duda; y vuelta a empezar. “La música siempre ha sido mi modo de expresarme. Es una suerte tener esta vía de escape. Es mi fuente de curación, mi forma de limpiarme por dentro. Es lo que me ha ayudado a crecer”.

A los 25 que tiene ahora ha llegado lidiando con los dilemas propios de la edad, pero también con algunos sucesos bastante más extraordinarios que la mayoría no hemos olido ni de cerca. No acumulaba mucha discografía cuando recibió las bendiciones de Jay-Z, Kendrick Lamar o una Lauryn Hill que hasta se la llevó de artista invitada en una gira estadounidense hace un par de años. No es poca cosa. En su segundo trabajo, “Stillness In Wonderland” (Age 101, 2017), tuvo como invitados a Syd, Chronixx o SiR. Un historial que puede dejar medio atolondrado a cualquiera y que podría haber sido aún más llamativo: estuvo a punto de participar en el rodaje de “Black Panther” (Ryan Coogler, 2018) para convertirse en Shuri, el personaje que terminó interpretando Letitia Wright. De haber ocurrido, este “Grey Area” quizá hubiera sido diferente. O, sencillamente, quizá no hubiera sido, a secas.

Vídeo de “Selfish” dirigido Jeremy Ngatho Cole.

En cualquier caso, el disco ha supuesto un cambio respecto al método de trabajo con el que Little Simz venía construyendo su carrera. “Hasta ahora, hacía las canciones con ‘beats’ que me enviaban diferentes personas. Esta ha sido la primera vez que he pasado mucho tiempo en el estudio con un mismo productor”, cuenta. Su socio en el estudio fue Inflo, productor londinense al que conoce desde los 9 años. “Ya teníamos la química que se necesita para trabajar con alguien. No había que generarla porque ya existía. Tuve la suerte de que me animó a experimentar, a probar cosas nuevas. Me convenció para que confiara en mi voz y creo que terminó sacando la mejor versión de mí misma: el álbum también es suyo”.

“No soy muy abierta con la gente. Me cuesta hablar de mí misma. Esta es mi forma de sacar lo que tengo dentro. Es mi propia terapia”

Esa fórmula de MC y productor unidos en un pack indivisible que ya está en peligro de extinción en el mundo del rap, cada vez más dado a los créditos de discos kilométricos, conecta directamente con la vibra casi añeja del resultado final: los diez cortes del tracklist están infinitamente más cerca de los referentes old school del género que de las nuevas corrientes asociadas al trap. Como Noname, Jamila Woods o su compatriota Loyle Carner, Little Simz va deslizando su flow sobre un acompañamiento musical orgánico, real. Músicos de carne y hueso tocan el piano, la guitarra, la batería o el bajo mientras ella suelta reflexiones que quizá no podría compartir de otra forma. “No soy muy abierta con la gente. Me cuesta hablar de mí misma. Esta es mi forma de sacar lo que tengo dentro. Es mi propia terapia”, confiesa. Curiosamente, “Grey Area” incluye una canción que se llama “Therapy” (“no hay nada que puedas decirme que vaya a ayudarme”, rapea en ella), aunque la londinense desconfía del significado tradicional del término: “No me convence la idea de hablar con un extraño durante una hora y, además, tener que pagar por ello”.

En las letras, sin embargo, se abre de par en par. Unas veces, como en “Sherbet Sunset”, ajusta cuentas de forma explícita con una expareja poco honesta (“estabas destinado a estar en mi discurso en los Grammy”); otras, como en “Venom”, se levanta contra el machismo en el rap (“nunca querrán admitir que soy la mejor por el mero hecho de que tengo ovarios”). Acercarse a “Grey Area” es la mejor –quizá la única– forma de conocer a la hermética Little Simz. En él se rodea de colaboradores como Little Dragon, Michael Kiwanuka o el propio Chronixx, pero, a fin de cuentas, es un diario personal. Suyo y de nadie más. “He volcado mi corazón, mi cabeza y mi alma aquí. He documentado algunos momentos de mi vida para mi yo del futuro”.

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