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LITTLE WINGS, Surfin' Bird

“Brrr” (octubre 2012).

 
 

CD ROCKDELUX (RDL 310)

LITTLE WINGS Surfin' Bird

El CD exclusivo que se regaló con el Rockdelux 310 (octubre 2012), “Brrr”, nos da 16 pistas sobre Kyle Field, el hombre con régimen estable detrás de Little Wings, uno de esos tipos altos y fornidos con camisa de cuadros de los que en Estados Unidos poseen el molde. Kyle es castaño, acostumbra a lucir una barba frondosa que le proporciona una cabeza de tintes homéricos, tiene voz de pájaro y es un hombre amable. Recomendamos aquí cuatro muestras de su prolífica obra discográfica y, sobre todo, aconsejamos que escuchen los tres temas de este CD introductorio de Rockdelux (seleccionado por Quique Ramos) que acompañan este artículo de Borja Barbesà; con toda seguridad, les encantará su folk-rock lo-fi de efecto inmediato.

“Look At What The Light Did Now” (de la versión LP de “Light Green Leaves”, 2002).

Kyle Field tiene voz de pájaro, que no es decir mucho, puesto que pájaros hay de muchos tipos y los sonidos que emiten suelen tener poco en común. Así que habrá que pulir el símil o, lo que para el caso es lo mismo, definir el pájaro: hablamos, ya lo hemos mencionado, de un ave de cierto tamaño, pero que en absoluto resulta hostil, altanera ni déspota. Es una especie que irradia modestia, serenidad, con una voz algo herida, algo nasal, pero, por encima de todo, dignísima. Posee un particular sentido del humor y es, por supuesto, un ave migratoria.

“Soy un tipo sureño a lo largo y ancho, de Alabama a California. Necesito el calor de un modo que el norte sencillamente es incapaz de darme. Hace una temporada, a principios de la década pasada, estuve un par de años en Portland y dos inviernos tremendos me hicieron pasarlo muy mal. Así que regresé al sur... Ahora estoy cerca de una pequeña ciudad llamada Carpinteria, en California. Hay embarcaciones, muelles y gente bronceada haciendo jogging
(Kyle Field)

Kyle Field, el hombre Little Wings, lleva muchos años de aquí para allá, aunque tiene claras sus preferencias: “Soy un tipo sureño a lo largo y ancho, de Alabama a California. Necesito el calor de un modo que el norte sencillamente es incapaz de darme. Hace una temporada, a principios de la década pasada, estuve un par de años en Portland y dos inviernos tremendos me hicieron pasarlo muy mal. Así que regresé al sur”. Y es que no resulta nada fácil seguir la pista a Kyle. Buscando información en la red, hay quien le da por establecido en Portland, cosa que la anterior cita desmiente; otros hablan de Big Sur, últimamente de San Francisco... Es conocida su afición al surf y al monopatín, y entre los tipos que lo han entrevistado aparece con recurrencia el término loose (“poco preciso”, “disperso”, “relajado”) apelando a su actitud. Quizá estas sean las razones de que su música suene tan natural como el andar, susurrada casi espontáneamente. Alguien escribió acerca de Howe Gelb que, más que hacer música, esta se hace a través de él, y algo parecido ocurre con Field. Dejémoslo volar, pues.

“I Am With You” (de “Magic Wand”, 2004).

¿Dónde te encuentras ahora? Estoy cerca de una pequeña ciudad llamada Carpinteria, en California. Hay embarcaciones, muelles y gente bronceada haciendo jogging.

Tras más de doce años de carrera y un puñado de discos, ¿has encontrado la receta contra la fatiga y la decepción? ¿Crees que Little Wings te ha permitido vivir como querías? No hay receta, es algo que se va y vuelve, de vez en cuando te golpea. Respondiendo a tu segunda pregunta, Little Wings me proporcionó una cuota muy alta de libertad con la que tuve que aprender a vivir, y eso es un proceso que ha durado hasta hoy y aún sigue. Este es el trabajo más complicado... y por encima de todo ello, la música flota como incienso en una tierra de golosinas... Esto último me lo hace decir mi editor (ríe).

¿Crees que has alcanzado un estatus de profesionalidad que no tenías? ¿Qué ha cambiado durante estos años? Mmmm, básicamente el modo en que hablo ahora en público y en como aparento mantener la calma, cuando lo cierto es que me siento como una manguera con la presión a punto de reventar.

Y eso que a finales de los noventa ya estabas tocando con Rodriguez, la banda que compartías con M. Ward. ¿Te imaginabas entonces el futuro de ambos del modo en que se está desarrollando? No, en absoluto. De eso ya hace mucho tiempo y es innegable que todo ha dado muchas vueltas. Vamos, nuestros caminos se han separado.

 
LITTLE WINGS, Surfin' Bird

Kyle Field, el pájaro nómada.

 

Después de esa experiencia, has seguido colaborando con muchos músicos: Phil Elvrum, Feist, Calvin Johnson... ¿Crees en el concepto de comunidad como uno de los pilares de la música independente? Oh, sí. Hacer nuevas canciones es algo fantástico, y con dos personas remando en la misma dirección es más fácil que algo interesante surja en menos tiempo. Es un modo muy potente de conectar con el otro. Claro que también estas experiencias suelen ser algo más anecdóticas debido a su carácter efímero. Luego vuelves a tu vida, a tus cosas...

Ya son muchos discos sin el contrapunto de una voz femenina como en “The Wonder City” (Knw-Yr-Own, 2002). ¿Es algo premeditado? Sí, el plan general, ya desde el principio, era contar solamente con voz masculina. Y en esas estamos. Me he tenido que hacer todo un hombre: abdominales, flexiones... Tuve que ponerme serio, y ya lo creo que me puse serio. Ahora soy uno de los bateadores más duros de la liga (ríe).

“Disfruto mucho con todos y cada uno de los pasos que comporta hacer un disco. Algunas veces tengo la portada lista y decidida incluso antes de empezar a hacer las canciones. Todos estos elementos que acaban formando una obra discográfica pueden resultar igual de comunicativos e inspiradores”
(Kyle Field)

Que Little Wings sea básicamente Kyle Field ¿causa algún tipo de soledad? O dicho de otro modo, ¿una intimidad especial con las propias canciones? ¡Por supuesto! Es una buena manera de decirlo. Y también supone una relación muy distinta con cada una de las canciones, muy de tú a tú, no solamente con las canciones en general. Nadie viene jamás y te dice: “Oye, vamos a tocarla como hicimos la otra noche”. Y si alguien lo hace, mal asunto, es que está muy mal de la cabeza (ríe).

“Free Bird” (de “Soft Pow'r”, 2007).

Tengo la sensación de que tus canciones son, por encima de todo, muestras de soul de fogata. ¿Es una tontería? Qué va, me parece un cumplido. Disfruto mucho con la sutileza y los momentos pacientes, sosegados. Es muy probable que algo de ello se canalice a través de mi música.

Gracias a tu vertiente como ilustrador (ver aquí) eres también el autor de las portadas de tus discos. ¿Cómo afrontas esta tarea? ¿Crees que hay equivalencias entre tu lenguaje gráfico y tu lenguaje musical? Disfruto mucho con todos y cada uno de los pasos que comporta hacer un disco. Algunas veces tengo la portada lista y decidida incluso antes de empezar a hacer las canciones. Todos estos elementos que acaban formando una obra discográfica pueden resultar igual de comunicativos e inspiradores.

En “Made It Rain” (Gnome Life, 2012) haces una versión de Silver Jews, y te he oído decir que David Berman es uno de tus poetas preferidos. A la gente que le gusta David Berman, le gusta de verdad. A mí me parece muy equilibrado, aunque supone un rompecabezas que puede pasar desapercibido a un espectador no avezado. De ahí que su relativo anonimato sea previsible y, claro, de ahí que sea admirado.

El otro día leía una entrevista a Mark Eitzel en la que decía que le gustaba Eminem. También te lo he leído a ti. ¿Músicos con un pie en las raíces escuchando rap con pasión? Sí, de verdad lo creo. Los raperos son quienes en los últimos tiempos están tomando la responsabilidad lírica, mientras que los músicos blandos andan ocupados escribiendo un nuevo anuncio de papel higiénico. Ahora mismo, ellos son los arquitectos del lenguaje.

 

CUATRO MUESTRAS DE UNA OBRA PROLÍFICA

LITTLE WINGS, Surfin' Bird

“The Wonder City” (Knw-Yr-Own, 2002)

Quizá solo sea un colección de canciones bonitas, una banda sonora para reunirse alrededor de una hoguera a tostar marshmallows, pero, aun con su falta de ambición, en muy pocos discos hay melodías como las de “Baby Bee” o “Queen Of Valencia”. En este punto, Little Wings está cerca de pegar el estirón: más adelante crecerá en personalidad y se desapegará de un pop-folk todavía rutinario, aunque algo hay ya en la voz de Kyle Field, aquí trenzada con la de Whitney Moon, que pellizca suavemente.

LITTLE WINGS, Surfin' Bird

“Magic Wand” (K, 2004)

“Light Green Leaves” (K, 2002), con su triple versión, había avisado, pero esta es la prueba definitiva de la llegada a la madurez del proyecto. Ya hay una voz propia totalmente asentada, con piezas de largos desarrollos que serán sello de identidad (“So What?”), muestras de una cierta espiritualidad cercana a lo panteísta (“Everybody”) y baladas de porche nocturno que crecen en calado y profundidad: “In a darkened car / you’re only who you say you are”, canturrea en “Darkened Car”, la última del lote.

 
LITTLE WINGS, Surfin' Bird

“Soft Pow’r” (Rad, 2007)

El disco más soul de Little Wings también es seguramente el más homogéneo: sus siete canciones bullen a la misma temperatura y destilan la misma dulzura. La voz siempre ha estado en primerísimo plano, pero aquí la cercanía casi acongoja de lo íntima que se revela su escucha, tan o más cerca de Al Green o Curtis Mayfield que de Will Oldham. De “Scuby”, y su entrada casi de puntillas, al intenso corolario que supone “What Button?”, la franela de las camisas de nuestro barbudo se torna terciopelo.

LITTLE WINGS, Surfin' Bird

“Made It Rain” (Gnome Life, 2012)

Las últimas noticias discográficas de Kyle Field vienen de la mano de un disco en directo grabado en una choza en lo alto de los acantilados de Big Sur, California. El sonido corrobora el contexto y rezuma celebración sincera de la vida y la música, propias y ajenas. Y es que por este artefacto emotivo desfilan canciones del propio Field (una nueva, “Halloween 2020”), pero también invocaciones a artistas dispares: de Boney M. a Silver Jews, pasando por Jimmy Cliff, The Beach Boys o Michael Jackson.

 
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