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LLOYD COLE, Nirvana es un grupo sobrevalorado

“El impacto del arte es hacer más rica la vida del oyente. Eso estimula tu inteligencia y te lleva a tomar mejores decisiones”.

Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2013)

LLOYD COLE Nirvana es un grupo sobrevalorado

Convertido en un clásico menor, el cantautor inglés lleva más de treinta años afianzando una sólida carrera que inició con el mítico “Rattlesnakes” (1984). Víctor Lenore lo entrevistó para la antigua sección de Rockdelux Truco o Trato en los tiempos de “Standards” y escuchó de su voz interesantes reflexiones sobre arte, política, brechas generacionales e iconos musicales.

Me llamo Lloyd Cole. Nací en Buxton (Inglaterra) en 1961. Mi padre tocaba el piano, pero nunca recibió lecciones; se limitaba a copiar el estilo enloquecido de Fats Domino. Luego aprendió el acordeón. Mi educación musical fue bastante rara, apenas noté brecha generacional. Mis padres me tuvieron pronto, a los veintipocos. Les encantaban los Beatles y los Rolling Stones. Vivieron los cambios de los años sesenta. Salían por Manchester y eran amigos de algunos disc-jockeys. Me apoyaron mucho cuando decidí ser músico. Solamente quisieron asegurarse de que sabía lo que hacía. Cuando dejé la universidad, mi padre me prestó dinero para pagar un local de ensayo. Se lo devolví en tres meses. En los años ochenta, si eras medianamente bueno, triunfabas rápido”.

“Alguna gente me considera indie, una etiqueta que rechazo; siempre he querido competir en la misma liga que Leonard Cohen y Britney Spears. Además, LCD Soundsystem y Silver Jews ya han dado con la fórmula que satisface por completo a ese gremio de oyentes. No tiene sentido seguir (se parte de risa). Si me comparo con Ray Davies, tengo claro que no he escrito nada tan bueno como ‘Waterloo Sunset’, pero tampoco he hecho discos mediocres que emborronen mi legado, como le ha pasado a él. Cuando pienso en mi trabajo, solo me arrepiento de una cosa:

haber amortiguado el tono emocional en muchos de mis discos, especialmente en los últimos diez años. Quizá sea por el carácter reservado de los ingleses, quizá porque me veía mayor y sentía la presión de mantener la compostura. Eso ha cambiado en mi nuevo disco, ‘Standards’ (Tapete-Green Ufos, 2013). Ahora evito el lenguaje vistoso”.

“El mayor error social de nuestra época es confiar en los economistas para arreglar la situación, cuando nunca nos han sacado de ningún apuro. También me parece ingenuo ignorar que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional son herramientas de control político. Su función es hacer del mundo un lugar más manejable para las grandes fortunas capitalistas. Ayer estaba en Portugal y vi unos carteles que decían ‘la austeridad es racista’. Estoy de acuerdo. Quizá sería más preciso decir que los recortes pegan más duro a los más pobres. En Estados Unidos, si miras las cuentas corrientes de los banqueros, no han perdido absolutamente nada. A mí, por ejemplo, me han perjudicado: la casa donde vivo vale 75.000 dólares menos de lo que pagué por ella en su día. Y seguramente no podría venderla. Lo único que tengo claro es que las élites económicas nunca van a ceder sus privilegios de manera pacífica”.

 
 
LLOYD COLE, Nirvana es un grupo sobrevalorado

“Son un grupo sobrevalorado. Lo peor de los temas de Nirvana es una confianza ciega en su visión del mundo. Creo que la certeza fue lo que mató a Cobain. ¿Cómo puedes estar seguro de que la vida nunca tendrá nada que ofrecer?” Foto: Alfredo Arias

 

Veo a los cantautores cada vez más lejos de cuestiones sociales. Pienso, por ejemplo, en artistas que admiras, como Bob Dylan o Leonard Cohen. Antes tenían posturas claras, pero a medida que cumplen años se van diluyendo. Cohen se encerró en su monasterio budista, Dylan recibe la medalla del Congreso en plena estafa económica y prefiere no abrir la boca. ¿Qué opinas de su evolución? Entiendo su postura. Si te significas políticamente, das pie a que la gente interprete tu música de cierta manera. El diálogo se enturbia. Para el artista político, siempre acechan los problemas de la simplificación y el didactismo. Paul Weller y Billy Bragg han caído muchas veces en la propaganda. Si Bob Dylan se posiciona menos es para no dar pie a ese tipo de lecturas. Me parece comprensible, aunque tuvo una etapa sionista difícil de asimilar. El impacto del arte es hacer más rica la vida del oyente. Eso estimula tu inteligencia y te lleva a tomar mejores decisiones. Tampoco quiero hablar de manera tajante. En los ochenta me asocié con la gente de Red Wage y no me arrepiento. En canciones y entrevistas he dejado claro que no creo que el capitalismo esté funcionando. Prefiero la lógica del socialismo, pero algunas canciones de Paul Weller o The Clash hacen un flaco favor a la causa.  

¿Me puedes poner ejemplos de lo que consideras una buena y una mala canción política? Hay letras que nos ayudan a ser más conscientes. Pienso en “Hurricane” de Bob Dylan. También en el movimiento Rock Against Racism de los setenta y ochenta, que fue determinante para difundir la situación en Sudáfrica. “Free Nelson Mandela” (The Special AKA) suena tan sencilla y elegante que ayuda a que la información circule. Por contra, nunca he tragado himnos como “The Eton Rifles” (The Jam). Es demasiado bruta: una especie de caricatura del izquierdista enfadado. Cuando buscas cierto impacto político, tienes que seducir a la gente del otro bando o bien sacar a los afines de su apatía. “The Eton Rifles” es un ejercicio de autogratificación estéril. Billy Bragg o The Clash han hecho grandes canciones, pero la mejor respuesta de Joe Strummer fue admitir que The Clash se preocupaban más por sus cortes de pelo que por la situación política. Con el tiempo, quedó claro que hablaba en serio: el grupo terminó cuando Strummer se puso cresta, una elección patética para la edad que tenía.

¿Algún otro icono que quieras demoler? Durante un tiempo fui muy fan de Nirvana. Cobain era el John Lennon del grunge: listo, carismático y buen compositor. Su encanto era su candor infantil. Veía las cosas en blanco y negro. Sedujo a la gente de tal manera que todo se le perdonaba. No entiendo cómo pude dejarme llevar. El problema, para mí, empezó cuando tocaron en ‘Saturday Night Live’. Cobain salió con una Stratocaster, cuando su marca favorita era Mustang. Enseguida pensé que iba a romper la guitarra en el escenario. Simplemente no quería perder el modelo que le gustaba. Eso cambió mi percepción del grupo. ¿Podemos considerar un símbolo de autenticidad a quien solo rompe sus guitarras baratas? De acuerdo, todo el teatro es algo escenificado, pero esto fue pasarse de la raya. “In Utero” (1993) tiene temas muy buenos, como “All Apologies”, pero también otros muy malos, como “Rape Me”. Son un grupo sobrevalorado. Cuando murió escribí una canción para él, así de triste estaba, aunque ya le veía las costuras. Lo peor de los temas de Nirvana es una confianza ciega en su visión del mundo, ese tono didáctico del que hablaba antes. Creo que la certeza fue lo que mató a Cobain. ¿Cómo puedes estar seguro de que la vida nunca tendrá nada que ofrecer?

Dices que no hubo brecha generacional con tus padres. ¿La notas hoy con tus hijos? La canción “Kids Today” parece tratar de eso. Por un lado, la brecha es inevitable, pero estoy en una situación particular. Estar fuera de onda implica que no sabes que estás fuera de onda. Yo lo tengo muy claro. Escucho ciertos discos y digo: esta música está hecha para alienarme. Los quinceañeros lo necesitan. La única función de unos vaqueros rotos es molestar a tus padres. No creo que nadie disfrute de mojarse las piernas y los zapatos cuando llueve. En la etapa de The Negatives estuvimos a punto de hacer una camiseta con el lema “Rage Against My Mom” (“Rabia contra mi madre”, una gracieta con Rage Against The Machine). En “Kids Today” menciono a Queens Of The Stone Age, que es un grupo más cercano a mi edad que a la de mi hijo William. Diría que me gustan, pero no entiendo ese esfuerzo por seguir saliendo en ‘New Musical Express’. O quizá sí: me recuerdan a Led Zeppelin, cuya misión principal era crear una banda sonora para que los adolescentes y veinteañeros tuvieran sexo. Es música para follar a esas edades.

Dices que el arte enriquece nuestras vidas. ¿Cuándo fue la última vez que sentiste eso como espectador? Voy a quedar fatal, pero solo se me ocurre un ejemplo de mi disco. La canción “Period Piece”, al menos en mi cabeza, está narrada desde el punto de vista de las ruinas del Muro de Berlín. El protagonista son los trozos tirados por el suelo, rodeados de gente que canta y baila. Ellos se lamentan de que todo era mejor en los viejos tiempos, cuando el verde estaba de un lado y el gris de otro. Nos recuerdan que David Bowie no hubiera podido escribir “Heroes” si el Muro no hubiese estado allí cuando miró por la ventana de su casa en Berlín. Pensaba que la letra era muy clara, pero poca gente la entendió. Ni siquiera el director del vídeo, que creía que el tema era la nostalgia de cuando yo era joven y ganaba más dinero. De repente, me di cuenta de que la letra podría aplicarse de manera literal a mi vida. ¿Es posible que mi subconsciente escribiera esa canción? “Period Piece” es mi manera de admitir que era mucho más feliz cuando me asemejaba a una estrella pop. Veía el mundo como un lugar mejor. David Byrne dice que no puede explicar sus canciones porque necesita varios años de convivencia con ellas para darse cuenta de qué tratan realmente. A mí también me ha pasado. 

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