Si en los años sesenta el gospel transformó su energía mística en carnal con el nacimiento del soul, en los setenta una nueva mutación ahondó en esas claves terrenales a través de un nuevo género discutido: la música disco. Loleatta Holloway podía explicarnos cómo fue todo ello, ya que vivió en primera persona esas tres etapas. Nacida en Chicago el 5 de noviembre de 1946, creció cantando con su madre en el coro gospel HOLLOWAY COMMUNITY SINGERS y en otra formación litúrgica, THE CARAVANS. En 1971 grabó un sencillo con una poderosa versión de la balada soul “Rainbow ‘71”, de Curtis Mayfield, donde estrenó un vínculo de largo recorrido con el mánager y productor Floyd Smith, su futuro marido. Fue la lanzadera de una carrera que, unos años después, la colocaría en pleno star system del fenómeno disco, con su voz frondosa por bandera, antes de deshincharse prematuramente.
Tras dos álbumes tempranos, “Loleatta” (1973) y “Cry To Me” (1975; el tema central, otra balada inflamada, previamente interpretada por Solomon Burke, fue un éxito comercial), Holloway fichó por el sello Gold Mind, distribuido por Salsoul y manejado por el productor Norman Harris, uno de los ideólogos del Philadelphia Sound. En consecuencia, el tercer álbum, titulado, como el primero, “Loleatta” (1977), y coproducido por su marido y el trío Baker-Harris-Young, ya fue una inmersión en el mundo de brillos y dulces imposturas de la estética disco, con ganchos bailables como “Hit And Run”. Señalizó el camino para sus siguientes lanzamientos, “Queen Of The Night” (1978), “Loleatta Holloway” (1979) y el disco de consagración, “Love Sensation” (1980), encabezado por la voluptuosa e insistente canción que le daba título, firmada por Dan Hartman.
Tras este impacto comercial, un rápido declive. En 1984 murió Floyd Smith, y luego “Love Sensation” comenzó a ser sampleada a discreción por artistas de hip hop, house y pop, entre ellos los italianos Black Box, que terminaron cediendo royalties a la cantante tras insertar su voz sin acreditarla en su éxito “Ride On Time” (1989). Le aguardaba un culto nostálgico como superviviente de otra era, con más recopilaciones (entre ellas, la recomendable “The Anthology”, editada por Salsoul en 2005) que material fresco. El 21 de marzo falleció de un paro cardíaco. ![]()
























