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LOS HERMANOS CUBERO, Jota para Bill Monroe

El folclore sin miedo de Roberto y Enrique. Foto: Òscar Giralt

 
 

ENTREVISTA (2013)

LOS HERMANOS CUBERO Jota para Bill Monroe

Ahora que el pop español mira con menos complejos y más interés hacia la tradición autóctona, es un momento inmejorable para conocer a estos hermanos de Guadalajara que, con una guitarra y una mandolina, se las han apañado para conjugar sus dos grandes aficiones musicales: el folclore castellano y el bluegrass. Nando Cruz los entrevistó meses antes de que publicasen su segundo álbum, “Flor de canciones” (2013), artículo en el que se avanzaba “La muerte en la Alcarria”, proyecto cinematográfico de Fernando Pomares que entonces parecía inminente y tardó dos años en llegar.

Los Hermanos Cubero no proceden de una saga de músicos alcarreños. Como en muchos hogares españoles de hace un siglo, la música no era un arte ni un oficio. “En la familia de nuestra madre tenían mucha afición musical. Organizaban bailes en un parque cercano y se llevaban una gramola que había en casa. Tocaban los discos que había en los años treinta y cuarenta: bailables y cosas así”, explica Enrique. “Y en la de nuestro padre había mucha tradición de juntarse en Navidad con la zambomba”, añade Roberto.

“En la familia de nuestra madre tenían mucha afición musical. Organizaban bailes en un parque cercano y se llevaban una gramola que había en casa. Tocaban los discos que había en los años treinta y cuarenta: bailables y cosas así... Y en la de nuestro padre había mucha tradición de juntarse en Navidad con la zambomba”

Reunidos en un bar de Santa Perpètua de Mogoda, el pueblo a las afueras de Barcelona donde vive Roberto, recuerdan cómo disfrutaban de niños con grupos de música tradicional como Arándano y Río de Piedra mientras sus compañeros del colegio preferían el pop-rock de radiofórmula. “Pero acuérdate, la chispa para empezar a tocar fue cuando el tío Jesús te dejó su guitarra”, le remarca Roberto. “Sí. La había comprado para recibir clases, pero se cansó a los seis meses. Y se la pedí”, recuerda Enrique. “Y poco después yo me compré un laúd”, añade Roberto. “Me fio mi padre. El otro día recordé que este año hace veinte que lo compré”.

Tal como habían visto en fiestas populares y reuniones familiares, los hermanos se juntaban en la habitación y aprendían a tocar seguidillas castellanas y jotas. Pero en esa habitación sonaba también ‘Toma Uno’, el programa de country de Radio 3. El gusano de la música norteamericana ya les había picado a través del single de Elvis Presley “Guitar Man”, que rondaba por casa, pero el día que Manolo Fernández emitió un especial sobre Bill Monroe se les acabó de girar el cerebro. “¡Coño, aquello molaba mucho más!”, exclama Enrique. Meses después, Roberto se compró una mandolina, y con sus improvisaciones instrumentales viajaron más allá de la Alcarria. “Estábamos empezando y no teníamos idea de nada: ni de música tradicional ni de bluegrass. Pero nos atrevíamos”, confiesa Roberto. “Es que no eran dos aficiones paralelas: todo era música. No distinguíamos. Y aún nos pasa. Bueno, ahora nos pasa más”, se ríe Enrique.

En realidad, los Ruiz Cubero son tres hermanos. Y con el de en medio, Ernesto, formaron en 1998 los RC Brothers, un grupo de bluegrass. En 2004 Roberto compuso “Jota para Bill Monroe”, pero la canción no encajaba en el repertorio: tenía indisimulados aires de jota castellana. Y esa fue la segunda chispa de esta historia, la que les hizo aparcar en 2009 el grupo de bluegrass y enfocar sus esfuerzos hacia un repertorio más natural y propio.

 
LOS HERMANOS CUBERO, Jota para Bill Monroe

“Nosotros estamos dispuestos a tocar donde sea. ¡Hasta en discotecas! Siempre que no nos pongan batería ni bajo”.

Foto: Òscar Giralt

 

Hartos de sentir “la obligación de hacer un bluegrass que pareciera bluegrass”, hartos de no poder componer de forma más libre y poder dar cabida a sus raíces castellanas, Roberto y Enrique formaron Los Hermanos Cubero y se presentaron a un concurso. El 10 de abril de 2010, Roberto estaba en la ducha cuando sonó el teléfono. No lo pudo coger. Enrique iba conduciendo cuando recibió la misma llamada. Él sí respondió. Habían ganado el II Premio Europeo de Nueva Creación de Folclore “Agapito Marazuela”; gracias, entre otras, a aquella jota dedicada al padre del bluegrass.

El premio les permitió grabar “Cordaineros de la Alcarria” (Autoeditado, 2010), un disco que incluye piezas del cancionero popular recogidas por el maestro Marazuela, folclorista segoviano que, como un Alan Lomax peninsular, documentó el repertorio popular castellano en el libro “Cancionero de Castilla” (1932; más de cuatrocientas páginas de partituras y letras de jotas, romances, rondas...) y en el disco “Folklore castellano” (1969), que interpretó él.

“La gente de la música folk tiene más amplitud de miras. Están más acostumbrados a la mezcla, son más eclécticos... En la música americana aún se mantiene ese purismo. Son más de: ‘Si hago rockabilly, solo hago rockabilly, y de los cincuenta’”

Enrique y Roberto no se consideran expertos en música tradicional, sino simples usuarios. Y aunque saben distinguir entre una seguidilla corrida y una castellana, no quieren ceñirse a normas estilísticas cuando componen. “Hagamos algo de ruido” es un pasacalle (aunque el pasacalle sea, por ley, instrumental) cuya letra busca reproducir la chulería simpática del rap. “Árbol de vida” es una canción sin más, cuyo anacrónico romanticismo poético bebe de grupos actuales de música tradicional como La Ronda de Boltaña. “¿Es usted de Castilla?” es una reinterpretación ibérica del clásico sureño “Are You From Dixie”. Sí, los Cubero se mueven a sus anchas.

Desde que ganaron aquel premio, el dúo ha actuado en los más diversos entornos: en el festival Folk Segovia y en la fiesta patronal de Bernardos, subidos a un carro de cosechar en la fiesta mayor de Villafruela y encaramados al gigantesco escenario de las fiestas del Pilar... Así han podido comprobar que su propuesta ha sido bien aceptada por los maestros dulzaineros y ancianas del lugar. “Muchas veces, al final de un concierto se nos acercan señoras para decirnos que su marido era dulzainero o mielero y que de mozas habían bailado mucho estas canciones”, celebran orgullosos. Y, aunque también han tocado en salas como El Sol y Heliogàbal, perciben más facilidades en el circuito de músicas tradicionales. “La gente de la música folk tiene más amplitud de miras. Están más acostumbrados a la mezcla, son más eclécticos”, desvela Roberto. “En la música americana aún se mantiene ese purismo. Son más de: ‘Si hago rockabilly, solo hago rockabilly, y de los cincuenta’”, añade Enrique. “Nosotros estamos dispuestos a tocar donde sea. ¡Hasta en discotecas! Siempre que no nos pongan batería ni bajo”, advierte Roberto.

Los Cubero siguen bebiendo de ambas fuentes. Y tan enamorados están de Gillian Welch y del patriarca Ralph Stanley como de grupos de folk contemporáneo castellano como La Musgaña, Fetén Fetén y Hexacorde. Meses atrás publicaron el single “La calle abajo” (2012) y ya están adaptando más temas del infinito cancionero del maestro Marazuela para su segundo disco. Mientras lo graban, se habrá estrenado “La muerte en la Alcarria”, road movie surrealista en blanco y negro y sin diálogos dirigida por Fernando Pomares. Ellos son los protagonistas, pero solo abren la boca para entonar estas canciones que conectan, como por arte de magia, los páramos de la Alcarria y los pastos de Kentucky.

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