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LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

Tex-mex y folclore mexicano, sonidos influidos por el blues y el soul, tratamiento inusual del ritmo... Big Music.

 
 

ENTREVISTA (1999)

LOS LOBOS Licántropos devoradores de raíces

Los Lobos, una de las propuestas más coherentes del rock. Su evolución, desde el tex-mex y el folclore mexicano, los ha llevado a sonidos más influidos por el blues y el soul y los ha convertido en una de las bandas más transversalmente interesantes del rico acervo de la gran música americana. Recuperamos esta entrevista con el grupo hecha por Miquel Botella en la época de “This Time” (1999); con discografía comentada hasta entonces. Los Lobos: orgullo fronterizo en el este de Los Ángeles, sonidos de ida y vuelta entre México y el Gran Hermano del Norte, dos mundos en uno.

Abraham Quintanilla no lo tuvo fácil. Eso del sueño americano le sonaba a cuento chino: aunque había creado un grupo de rock’n’roll, Los Dinos, no conseguía sacarlo a flote. Si actuaban ante un público mejicano, los abucheaban por cantar en inglés y les exigían una tanda de rancheras; y al revés, el color oscuro de su piel los delataba y el racismo WASP les impedía actuar en escenarios anglos. Años después, Quintanilla comprobó por fin que el sueño americano sí existía cuando su hija Selena se convirtió en la reina de la tejano music.

Con el tiempo, ese conflicto entre dos lenguas y dos culturas se ha minimizado, y de la confrontación se ha pasado a la convivencia. En ese proceso normalizador, el papel de un grupo como Los Lobos ha sido determinante. La última vez que los angelinos visitaron Barcelona fue en 1987; ahora han vuelto para presentar su nuevo trabajo “This Time” (Hollywood-Edel, 1999). El primero en aparecer es César Rosas: le pregunto si habla español, y me replica que mejicano. Poco después se une a nosotros Louie Pérez.

“Comenzamos cuando el punk aún estaba medio fuerte, tocando en Los Ángeles, en el área de Hollywood, en los únicos clubes donde los artistas podían hacer ‘showcases’ para presentar su música. Andábamos con todos esos grupos: X, Circle Jerks, The Blasters... Fue una experiencia francamente muy bonita, porque todo lo que decía la gente, que los punks eran muy brutos... Agarramos otro sentido, que esas personas eran como nosotros, nomás tenían los ‘mohawks’ colorados, pero eran muy buena gente, tenían el mismo sentido musical que nosotros”
(César Rosas)

1973. Rosas y Pérez, junto a Conrad Lozano y David Hidalgo, crearon Los Lobos del Este de Los Ángeles. “Comenzamos como rockeros, en inglés. Cuando formamos Los Lobos para tocar música tradicional, cambiamos las guitarras eléctricas por instrumentos tradicionales de México: la jarana, el guitarrón, el violín y todo eso. Después de ocho o nueve años, entramos en el rock otra vez, pero por la puerta del punk. Es como una novela”, recuerda Louie con una sonrisa. César añade que “nos criamos en el este de Los Ángeles, y vivimos dos mundos: el rock, que nos influyó tremendamente, y luego el folclore, la música de nuestras raíces. No diferenciamos entre una cosa y la otra: te puedo cantar una canción en español, ahorita, o una de Chuck Berry...”.

Saco a colación la anécdota del padre de Selena. ”En Norteamérica hay muchos racistas, y siempre es una lucha para los mejicano-norteamericanos”, reconoce César. “Pero como Los Lobos, hemos sido siempre muy afortunados”, se apresura a precisar Louie. Como una variante sutil de la discriminación racial, está el encasillamiento, el mismo que hizo que durante muchas décadas los afroamericanos solo pudieran tocar soul, blues y jazz. “¿Te refieres a si nos quieren tener en grupos, decir: ‘Ustedes son nomás latinos y quédense ahí con su música’?”, pregunta César. “Somos un ejemplo de que eso no ocurre, y no debería ocurrir. El pensamiento de Los Lobos siempre ha sido más abierto. Hay veces que sí hemos tenido nuestros problemitas: por ejemplo, el proyecto de ‘La Bamba’ fue algo que, como se hizo un gran éxito, mucha gente nos veía así como un grupito nomás: ‘Los latinos esos del sabor de la semana, que ahorita es un éxito y... ay, qué chistosito’. Por eso tratamos que el mundo no nos viera así, porque teníamos mucho más talento y otra música que descubrir”.

1978. Tras patearse el vecindario en fiestas y banquetes de boda, Los Lobos del Este utilizaron su repertorio de canciones tradicionales en castellano para editar “Just Another Band From East L.A.” (New Vista Records, 1978). Pero el barrio les quedaba pequeño, y pronto tuvieron una oportunidad cuando en 1980 Tito Larriva (líder de The Plugz) los metió de teloneros de Public Image Ltd. “Comenzamos cuando el punk aún estaba medio fuerte, tocando en Los Ángeles, en el área de Hollywood, en los únicos clubes donde los artistas podían hacer ‘showcases’ para presentar su música. Andábamos con todos esos grupos: X, Circle Jerks, The Blasters... Fue una experiencia francamente muy bonita, porque todo lo que decía la gente, que los punks eran muy brutos... Agarramos otro sentido, que esas personas eran como nosotros, nomás tenían los ‘mohawks’ colorados, pero eran muy buena gente, tenían el mismo sentido musical que nosotros”, evoca César. Aunque al principio el público punk se mostró algo reticente, pronto los encumbró. En esa ruta hacia el éxito fue decisiva la intervención de The Blasters, cuyo saxofonista, Steve Berlin, se convertiría en el quinto lobo oficial.

1982. Contrato con Slash Records. Un año después publicaban “... And A Time To Dance”, al que seguirían “How Will The Wolf Survive” (1984), y “By The Light Of The Moon” (1987). El grupo saltó a la fama internacional cuando en 1987 consiguió un éxito sin precedentes con la banda sonora de “La Bamba”, una película biográfica sobre Ritchie Valens. En lugar de apoltronarse, Los Lobos reaccionaron y dieron otra vuelta de tuerca: primero, con un disco de folclore mejicano puro y duro, “La pistola y el corazón” (1988), y con su regreso al rock, “The Neighborhood” (1990). Y del sonido inicial basado en el rock’n’roll y el tex-mex, pasaron a otro más inclasificable. “Los primeros discos tenían estilos muy distintos: tocábamos tex-mex, rock clásico y blues por separado. Pero en los últimos, el sonido es más nuestro, todas las influencias forman una lengua propia”, explica Louie. “Llegamos a un lugar en que la música de Los Lobos ya tiene un sonido distinto, se ha desarrollado. Muchos nos preguntan: ‘¿Qué tipo de música tocan ustedes?’, y ya comenzamos a decirles que es lobo music”, añade César.

 
LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

Louie Pérez, David Hidalgo, César Rosas, Conrad Lozano y Steve Berlin: lobos para siempre.

 

En el arranque de esta nueva etapa hay un momento clave: el inicio de su colaboración con Mitchell Froom y Tchad Blake. Con su arsenal de efectos y elaboradas técnicas de producción, Los Lobos pasaron del roots rock al art rock. El álbum “Kiko” (Slash, 1992) fue el detonante, como reconoce Louie: “Sí, fue como empezar otra vida: salimos de un ‘cocoon’ y comenzamos otra carretera, con muchas posibilidades”.

Los Lobos han estado muy ocupados en los últimos años, con sus aportaciones a los discos del pionero rockabilly Paul Burlison, de Ozomatli y de Elíades Ochoa. Pero una de sus actividades más usuales ha sido el cine, con la inclusión de canciones en “The Mambo Kings” o “The End Of Violence”, o como compositores de score instrumental en “Desperado”, “The Wrong Man” o “Feeling Minnesota”. “Nos gusta mucho hacer ‘scores’, nos conviene porque podemos trabajar y quedarnos en nuestros hogares. Al mismo tiempo, es tremendo, es difícil y también es ‘challenging’”, apunta César.

Y lejos de los soundtracks, los componentes del grupo también han iniciado diversos proyectos paralelos. El primero en nacer fue LATIN PLAYBOYS, con Pérez, Hidalgo, Froom y Blake, ya con dos álbumes, “Latin Playboys” (Slash, 1994) y “Dose” (Atlantic, 1999). “Tras ‘Kiko’, continuamos grabando en casa de David, en un aparato casero. Vimos que esas ‘tapes’ tenían posibilidades. De ahí surgió la idea de un grupo como Latin Playboys. Es un sonido lo-fi, algo muy libre, casi cósmico”, explica Louie.

“Cada noche es improvisada, totalmente. Muchas veces sale muy bien, y otras noches es ‘too much confused’, se pone bien loco. No llevamos lista de canciones: nomás arriba en el ‘stage’, si tengo una idea y quiero cantar una canción, lo digo a los muchachos: ‘Así, canciones, canciones’”
(César Rosas)

El segundo grupo paralelo es SUPER SEVEN, una superbanda integrada por Hidalgo, Rosas, Freddie Fender, Flaco Jiménez, Joe Ely, Rick Treviño y Rubén Ramos, una réplica chicana al “Buena Vista Social Club”. “Sí, son los tejanos versus cubanos; les vamos a ganar (carcajada). Nosotros nomás grabamos ‘Los Super Seven’ (RCA, 1998), ha salido y... Fíjate que parece que hay interés en hacer otro disco”, avanza César. Rosas también ha debutado en solitario con “Soul Disguise” (Rykodisc, 1999).

Por su parte, David Hidalgo ha creado el grupo de blues HOUNDOG, junto al ex Canned Heat Mike Halby, con un LP homónimo (Sony, 1999), y también ha editado un disco de world beat, “Kambara Music In Native Tongue” (Waterlily Acoustics, 1998), junto a Martin Simpson, Viji Krishnan y Puvalur Srinivasan.

La frenética actividad de Los Lobos ya tiene nuevos retos. Hidalgo y Pérez componen música para una obra del Mark Taper Theatre. “Se llama ‘La canción de Orfeo’, y se basa en el mito de Orfeo y Eurídice”, confirma Louie. También hay en cartera un disco de Navidad de Los Lobos, y su creciente colaboración con la web LosLobos.org, creada por uno de sus fans. “Krazyfish comenzó una web no oficial él solo. Leímos lo que escribía, después me puse en contacto con él, y ya somos buenos amigos. Lleva unos siete meses trabajando con nosotros, y le damos más ideas”, declara pícaramente César. Gracias a la red, el grupo pudo avisar a sus seguidores de una serie de conciertos en diversas ciudades norteamericanas. “Cada noche nos presentábamos como una sorpresa: cuando entraba la gente al show, entonces veía que éramos Los Lobos. No era secreto, pero fuera del lugar no se podía hacer publicidad con nuestro nombre. Con Krazyfish pensamos que era una buena idea mandar unas cartitas a nuestros amigos lobofans para decirles que íbamos a estar en ese lugar y este lugar”.

En esos conciertos, Los Lobos hicieron gala de algo que quedó claro en sus shows españoles: la ausencia de un repertorio preparado. “Cada noche es improvisada, totalmente. Muchas veces sale muy bien, y otras noches es ‘too much confused’, se pone bien loco –reconoce César–. No llevamos lista de canciones: nomás arriba en el ‘stage’, si tengo una idea y quiero cantar una canción, lo digo a los muchachos: ‘Así, canciones, canciones’” (chasquea los dedos).

Llegados a este punto, la pregunta trascendente: ¿se consideran hijos de Ritchie Valens, o padres de Blazers, Iguanas e incluso Morphine? “Para nosotros la música es muy complicada pero muy básica. A veces nos sentimos parte del sonido de Valens, porque tenemos un gran respeto por el éxito de ‘La Bamba’; pero ahora todo ha cambiado. En cada disco pensamos diferente. Lo que trato de decir es que nos sentimos iguales, aunque ahora más modernos, intentando componer música nueva”, resuelve César.

Y ya puestos, a ellos, que han participado en discos de tributo a Grateful Dead, Buddy Holly, Doc Pomus, Jimi Hendrix e incluso Walt Disney, ¿qué artistas les apetecería que tocaran en un futuro homenaje a Los Lobos? “Todos los que nos gustarían ya están muertos” (gran carcajada de César). “‘Let’s see’: Circle Jerks, Germs, X...”, enumera Louie. “Ahorita no sé. Dame un ratito... “, concluye César con otra risotada.”

 

LOBOTOMÍA: DIEZ AULLIDOS BAJO LA LUNA LLENA

LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“... And A Time To Dance”
(Slash, 1983)

Con solo siete canciones, el primer zarpazo de Los Lobos, propiamente dichos, es intachable: rock’n’roll robusto y fresco con el aderezo de un acordeón tex-mex (“Let’s Say Goodnight”, “How Much Can I Do?”), western swing trotón (“Walking Song”), rockabilly trepidante con el saxo abrasador de Steve Berlin (“Why Do You Do”) y versiones magistrales (del “Come On, Let’s Go” de Ritchie Valens al “Ay te dejo en San Antonio” de Don Santiago Jiménez). ¿Defectos? Se hace demasiado corto.

LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“How Will The Wolf Survive”
(Slash, 1984)

Breve pero intenso, sienta las bases del brillante futuro del grupo. Esta vez no solo es rock’n’roll (“I Got Loaded”, “Evangeline”, “I Got To Let You Know”) y tex-mex (“Corrido #1”, “Serenata Norteña”): también muerden el cuello del blues (“Don’t Worry Baby”), del honky tonk (“Our Last Night”), del zydeco (“The Breakdown”), del bluegrass (“Lil’ King Of Everything”), del soul (“A Matter Of Time”) y del country rock (“Will The Wolf Survive”, más tarde un hit para Waylon Jennings). Steve Berlin ya figura como quinto lobo oficial, con derecho a salir en la foto.

 
LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“By The Light Of The Moon”
(Slash, 1987)

Tercera producción de T-Bone Burnett, con menos rock’n’roll y un mayor acento en el rhythm’n’blues (“My Baby’s Gone”), en el pop de solemnidad soul (ese “Set Me Free (Rosa Lee)” que incluye la expresión “the latin playboy”), en la sedosidad a lo Robert Cray (“Is This All There Is?”) y en el country (“One Time One Night”), con breves paradas en México (“Prenda del alma”) y en Nueva Orleans (“All I Wanted To Do Was Dance”). Un sonido menos apasionado en el que colabora por primera vez, como músico, Mitchell Froom.

LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“La pistola y el corazón”
(Slash, 1988)

Como una reacción al éxito fácil de “La Bamba”, ofrecen una colección de viejas canciones del folcore mejicano. Respeto por la tradición, maestría con los instrumentos acústicos y la valentía de no caer en el disco turístico de rancheras y corridos al abordar estilos como el son jarocho, el son huasteco o el huapango, y de salir airosos con temas propios como “Estoy sentado aquí” o “La pistola y el corazón”. Pese a haberse grabado en solo cuatro días, rebosa pasión por todas partes.

 
LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“The Neighborhood”
(Slash, 1990)

Tras el regreso al folclore puro y duro, la vuelta al rock con raíces y a los estilos con un arraigo yanqui más acentuado, con la colaboración de John Hiatt, Jim Keltner y Levon Helm: el blues (“I Walk Alone”, “I Can’t Understand”) y, en una vertiente más acústica y campestre, el country (“Emily”, “Deep Dark Hole”). Los toques exóticos se reservan a mutaciones del zydeco (“The Giving Tree”), del mariachi (“Be Still”) y del swing (“The Neighborhood”). Más ricos en matices, empiezan a experimentar con estructuras rítmicas originales y recurren a Froom en la producción del pantanoso “Angel Dance”.

LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“Kiko”
(Slash, 1992)

El inicio de su segunda etapa, con Froom y Blake a los mandos. Las raíces quedan difuminadas bajo una producción que estiliza los instrumentos acústicos y los sustituye por texturas insólitas con percusiones arriesgadas, efectos de teclado y guitarras experimentales. Los estilos (el rhythm’n’blues, el country-rock, el rockabilly) aparecen desdibujados y cabalgan sobre ritmos entre maquinales y minimales, entre repetitivos y lánguidos, y las letras se endurecen o recurren a historias directamente poéticas. Cierran con “Río de Tenampa”, una fanfarria mariachi recuperada en el debut de los Super Seven.

 
LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“Just Another Band From East L.A. A Collection”
(Slash, 1993)

Mucho más que un simple recopilatorio: no solo recupera los mejores temas de sus discos anteriores (incluido “Just Another Band From East L.A.”, acreditado a Los Lobos del Este y compuesto por temas tradicionales del folclore mejicano), sino que ofrece canciones de bandas sonoras (de “La Bamba” a “The Mambo Kings”), inéditos (un outtake de “The Neighborhood”), versiones en vivo de los éxitos más atractivos de su repertorio e insólitas recreaciones de Grateful Dead, Cream, Marvin Gaye o de clásicos como “Volver, volver”. Todo ello, envuelto en una cajita con un lujoso libreto. Una delicatessen para todo lobofan y para quien no tenga ninguno de sus discos.

LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“Papa’s Dream”
(Music For Little People, 1995)

Concebido como un proyecto familiar que reúne a Los Lobos con el padrino de la Chicano Music, Lalo Guerrero, y con el grupo infantil Los Cenzontles, ofrece un recorrido por algunos de los temas más conocidos del tex-mex y el rock’n’roll fronterizo (de “La Bamba” a “Wooly Bully”, pasando por “Cielito lindo”). Su vocación educativa y su público destinatario (los niños) no impiden que sea un buen manual sobre cómo hacer rock’n’roll que más de un grupillo debería aprenderse.

 
LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“Colossal Head”
(Warner, 1996)

Prosigue la increíble mutación: cada vez más lejos del tex-mex (“Maricela” y “Más y más” son las excepciones), construyen un sonido intenso que se acerca al funk (sensual en “Revolution”, contenido a lo Curtis Mayfield en “Can’t Stop The Rain”) y al rhythm’n’blues bizarro (“Everybody Loves A Train”), cuando no juega en el mismo terreno de unos Morphine extrañamente inspirados (“Colossal Head”). Con Froom y Blake, Los Lobos se atreven con un tratamiento inusual del ritmo, alternan programaciones y percusiones acústicas, saxos inmensos y sonidos extraños que no entorpecen la calidad de las canciones.

LOS LOBOS, Licántropos devoradores de raíces

“This Time”
(Hollywood-Edel, 1999)

No hay dos sin tres: todos los estilos orillados por Los Lobos en sus discos anteriores se funden bajo la batuta de Froom y Blake, y crean un lenguaje propio que a veces puede recordar de forma vaga al soul (“This Time”), otras veces al funk sinuoso (“Oh Yeah”) o sesentero (“High Places”), al rhythm’n’blues (“Some Say Some Do”), a la cumbia (“Cumbia Raza”) o al chachachá lounge (“Corazón”), entre complejas percusiones, guitarras distorsionadas, saxos dislocados, dosis de latinidad bien entendida y hasta expresiones naíf.

 
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