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LOS MODELOS, Lágrimas sobre un grupo muerto

Actuación en El Jardín.

Foto: Jesús Peraita

 
 

ARTÍCULO (1985)

LOS MODELOS Lágrimas sobre un grupo muerto

Documento Rockdelux. Los Modelos, ese grupo maldito que mereció mejor suerte. En 1985, Diego A. Manrique escribió este artículo, un texto que repasaba la fugaz vida de los creadores de temas inolvidables como “Tenemos que hablar otra vez” o “Noche de lluvia en Madrid”. Se trata de un homenaje a aquel notable grupo de pop ninguneado en la época de la movida. Los Modelos murieron a finales de 1981. Aparte de los oyentes de ‘Domino’, el programa de Gonzalo Garrido en Radio España FM, pocos lo lamentaron. Sin embargo, sus maquetas se editaron posteriormente en dos ocasiones con una acogida espléndida. ¿Motivos? En cierta forma, Los Modelos eran la cima de un género genuinamente madrileño: el pop baboso.

Una explicación para los no madrileños. Al frente de Los Modelos estaba Ramón Garrido, hermano de Gonzalo Garrido, un entrañable (¡ugh!) locutor que lleva décadas programando el pop anglosajón más puro, todo guitarras cantarinas y voces dolidas. Junto con Mario Armero, Jesús Ordovás, Rafa Abitbol o Julio Ruiz, Gonzalo alimentó musicalmente a todos aquellos grupos que surgieron en el gozoso período 1979-1980. Eso quiere decir Nacha Pop, Trastos, Mamá, Tos (luego, Secretos) y los que vinieron detrás.

LA DEBACLE

“Grabamos una maqueta de seis temas en Doublewtronics, que llevamos a Polydor. No pasó nada. Hubo otras actuaciones pero la verdad es que no teníamos mucho éxito. En el verano de 1981, yo dejé el grupo. Ellos siguieron unos meses más. Guillermo y Casilda pasaron luego a Estación Victoria… y eso es todo”
(Ramón Garrido)

 

Es historia: la mayor parte de aquellos conjuntos tuvieron una entrada fácil en la industria  discográfica, aleccionada convenientemente por la radio y la prensa que seguíamos entusiasmados aquella eclosión de corazones tiernos que habían descubierto la posibilidad/necesidad de expresarse a través de canciones. Las compañías oyeron algo de “nuevos Brincos” y picaron. No funcionó, por muchas razones. Hacia 1981, pararon los fichajes y los ingenuos del pop se encontraron fuera de onda: había surgido la onda siniestra, que repudiaba su música y los clasificaba (muy certeramente) como “los babosos”.

“Los grupos pop de la segunda generación llegamos en el peor momento”, recuerda Ramón Garrido. Por aquellos días, él escuchaba fervientemente a Ian Matthews, Paul Collins’ Beat, Interview, Fingerprintz. Y, como todos los chicos despiertos de Madrid, quería formar un grupo. Conectó con Casilda Fernández, compañera de facultad. Ella trajo al resto de los músicos, gente de la universidad con amor por el pop. En verano y otoño de 1980, hubo ensayos. Y el grupo debutó en el Marquee el 30 de diciembre. “Es curioso, no tenía nada de nervios: como si toda mi vida hubiera estado esperando ese momento”. Ramón cantaba, componía y tocaba la guitarra. Casilda hacía voces, Guillermo P. De Diego era el guitarra solista, Sergio Rodríguez hacía de bajista y cantaba, Patxi San Vicente se sentaba a la batería.

Aparte del repertorio de Ramón, hacían versiones como el “A Well Respected Man” de los Kinks “con una letra en castellano mía; también preparé el ‘Lodi’ de Creedence, que mis compañeros no quisieron tocar”. Unos meses después, Los Modelos aparecían en el famoso concierto de primavera que organizaban Radio España y Rock-Ola. “Cobramos 40.000 pesetas, que nos pareció una enormidad. Pero, a partir de ahí, todo se fue deshaciendo. Grabamos una maqueta de seis temas en Doublewtronics, que llevamos a Polydor. No pasó nada. Hubo otras actuaciones, pero la verdad es que no teníamos mucho éxito. En el verano de 1981, yo dejé el grupo. Ellos siguieron unos meses más. Guillermo y Casilda pasaron luego a Estación Victoria… y eso es todo”.

 
LOS MODELOS, Lágrimas sobre un grupo muerto

El disco editado por MR-Ariola en 1983; Twins lo reeditó con otra portada en 1985.

 

MISERIAS DE ENAMORADO

En los tiempos que existieron Los Modelos, mi vida no fue alterada por su música. Aunque no simpatizaba con el tenebrismo infantil de las hornadas irritantes, también me sentía harto de pop fofo. Les recuerdo tocando en El Jardín: críos barbilampiños con corbatas finitas, guitarras blandas, una chica sosita. Los olvidé rápidamente. Pero, a principios de 1983, Paco Martín publicó un mini-LP con su maqueta en el sello MR. Y, a pesar de una portada inadecuada y de un texto rencoroso de Ramón, me sentí emocionado.

“La experiencia del grupo me dejó mal sabor de boca. Pensé incluso en montarme algo como solista, pero no tenía la energía necesaria. Además, ahora toco de vez en cuando y me doy cuenta de que estoy fuera de onda, que lo mío no se podría vender en estos tiempos”
(Ramón Garrido)

Puntualizo: las canciones de Los Modelos son retratos inmaculados de un tiempo turbulento en lo sentimental. Ese momento en que la adolescencia se desencuaderna ante la atracción por el sexo opuesto. Un tiempo que puede ser cruely que suele generar un dulce masoquismo, una feroz autocompasión. Por lo menos, eso ocurría en las filas de la nueva ola madrileña: el repertorio básico consistía en cartas-a-corazón-abierto de los caídos en las primeras batallas amorosas.

Sobre guitarras frágiles y californianas, Ramón disecciona sentimientos encontrados. En “Tenemos que hablar otra vez”, una relación se desintegra sin palabras: “Teníamos sueños extraños / Escapar los dos a algún lugar / Ahora te reías de eso / Y yo aprendía poco a poco a odiar (…) Tenía miedo de oírte decirlo / Y me escapé corriendo de allí / No querías escuchar las historias / Que había inventado solo para ti”. Atormentado en la noche por los recuerdos, el protagonista de “En primer plano” piensa en jugar un solitario, mastica nuevamente las imágenes de su moviola íntima y espera el amanecer. El derrotismo que reina en los surcos es pavoroso: en “El perdedor” se humilla alegando: “Y yo que sé que una chica como tú / Se merece un poco más / De lo que yo puedo ser / Y es que yo solo soy un perdedor”. Ah, sí, se supone que estas cosas ya no ocurren en estos tiempos de amores modernos, corazones blindados y barcos que se cruzan en la noche. Ramón Garrido penetra detrás de las poses, como en el magnífico “Las gafas negras” (por cierto, ¿quién toca las teclas?), donde espía el descenso vital de su chica, que recurre a la bebida para olvidar quién sabe qué, adivinando que “Cuando llegue el invierno / Te mudarás de apartamento / Aquí hay demasiados recuerdos para ti / Todos tienen miedo cuando llega este momento / Y buscan una excusa para huir”.

La verdad: Los Modelos hacían música tristona, capaz de estrujar las fibras cardíacas que uno creía atrofiadas, como Fernando Márquez o Luis Eduardo Aute en sus versos más incisivos. En su canción más melosa, “Noche de lluvia en Madrid”, la aniñada voz de Casilda evoca “las noches mágicas de lluvia y neón”, cuando se empiezan a abandonar las casas familiares en busca de unas gentes y unos lugares para aprender a vivir, los primeros atisbos de la libertad. Es… (medito el adjetivo)… BONITO.

 
LOS MODELOS, Lágrimas sobre un grupo muerto

Sergio Rodríguez, Guillermo P. de Diego, Patxi San Vicente, Casilda Fernández y Ramón Garrido.

Foto: Ignacio Pérez de Diego

 

DESPUÉS DE LA RESACA

Ramón no quiere dar detalles sobre el final de Los Modelos: “Problemas personales”. Ya no le interesa hacer música: “La experiencia del grupo me dejó mal sabor de boca. Pensé incluso en montarme algo como solista, pero no tenía la energía necesaria. Además, ahora toco de vez en cuando y me doy cuenta de que estoy fuera de onda, que lo mío no se podría vender en estos tiempos”. Se gana la vida como traductor y sigue consumiendo discos (“no paro de oír a Blue Nile”). Tampoco manifiesta gran conmoción ante el hecho de que Twins haya reeditado el mini-LP que contiene aquellas maquetas: como decía el texto de presentación de la primera edición, “este disco muestra lo que fueron Los Modelos, pero no lo que pudieron haber sido”. Y se cierra otra leyenda del pop.

“No paro de oír a Blue Nile”
(Ramón Garrido)

¿Puedo decir lo obvio? Hoy, contemplando la esforzada falsedad de la mayor parte de los grupos en la delantera del pop nacional, se echa de menos la candidez de Los Modelos.

Dentro de su torpeza llorona, tienen más densidad emocional que la mayor parte de los sonidos que ahora caen en chaparrón desde todas las emisoras. Que quede así: como un bello secreto.

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