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LOS PLANETAS, Hay un camino

“Nosotros intentamos simplificar el flamenco como hacían los Ramones con Phil Spector: reducirlo a elementos mínimos identificables”.

Foto: Paco y Manolo

 
 

ENTREVISTA (2010)

LOS PLANETAS Hay un camino

En 2007 “La leyenda del espacio” fue un big bang, una explosión brutal. Los granadinos se lanzaron de cabeza al pozo flamenco y salieron con un disco duro, denso y oscuro. Un angustioso ejercicio de reinvención. Tres años después, Los Planetas siguieron adentrándose en el jondo arte de su tierra, acercándolo a la generación del indie rock y probando que se puede ir con la cabeza bien alta después de dieciocho años de carrera. La prueba fue “Una ópera egipcia”. Nando Cruz ahondó en el misterio de esa transmutación conversando con J y Florent.

Hace más de diez años Los Planetas se montaron un estudio de grabación, El Refugio Antiaéreo. Recuerdo a Florent entusiasmado con la posibilidad de grabar los discos en vivo en una semana. “Como Miles Davis”, decía. Desde entonces, los granadinos han sido fieles a esa dinámica que consiste en encerrarse juntos y explorar las costuras y texturas del sonido hasta intuir algo parecido a una canción. “Es un método muy exigente”, asume J con cara de sufrimiento, “pero funciona”. Sentado frente a él, Florent coincide: “Tienes que estar muy concentrado y a la vez ser muy creativo”.

Desde “Una semana en el motor de un autobús” (RCA-BMG, 98), Los Planetas no han grabado un álbum con un productor externo. Pocos grupos de este estatus asumen retos tan suicidas y poco vistosos. En el local de ensayo habrán tensiones, gritos y peleas, pero lo que salga de ahí son discos únicos que conjugan investigación y atractivo para no caer en el delirio experimental ni en el adocenamiento comercial. Encontrar ese punto medio es jodido. Para ello Los Planetas se abandonan durante meses en su caos, juegan con el fuego entre las llamas hasta que ven un camino y tiran por ahí.

“‘No sé cómo te atreves’ salió a la primera. La compuse para que la cantara Christina Rosenvinge. Tenía intención de hacer un disco con ella; producirlo o así. Le pasé la canción para el disco que hizo con Nacho –Vegas–, pero no la usó. Al final la cantó Ana –La Bien Querida–. Y ya tenía muy claro el ritmo, el tiempo, la estructura... Fue llegar al ensayo y decir: ‘Esto va así, estos son los acordes, aquí entra el estribillo’...”
(J)

“La leyenda del espacio” (RCA-Sony BMG, 2007), su disco más arriesgado hasta la fecha, se grabó casi todo en vivo. Fue la penúltima machada de un grupo en perpetua combustión interna. “Una ópera egipcia” (Octubre-Sony, 2010) ha salido más luminoso y accesible, pero bajo la superficie hay infinidad de experimentos. La búsqueda se radicaliza, el resultado se suaviza. Hay que llegar lo más lejos posible, pero sin perder al oyente. Eso será el suicidio del creador. Pregunto a Florent cómo se sienten con el disco ya acabado y suelta: “Extenuados”. “Este disco ha sido el más laborioso. Mucho tiempo, muchos dolores de cabeza...”, resopla J.

¿Funcionará un homenaje de Manolo Caracol con pulso krautrock? ¿Qué pasará si modernizas unas sevillanas con sintetizadores y se las haces cantar a La Bien Querida, con su voz de nana? ¿Y si acaricias unas cantiñas de calidez wilsoniana? Y si Eric no está disponible y hay que secuenciar los ritmos, ¿saldrá una psicodelia cósmica para el cuarto milenio? ¿Es hora de inventar la saeta planetaria? ¿Hay que acelerar esas alegrías o no? ¿Hay que poner las canciones más accesibles al principio o empezar el disco con las más envolventes? Quién sabe. Hay que probarlo todo. Ensayo y error.

Las dudas, en un grupo como Los Planetas, son materia prima. “En cualquier manifestación artística es imposible estar seguro de que lo que hagas llegará a alguien, será importante para él y le afectará”, apunta J, en la cafetería de un hotel cercano a Las Ramblas de Barcelona. Y es que bajo esa imagen de banda caótica y despreocupada hay muchas más reflexiones y consideraciones de las que ellos quieren reconocer. Más aún, desde que decidieron meterse en el pozo flamenco para reinterpretarlo desde su psicodélica y eléctrica perspectiva. Solo un detalle: en la semana que precedió a esta entrevista, el disco cambió de título hasta tres veces.

Habladme de canciones que hayan salido de un tirón. (J): “No sé cómo te atreves” salió a la primera. La compuse para que la cantara Christina Rosenvinge. Tenía intención de hacer un disco con ella; producirlo o así. Le pasé la canción para el disco que hizo con Nacho –Vegas–, pero no la usó. Al final la cantó Ana –La Bien Querida–. Y ya tenía muy claro el ritmo, el tiempo, la estructura... Fue llegar al ensayo y decir: “Esto va así, estos son los acordes, aquí entra el estribillo”...

¿Y una que os haya dado mucho trabajo? (J): La primera, “La llave de oro”. Son unos tangos de Morente que me gusta cantar. La letra dice: “Yo no cantaba porque me escucharas / Ni porque mi voz fuera buena / Yo canto pa’ que se me vaya / La fatiguilla y la pena”. Me parecía buenísima para expresar nuestra intención al abordar el flamenco. El ritmo salió pronto, pero mi voz no terminaba de funcionar. Al cabo de unos días Banin metió esa guitarra. (Florent): Vimos que iba bien, que le daba un rollo Tarantino surfero. (J): Cuando había cogido ese aire surf fuimos a casa de Enrique y dijo: “Voy a cantarla”. La cuadró de puta madre, pero lo hizo ya sobre la mezcla terminada y no había un hueco para encajar su voz.

 
LOS PLANETAS, Hay un camino

“Cuando el flamenco sale del gueto gitano para hacerse algo más popular... Esa es también la intención que tenemos al hacer nuestros discos”.

Foto: Juande Jarillo

 

¿No sentís que años atrás no teníais que explicar los discos y que ahora tenéis que hacer un poco de pedagogía? (J): Al principio pensábamos que no había que explicar nada, pero, como hay gente que trabaja intentando explicar qué sentido tiene todo, vamos elaborando un discurso. Pero siempre a posteriori. La música no tiene discurso intelectual previo.

No me refiero solo a las entrevistas. Creo que sois más comunicativos que antes. (J): Antes no tenía un discurso intelectual. Todo era intuitivo. (Florent): Siempre hemos dado por hecho que hacer música es suficiente. No tenemos que entrar en análisis. Siempre hemos sido parcos en palabras y explicaciones. Con el tiempo te vuelves más flexible y accesible. (J): Parece que el arte necesita un discurso. Si no se queda un poco en el aire.

¿Cómo ha cambiado vuestra forma de tocar la guitarra? (Florent): El flamenco tiene otra textura, otras escalas, otras melodías, otro timbre... (J): Otra emoción. Nosotros sustituimos la voz del cantaor y la guitarra por un grupo de rock tocando sus instrumentos para captar esa emoción. (Florent): E intentamos darle un punto de luminosidad porque el flamenco es muy oscuro. (J): Yo he puesto a mis amigos las canciones flamencas de las que salen las de “La leyenda del espacio” y no les prestan atención.

¿Les suenan muy austeras y oscuras? (J): Creo que es porque no tienen asimilado ese lenguaje y les cuesta. Están habituados a la guitarra eléctrica y los ritmos cuatro por cuatro, más fáciles para la gente de nuestra generación.

“Tanto Triana como Veneno me parecen buenísimos, pero no veía un camino. Ninguno llegó a terminarlo. Smash son los que más lo intentaron, pero no llegaron a cuajar. Triana empezaron muy bien pero fueron derivando a cosas ‘mainstream’. Y Kiko Veneno hizo ‘Veneno’, ‘La leyenda del tiempo’ y después empezó a hacer tecno-pop en los ochenta o algo así, ¿no? Todo el mundo abandonó ese camino y la verdad es que el flamenco es un pozo sin fondo. Meterse ahí da miedo. Hay mucho material, mucha riqueza y es una música muy compleja comparada con el pop”
(J)

¿A ti te pasaba igual, Florent? (Florent): Según J, el flamenco siempre ha estado presente en su vida, pero yo he escuchado a Camarón mucho antes que él. Él me decía: “¡Eso es música de los gitanos del polígono!”. Siempre ha sido un musicólogo empedernido, pero entonces el flamenco no le llamaba la atención. Luego mediante su relación con Morente descubrió un mundo. (J): No, Camarón siempre me ha gustado y Morente también. Pero nunca había escuchado cante antiguo: Vallejo, Chacón, La Niña de los Peines, Mairena... (Florent): Un momento significativo en Los Planetas fue que el Espárrago Rock tuviera una carpa de flamenco en un contexto no flamenco. (J): Sería por el 95. Seguramente tocamos nosotros, pero no lo recuerdo. Me impresionó la reacción del público: ver cómo tanto Morente como Carmen Linares conseguían emocionarlo. Y me pareció interesante investigar cómo se puede emocionar a la gente por ese camino.

Y te pusiste a empollar flamenco. (J): Al principio, en tiendas de vinilo de segunda mano de Granada como Reciclaje. Luego, con internet. Y Morente también me ha enseñado muchas cosas. Un día en su casa me dijo: “Tienes que escuchar a Manuel Vallejo”. Y me pillé en la FNAC dos discos dobles con toda su obra. Era muy republicano y con el franquismo pasó al olvido. Pertenece a la época de la ópera flamenca, muy denostada por los flamencos puristas. Sin embargo, los cantaores más recordados son de esa época: La Niña de los Peines, Chacón, Vallejo, Manuel Torres... Es la época en que el flamenco sale del gueto gitano para hacerse algo más popular. Esa es también la intención que tenemos al hacer nuestros discos.

¿Tú, Florent, te has metido tan a fondo como él? (Florent): No es que no me interese, sino que hay veinte mil historias a las que dedicas tu atención. J es quien hace esa labor de escuchar, emocionarse y transmitirlo. Si no me gustara, lo dejaría o me pelearía, pero no es el caso porque luego entra una parte de creación, de composición, de investigación.

¿Ya está más aceptado en el seno del grupo que el flamenco es el nuevo material de trabajo, que este es el camino de Los Planetas? ¿Hay mejores caras que cuando en los días de “La leyenda del espacio” J llegaba al local con unas alegrías? (J): Más asumido está. Antes no estábamos convencidos. Eric no lo estaba. Bueno, aún no lo está. (Florent): No es ningún secreto: él siempre cuenta que dejó Lagartija Nick huyendo del flamenco. No quería hacer lo de “Omega”. Muchas veces se tira de los pelos diciendo: “¡Pero qué estamos haciendo!”. (J): Él ve las cosas más a corto plazo. Piensa en la reacción del público y dice: “No les va a gustar”. Pero se equivoca. (Florent): ¡Y luego es el que se conoce todos los palos!

¿En ningún momento os tentó investigar los acercamientos previos que hubo del rock al flamenco en los años setenta? (J): A Smash, Veneno y Triana los tengo muy asimilados. (Florent): Pero intentamos no caer en los tópicos de flamenco y rock. Chirría un poco. (J): Tanto Triana como Veneno me parecen buenísimos, pero no veía un camino. Ninguno llegó a terminarlo. Smash son los que más lo intentaron, pero no llegaron a cuajar. Triana empezaron muy bien pero fueron derivando a cosas “mainstream”. Y Kiko Veneno hizo “Veneno”, “La leyenda del tiempo” y después empezó a hacer tecno-pop en los ochenta o algo así, ¿no? Todo el mundo abandonó ese camino y la verdad es que el flamenco es un pozo sin fondo. Meterse ahí da miedo. Hay mucho material, mucha riqueza y es una música muy compleja comparada con el pop. Nosotros intentamos simplificarla como hacían los Ramones con Phil Spector: reducirlo a elementos mínimos identificables.

 
LOS PLANETAS, Hay un camino

“Habrá veinte mil grupos, pero ahora los pilares de la música española somos los de nuestra generación. Esa escena aún tiene mucho poder. Y estamos deseando que salga algo de ese nivel”. Foto: Paco y Manolo

 

J, cuando hace un año te preguntaba si seguiríais el camino de “La leyenda del espacio”, me decías: “Claro, hay mucho que  investigar”. Como si tu oficio ya no fuese crear, sino explorar. ¿Sientes que vuestro trabajo ha cambiado? (J): No. Yo siempre he sido muy musicólogo. Siempre me ha interesado de dónde vienen las canciones, cómo se hacen, por qué se hacen, quiénes son los primeros que las han hecho, qué camino recorren... Luego como intérprete soy muy mediocre, muy malo: no me preocupo por mejorar mi técnica. Soy más aficionado que profesional.

Aunque para componer “Mi hermana pequeña” algo teníais que haber escuchado antes; no sonaba como el fruto de una investigación. Y vuestras canciones actuales sí tienen este aspecto. (J): Pues es lo mismo. Bueno, es diferente porque con “Mi hermana pequeña” yo estaba intentando hacer música y no sabía. “¿Cómo lo hacen los Jesus & Mary Chain? ¿Así? Pues voy a intentar a ver si me sale”.

“Nuestra motivación siempre ha sido intentar hacer buena música todo el tiempo que se pueda. No hemos intentado forrarnos ni trascender, aunque hemos tenido trascendencia. El objetivo siempre ha sido no caer en las trampas en las que han caído tantísimos grupos y que les han llevado al desastre o a dejar de ser creativos. Es un camino que para muchos ha sido tortuosísimo: Syd Barrett, Brian Wilson, Scott Walker, Nick Drake, Ian Curtis... Y en España: Antonio Vega, Enrique Urquijo, Carlos Berlanga...”
(J)

Igual no es otro oficio, sino otro nivel en la escala del aprendizaje de las artes marciales. (J): Sí, es un ejemplo muy gráfico. Vas subiendo y buscando nuevos retos. En nuestro caso es aprender a tocar lo que hace Fosforito y Morente. Intentar reproducir esa emoción con mis medios.

Los grupos con más de quince años suelen acomodarse en la rutina. Vosotros cada vez os complicáis más la vida. Más allá del ansia de investigar, creo que tenéis pánico atroz a la decadencia. (J): Sería una pena y sufriríamos si eso nos pasara. (Florent): Ese pánico siempre ha estado presente en Los Planetas. En nuestro primer concierto, ¿te acuerdas, Juan?, estaban todos los rockeros de Granada. Siempre hemos sentido esa responsabilidad. (J): Nuestra motivación siempre ha sido intentar hacer buena música todo el tiempo que se pueda. No hemos intentado forrarnos ni trascender, aunque hemos tenido trascendencia. El objetivo siempre ha sido no caer en las trampas en las que han caído tantísimos grupos y que les han llevado al desastre o a dejar de ser creativos. Es un camino que para muchos ha sido tortuosísimo: Syd Barrett, Brian Wilson, Scott Walker, Nick Drake, Ian Curtis... Y en España: Antonio Vega, Enrique Urquijo, Carlos Berlanga...

Pero tú estás vinculando la decadencia artística con los finales trágicos. (J): Lo primero que pierdes es el valor artístico y después, la vida. Una de las razones por las que Antonio Vega lo pasó tan mal es porque perdió ese camino. Necesitaba ser creativo y hacer cosas muy poderosas para el público y llegó un momento en que no lo conseguía. Eso le ha hecho sufrir mogollón. ¡Y Santiago Auserón! Un tío con ese talento, ¿dónde está? Hombre, mejor escondido que muerto, pensará él.

Quizá lo insólito de esta época no es que hayan tantos buenos grupos jóvenes, sino que los veteranos no mostráis síntomas de fatiga creativa. (J): Es una idea de nuestra generación: de Chinarro, Nacho Vegas... El objetivo es mantenerse lúcido el máximo tiempo. Intentar que no nos pase lo que a los grupos de los años ochenta. Hay artistas que se han mantenido: Bob Dylan, Leonard Cohen... Hay un camino. Seguro. Morente es otro ejemplo.

¿Qué pensasteis cuando Los Punsetes sugirieron (ver RDL 266) que la gente estaba harta de que entre lo mejor del año siempre saliese Nacho Vegas, Chinarro...? (J): Ellos pueden decirlo porque son muy buenos. Mientras salgan discos como los de Los Punsetes, de puta madre. (Florent): Y habrá veinte mil grupos, pero ahora los pilares de la música española somos de aquella generación. Esa escena aún tiene mucho poder. Y estamos deseando que salga algo de ese nivel. (J): De hecho, tiene que salir algo que dé un nuevo sentido a todo esto. Nuestra solución, para nuestro tiempo, estaba bien. Pero ahora ya se me escapa de las manos.

Hay una frase reveladora en “Cosas que los nietos deberían saber” (Blackie Books, 2009), el libro de Mark Oliver Everett, líder de Eels. “Recuerdo que cuando era pequeño intenté cerrar un trato con Dios: si él me dejaba hacer música yo intentaría ayudar a la gente”.

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