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LOS PLANETAS, Un poco de psicodélico

Kieran Stephen, J, Florent y Eric Jiménez, la formación titular que grabó “Una semana en el motor de un autobús” (1998).

 
 

BIBLIOTECA POP (2011)

LOS PLANETAS Un poco de psicodélico

Ofrecemos aquí un capítulo de “Una semana en el motor de un autobús. La historia del disco que casi acaba con Los Planetas” (2011), libro de Nando Cruz que analiza las tensiones y las dudas sobre las que se construirá la obra que consagró a Los Planetas, cuando el grupo estaba hecho trizas, pero se autoimpusieron la misión de acabar su tercer álbum como fuese. Lenta y dolorosamente, nacerán las canciones, himnos generacionales en los que laten los problemas internos de la banda, materia prima sobre la que se construirá el LP que consagró a Los Planetas en 1998. Este extracto que publicamos aquí, centrado en el período previo a su preparación, correspondiente a 1996, es el primer capítulo de este volumen perteneciente a la colección Cara B de la editorial Lengua de Trapo, una serie de títulos que exploran en profundidad la historia de discos esenciales de la música popular española. En este caso, el celebrado “Una semana en el motor de un autobús”.

Florent estaba muy mal. Acostado en el sofá de la salita, ni se enteraba de la que se estaba liando en la habitación contigua. A Jesús se le había ocurrido un efecto psicodélico: escribir una frase al revés, leerla tal como quedase, con las letras ordenadas en estricto sentido inverso, y luego reproducirla marcha atrás con el magnetofón. J estaba entusiasmado con la marcianada.

La idea venía de lejos. J, Florent y Jesús habían estado jugando meses atrás con una grabadora estropeada que tenía un amigo en Madrid. Si registraban sonidos en una cara de la cinta, al darle la vuelta los reproducía al revés. Se pasaron la noche leyendo al revés nombres de grupos indies españoles y descojonándose al oír cómo sonaban al girar la casete. “Kcin Ajítragal”, “Atsinumoc Oniliuqni Le”... Y venga a reír. Pusieron tanto empeño que al cabo de unas horas ya sabían leer de carrerilla y al revés “El Inquilino Comunista me chupa la polla”. Con la tontería, el turrón y la botella de anís que habían comprado en el supermercado DIA, les dieron las tantas.

Esa dicción retorcida y satánica le daría un buen punto a la canción que Los Planetas estaban grabando aquella tarde. Se titulaba “Dr. Osmond (para remontarte angélico)” e iba a formar parte del disco recopilatorio “Maraworld 1.0” que editaría la Sala Maravillas de Madrid. En 1953, el doctor Humphry Osmond proporcionó la primera dosis de mescalina a Aldous Huxley. Un año después, el escritor publicaría el libro “Las puertas de la percepción”. Osmond y Huxley establecieron una estrecha amistad basada en sus inquietudes alucinógenas. Uno de los asuntos que discutieron largamente fue cómo bautizar el efecto que producía el consumo de drogas. Huxley proponía “fanerotímico”. Osmond acuñaría un término más sugerente: “psicodélico”. Y delirando con la idea de comercializar aquellas liberadoras sustancias en la adormecida sociedad de los años cincuenta, aportó un eslogan: “Para bucear en el infierno o remontarte angélico, solo necesitas un poco de psicodélico”. Osmond inventó una de las palabras que más veces han pronunciado Los Planetas. La frase que Los Planetas grabarían para aquella canción tenía que ser: “Ociledocisp ed ocop nu, ocilegna etratnomer arap”. O sea: “Para remontarte angélico, un poco de psicodélico”. El doctor Osmond estaría orgulloso de ellos.

J ya había leído “Las puertas de la percepción”, pero toda esa información sobre Osmond se la había proporcionado Jesús. Jesús Izquierdo era el hermano de una antigua novia suya. Tenía 22 años, siete menos que J y seis menos que Florent, pero estaba tan metido en el tema de las sustancias químicas que hasta tenía un libro con la correspondencia que habían mantenido Huxley y Osmond. Jesús era uno de los muchos chavales que se escapaban de la facultad para pasar la tarde en el local de ensayo de Los Planetas. Le llamaban Jesulín y pronto se convertiría en uno más de aquel club social underground, epicentro de la incipiente escena indie de Granada. Allí se bebía, se fumaba y se escuchaba música a todo volumen. Cualquiera que admirase a The Jesus & Mary Chain y The Velvet Underground era bienvenido. No había tantos indies en Granada como para permitirse el lujo de rechazar nuevas incorporaciones. Si alguien se declaraba fan de My Bloody Valentine, había que hacerse amigo suyo. Y Jesulín conocía hasta al ignoto grupo californiano Medicine.

Jesús había sido un espectador privilegiado del auge de Los Planetas. Viajó con ellos a Barcelona cuando participaron en el concurso de maquetas de la revista Rockdelux. Había asistido a todos sus primeros conciertos y en el local de ensayo él era el encargado de preparar los porros a los músicos mientras estos tocaban. Los liaba, los encendía, les daba la primera calada y, a menudo, como la canción se alargaba y se alargaba, acababa fumándoselos él solo. El día que Jesús escuchó a J entonar una canción que decía “puedo hacer que no haya sol / puedo hacer que no lo veas / y que nadie lo recuerde nunca más” pensó que eso es lo que le debió de decir David Copperfield a Claudia Schiffer para enamorarla. Los Planetas la bautizaron “David y Claudia”.

 
LOS PLANETAS, Un poco de psicodélico

Florent, Jesús Izquierdo, J y Raúl Santos con Pablo Sánchez, el ingeniero de sonido, en el estudio de grabación de Peligros.

 

Pese a su juventud, Jesús era una fuente inagotable de conocimiento e inspiración. Tenía una amplísima cultura musical, literaria y cinematográfica. Estaba acumulando unos valiosos conocimientos acerca de las drogas y, sobre todo, tenía grandes ideas de bombero psicodélico. Tocaba la guitarra en un grupo de Granada llamado Electrolux y, cuando May abandonó Los Planetas, J vio en él a un posible recambio. No era un instrumentista de nivel, pero tampoco May lo era, así que podría sustituirla en el bajo. Pero, además, Jesús podía regenerar el ambiente; convertirse en el aliado ideológico que J necesitaba. Con Florent tan fuera de órbita, Los Planetas andaban muy faltos de rumbo e ideas.

Jesús, J, Florent y el batería Raúl Santos habían ensayado juntos solo unos días: versiones de Television Personalities y poco más. También habían estado dando forma a “Dr. Osmond”. Aquel día de noviembre de 1996, Los Planetas grabaron su primera y última canción con esta formación, la más efímera de su historia. J estaba tan abierto a cualquier idea de su nuevo y revolucionario bajista que hasta le pareció bien incluir una imitación de Chiquito de la Calzada. El propio Jesús se encargaría de ello. Chiquito estaba en el mejor momento de su carrera como humorista fanerotímico. Con todo eso, más un ritmo de Raúl inspirado en el mareante “Tomorrow Never Knows”, de The Beatles, el bajo de Jesús y un magma de sonidos sintetizados, la pieza ya estaba encaminada.

Bueno, faltaba Florent, que seguía acostado en la salita. J se acercó al sofá y le preguntó si quería tocar. Florent se levantó, cogió una guitarra acústica, la conectó al amplificador, distorsionó el sonido y pellizcando las cuerdas hasta hacerlas temblar y casi rajarse, improvisó un punteo entre psicodélico y flamenco que parecía sacado de un sitar. Tal como acabó, se tumbó de nuevo en el sofá. J y Jesús se miraron boquiabiertos. No daban crédito a lo que había tocado Florent. Tampoco Pablo Sánchez, el ingeniero del estudio de grabación, sabía qué demonios había hecho Florent.

Los Planetas pasaron el resto del día en Producciones Peligrosas, un estudio situado en Peligros, un municipio a nueve kilómetros de Granada donde ya habían registrado varias maquetas. Pablo, uno de los dueños del estudio, aún recordaba cómo se le puso el vello de punta el día que grabaron “La caja del diablo”. Esa canción le transmitía una sensación muy extraña, entre encanto y miedo. Llevaba muchos años grabando grupos, pero nunca antes había sentido algo así. Y aquella tarde, una vez más, Los Planetas habían creado algo inquietante y fascinante delante de él.

También alucinaba Banin, un amigo del grupo que se había acercado al estudio. Banin quería comprar costo, y como Peligros está al noreste de la ciudad, justo en la dirección del polígono, había quedado en recoger con el coche a Jesús y Florent, que conocían bien la zona y podrían guiarlo. El polígono Almanjáyar... En la Edad Media había sido el depósito de estiércol de Granada. En los años setenta era una zona marginal con una alta concentración de familias gitanas. El 5 de noviembre de 1982 Juan Pablo II ofició allí una misa. En 1996 el polígono seguía siendo un enjambre de traficantes. Ya que estaba por allí, J invitó a Banin a meter una guitarra eléctrica en “Dr. Osmond”. Sería un invitado más en aquel delirio psicodélico.

A pesar de la acumulación de ideas azarosas, la canción resultante trasciende la anécdota. Sobre todo en ese momento en que J canta: “Todo parece tan extraño, / veo pasar las cosas muy despacio / en este nuevo estado. / Todas las paredes se vienen abajo / muy despacio”. Su voz, anestesiada, se agrieta aún más cuando dice “veo”; también se viene abajo. No interpreta: está dentro de la canción, bajo la influencia. “Dr. Osmond (para remontarte angélico)” será un testimonio fiel de lo que eran Los Planetas a finales de 1996, después de “Pop” y antes de empezar a pensar en su difícil tercer disco.

(Se puede leer la crítica del libro aquí)

Publicado en la web de Rockdelux el 7/6/2011
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