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LOW, Lo dicho: C'mon

Sparhawk, Parker y Garrington: siempre adelante.

Foto: Sara Kiesling

 
 

ENTREVISTA (2011)

LOW Lo dicho: C'mon

Low: guitarra, bajo, batería, voz. La profundidad del sonido del trío norteamericano se ha ido acrecentando a lo largo de los años hasta converger en una de las experiencias más completas del universo rock. Rituales y místicos, sus conciertos son una ceremonia donde etiquetas como slowcore o folk a cámara lenta dejan de tener sentido para transformarse en una única expresión: Low. Únicos. Alejandro G. Calvo entrevistó a Alan Sparhawk a propósito de “C'mon” (2011), un título de lo más explícito. Y es que desde la nana envenenada que abre el álbum (“Try To Sleep”) hasta la perfecta melodía pop que lo cierra (“Something’s Turning Over”), todo en él es un chute de energía trascendental. Un nuevo ejemplo de cómo alcanzar las mismas cotas de intensidad desde una perspectiva más relajada, más melódica (y menos electrónica).

Da la sensación de que con “Drums And Guns” (Sub Pop, 2007) Low acabó asomándose al abismo estilístico. Pura contradicción: los tristes y enrabietados himnos mecidos en beats y loops minimalistas del que puede ser su mejor álbum habían alejado a Low de sus raíces, de su sonido primigenio. Tras ese disco, Alan Sparhawk, aparentemente sobrepuesto de los problemas nerviosos que lo llevaron a ser internado durante la gira de “The Great Destroyer” (Sub Pop, 2005), ha invertido los últimos años en su proyecto paralelo Retribution Gospel Choir; una especie de Crazy Horse donde el líder de Low ha podido exorcizar su lado más rockero, y del que su nuevo álbum, “C’mon” (Sub Pop-¡Pop Stock!, 2011), se beneficia tanto en texturas como en matices melódicos. Es precisamente Alan quien responde desde su hogar en Duluth, Minnesota, por vía telefónica.

“‘Drums And Guns’ fue nuestro disco de carácter más político, un álbum-discurso en el que un hombre trataba de comunicarse con el resto del mundo. Creo que ‘C’mon’ no solo es más personal, sino que también es más íntimo. Aquí no hay nadie dando discursos, trata más sobre dos personas hablando entre ellas. No era algo intencionado, pero acabó resultando así... Me di cuenta de que el tono era otro, como más humilde, menos forzado” (Alan Sparhawk)

Da la sensación de que “C’mon” es un paso atrás respecto a la estilización alcanzada en “Drums And Guns”. Absolutamente. Queríamos que “C’mon” sonara en la línea en que hacemos nuestros directos, que fuera más visceral. En “Drums And Guns” sonábamos muy extremos, creo que nos alejamos demasiado de nuestro sonido natural, de nuestra música más vívida. Así que sí, nos interesaba regresar hacia una música más bella, o si prefieres, más sencilla, más silenciosa, más melódica, más personal... No necesitábamos volver a caminar sobre el filo; ese terreno ya lo conocemos.

El disco parece muy influenciado por tu experiencia con Retribution Gospel Choir. ¿Qué significa para ti este proyecto paralelo? En Retribution Gospel Choir sigo siendo yo mismo, no hay cambios significativos con respecto a Low. Lo que ocurre es que el batería es distinto, claro, y eso otorga otra dinámica al grupo. Ya sabes, diferentes colaboradores te ofrecen diferentes posibilidades. En el fondo, creo que no soy una persona que tenga un estilo definido, así que siempre tiendo a adaptarme a aquellos con quienes trabajo, lo que de alguna manera es una forma de aprendizaje. En Low tengo a mi mujer –Mimi Parker, quien completa el grupo junto a Steve Garrington– y buena parte de lo que creamos tiene que ver con la relación que tengo con ella. En Retribution Gospel Choir está claro que hacemos muchas cosas que no tienen nada que ver con Low, pero aun así considero que posee unos mismos principios ontológicos. Si en algo he cambiado tras pasar tres años con Retribution Gospel Choir es que ahora soy mejor guitarrista (ríe). Creo que gracias a esa experiencia ahora soy más paciente y eso me permite hacer canciones más cadenciosas, más silenciosas, evitando errores que puedo haber cometido en el pasado. No creo que sea una relación causa-efecto tan radical, ni tampoco que vaya a ser un cambio irreversible, pero reconozco que cuando empezamos a grabar el nuevo disco sentía que debía controlarme un poco más.

Has dicho que “C’mon” es una plegaria para la humanidad... “Drums And Guns” fue, sin duda, nuestro disco de carácter más político, un álbum-discurso en el que un hombre trataba de comunicarse con el resto del mundo. Creo que “C’mon” no solo es más personal, sino que también es más íntimo. Aquí no hay nadie dando discursos, trata más sobre dos personas hablando entre ellas. No era algo intencionado, pero acabó resultando así. Me percaté de ello justo antes de entrar a grabar... Me di cuenta de que el tono era otro, como más humilde, menos forzado.

Pero sigue siendo político... Sin duda. Personalmente creo que la política viene definida por cómo te interrelacionas. La política trata sobre quién eres tú y quién es esa persona que está a tu lado, y cómo habláis entre vosotros. Creo que existe una gran diferencia entre eso y levantarte en una mesa y hablar a todos al mismo tiempo...

 
LOW, Lo dicho: C'mon

“Supongo que somos muy afortunados porque hemos tenido mucho tiempo para irnos conociendo; además, claro, de por el hecho de seguir juntos”. 

Foto: Sara Kiesling

 

En “C’mon” habéis regresado hacia un sonido más purista y os habéis distanciado de vuestros acercamientos a la música electrónica. Mi relación con la música electrónica es cambiante, más fruto de mi ingenuidad que de mi interés real. Ni siquiera tengo un ordenador en el estudio para que forme parte del proceso de grabación. Digamos que mi manera de grabar sigue resultando muy primitiva, así que mi acercamiento a la electrónica está más cerca del dub-reggae, algo que creo que se notaba mucho en “Drums And Guns”, y cómo se puede lograr que un sonido en concreto mute hacia otra cosa distinta. Es algo fascinante, pero no tengo muy claro cómo funciona. “C’mon” es otra cosa, es más espiritual, como acercándonos a las raíces del reggae.

Pese a que cambias los elementos del sonido, este parece no decaer en intensidad. Es parte de la fórmula Low, alcanzar la máxima intensidad con el mínimo de elementos. Desde el mismo momento en que montamos la banda, sabíamos que nuestro sonido debía resultar ascético tratando de ser lo más minimalistas posibles. Queríamos que las canciones tuvieran pocos elementos, sin añadidos, sin recargarlas innecesariamente. Era un sentimiento claro: teníamos que apañarnos con lo que tuviéramos, aunque fuera escaso. Supongo que todo esto me viene de lejos, de cuando empezaba a escuchar canciones. Me gustaba mucho ese modelo de canciones sencillas donde queda libre un espacio para que tus emociones lo habiten... Y eso ha formado parte de la banda desde el principio; siempre hemos luchado por mantener esa atmósfera, ese sonido mínimo que deje espacio para que la mente del oyente pueda conectar con el alma, con el espíritu de la canción. Es algo que la música te permite, porque la música puede hacer cosas maravillosas y esta es precisamente una de ellas. Casi te diría que es mi favorita.

“Mi acercamiento a la electrónica está más cerca del dub-reggae, algo que creo que se notaba mucho en ‘Drums And Guns’, y cómo se puede lograr que un sonido en concreto mute hacia otra cosa distinta. Es algo fascinante, pero no tengo muy claro cómo funciona. ‘C’mon’ es otra cosa, es más espiritual, como acercándonos a las raíces del reggae” (Alan Sparhawk)

¿Dirías que en tu música es tan importante la estética como la melodía? Desde luego. En muchas ocasiones el sonido y los arreglos no están del todo controlados; entonces, por más que la melodía sea buena, la pieza no acaba de funcionar correctamente. Así que invierto mucho tiempo en trabajar las texturas de las canciones, buscando dar forma a esa atmósfera, esa estética que acabe resultando la más adecuada.

¿Cuánto pesa tu instinto frente al trabajo diario en la composición musical? El instinto es algo así como la chispa que arranca el motor, pero el trabajo en el estudio es la ingeniería que lo hace funcionar. Uno debe obligarse a trabajar porque la inspiración es tan solo una pequeña parte del proceso, desde que se compone una canción hasta que se graba. Y los accidentes pueden aparecer en cualquier momento y uno tiene que estar atento para saber reconocerlos; para eso también es necesario el instinto. Esas sorpresas son básicas pero no surgirían si no hubiera un trabajo detrás. Para mí la grabación es una de las partes más excitantes de mi trabajo; no estoy nada de acuerdo con aquellos que consideran dicho momento como un proceso estéril, en absoluto. Creo que es ahí donde toca ser espontáneo. En el estudio se puede sentir esa energía, ese algo indescriptible que puede convertir un tema cualquiera en una gran canción. Esos pequeños accidentes son los que, en el fondo, te animan a seguir sacando nuevos discos. Crear una canción no trata sobre dar forma a esa idea que te suena en la cabeza, sino sobre el proceso en sí de conversión de ese sonido. Sinceramente, a mí no me interesa poder escuchar esa canción; lo que me interesa es el trabajo que me lleva convertir esa idea en algo real.

Se cumplen ahora diecisiete años de vuestro primer álbum, “I Could Live In Hope” (Vernon Yard, 1994). ¿Cómo evaluarías tu trayectoria desde entonces? La historia de Low es la historia de un grupo de gente que tenía todo por aprender y que, disco a disco, paso a paso, ha ido cubriendo esas carencias, aprendiendo cada día más y más. Todos estos años también han sido como un viaje en busca de encontrar nuestra propia voz. Y eso hemos hecho: pelear y pelear hasta encontrarnos a nosotros mismos. Supongo que somos muy afortunados porque hemos tenido mucho tiempo para irnos conociendo; además, claro, de por el hecho de seguir juntos. A veces lo pienso, ¿sabes? Creo que hemos conseguido llegar a la gente, siempre que lo hayamos hecho, gracias a que llevamos muchos años trabajando juntos. Y eso ha facilitado que fueran conociendo más y más cómo somos. Solo puedo decir que estoy feliz de que mi crecimiento haya sido público, de que la gente nos haya visto nacer, crecer y, algún día, quizás pueda vernos morir. 

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