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M.I.A., El orgullo del Tercer Mundo

Dulce por fuera, dura por dentro.

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 232)

M.I.A. El orgullo del Tercer Mundo

Esta larga entrevista de Víctor Lenore fue la primera que realizó M.I.A. con un periodista español cara a cara, y fue la portada del Rockdelux 232 (septiembre 2005). ¿Lúcida o ingenua? Quizá las dos cosas, pero de lo que no cabe duda es de que con M.I.A. nació una estrella de carisma contagioso. “Arular” (2005) fue un disco musculoso, colorista y radiactivo, donde cada canción era un single (o casi). En una hora de charla, Maya Arulpragasam desplegó su lógica vitalista, plagada de reflexiones políticamente incorrectas, desde la defensa encendida del reggaetón hasta sus razonamientos para aceptar colaboraciones con artistas homófobos. Desde entonces, M.I.A. ya ha hecho méritos suficientes para estar entre las reinas más vistosas e interesantes del pop mundial.

Dulce por fuera, dura por dentro. No es un acertijo, sino la primera impresión cuando te ponen delante a Mathangi “Maya” Arulpragasam. De repente, te vienen a la cabeza las dos o tres horas que pasaste con ella en el pasado festival Sónar. Primero, con su explosivo concierto (ver Rockdelux 231), apoyada únicamente por una corista y un tipo que lanzaba los ritmos del álbum. Solo tiene un disco (ver Rockdelux 228), “Arular” (XL-Everlasting, 2005), y la mixtape “Piracy Funds Terrorism. Volume 1” (2004) compartida con Diplo, pero su directo suena como si presentara un “Greatest Hits” de diez años de carrera. “Sunshowers” contiene la adrenalina que le falta al R&B actual. “Bucky Done Gun” (¿canción del año?) te noquea y no pierde pegada en sucesivas escuchas. “10 Dollar” destaca también por su letra sobre el turismo sexual, que sabe enseñar los dientes eludiendo el victimismo típico de los cantautores. Además de estos ases, siguen más piezas mayores como “Pull Up The People”, “Bingo”, “URAQT”, “Galang”, “Hombre” o “Fire Fire”. Estamos ante una estrella global que lo tiene todo para convencer a los fans de Primal Scream, Manu Chao y Missy Elliott. Por si fuera poco, cuenta con una biografía dramática y jugosa, con un padre, Arul Pragasam, que fue líder del movimiento independentista tamil (en quien ella se inspiró para su nombre artístico, acrónimo de Missing In Action, y para el título del disco): Maya nació en Londres en 1978, pero a los 3 años se trasladó con su familia a Sri Lanka, donde la guerra civil acabó convirtiéndola en una refugiada, primero en la India y más tarde en Inglaterra.

"Me lo paso genial siempre que vengo a España. En cierta época, pensé en mudarme a Barcelona. Luego vi que la ciudad le gustaba a mucha gente, demasiada. Está tan de moda que me hace sospechar”

Dos o tres horas con ella, decíamos. En directo M.I.A dio todo y más: contagiaba energía, inspiración y ganas de fiesta. Una estrella desatada. Terminó su actuación al grito de “get high, Barcelona, get high” (en plan Bobby Gillespie). No contenta con eso, invadió el escenario en la sesión de Diplo, su novio, quien no paró de pinchar jitazos del reggaetón como “Culo” (Pitbull), “Gasolina” (Daddy Yankee) o “Papi chulo” (Lorna). Eso sí, mezclados con “Blue Monday” (New Order), “The Lovecats” (The Cure) o una preciosa remezcla jamaicana de “Walk Like An Egyptian” (The Bangles). Cuando Maya se aburrió de estar en el escenario, bajó del pedestal y pasó más de una hora bailando con la gente, firmando autógrafos y haciéndose fotos.

“El Sónar estuvo muy bien –dice M.I.A.–. Me lo paso genial siempre que vengo a España. En cierta época, pensé en mudarme a Barcelona. Luego vi que la ciudad le gustaba a mucha gente, demasiada. Está tan de moda que me hace sospechar. Supongo que el problema es que la descubrí tarde”. El único punto negro de su actuación: cuando Diplo quería pinchar la última canción, más allá de las siete de la mañana, un malcarado operario comenzó a desconectar los cables de la mesa. “Me dio rabia porque ya había seleccionado lo que quería pinchar. La verdad, esa noche escogí más de la mitad de los discos que pinchó Diplo. Tenía preparada una canción muy chula, que combina un estribillo de club tipo ‘oh oh oh’ con un voz muy cruda que dice ‘fuck you’. Era perfecta para el final. Le dije a Diplo que insistiera en ponerla, pero no lo hizo. A mí me pasó algo parecido el 1 de mayo en el festival californiano Coachella, y obligué a los técnicos a volver a montar y enchufar todo el equipo. Bueno, también ayudó que la gente coreara mi nombre a voz en grito”.

 
M.I.A., El orgullo del Tercer Mundo

“Las canciones que más me gustan ahora son muy intensas, calientes e instantáneas”.

 

Diplo y tú pinchasteis muchos éxitos de reggaetón y crunk (hip hop sureño que puede tomarse como variante yanqui del reggaetón). Aquí es un estilo popular, pero sin ningún prestigio. Está considerada música barata. Las canciones que más me gustan ahora son muy intensas, calientes e instantáneas. Es lo que me llega. Te hablo de mí... No quiero decirle a nadie la música que debe escuchar. Prefiero la música directa. No me molesta el adjetivo barato. Respeto a los artistas que no construyen un misterio a su alrededor, los que pasan del mito del músico torturado sufriendo por su arte. Simplemente disfrutan de la música e intentan que la gente se lo pase bien con ellos. Para mí, el reggaetón es emocionante. Empieza la canción, te contagia y no puedes parar. Si escuchas la radiofórmula en Inglaterra, te das cuenta de que ahí sí conciben la música de una forma muy simple y rutinaria. Las melodías y los ritmos son previsibles, fáciles de digerir. Es lo mismo desde hace treinta años. Cualquier cosa que rompa esas reglas, digamos el reggaetón, lo tiene muy difícil para colarse. Si te fijas, todos los superventas ingleses hacen música blandita, segura, para escuchar en Starbucks. Dido es un ejemplo, Coldplay puede ser otro.

"Creo que la homosexualidad en Jamaica es una especie de cabeza de turco para todas sus frustraciones cotidianas. Muchos artistas jamaicanos canalizan hacia allí la rabia que llevan dentro contra los políticos o la policía. También la que sienten contra otra gente, ya sean sus caseros o sus esposas. Esa energía negativa tiene que salir por algún lado"

¿Entiendes las letras de los discos de reggaetón que tanto te gusta bailar? No, no las entiendo. Alguna frase me han traducido, pero la mayoría no. Tampoco me importa mucho. Supongo que mucha gente no pilla mis letras y las disfruta igual. Del reggaetón me llega sobre todo el espíritu. Creo que el reggaetón y mis canciones pertenecen a la misma escuela. Odio cuando la gente usa el adjetivo “espiritual” para la música. Siempre se refieren a algo delicado, místico, etéreo, cursi... Me pone enferma: bailar también es demostrar tu espiritualidad. Para cada Coldplay debe haber un antídoto. El reggaetón me parece perfecto. Me gusta la música poderosa...

Yo te iba a hablar de una canción en concreto que bailaste como una posesa. Se títula “El látigo” y la canta Toby Toon; la letra dice que si tu novia se porta mal debes azotarla. No sé si es un himno sadomasoquista o una apología de la violencia doméstica. Me temo que lo segundo... ¿De verdad dice eso? Diplo olvidó comentármelo. Supongo que tendré que aprender castellano... No sé hasta qué punto conocer la letra me impide disfrutar con la canción. Pienso mucho en estas cosas. Hace poco tuve un dilema parecido. Missy Elliott me invitó a cantar en una pieza de “The Cookbook”, su nuevo disco; quedamos un día en el estudio y al entrar me encuentro a un invitado más. Era Vybez Cartel, seguramente el artista más popular del reggae actual. Es famoso porque dice “baby” cada dos por tres. Bueno, el tipo está en el centro de la polémica por la homofobia de alguna de sus letras. Al haber colaborado con él, en Inglaterra querían que firmase un manifiesto en contra de esas letras. Para mí, cantar “hay que matar a los gays” es lo mismo que decir “hay que matar a los negros”. Como mensaje, no podía identificarme menos. Pero, por otro lado, están prohibiendo tocar en muchos sitios a estos músicos jamaicanos. Estoy en contra de la censura. Si los políticos quieren parar la homofobia en Jamaica, saben que el camino no es censurar conciertos, sino invertir en programas de educación social para que los niños de allí se eduquen. Hay que poner las cosas en su contexto. En la cultura caribeña actual no existe la misma información que en occidente. La gente no ve telediarios ni lee periódicos cada día. Tienen una mentalidad insular. Solo les preocupa su pueblito. La vida se rige por la supervivencia de los más aptos. Hay líderes y gente que les sigue. Seguramente, la mayoría de los caribeños nunca han conocido la cultura homosexual o a alguien abiertamente homosexual. Piensan así: “Si Sizzla odia a los gays, pues yo también”. Creo que la homosexualidad en Jamaica es una especie de cabeza de turco para todas sus frustraciones cotidianas. Muchos artistas jamaicanos canalizan hacia allí la rabia que llevan dentro contra los políticos o la policía. También la que sienten contra otra gente, ya sean sus caseros o sus esposas. Esa energía negativa tiene que salir por algún lado.

 
M.I.A., El orgullo del Tercer Mundo

Rockdelux 232 (Septiembre 2005)

Diseño: Nacho Antolín

 

¿Por qué pagarlo precisamente con los gays? Porque son débiles, un objetivo fácil. La gente asiente. Es una cuestión de ignorancia y de falta de educación. Beenie Man es un artista muy grande. Ha colaborado con Janet Jackson y estrellas así. Es un icono pop en Estados Unidos. El año pasado se le prohibió tocar en Estados Unidos y el Reino Unido por una canción donde habla de matar a gente gay. La verdad, no quiero ponerme de parte de los censores, porque dudo de la limpieza de sus motivos. Mira, yo tengo mis problemas, vengo de Sri Lanka, he sufrido formas brutales de terrorismo de estado. La homofobia de un puñado de cantantes está bastante baja en mi lista de miedos.

Volvamos a la música. Creo que en el Sónar te comiste el escenario. Irradiabas energía, además de esos pasos de baile que nunca había visto. ¿Cómo descubriste esas aptitudes para el escenario? ¿Recuerdas tu primera actuación? La primera vez que me subí a un escenario fue hace unos meses: el febrero pasado en Toronto. A mí el escenario no me llama. Lo que fue un descubrimiento fue componer música. Recuerdo estar componiendo y pensar: “Existe una mitad de mi cerebro que todavía no he usado”. Antes hacía diseños, ropa y dibujos, cosas que me gustaban, pero las hacía para ganar dinero. Cuando me enganché a la música, muchas veces trabajaba solo para ejercitar mi cerebro. Sentía que estaba abriendo puertas en mi cabeza, descubriéndome. Estaba tan metida en componer que no se me había ocurrido dar conciertos. Entonces, alguien me dijo que para conseguir un contrato discográfico en Inglaterra había que pasar un mínimo de cuatro años de gira en el circuito de pubs. Mi reacción, obviamente, fue “que se joda el contrato”. Luego, en un año, firmé uno. Pasaron seis meses y la discográfica me presionaba para tocar. Yo ponía excusas; llegué a mentir... les decía que me había roto una pierna. Pasé un año así.

"Lo más duro de 'Arular' fue tratar con los productores. En concreto, oponerme a su visión de cómo hacer las cosas. Yo soy consciente de mi posición: sé muy poco sobre música. Cada vez que planteaba algo me miraban como diciendo: 'Niña, ¿qué me cuentas? Llevo dieciséis años haciendo esto'. Yo no paraba de pensar en un refrán británico que dice: 'Hay muchas cosas que una virgen puede enseñar a un cura'”

¿Nunca antes de febrero te habías subido a un escenario? Bueno, una vez en Sri Lanka, en la escuela, hice esa obra infantil que se llama “Georgy Porgy Song” (la canta un poco). Yo tenía un papel minúsculo. Hacía de chico que está jugando al fútbol, al fondo del decorado. Me lo dieron por pena y no tenía diálogo: solo pegaba patadas. También me escogieron una vez para “Grease” en Inglaterra. También hice de chico, uno de la pandilla que solo canta los estribillos. Siempre me he visto más como un motor que como una carrocería. Valen más mis canciones que mis conciertos. Como “performer” quiero ser muy buena, pero no tengo claro cómo conseguirlo. Por ejemplo, me preocupa salir al escenario de un festival únicamente con tres personas, cuando otros artistas salen con veinte o más. Pero tres personas es lo que creo que va bien ahora a mi música.

¿Y las coreografías? Nos las inventamos sobre la marcha. Sé hacer lo que sé hacer. Me da miedo tener una banda. Me gustan tanto mis ritmos del disco que no quiero arriesgarme a que empeoren. Si contrato a un bajista, no podré estar segura de que su trabajo me guste tanto como mi disco.

¿Cómo fue la grabación de “Arular”? Lo más duro fue tratar con los productores. En concreto, oponerme a su visión de cómo hacer las cosas. Yo soy consciente de mi posición: sé muy poco sobre música. Cada vez que planteaba algo me miraban como diciendo: “Niña, ¿qué me cuentas? Llevo dieciséis años haciendo esto”. Yo no paraba de pensar en un refrán británico que dice: “Hay muchas cosas que una virgen puede enseñar a un cura”. Les decía: “No sé nada de cómo hacer música, pero sé lo que me gusta. Además, hay otra cosa que tengo más clara: no voy a hacer algo solo porque Jim Morrison o AC/DC lo hicieran así”. Solían hablar de esas cosas. Les dije: “Me da igual lo que hicieran esos. No me importa qué os parece ‘cool’ y qué os parece relevante. Solo confío en mi instinto. Si no podéis conseguir los sonidos que quiero, los hago yo con la boca”. Para mí, componer es como montar un puzzle o jugar con un Lego. Ahora te cuento todo esto muy seguido, pero me costó mogollón decírselo a los productores. Tuve que reunir mucha fuerza interior. Ya sabes cómo sois los chicos. Llegan y te dicen: “Así quiero que cantes”. No tienen ni puta idea de cómo puedo llegar a cantar, y ya están dando órdenes.

¿Cómo descubriste que para ti la música era como montar un puzzle? Al principio tenía un cuatro pistas, totalmente “old school”. Su funcionamiento, cortando y pegando elementos, es muy similar a la edición de imágenes. Es muy visual o al menos yo lo entiendo de forma muy visual. La gente piensa en la música como algo ondulante. Yo la manejo como fotogramas consecutivos, rebobinando y grabando. Pongo una palabra; si no me convence, rebobino y pongo otra. El equipo que uso influye mucho en mis canciones.

"Galang" (clip de Ruben Fleischer, 2004): el reggaetón accidental de M.I.A., según le dijo Noreaga (N.O.R.E.), ”que estaba haciendo un disco de reggaetón, escuchó ‘Galang’ en una fiesta y lo vio muy claro. Pero yo no me he inspirado en eso”, asegura M.I.A.


Más o menos, puedo ver de dónde vienen tus influencias. De lo que no sé nada es de música asiática. ¿Hasta qué punto te ha influido? La música asiática no es tan diferente de la española. Una de las cosas que más me gustan del reggaetón es que el ritmo puede ser muy duro, pero siempre está subordinado a la melodía. Es muy parecido a cierta música de la India. Escuchando esta música de la India, me di cuenta de cuánto me gustaba eso. Lo de engancharme al reggaetón vino luego. Estaba en Estados Unidos y varios músicos de hip hop, como Damon Dash y Noreaga, me dijeron: “Sabes que tu canción ‘Galang’ es reggaetón, ¿verdad?”. La gente de a pie también me lo decía. Noreaga estaba haciendo un disco de reggaetón, escuchó “Galang” en una fiesta y lo vio muy claro. Pero yo no me he inspirado en eso. La diferencia es que en Puerto Rico hay música callejera, mientras que en la India no. Allí toda la música se canaliza a través de la industria del cine. Pero, bueno, lo que decía antes de la música española: hace poco vi un documental sobre baile flamenco; me recordó a la música antigua de la India. Yo estudiada baile tradicional de la India en Inglaterra, en la escuela de los sábados, pero me expulsaron de clase por un corte radical de pelo que me hice. Se supone que tenías que dejarte melena para una especie de ceremonia de fin de curso donde te ponías un vestido especial y decorabas tu pelo. Decían que no tenía sentido aprender si no iba a estar preparada para la ceremonia. Yo no me corté el pelo por rebeldía, sino para celebrar que el equipo de fútbol de Wimbledon había ganado un torneo. Me rapé y me pinté las uñas de azul y amarillo. La verdad, tampoco me hacía falta la escuela de los sábados: era para que los hijos de inmigrantes se mantuvieran en contacto con sus raíces. Yo venía de Sri Lanka y lo tenía muy fresco. Mi hermana y yo hablábamos tamil fluido y la única distracción para el aburrimiento era ayudar a los compañeros a copiar. También las clases de baile. Era fan de Michael Jackson y quería bailar como él. Las clases de danza eran duras porque, como en el flamenco, hay mucho taconeo y pasos muy rápidos. El profesor tenía unos palos duros, y cada vez que te equivocabas en un paso te los tiraba al hombro superfuerte.

"En la India no hay música callejera. Allí toda la música se canaliza a través de la industria del cine"

Mucha gente habla del contenido político de tus letras. ¿Tú qué opinas de esto? Bastantes personas creen que mi aspiración es ser un político. Si fuera así, estaría estudiando Políticas en la universidad. Soy un músico. Reconozco mi ignorancia, pero hay algo que sí sé: los conflictos políticos arruinaron mi vida. La situación en Sri Lanka hizo que me quedara sin casa, sin identidad, sin familia, sin tradición, sin nada. Tuve que empezar de cero por culpa de algunos políticos tarados. Aunque no sé mucho, mi biografía me legitima para decir cualquier cosa que siento. Quiero que los políticos me escuchen. No puedes regular lo que va y viene en tu vida, pero eres dueño de todo lo que te pasa. Quiero que los políticos escuchen mis canciones y se den cuenta de lo aterradora e insegura que es la vida para una adolescente que pasó lo que yo pasé. O para una niña iraquí que haya sufrido los bombardeos de Bagdad. Esa niña tiene todo el derecho del mundo a odiar a los estadounidenses. La mayoría de la gente es ignorante en política. ¿Tú te has leído la Constitución Europea? Pues yo tampoco. En Sri Lanka han quitado de la Constitución el derecho a la vida de los tamiles. Hay una ley antiterrorista que permite al ejército disparar a matar a un tamil sospechoso de terrorismo. No nos dan acceso a los papeles del censo para que si nos matan no haya rastro que investigar.

 
M.I.A., El orgullo del Tercer Mundo

“Ser refugiado no te beneficia en nada, pero aprendí mucho de ese obstáculo”.

 

En los skits de tu disco das una especie de lemas de “educación para refugiados”. ¿Cómo ha influido esta condición en tu música? Ser refugiado no te beneficia en nada, pero aprendí mucho de ese obstáculo. En Sri Lanka no paraban de decirme: “Eres tamil, eres una mierda y vamos a matarte”. Mientras, en casa, me presionaban para sacar las mejores notas, cien puntos sobre cien posibles. Pasé muchas noches despierta haciendo ecuaciones para la clase de matemáticas. Cuando llegué a Inglaterra, pensé que por fin dejaría atrás toda esa mierda, pero me recibieron diciendo: “Eres una jodida paki, eres basura, te vamos a matar”. Además, te sientes inferior porque no tienes ni idea de inglés. Te lo restriegan todo el rato por la cara. Tú piensas: “Perdona, alguien ha bombardeado mi casa y no he tenido tiempo de aprender idiomas”. Te sientes fatal, pero acabas siendo un gato: aprendes a caer de pie. También aprendes a apreciar a una buena persona. Desde adolescente valoro mucho las cosas de verdad. Por ejemplo, me gusta el hip hop de los grupos de la zona de South Central porque hablan de lo que viven, historias de los Bloods y los Creeps (bandas delincuentes de Los Ángeles). Si algún día quiero aprender más hip hop, lo haré con alguien de allí. Si algún día quiero aprender folk de la India, me iré a un pueblito, cuidaré de alguna anciana y me quedaré el tiempo necesario para asimilarlo. Me gusta la gente. Cuando George W. Bush llegó al poder, lo primero que pensé es que iba a haber una nueva generación de racistas y una nueva generación de refugiados en todo el mundo. Vamos a ser más cada vez.

"Cuando George W. Bush llegó al poder, lo primero que pensé es que iba a haber una nueva generación de racistas y una nueva generación de refugiados en todo el mundo. Vamos a ser más cada vez"

¿Refugiado es la palabra con la que más te identificas? En cierta manera siento que los represento. Recuerdo la época en que experimenté una conexión más fuerte con la palabra. Era a mediados de los años noventa y Londres fue invadida por una avalancha de bosnios que huían de la guerra. Poca gente ha sido peor tratada en la Europa actual. A los asiáticos ya se nos respetaba algo más. Nos veían como gente necesaria para atender supermercados o gasolineras. Los bosnios eran basura. Su única forma de ganar dinero era tocar en la calle o pedir dinero en los vagones de metro. Una vez vi a dos críos bosnios de 10 años limpiando ventanas de coches en un semáforo. Un mensajero se bajó de la moto y les dio una paliza. Nadie hizo nada. A los niños bosnios tampoco pareció importarles: estaban demasiado centrados en conseguir dinero para sobrevivir. Eso lo he sentido yo en Inglaterra. Pero me impresionó verlo. A veces, yendo en metro, me he fijado en una mujer bosnia con un niño en los brazos y he notado su gesto diciendo “jódete” a cada cara con rasgos ingleses. Iba una a una diciendo “que te jodan”. Ese niño que llevaba en brazos quizá nunca tenga la oportunidad de hacer música, pero si alguna vez la tiene va ser mucho más relevante que lo que haga un niño británico de clase media al que le han regalado una guitarra en su cumpleaños mucho antes de pedirla. Los niños ingleses lo tienen todo y se limitan a ver televisión y jugar a la Playstation. Bueno, lo mismo buscan en Google alguna letra de Eminem. Es difícil que un niño bosnio de estos haga música: trabajarán en una tienda, en un banco o con suerte se harán doctores. Pero si alguno la hace, va a venir de una parte de su cuerpo muy diferente a la música que escuchamos ahora. Me encanta que, en mayor o menor medida, mi música los represente de algún modo.

Después de esto, no sé qué más preguntar. ¿Qué música escuchas ahora? Funk de las favelas. Creo que no hacen álbumes; solo tocan. Me encanta DJ Marlboro; estuve pinchando con él en Nueva York hace poco. Su mánager estuvo en el Sónar y hablé bastante con él. Es música de la gente; son artistas que usan su poder al margen de la maquinaria de la industria. Nada de lo que hacen está orientado al mercado. Modestia aparte, creo que sé cuáles son los cinco ingredientes de una canción de éxito, pero no estoy interesada en aplicar fórmulas. Eso me pondría al mismo nivel que “Crazy Frog Axel F”, que es la melodía para móviles que ha llegado al número uno en Inglaterra, por encima de cualquier otro artista. No quiero hacer un dueto con “Froggy”. No necesito mucho dinero porque ya sé vivir sin dinero.

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