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MAIKA MAKOVSKI, El deseo y los sustitutos del amor

Maika Makovski no tiene nada que ver con la última avalancha de chicas frágiles que interpretan folk. Foto: Inma Varandela

 
 

ENTREVISTA (2010)

MAIKA MAKOVSKI El deseo y los sustitutos del amor

Lo peor que le puede pasar a un artista es que lo etiqueten desde un principio. Con sus dos primeros discos, a Maika Makovski le colgaron el sambenito de “émula de PJ Harvey”, y la bola se hizo cada vez mayor. Su homónimo tercer álbum, pese a estar producido por John Parish, disipaba cualquier duda: la mallorquina de sangre macedonia mostraba una arrolladora y juguetona personalidad propia, sin caretas ni disfraces. Miquel Botella habló con ella entonces e intentó descifrar qué de cierto había en la rumorología que rodea el mito Maika Makovski. Un mito que ha seguido creciendo.

Si invocas su nombre cinco veces ante el espejo, abrirás las puertas del infierno y Candyman vendrá a buscarte y te rebanará el pescuezo con su garfio. Eso es una leyenda urbana, uno de esos cuentos contemporáneos que pasan de boca en boca y que nadie sabe cómo y cuándo surgieron. Todos hemos oído una de esas historias delirantes, y alguna vez hasta la hemos creído.

Si su background ya es del todo accidentado –nació en Palma de Mallorca, estudió en un internado suizo, ha vivido en Nueva York y ahora en Barcelona, y por sus venas corre sangre andaluza y macedonia–, hablar sobre Maika Makovski supone enfrentarse a un puñado de leyendas urbanas. Y lo mejor para desmentirlas es dejar que se explique.

Aunque antes de entrar en el terreno de la fantasía, vayamos a los hechos probados. Número 1: su padre, el multinstrumentista Vangel Makovski, marcó su destino como cantante. “Me empapé de música en esos años en que son tan importantes los estímulos que te rodean. Una de las primeras cosas que recuerdo es estar sentada en un concierto de mi padre, o no comer si no me ponían un disco suyo. Después trajo un piano y me empezó a dar clases, y aquello era una tortura, porque como músico, muy bien, pero como profesor... Hasta los 13 años no empecé a plantearme que podía ser algo que hiciera profesionalmente”, recuerda.

“Me empapé de música en esos años en que son tan importantes los estímulos que te rodean. Una de las primeras cosas que recuerdo es estar sentada en un concierto de mi padre, o no comer si no me ponían un disco suyo. Después trajo un piano y me empezó a dar clases, y aquello era una tortura, porque como músico, muy bien, pero como profesor... Hasta los 13 años no empecé a plantearme que podía ser algo que hiciera profesionalmente”

Hecho número 2: Maika se convirtió en una artista precoz que a los 15 años quedó en segundo lugar en el Festival de Pop-Rock de Palma, y no solo logró mantener la cordura, sino que evitó convertirse en una marioneta como Miley Cyrus. “A esa edad siempre das tumbos: no tienes vocabulario para expresarte y careces de experiencia. Podría haberme caído y haber acabado grabando un disco que no es el que quería hacer, porque creo que siempre he tenido un mínimo de criterio. Quizás hubiera minado mis ganas de seguir trabajando”.

Hecho número 3: su paso por algunas escuelas de música, esas factorías de artistas de técnica perfecta, pero sin sangre en las venas. “No sé muy bien si me sirvió de algo porque estuve muy poco tiempo. Fue más bien una excusa para venir a Barcelona que algo que yo realmente quisiera hacer. No creo que la técnica esté mal si no se come la personalidad. Nunca me ha gustado estudiar música, es como estudiar matemáticas” (se ríe).

Hecho número 4: tras “Kradiaw” (PAE, 2005) y “Kraj so kóferot” (Wild Punk, 2007), Maika acaba de publicar “Maika Makovski” (Origami, 2010), un trabajo que supone un gran salto cualitativo. ¿El fin de su evolución? “Creo que puede pasar tanto que encuentre una manera de ampliar el discurso y que siga por este camino como que empiece a pensar en imágenes que me lleven hacia otro terreno. En este disco tenía imágenes en la cabeza, como el hombre de las cavernas, la repetición, la espiral o el color negro”, reconoce.

Hecho número 5: The Stooges, The Cramps, Neil Young, Ike & Tina Turner, Serge Gainsbourg, Son House, Skip James y otros clásicos del blues del Delta son las influencias reconocidas de Maika, pero eso es solo el principio, ya que cualquier cosa le inspira. “Sí, es bestial (gran carcajada). Incluso las palomas. A veces, estoy sentada en un parque, veo cómo persigue el palomo a la paloma y me acabo metiendo en medio a ver qué hacen. Me inspira más la vida que la música”.

Y hecho número 6: si hay un artista que Maika admire por encima de todo, ese es Prince. ¿Y si viniera y le dijera que quiere producirle un álbum? “Una cosa es que me guste y otra es que me produzca un disco. Lo escucho desde los 9 años y me sigue encantando. Quizás le plantearía: ‘¿Qué tal si hacemos un proyecto con otro nombre?’. Por ahora no tiene ningún sentido, pero... ¡me encantaría trabajar con Prince!”

Una vez explicadas las verdades sobre Maika Makovski, afrontemos las leyendas urbanas en torno a ella. La primera alude a su condición de cantautora: “Me cuesta mucho identificarme con ese concepto porque tiene unas connotaciones muy determinadas. Cuando escuchas ese término, te viene a la cabeza un tío con una guitarra”. ¿Prefiere entonces que la llamen “la musa del underground”? “¡No, por favor! (se ríe). Es muy curioso, no sé ni cómo ha surgido, pero es muy ajeno a mí. El ‘underground’ para mí es ir al local, coger los trastos, cargarlos en la furgo, montarlos, desmontarlos y volver a descargarlos”.

 
MAIKA MAKOVSKI, El deseo y los sustitutos del amor

“Es verdad que soy incapaz de mantenerme haciendo siempre lo mismo”. Foto: Inma Varandela

 

Leyenda número 2: en una escena nacional poblada de chicas frágiles que interpretan folk (Russian Red, Anni B Sweet, Alondra Bentley...), algunos se empeñan en incluir a Maika en ese paquete. “No me considero dentro de este panorama, es muy distinto a mí. Además, han surgido a partir de ¿qué año?... ¿2007, 2008? Yo ya venía de otro lugar”, confiesa.

Y llegamos a la leyenda urbana más descabellada urdida sobre Maika, su eterna comparación con PJ Harvey, que podría verse reforzada por el hecho de que su nuevo trabajo está producido por John Parish. ¿No es echar leña al fuego para que los que dicen eso piensen: “¿Ves? Teníamos razón”? “En absoluto. Lo dirán como tontos. Me estaré riendo en su cara si lo dicen, porque estaré probando que no tienen fundamento musical. Si han escuchado el disco y siguen diciéndolo por un tema tan superficial como que tengamos a John Parish en común, yo me pego dos risas a su costa. Se hace cansino y un poco pesado que estén todo el día con lo de PJ Harvey, sobre todo porque no es así. No me enorgullezco de parecerme a nadie, sino de conseguir o transmitir una personalidad propia. Para mí es algo secundario y es un daño colateral. Lo que me importaba era hacer un buen disco”.

¿Pero cómo ha sido el trabajo con Parish? ¿Lo fuiste a buscar tú? Se le ocurrió a mi ex mánager y contactó con él sin decirme nada. Le mandó mis dos álbumes anteriores y John dijo que le parecían interesantes y que le gustaría escuchar las canciones de lo que sería el nuevo disco. Tardé bastante en ponerme en contacto con él, pero, finalmente, le acabé mandando las canciones, y las que más le gustaron eran las maquetas que grabé en mi casa. También le grabé otros temas con la banda en directo. Sin embargo, le parecieron más interesantes las demos, supongo que porque la producción era más cuca. Y empezamos a intercambiar llamadas y mails: él me hablaba de cómo veía los temas, yo hacía lo mismo, hasta que vimos que teníamos una onda similar. Dijo que sí, y marcamos unas fechas.

Se hace cansino y un poco pesado que estén todo el día con lo de PJ Harvey, sobre todo porque no es así. Si han escuchado el disco y siguen diciéndolo por un tema tan superficial como que tengamos a John Parish en común, yo me pego dos risas a su costa. No me enorgullezco de parecerme a nadie, sino de conseguir o transmitir una personalidad propia”

El disco se ha publicado en Inglaterra. ¿Crees que puede funcionar mejor en el mercado anglosajón? De alguna forma, sí. Allí ha empezado a sonar en la BBC6. Aquí es casi carne de Radio 3 por el idioma, más que nada. No sé por qué hay una neura tan grande con que el artista de aquí cante en castellano. Es normal si tienes un acento macarrónico, porque entonces chirría por todas partes y parece que algo no es honesto. Pero en mi caso, hablo el inglés casi como el castellano.

El hecho de que se titule solo con tu nombre, ¿significa que es tu trabajo más personal? Sí, porque creo que he llegado a un punto en el que no hay caretas, todas las canciones reflejan las personas que soy. Es bastante bipolar en muchos extremos, pero lo escucho y me siento identificada con todas las canciones y, por tanto, “Maika Makovski” me pareció un título... adecuado.

¿Es un álbum conceptual, temáticamente hablando? Diría que sí. Las letras hablan tanto del deseo como de los sustitutos del amor y la búsqueda de ellos. Además, es como la entrada en una crisis y la salida de ella, y hay canciones más oscuras y otras más luminosas.

Me encanta “Friends”, pero también me perturba. Tocas un tema que a los hombres nos pone muy nerviosos, ese concepto tan amorfo de “amigo”, y encima lo interpretas como una canción infantil, con lo que parece que te cachondees. ¿Es algo intencionado? (No para de reírse) Me encanta que me digas eso. ¡Un hurra para ti porque lo has acertado! Fue como salió, y luego me di cuenta de lo perverso que era por el contraste de dulzura aparente y de perversidad en el contenido.

A pesar de la diversidad de sonidos, hay un espíritu digamos de blues-folk norteamericano. ¿Estás de acuerdo? Cuando lo escucho, pienso: “Esto es blues”. Porque el blues, en mi opinión, habla de la relación entre el hombre y la mujer, y cuanto más torturada mejor. Pero no me he parado todavía a pensar en qué estilos podría englobarlo. Es muy difícil para mí.

Es cierto: no es sencillo etiquetar a Maika. Es como ese tipo de mujer que nos gusta tanto, con un carácter espontáneo, pero que, en el fondo, no se ata a nada ni a nadie. Aplicado a su música, parece como si evitara ligarse a un estilo determinado para poder picar de aquí y de allá. “Creo que tienes razón (gran carcajada). Lo de que les gusto a los hombres no lo tengo tan claro (más risas). ¡Qué divertido! Es verdad que soy incapaz de mantenerme haciendo siempre lo mismo. Pero me gusta pensar que estoy siendo siempre honesta, que no estoy picando de aquí y de allá por un tema formal, por no aburrir, sino que con cada cosa nueva estimulo una parte de mí para decir algo honesto. Me costaría muchísimo hacer como los Ramones o AC/DC, mantenerme tan fiel a un estilo, a una forma de sonar, a una temática”.

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