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Llovía a mares, pero la consigna era clara: acompañar a Hevi y O Master do Son por los catorce locales de Santiago.

Fotos: Tamara de la Fuente

 
 

ARTÍCULO (2016)

MALANDRÓMEDA Fight For Your Right (To Party)

Los dos sorprendentes discos de Malandrómeda –“Os corenta e noito nomes do inimigo” y “Cada can que lamba o seu carallo”, publicados a la vez– fueron escogidos, ex aequo, mejores álbumes de 2016 en el Rockdelux 357, el número especial con 32 páginas dedicadas a las listas del año. Y, echando la vista atrás, comprobamos que hay muchas maneras de presentar un disco (en este caso, dos). Bueno, realmente están todas las demás y, después, la de Malandrómeda. Rular de bar en bar durante la tarde de un sábado cual flautista 
de Hamelín, dirigiendo a unos cientos de fieles en una peregrinación pagana por catorce locales de la zona vieja de Santiago, y bautizar el evento como “De chea con Malandrómeda” fue toda una novedad. Ocurrió el 27 de febrero de 2016, y ahí estuvieron Fernando Fernández Rego (texto) y Tamara de la Fuente (fotos) para contarlo en Rockdelux. 

Lo de Hevi y O Master do Son es filosofía de taberna, costumbrismo mágico. Por eso, la mejor manera de lanzar sus dos nuevos discos, editados simultáneamente en vinilo, era esta. “Os corenta e oito nomes do inimigo” (Matapadre, 2016) y “Cada can que lamba o seu carallo” (Matapadre, 2016) tuvieron una presentación que pasará a la historia subterránea de la capital gallega.

Lo suyo es vanguardia 2.0 sin vendernos ninguna moto ni entrar en virtuosismos impostados. Sale todo del corazón. Hevi, el MC que es “feliz siendo triste”, ya sea en Fluzo, Malandrómeda, Juanito Broders o cualquiera de sus múltiples proyectos, representa la vertiente más experimental y renovadora del hip hop nacional. Lo suyo es fusionar rap old school, realismo de calle y ritmos ensoñadores y narcóticos que se clavan en tu cerebro como esquirlas afiladas. Lo suyo es como recibir un VHS del futuro en un mundo digital. Podemos hablar de modernidad con vocación costumbrista, de marginalidad poética, del humor característico del terruño, de la utilización del gallego como seña de identidad... Os Resentidos –aquella, en palabras de Antón Reixa, “esquimal bus band de funkie depresivo”– no están tan lejos. Galicia es caníbal; ahora también es vanguardia.

El sábado 27 de febrero fue el día de la profecía cumplida de Hevi. “Fiesta malandrómica / música electrónica / vas a quedar afónica... Mueren estudiantes / en pipotes de Barrantes / Podemos hacer que reviente el recinto / crear un laberinto con ríos de vino tinto... Hoy es la noche en la que todos loquean (como se menea, como se menea)”, cantaba Hevi allá por 2008 (en gallego, por supuesto).

La jornada comenzaba con una multitudinaria manifestación en Santiago en defensa del mar. Una marcha histórica que unía a todos los sectores: el cerco, el arrastre, el marisquero, la acuicultura... Algunos de los asistentes se unieron posteriormente a la presentación. “El Hevi es la hostia y hay que apoyarlo. Yo vine a la manifestación porque curro en la piscifactoría de mi padre. Soy el único de la familia que sigue con ello”, comentaba André, asistente a ambos eventos.

Llegó un momento en el que no se podía entrar en el local donde estaban tocando. Muchos optaron por irse directamente al siguiente para coger sitio... ¡Pero es que todos estaban repletos!

El tiempo no acompañó. Llovía a mares, pero la consigna era clara: acompañar a Hevi y O Master do Son por los catorce locales. En cada uno de ellos interpretarían un tema. Una idea que parte de la mítica ruta estudiantil compostelana del París-Dakar, que nada tiene que ver con el motor ni con el desierto. Así se llamaban el primer y el último bar de la zona de los vinos. En cada bar de la ruta –hay más de treinta establecimientos en los apenas 160 metros de trayecto– había que parar a tomarse una taza de ribeiro. Una ruta que forma parte del imaginario colectivo de varias generaciones de estudiantes, convertida en algo casi mítico. Muchos son los que cuentan que la hicieron, pero muy pocos los que realmente tuvieron tal osadía.

La peregrinación comenzó a las cinco de la tarde en el Bar Olvido, continuando en A Reixa Tenda, pero a partir de la tercera parada, El Muelle, todo se descontroló. Con el bar lleno hasta los topes, la gente subida a mesas y sillas para poder ver, algunas señoras que disfrutaban de un café de sobremesa tuvieron que salir con el abrigo y el bolso en la mano ante la invasión de una masa de gente que bailaba “VHS do futuro”. Teniendo en cuenta que había tanta gente dentro del local como fuera, en las siguientes paradas se optó por tocar en la calle. ¿Dijimos antes que llovía? Diluviaba. Pero los fieles eran cada vez más, y Hevi se encargó de convertir el agua en caldo, vino y verbena. Fue una procesión que llenó Santiago de vida, una festividad musical ajena de poses impostadas.

Hevi hace las cosas porque las siente, con una naturalidad a prueba de bombas. Con A Reixa Bar lleno hasta la bandera y otro tanto fuera, le dije: “Hevi, ¡hay más de cien personas ahí fuera!”. “¡Esto es ‘underground’ de verdad!”, contestó con una medio sonrisa que solo podía traducirse por un “tío, no esperaba menos”. Días de vino y rosas para la escena gallega. También para la escena hip hop, con propuestas realmente interesantes como la de Thomas Dylan y el colectivo Verso Libre, como la de Sokram (Dios Ke Te Crew) o Wöyza.

Hubo tal afluencia de gente que llegó un momento en el que no se podía entrar en el local donde estaban tocando. Muchos optaron por irse directamente al siguiente para coger sitio... ¡Pero es que todos estaban repletos! Para la fiesta final en el Cachán Clube, ya rondando la medianoche, se quedaron fuera decenas de personas por exceso de aforo. Si llega a ser en primavera y con sol, acabamos en el Multiusos do Sar. Hevi había apostado una mariscada a que se vendían más de cincuenta vinilos y... el objetivo se cumplió con creces. Y por si quedó alguna duda, una “chea” es una borrachera (en gallego), como está mandado.

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