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MANEL, Antihéroes románticos

Nacho y su entrevista a Manel: “Compartimos una estupenda comida italiana y con el café empiezo a grabar”.

Foto: Óscar García

 
 

FIRMA INVITADA (2013)

MANEL Antihéroes románticos

En el tercer álbum de Manel todo estaba interpretado por ellos cuatro, sin el tipo de arreglos a los que nos tenían acostumbrados antes. “Atletes, baixin de l’escenari” (2013) fue un disco más duro, repleto de personajes que se movían entre lo real y lo imaginado y situaciones que revelaban el absurdo que se esconde bajo la realidad. Y si antes emocionaban, con él fueron más allá: por momentos, también perturbaban. O eso dijo Nacho Vegas cuando los entrevistó en exclusiva para Rockdelux, conversación estelar que reproducimos aquí.

Han pasado casi cuatro años desde que una buena amiga me mandara un mensaje que únicamente decía: “Si no has escuchado a Manel, baja corriendo a comprarte el disco”. Le hice caso, y al cabo de una semana ya era fan de Guillem Gisbert, Martí Maymó, Roger Padilla y Arnau Vallvé. Pero resulta que esos jóvenes que acostumbraban a poblar los temas con coros y aires de fanfarria con los que le cantaban al amor según un estudiado plan quinquenal, en su nuevo disco, “Atletes, baixin de l’escenari” (Discmedi-Warner, 2013), suenan más ásperos y nos cuentan cómo hacer saltar por los aires una relación de amor perfecta. Más fan aún. De camino a nuestro encuentro me voy repitiendo a mí mismo “no les preguntes por el ukelele, que es una bobada; no menciones lo del ukelele, que es muy obvio”. Me hace ilusión verlos. Compartimos una estupenda comida italiana y con el café empiezo a grabar.

“Sí, lo del costumbrismo se ha dicho desde siempre, y es verdad que era algo evidente en cierto sentido, pero así como se asociaba demasiado el grupo al ukelele, ocurre otro tanto con el costumbrismo. Lo hay, pero no tanto. Teníamos un pie en la realidad, pero también estaba la fantasía”
(Guillem Gisbert)

¿Eliminar el ukelele fue una decisión meditada? En cierto modo parecía una seña de identidad de Manel. (Roger): No, no demasiado. Incluso lo llevamos al estudio para tenerlo a mano, pero finalmente no necesitamos usarlo.

También lo digo porque parece que últimamente hay una plataforma antiukelele, como si fuera un instrumento asociado a la bisoñez o algo así. (Guillem): Sí, pero no pensamos en eso. Más bien se trataba de que ahora nos resultaba más excitante sonar de otra manera. El ukelele es un instrumento que marca mucho el timbre de la canción, y nos apetecía probar cosas nuevas. En realidad, en el anterior álbum había ya poco ukelele, aunque la gente lo asocia a él y yo lo tocaba en directo; pero en este caso los cuatro vimos que, prescindiendo de él, los temas nuevos surgían y sonaban diferentes.

Sí, ese cambio ha propiciado que ahora sonéis incluso inquietantes. En vuestro primer disco la música tenía un aire de celebración que servía de alguna manera de contraste a la tristeza que afloraba en algunas letras, pero ahora esta se revela más cruda. (Roger): Es que, precisamente, el sonido del ukelele, entre otras cosas, de algún modo rebajaba la gravedad de algunas letras. (Guillem): También aprendes a perder la vergüenza. El contrapunto que nos daba ese sonido de nuestros primeros discos nos cubría un poco, pero con el tiempo ves que te puedes recrear en la gravedad original del tema sin necesidad de buscar ese contraste que te puede llevar a la frivolidad, en algunos casos.

Me refiero a canciones como “Mort d’un heroi romàntic”, que incluso me recuerda un poco a los Bad Seeds de Nick Cave. Es una línea que no hubiera imaginado que podría trazar cuando escuché vuestro primer disco. ¿Vosotros la veis? (Guillem): Es curioso, porque lo de la relación con Nick Cave me lo dijeron ayer en una entrevista y no lo había pensado. Tal vez, en ese caso, la referencia a la muerte puede llevar a establecer esa asociación.

Es algo más: un tipo de ritmo repetitivo, unas guitarras muy cortantes, el tratamiento del piano... Hay algo que lo hace sonar violento. En una entrevista leí que decíais algo así como que “estilizabais la realidad”, y frecuentemente se menciona el costumbrismo, en un sentido casi idílico, cuando se habla de vosotros. ¿Estáis ahora en otro momento y por eso sonáis menos amables y más urgentes? (Guillem): Sí, lo del costumbrismo se ha dicho desde siempre, y es verdad que era algo evidente en cierto sentido, pero así como se asociaba demasiado el grupo al ukelele, ocurre otro tanto con el costumbrismo. Lo hay, pero no tanto. Teníamos un pie en la realidad, pero también estaba la fantasía.

 
MANEL, Antihéroes románticos

La conversación.

Foto: Óscar García

 

Y, sin embargo, sí que parece que hay menos escapismo ahora... (Guillem): Bueno, el aire más naíf o más evasivo que podía apreciarse en el primer disco ha ido dando paso a canciones más complejas, o tal vez menos amables en el sentido al que aludías. Supongo que tiene que ver con que hemos adquirido confianza y ha aumentado nuestra capacidad para enfrentarnos a cosas diferentes a las que estaban en los primeros discos. Hay emociones más duras que te sientes más seguro de abordar. Si lo revistes todo con un montón de coros, por ponerte un ejemplo de cliché del primer disco, parece que todo aquello de lo que hablas da menos vergüenza, pero corres el peligro de frivolizarlo. Por otro lado, si lo desnudas del todo, el riesgo es el de solemnizar tanto que caigas en el ridículo. Pero acercarse a esa frontera es interesante, es un camino nuevo y es por donde vamos ahora. Supone acercarte a distintos sonidos y emociones. (Arnau): Y, sin embargo, lo que hemos hecho es, en cierto modo, lo más convencional.

También suena más sintético y contenido. (Guillem): Sí. En este momento ya sabemos todos que, si al final de un tema pones un colchón de violines, la cosa sube, y no está mal que se haga, ¿eh? Puede ser maravilloso y nosotros ya lo hemos hecho, pero ahora tenemos la sensación de “truco ya utilizado” y nos propusimos buscar más con menos elementos. (Martí): Lo que vas aprendiendo con el tiempo es aquello que no hay que hacer, lo que sobra, porque lo que puedes hacer es tan amplio que no terminarás nunca de explorarlo. Hemos aprendido a renunciar a arreglos en este disco, para que eso redunde en beneficio de las canciones. (Roger): Y te das cuenta también de que, aunque tú te lo pases bien tocando, eso no siempre significa que la gente se lo esté pasando bien viéndote tocar.

“Bueno, el aire más naíf o más evasivo que podía apreciarse en el primer disco ha ido dando paso a canciones más complejas, o tal vez menos amables en el sentido al que aludías. Supongo que tiene que ver con que hemos adquirido confianza y ha aumentado nuestra capacidad para enfrentarnos a cosas diferentes a las que estaban en los primeros discos”
(Guillem Gisbert)

Una de las canciones que no he podido quitarme de la cabeza desde que escuché el disco es “A veure què en fem”. En ella decís: “Tenemos una oportunidad, a ver qué hacemos”. ¿A qué os referís? (Guillem): Es un sentimiento un poco barroco, tiene un punto raro. Se trata de la sensación de que vivir sintiendo que no has tenido una oportunidad puede ser más fácil que vivir sabiendo que has tenido una y que has renunciado a ella. Tener oportunidades siempre es algo positivo, pero también es una putada, porque te obliga a cogerlas o a vivir sabiendo que las has dejado pasar.

Como grupo de éxito, ¿hasta dónde sabéis que no queréis llegar? ¿Llegaríais, por ejemplo, a participar en la publicidad de un banco? (Arnau): Nosotros sabemos muy bien dónde está nuestro radio de acción, y este se circunscribe a nuestros discos, nuestras canciones, los conciertos, las entrevistas y todo aquello que, en mayor o menor medida, podemos controlar. Todo lo que suponga sacarnos de nuestro entorno es algo en lo que nos cuesta más entrar. No es que tengamos un decálogo de cosas que no queremos hacer, pero evitamos las que se pueden escapar a nuestro control. Cuando nos han llegado propuestas de publicidades de ese tipo hemos dicho que no.

Decía Jack White que a él le parecía estupendo que la gente tararease a base de “lo, lo, lo” la canción de los White Stripes aun sin saber que era de ellos, y que lo más grande para una canción popular era llegar a la gente a ese nivel, sin que importara la autoría. Vuestras canciones, a veces, tienen algo de himno. ¿Os importaría si vieseis que alguna se empieza a cantar en los estadios o en las calles, sacándola del contexto que habíais imaginado en un principio para ella? (Guillem): Hombre, si la canción la coge un partido fascista austriaco tal vez sería preocupante, pero, si es un uso lúdico como, por ejemplo, el fútbol, no le veríamos ningún problema. Imagínate ver un campo entero tarareando una canción tuya, sería brutal. (Martí): Bueno, siempre que sea el Camp Nou no pasaría nada... (ríen). (Guillem): Le pasó algo parecido a Paul Simon, creo, cuando escuchó una canción suya en el hilo musical de un ascensor. Contaba que al principio se quedó desconcertado, pero luego dijo: “Hostia, si estoy sonando en el hilo musical, es lo más”. (Arnau): Sí, la respuesta del de los White Stripes está de puta madre. (Guillem): También es increíble ver cómo hay gente en YouTube que versiona tus canciones y se graban. El otro día, solo un par de semanas después de que empezara a sonar el single del disco, “Teresa Rampell”, un chico la había versionado en YouTube con un ukelele haciendo un ritmo que yo soy incapaz de repetir. Eso me sorprende, pero me parece brutal y me hizo ilusión. 


Manel on Manel

“¿Qué le pasó a aquella banda de rock? ¿Quizá una noche / dieron un concierto final muy triste? / ¿O se miraron después de un ensayo lento e infernal / y lo supieron, y lo notaron?” (“Banda de rock”). Esta canción del nuevo álbum de Manel expresa a la perfección esa desazón que nos invade cuando nos enteramos de que esa pareja de amigos a los que hace mucho tiempo que no vemos, pero de los que recordamos que sin duda eran algo así como la pareja perfecta, ahora están separados y ni siquiera se hablan. Y que incluso puede que haya críos de por medio, trastos a la cabeza y demandas judiciales. Ay. Olvidé preguntarles si estaban pensando en alguna banda de rock en concreto cuando escribieron la canción, pero después pensé que prefería no saberlo. Lo que sí tengo claro es que Manel es esa clase de grupo que provocaría que me sumiera en una tristeza insondable si un día me entero de que se han separado. Algo así como cuando me enteré de pequeño de que los Beatles no eran hermanos. Porque hay algo en ellos que los convierte en una banda atípica de las que piensas que puedan sobrevivir a cualquier lucha de egos intestina. El sintagma “los cuatro” no se les cae de los labios a ninguno en ningún momento de la entrevista, y, asomándote un poco a su mundo, descubres que cada uno tiene un rol dentro de su pequeña familia que les hace funcionar apoyándose los unos en los otros. Les pido que hablen de sí mismos, y esto es lo que me cuentan:

“Guillem es perfeccionista y productivo, muy creativo. Y un tocacojones”. “Martí se autoproclamó ayudante de dirección cuando empezamos a grabar; es quien ordena el proceso de grabación, consigue que aquello que parece que no va a llegar a buen puerto acabe haciéndolo. Es muy positivo, pero a veces se va al otro extremo y se pone muy cenizo. Y también es un tocacojones”. En este punto se ponen de acuerdo en que ese es un rasgo común a todos ellos, para no redundar más en ello. “Una de las cosas buenas de Arnau es que tiene una visión global de la música, de las posibilidades que puede tener una canción, y sabe ver adónde puede llegar cada una. No sé si esto tiene que ver con que sea el baterista, porque tengo la sensación de que tocar la batería, para él, implica tener que pensar también en los demás instrumentos. Además, toca un poco de todo y canta. Tenemos conciencia de grupo y eso es importante. Ves muchas bandas que son el grupo y un batería, y no es nuestro caso”. “Roger tiene un sentido muy agudo de la estética de la canción. Con cuatro cosas hace que un tema camine hacia un sitio, y es algo que los demás podemos ver enseguida. Así como los demás solemos dar mil vueltas a las cosas antes de decidirnos, Roger, con muy poco, descubre el camino a tomar. Con la guitarra es como con los dibujos (Roger es el responsable de los dibujos de los discos de Manel), tiene un estilo sutil y sencillo; se basa en cuatro trazos, pero es muy definido”.

 
MANEL, Antihéroes románticos
 

Nacho Vegas les pidió a los cuatro Manel que hablasen de sí mismos. Foto: Óscar García

 

Guillem Gisbert, aun en su papel de cantante y compositor principal, es el que pone más énfasis en que el resultado de sus canciones es fruto de una colaboración constante entre sus miembros. “Confiamos en que el diálogo mejora la canción, esa es una premisa importante. Nosotros nos decimos las cosas muy a lo bestia durante todo el año, y eso, aunque tiene sus inconvenientes según el día, también es positivo. Martí te puede decir sin contemplaciones, ante una idea nueva, ‘eso es una mierda’, y yo sé que puedo fiarme de su criterio aunque me dé la vuelta echando pestes. Pero la única manera de trabajar en un oficio como este es la sinceridad, pese a que llegue a hacerse duro. Y el día en que entendamos que el diálogo entre nosotros no hace mejor una canción será el día que lo dejemos”. Y después, como si le aterrara lo que acaba de decir, añade: “O bueno, le tendríamos que dar otra vuelta”.

   

Esa maldita clase media

Una de las críticas de que Manel suele ser objeto tiene que ver con una supuesta visión demasiado acomodada del mundo que les rodea. Ah, la clase media, siempre tan autoindulgente. Los lazos entre el estrato social de los artistas y su obra han sido siempre objeto de debate, algo muchas veces delicado. El propio nombre de la agencia de contratación de Manel, Fina Estampa, remite al famoso tema de Chabuca Granda, una de las voces renovadoras del folclore peruano y, sin embargo, frecuentemente denostada por sus lazos con la aristocracia limeña, a la que parecía dirigir su música. Tema espinoso, sí.

 
MANEL, Antihéroes románticos
 

Dimensión política (o no) en las canciones y la honestidad que eso lleva implícito. Foto: Óscar García

 

¿Y en el pop? Si bien hubo un momento en el que gran parte de la música rock hecha en Europa tenía su origen en suburbios y barrios castigados, ¿qué ocurre en un momento en que se ha descompuesto gran parte de ese tejido social y todo parece pertenecer a una masa homogénea y con escaso sentido crítico llamada clase media? ¿Son Manel un producto de esa situación o son una respuesta creativa a ella? Intento pergeñar una tesis que los acerque más a lo segundo, tal vez llevado por mi debilidad por sus discos. En ellos, lo urbano y lo vodevilesco se funde de un modo que abre un campo enorme a la interpretación de cada cual. Recuerdo su estupenda adaptación del “Common People” de Pulp (“La gent normal”) y les pregunto si su música no puede inscribirse en esa estirpe de retratistas incómodos de la clase media que va desde los Kinks hasta Pulp pasando por Vainica Doble, y la respuesta de Guillem me pone en mi sitio. No asumen ni este papel ni el otro, sino uno diferente, y empieza por desgranar cada uno de mis ejemplos. “Ray Davies sí que tiene canciones con un perfil político y social muy marcado, con retratos irónicos sobre la clase media británica o escenas sobre gente que está en las colas de racionamiento. Nosotros no hemos hecho esto nunca. Jarvis Cocker habla en muchas ocasiones de la vida en los suburbios londinenses... Nosotros lo único que tenemos claro es que, si bien las canciones dicen algo sobre nuestras vidas, tienen que ir más allá y convertirse en algo universal, que no se limiten a decir cosas sobre nuestras existencias como individuos. Esto lo facilita el hecho de que trabajemos tan cerca los cuatro en cada canción, letra y música. A Vainica Doble, sin embargo, las veo muy fantasiosas. Antes te decía que la fantasía, y no solo la realidad, era importante en nuestras canciones, pero en Vainica Doble ese mundo es mucho más poderoso, desarrollan metáforas muy elaboradas que te transportan a otro sitio. Y, sin embargo, no se trata de un escapismo puro, no es pan y circo. A Vainica Doble las veo muy revolucionarias, en realidad. Y el carácter evasivo de otras bandas tampoco tiene por qué entenderse como algo inocente. Pienso en el disco de Family, que era de lo más escapista, pero que escucharlo, en cierto sentido, daba miedo, sentías el miedo a hacerte mayor o algo así. Existe un tipo de costumbrismo, ese que se limita a hablar de las cosas pequeñas y bonitas de la vida, y también me parece bien, nosotros lo hemos hecho. Pero el de Vainica o Family me parece de otro tipo, y nosotros no nos limitamos tampoco a hablar de la vida sin buscarle ninguna arista. Cuando se nos critica por la falta de dimensión política en nuestras canciones, al menos en su sentido más literal, yo lo que me pregunto es si eso es algo que puedas elegir si quieres ser honesto con lo que haces”. ¿Tal vez “Un directiu em va a acomiadar” sí es una canción con un claro trasfondo político? “Bueno, habla de situaciones que conocemos y puede tener una lectura social, pero la emoción de la canción no radica ahí, sino en la situación entre imaginada y real que opera como un absurdo y que se descubre al final como una representación”.

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