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MANEL, Sabotaje a la “gent normal”

Roger, Martí, Guillem y Arnau: nuevos aires. Foto: Óscar García

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 349)

MANEL Sabotaje a la “gent normal”

Como viene siendo norma de la casa, nueva voltereta estilística de Manel: de la electricidad tensa de “Atletes, baixin de l’escenari” (2013) pasaron a un “Jo competeixo” (2016) bien surtido de texturas electrónicas, sintetizadores con brillo e incluso ritmos bailables. Un álbum grabado en Nueva York junto al productor Jake Aron con el que dejaron atrás definitivamente su condición de “gente normal” para abrazar la ambición del pop. David Morán los entrevistó para esta pieza que fue motivo de portada en el Rockdelux 349 (abril 2016). Otra portada de Manel en Rockdelux, aquí.

En cuanto el fotógrafo adopta la posición de disparo, los Manel de 2016 vuelven a ser los Manel de 2008. Las mismas caras, los mismos gestos; esa sempiterna mueca de incomodidad sobrellevada con medias sonrisas o gestos ceñudos. Basta con echar un vistazo a las fotografías promocionales de sus anteriores trabajos para constatar que hace casi una década que los barceloneses lucen idénticos rostros. “Si quieres innovar con esto, acabas haciendo el ridículo”, bromea Guillem Gisbert. Y es que, puestos a innovar, mejor hacerlo en el estudio, donde la banda revelación de 2008 sigue borrando sus huellas y volteando su sonido para renacer a cada paso como una versión corregida y aumentada de sí misma.

“Para nosotros, ocho años es bastante tiempo. Cambias mucho como músico y oyente, y tienes ganas no de huir, sino de no repetirte; así que vas buscando y encontrando. De todas maneras, creo que es algo que pasa mucho: si vas del ‘Please Please Me’ de los Beatles al ‘Revolver’, la evolución es clara”
(Martí Maymó)

El cambio, ese tránsito de ambición creciente, es más que evidente: de las orquestaciones y el caudal narrativo de “10 milles per veure una bona armadura” (Discmedi-Warner, 2011) a la electricidad rugosa y espartana de “Atletes, baixin de l’escenari” (Discmedi-Warner, 2013) y de ahí a “Jo competeixo” (Discmedi-Warner, 2016), un trabajo generoso en texturas electrónicas, pespuntes latinos, melancolía sintética y pop expansivo que lo mismo se mira en Vampire Weekend y Joe Crepúsculo que relee a Juan Luis Guerra o brinca de la chicha andina al funk sintético. Y todo sin dejar de ser ellos mismos. Los mismos Manel, sí, pero completamente diferentes. “Prefiero que alguien deje de escucharnos porque el cambio que hemos hecho no le gusta que no porque nos repetimos”, sentencia Gisbert mientras Martí Maymó, Roger Padilla y Arnau Vallvé se agolpan frente a la grabadora para una entrevista a cuatro voces y en siete actos.


¿QUÉ FUE DE AQUELLA BANDA DE FOLK?

No, en “Jo competeixo” tampoco hay ukuleles. Ni melódicas. Ni siquiera aquella candorosa ternura de “Els millors professors europeus” (Discmedi, 2008). Todo aquello quedó enterrado con “Atletes, baixin de l’escenari” y Manel no tienen ninguna intención de desenterrarlo. “Bueno, yo no he tirado el ukelele por si acaso”, bromea Guillem. Les sugiero que, con tanta voltereta estilística, da la sensación de que están intentando huir de lo que representó Manel en 2008 y de la onda expansiva de su debut. (Martí): “Para nosotros, ocho años es bastante tiempo. Cambias mucho como músico y oyente, y tienes ganas no de huir, sino de no repetirte; así que vas buscando y encontrando. De todas maneras, creo que es algo que pasa mucho: si vas del ‘Please Please Me’ de los Beatles al ‘Revolver’, la evolución es clara”. (Guillem): ”Al final te lo has de pasar bien, y si se te enciende una luz roja porque estás repitiendo algo que ya has hecho, tienes que buscar soluciones”. (Martí): “Además, lo de 2008 está ya pasadísimo de moda”. (Roger): “Ahora mismo te pones a hacer eso y suena asqueroso”. (Guillem): “Pasan dos años y te das cuenta de que lo de los ukeleles y las melódicas era un producto de la época”. (Arnau): “Cuando notas que algo te remite a otra cosa que ya has hecho, lo esquivas”.

 
MANEL, Sabotaje a la “gent normal”

Rockdelux 349 (Abril 2016)

Foto: Óscar García

Diseño: Gemma Alberich

 

EL QUINTO MANEL

Antes de empezar a grabar, Manel ya tenían claro que querían desandar parte de lo andado y abrir la puerta de “Ai, Yoko!”, canción inaugural de “Atletes, baixin de l’escenari”, para ahondar en el uso de sintetizadores, teclados flotantes e injertos electrónicos. También sabían que, después de tres discos cocinados en la más estricta intimidad, había llegado el momento de incorporar una mirada externa. La perspectiva, en este caso, la han puesto el productor estadounidense Jake Aron (Grizzly Bear, Jamie Lidell, tUnE-yArDs) y, señala Guillem, su “mirada inyectada en sangre” cada vez que alguno de ellos le hablaba de cómo sonaban las maquetas. (Arnau): “De otra manera, habríamos llegado al estudio con las demos y al final sería lo mismo, pero sonando un poco mejor. Llega un momento en el que ya estás agotado, has abandonado la canción y, de repente, hay otra persona que te dice que puede ir aún más lejos”. (Martí): “A veces necesitas una quinta opinión para desencallar”. (Guillem): “Al final le das una autoridad muy importante a un desconocido. Y te das cuenta de que aquello sería muy diferente si fuese otro el que hubiese producido el disco. De alguna manera es agradable, ya que hay una parte de la responsabilidad que recae en otra persona, pero también ves que la canción se aleja de lo que tú tenías en la cabeza. Antes podías explicar perfectamente lo que pasaba y por qué pasaba. Ahora hay un tipo ahí en el estudio que también decide”. En cuanto acaba la entrevista y los cuatro Manel se tiran diez minutos largos intentando decidir a qué hora quedar para ensayar, se entiende que a los catalanes les haya venido como agua de mayo la figura de una quinta persona que equilibre fuerzas y desencalle los procesos.

“Al final le das una autoridad muy importante a un desconocido... De alguna manera es agradable, ya que hay una parte de la responsabilidad que recae en otra persona, pero también ves que la canción se aleja de lo que tú tenías en la cabeza. Antes podías explicar perfectamente lo que pasaba y por qué pasaba. Ahora hay un tipo ahí en el estudio que también decide”
(Guillem Gisbert)

¿GENTE NORMAL O NUEVOS RICOS?

“Hemos muerto como gente normal y somos los nuevos ricos”, exclama Martí mientras el resto de la banda trata de decidir si haber grabado “Jo competeixo” en Nueva York –primero en una antigua iglesia cerca de Woodstock y después en el estudio de Aron en Brooklyn– es o no un capricho de nuevo rico. (Martí): “Siempre habíamos ido bastante a mínimos, y ahora nos lo podíamos permitir. Al final es una inversión para que tu trabajo sea mejor. La idea era no cerrar puertas ni creernos que somos pequeños y que alguien de fuera no querría hacerlo”. (Guillem): “Sí que es un poco capricho de nuevo rico, sí, pero algo falla si el hecho de irte fuera para que tu trabajo sea mejor te convierte en un pijo. De todas maneras, piensas en Nueva York y tu cabeza se forma una idea muy concreta de lo que es un estudio neoyorquino, cuando el de Jake era un sitio muy pequeño”. (Roger): “Entrabas y pensabas: ‘Joder, mira esa alfombra’”. (Guillem): “Sí, no se puede decir que le preocupase demasiado la estética o el feng shui”.


EL ESPECTRO DE LA ELECTRÓNICA

Queda claro que a Manel les aterra la idea de repetirse y, peor aún, de aburrirse de sí mismos, por lo que cada álbum viene a ser una suerte de borrón y cuenta nueva; una manera de escapar de su zona de confort y retarse con nuevos desafíos. En este caso, y después del eléctrico y áspero “Atletes, baixin de l’escenari”, se trataba de explorar “otras direcciones de sonido y texturas”, como apunta Roger. Texturas electrónicas para entrar de lleno en el pop más contemporáneo. (Guillem): “Hicimos una lista de Spotify compartida con doscientas canciones”. (Roger): “Yo puse dos, creo”. (Martí): “Ahí había cosas que iban desde los años cincuenta hasta ahora, y llegamos a la conclusión de que cada uno escuchaba las que había puesto él...”. (Guillem): “La primera canción era ‘La rata’ de Mala Rodríguez... Luego estaba aquella de Timbaland que intentabas colar” (mirando a Arnau). (Martí): “Al final, la lista era un poco la idea de que los cuatro nos enamorásemos de las mismas cosas”. (Arnau): “Y luego estaba lo que aportaba Jake: para ‘Cançó del dubte’, por ejemplo, nos enseñó un género que estaba de moda en Washington D.C. en los años ochenta, la música go-go”.

 
MANEL, Sabotaje a la “gent normal”

Bilirrubina, atracos y... BBVA.
Foto: Óscar García

 

HUIR DE LA ESTÉTICA

Pese a todo lo anterior, Manel siguen siendo Manel y no cuesta demasiado reconocerlos en los recovecos brumosos de “Temptacions de Collserola”, en el crescendo chisporroteante de “Les cosines”, en la euforia febril de “Sabotatge” o incluso en ese torrente narrativo que es “Jo competeixo”. El maquillaje brilla más, sí, pero debajo siguen estando la misma piel y los mismos huesos. (Guillem): “De la estética puedes huir; de la manera de escribir las canciones, no. La tradición folk en la que empezamos tiene una estructura muy concreta, con la emoción colocada de una manera determinada. Y al entender lo que es una canción sí que buscas estructuras nuevas. O vuelves a cosas que ya habías hecho, como los finales épicos que hay en este disco, un poco al estilo de los del primer álbum”. (Martí): “La verdad es que no somos conscientes de si suena muy diferente. Nos sentimos identificados”. (Guillem): “Sí que es verdad que escuchas el primero y escuchas este y el cambio es brutal”. (Martí): “Ya pasó con el segundo disco: yo pensaba que había un gran cambio, pero la gente no lo percibía, y con el tiempo sí que es verdad que no era para tanto”. Su sello quizá esté, apunta Guillem, en “mantenerse en ese espacio que no es ni triste ni alegre del todo, porque es donde pasan las cosas interesantes”. Aun así, cada nuevo trabajo tiene algo de enmienda, si no a la totalidad, sí a parte del discurso que guiaba sus anteriores trabajos. No es que renieguen de sus grabaciones, pero se diría que el tiempo les ayuda a entenderlas mejor. (Guillem): “Al principio pensábamos que no hacer estribillos era una manera de valorar el oído de la gente, de no repetirle la letra una y otra vez, pero luego te das cuenta de que hacer un estribillo que valga la pena es algo muy complicado. Se ha de ganar el derecho a ser un estribillo”.

“Todos vamos como a oleadas en las que cada dos años toca una cosa diferente. Y a nosotros ahora nos toca que nos pregunten qué posicionamiento tenemos sobre la independencia de Cataluña, y luego, la parte social y económica. Si te paras a pensar, no tiene ningún tipo de sentido que un grupo de música tenga que opinar sobre estas cosas. Me sorprende que sea tan obvio”
(Guillem Gisbert)

ATRACAR UN BANCO SIN MORIR EN EL INTENTO

Ah, la política. Mientras unos confunden la guitarra con la pancarta, a Manel les han señalado repetidamente por no mojarse y abstraer su música de cuanto les rodea. Con “Jo competeixo”, sin embargo, se ha producido una coincidencia cuando menos curiosa: justo al saberse que una de las canciones llevaría por título “BBVA”, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, denunciaba que era precisamente esa entidad bancaria la que menos colaboraba con la cesión de pisos vacíos. Una conexión en la que algunos han querido ver una suerte de renacimiento en clave social y explícita de los catalanes. (Guillem): “Se ha producido algo que no está buscado, y es que quien ve el título piensa que lo más probable es que sea una canción que hable de los bancos en clave social o económica, pero no está pensado así”. (Roger): “Es uno de esos títulos que ayuda a entender mejor y seguir la historia de dos fugitivos que huyen de un atraco”. (Guillem): “Sí que hubo algún tuit que decía que nos habíamos puesto políticos, pero, ahora que lo pienso, lo que me hace gracia es que en algún momento nos llegamos a plantear los nombres de los bancos con un criterio estético. ¿Por qué BBVA y no Banco Santander?”.


RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA

Ah, la politica (y 2). Mientras unos confunden la guitarra con la pancarta, a Manel les han señalado repetidamente por no mojarse y abstraer su música de cuanto les rodea. Ellos, sin embargo, tienen su propia opinión al respecto. Como la protagonista de “Sabotatge”, el primer single del disco, saben muy bien lo que hacen. (Roger): “No somos ajenos a lo que pasa, pero tenemos claro que hacemos canciones y punto”. (Martí): “No están alejadas del entorno, pero no son explícitas porque es la manera que tenemos de hacerlas”. (Guillem): “Al final sería muy pretencioso pensar que todo lo que pasa a nuestro alrededor ha de entrar en una canción. Y si puedes decidir que sí, que haces canción política, también puedes decidir que no. Es imposible que sean un espejo, porque son cancioncitas”. (Arnau): “Para mí, el debate de si la música ha de ser política o no no existe; está claro que la música puede ser lo que quiera. El problema es que, cuando no hay un componente político, se relacione con que el grupo es conservador, casi de derechas... Es algo que no cambiaremos, porque no tenemos ningún tipo de control”. (Guillem): “Entiendo la parte de la responsabilidad social, pero no acabo de ver por qué para alguien que sale a un escenario a cantar es una condición sine qua non que la política esté detrás de las canciones. Me parece muy restrictivo”. (Martí): “Al final no salen canciones políticas o sociales porque igual a Guillem le interesa más hablar de unos fugitivos...”. (Guillem): “Sí, pero ojo, ¡que han atracado un banco!”. (Martí): “En la música pop es casi más extraño que se haga canción política que que no se haga. Nacho Vegas ahora se dedica a ello, pero durante muchos años no lo hizo”. (Guillem): “Todos vamos como a oleadas en las que cada dos años toca una cosa diferente. Y a nosotros ahora nos toca que nos pregunten qué posicionamiento tenemos sobre la independencia de Cataluña, y luego, la parte social y económica. Si te paras a pensar, no tiene ningún tipo de sentido que un grupo de música tenga que opinar sobre estas cosas. Me sorprende que sea tan obvio”.


A Manel les sube la bilirrubina

Mucho se ha hablado de la conexión de Manel con Pulp y de esa versión del “Common People” que durante años se ha incrustado en su código genético, pero mientras se traían a Jarvis Cocker a la lengua de Mercè Rodoreda, también hacían lo propio con “La tortura” de Shakira (“El bròquil”, según ellos), una versión que en su momento se vio como un capricho exótico, pero que hoy ayuda a entender a los Manel de “La serotonina”, los mismos que le cantan a Juan Luis Guerra sin sonrojarse y sin asomo alguno de distancia irónica.

La canción, hecha a imagen y semejanza de “La bilirrubina”, confirma que los gustos de Manel, como sus discos, son tan mutantes como extensos. (Guillem): “La idea de hacer una canción que se mirase en ‘La bilirrubina’ está muy conectada a unos conciertos que hicimos con The Seihos, cuando tocamos ‘Ojalá que llueva café’. Fue muy divertido. Además, a Juan Luis Guerra lo he escuchado mucho. El problema es que, si intentas imitar lo que hace esta gente, caes en el ridículo más estrepitoso”. (Roger): “Entonces empezamos a copiar ritmos electrónicos latinoamericanos y al final hay muchas cosas ahí metidas”. (Guillem): “Íbamos probando cosas... Estaba la chicha, esos reggaetones ralentizados con la parte electrónica...”. (Roger): “Solo para esta canción teníamos una lista entera de Spotify. Incluso cuando no teníamos productor pensábamos que quizá podría ser alguien latino”.

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