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MAR OTRA VEZ, Rehuyendo la quietud y la calma

Otra vez: Luis Corchado, Julián Sanz, Javier Corcobado, Javier Rodrigo y Tinita Ti.

Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2015)

MAR OTRA VEZ Rehuyendo la quietud y la calma

En 2015 se cumplieron treinta años del debut discográfico de Mar Otra Vez, “No he olvidado cómo jugar embarrado / Fiesta del diablo y el cerdo”, y confluyeron varias circunstancias, minúsculas cada una de ellas, que juntas hicieron de esa efeméride un cataclismo de proporciones desconocidas: la reunión de su primera formación, la reedición en vinilo de aquel álbum misterioso y un homenaje de las nuevas generaciones a la Madre de Todas las Vanguardias Españolas, “Destrozando a Mar Otra Vez”, que llegó en 2016. Jesús Rodríguez Lenin los entrevistó.

Que Mar Otra Vez fue la banda más osada y carismática de todas las surgidas en la España posmovida no admite discusión. Y la prueba de ello está en ese disco seminal que fue, para su tiempo, “demasiado y demasiado pronto”, como el título del segundo álbum de New York Dolls. Este diciembre va a ver encadenados toda una serie de acontecimientos de recuerdo activo: el concierto de reunión de su primera formación –Javier Corcobado (voz, saxos y bidón de gasolina), Julián Sanz (bajo), Javier Rodrigo (guitarra), Andrews Wax (hoy conocido como Tinita Ti, teclados) y Luis Corchado (batería)–, que tendrá lugar el día 4 en la sala madrileña El Sol; la reedición en vinilo de “No he olvidado cómo jugar embarrado / Fiesta del diablo y el cerdo” (Grabaciones Accidentales, 1985) a cargo de Munster Records, y el lanzamiento de “Destrozando a Mar Otra Vez”, un disco publicado por el sello canario Pequeña Criatura en el que siete grupos y/o artistas de las nuevas generaciones de músicos curiosos hacen sendas versiones de las canciones incluidas en aquel mini-álbum del que, treinta años después, se siguen realizando complejas exégesis. Conjunto Podenco, Sagrados Corazones, Juventud Juché, Medievo, Les Rauchen Verboten, Pablo Und Destruktion y Raisa han reinterpretado, respectivamente, “Jonás”, “He matado a mi hermana”, “He”, “Canción pequeña II”, “Ladra”, “Curiosos” y “La planta baila”, tema que no aparecía en créditos y sí, en dos partes, en las estrías del disco al finalizar las caras A y B.

“Es halagador que haya trascendido tanto y haya alcanzado esta importancia, hasta que se hayan creado grupos. También me resulta muy halagador que lo que hicimos hace treinta años reciba ahora un homenaje por parte de generaciones nuevas. Brian Eno decía de la Velvet Underground que espantaban al público en general, pero a los pocos que sí les gustaban se veían impelidos a crear su propio grupo”
(Javier Corcobado)

El impulsor del proyecto es Alfredo Arnáiz Yanes, un profesor de Matemáticas en un instituto de secundaria en Fuerteventura y responsable del blog ‘Música de andar por casa’, además de propietario del minúsculo sello Pequeña Criatura, que acaba de debutar con el colanzamiento del segundo LP de Fajardo y con este homenaje a Mar Otra Vez, proyecto este último compartido con David Von Rivers, del sello Truco Espárrago, y con el que se pusieron en marcha hace un año, al darse cuenta de que en 2015 se cumplían treinta años desde su publicación.

Arnáiz había descubierto a Corcobado a través de Rockdelux, “revista que empecé a comprar en enero de 1990. A Mar Otra Vez los conocí unos tres o cuatro años más tarde. Creo recordar que ya tenía machacados ‘Agrio beso’ y ‘Tormenta de tormento’ de Corcobado cuando en la revista le dedicaron una retrospectiva y me enteré de la existencia de Mar Otra Vez y Demonios Tus Ojos. No paré hasta que logré escucharlos. Lo primero que conseguí fue su tercer álbum“Algún paté venenoso” (Grabaciones Accidentales, 1987)– y luego el de Demonios Tus Ojos. Se lo compré a un fulano que tenía un bar en La Laguna por el que solía ir bastante. Un día que no había gente, le pregunté si podía pasar a ver los discos que tenía y lo encontré. Me dijo que me lo vendía por la cara de emoción que me había visto cuando lo cogí entre mis manos. Poco después llegó ‘No he olvidado cómo jugar embarrado / Fiesta del diablo y el cerdo’. Y su segundo álbum –“Edades de óxido” (Grabaciones Accidentales, 1986)– hace apenas un par de años que lo escuché por primera vez. ‘Algún paté venenoso’ me resultó áspero y difícil, pero su primer disco me pareció que era una mezcla perfecta de locura, orgía, vehemencia, amor, orgullo y desquicie. Me cogió con 20 años, y era todo lo que necesitaba encontrar en la música”.

Los grupos elegidos por Alfredo y David son aquellos que más cercanía espiritual a Mar Otra Vez les ofrecían, y esas mismas sensaciones son las que sacuden a los propios integrantes de la mítica banda. Javier Corcobado –el único, junto a Julián Sanz, que ha seguido trabajando profesionalmente como músico y compositor en estos treinta años– reconoce que “en 1984 o 1985 Mar Otra Vez era ruido, y ahora resulta eufónico. Yo he seguido en la música todo este tiempo y he visto la influencia que ha tenido Mar Otra Vez, tanto en los noventa como en este siglo. Incluso hubo un sello, Triquinoise, en el que todos los grupos tenían influencias de Mar Otra Vez. En México y en otros países también lo he percibido. Es halagador que haya trascendido tanto y haya alcanzado esta importancia, hasta que se hayan creado grupos. También me resulta muy halagador que lo que hicimos hace treinta años reciba ahora un homenaje por parte de generaciones nuevas. Brian Eno decía de la Velvet Underground que espantaban al público en general, pero a los pocos que sí les gustaban se veían impelidos a crear su propio grupo”.

 
MAR OTRA VEZ, Rehuyendo la quietud y la calma

“En 1984 o 1985 Mar Otra Vez era ruido, y ahora resulta eufónico”, asegura Javier Corcobado.

Foto: Alfredo Arias

 

Julián Sanz –fundador del proyecto Erizonte, con un tercer álbum recién aparecido, “Los Caprichos de Goya” (2015), y miembro desde hace año y medio de la banda de Corcobado en solitario– asegura que “el tiempo ha ido criando a la gente a la que le podría gustar nuestra música. Hace treinta años a nuestros conciertos venían cincuenta personas y se iban treinta. Quedaban veinte, pero esos veinte han mantenido la llama para que ahora pueda haber dos mil personas...”.

Luis Corchado, batería de las dos primeras formaciones de Mar Otra Vez –la del álbum protagonista de estas páginas y el siguiente, “Edades de óxido”, en el que participaba a la guitarra Gabriel Serrano Arias, ex La Caída de la Casa Usher–, y músico amateur que ha seguido tocando la batería en casa “y componiendo música electrónica para mí, con el GarageBand”, afirma que el público que ha seguido a Mar Otra Vez es “gente curiosa: entonces y ahora. Y al público curioso que nos seguía entonces se le ha sumado público joven que también es curioso; por eso, los veinte de hace años se han convertido en dos mil”.

“El tiempo ha ido criando a la gente a la que le podría gustar nuestra música. Hace treinta años a nuestros conciertos venían cincuenta personas y se iban treinta. Quedaban veinte, pero esos veinte han mantenido la llama para que ahora pueda haber dos mil personas...”
(Julián Sanz)

El único que discrepa de estas opiniones es el teclista Tinita Ti, al que hace treinta años se conocía como Andrews Wax, y que es, con 58 años recién cumplidos, el más veterano de la formación. “El público actual es diferente. Ahora la gente está a-do-ce-na-da. Hace treinta años se intentaban hacer cosas diferentes, pero en este tiempo los medios nos han adocenado a todos y lo único que hacemos es poner ‘me gusta’ en Facebook. No hay capacidad para hacer ni siquiera un comentario ingenioso. La gente ya no tiene criterio. ¿Van a tragarse el concierto de ahora? Sí, como cualquier otra cosa. Se lo tragan sin digerir”. No hay que sacar conclusiones prematuras: Tinita Ti es la persona por descubrir para las nuevas generaciones, igual que lo ha sido para el resto de sus antiguos compañeros. “Encontrar a Andrews/Tinita ha sido muy complicado –comenta Corcobado–, y cuando lo hemos hecho hemos notado que ha cambiado completamente: ha dejado de ser un enigma para ser mucho más participativo y mucho más guerrero”. “A mí me produciría un vértigo pavoroso hacer esto sin él –asegura con rotundidad Julián–, porque podríamos caer en el riesgo de ser un grupo vulgar. Él impide la vulgaridad”. Una opinión parecida ofrece Corchado, para quien Tinita era antes “una persona que estaba como de atrezo. Era el tío con flequillo que se depilaba las cejas. Ni siquiera hablabas... Y te escaqueabas. ¡Te llamábamos Andrews ‘Tengo-que-hacer-cosas’ Wax. Ahora me gusta muchísimo todo lo que está aportando”.

El aludido reconoce que, en principio, dijo “no” a participar en la reunión, pero que accedió, finalmente, porque puso una condición: “Que no hiciéramos iguales las canciones, porque para eso está el disco. Yo quería que se les diera un matiz diferente y esa diferencia es consustancial a lo que está ocurriendo. Lo quieras o no lo quieras, el que venga al concierto va a escuchar el disco y matices nuevos. Yo, aunque conocía las canciones, las he vuelto a ‘re-conocer’ ahora. Javier Rodrigo, el guitarrista, que es un exquisito y no ha podido estar aquí con nosotros en la entrevista, se las sabe de memoria: cada acorde, cada armónico. Y me decía que tenía que escucharlas seiscientas veces, que es lo que había hecho él... Gracias a este reencuentro, estoy reescuchando y reentendiendo las canciones”.

 

Las canciones, explicadas por Corcobado

“Jonás”: “Escrita durante la mili obligatoria en el cuartel de Hoya Fría, en Tenerife, en agosto en 1983. Habla de una sociedad distópica en la que prima el canibalismo y la furia carnívora. Jonás es una especie de héroe solitario que se defiende de unos seres mutantes llamados kiftos; en las películas actuales son zombies. Un hombre que hubo de comerse su propio brazo para no morir de hambre en una ciudad en la que solo queda él, perros machos y kiftos, en continua lucha por devorarse unos a otros. Ciencia ficción en un poema”.

“He matado a mi hermana”: “Escrita en un trayecto en autobús entre Santa Cruz de Tenerife y las Américas, en 1984. Ni tengo una hermana ni la he matado, por supuesto, pero mi madre tuvo un aborto natural y ella pensaba que iba a ser niña. Es un poema de ‘escritura automática’ en el que se unen sensaciones reales del viaje en el autobús con desordenadas evocaciones de amor y miedo”.

“He”: “Poema relativo al peligro de expansión adictiva que se vaticinaba a principios de los ochenta. Me atrevería a decir que casi un 50% de nuestros compañeros de octavo de EGB murieron a causa de la heroína ya desde 1980. Es una letra-advertencia sobre la adicción y la muerte: ‘El siguiente somos nosotros, o el niño cuando lance su pájaro...’. El pájaro es la heroína. Lamentablemente, también acabó con muchos niños”.

“Canción pequeña II”: “Escrita sobre el tablero de dibujo en el Servicio Geográfico del Ejército en Tenerife en 1983. Escritura automática, influida seguramente por la lectura de las obras de William S. Burroughs, que, gracias a mis compañeros de Mar Otra Vez, ha llegado a convertirse en una de mis canciones favoritas de la historia de la música; incluso está incluida en mi repertorio como Javier Corcobado. Abierta a infinitas interpretaciones y evocaciones, como todas las canciones”.

“Ladra”: “Siempre me ha herido gravemente que se maltrate a animales. ‘Ladra’, para mí, es uno de los poemas más terroríficos, pues describe una perversa tortura hacia un perro como si se tratara de un ser humano. Amo profundamente a los perros y me comunico muy bien con ellos. Uno de mis poemarios se titula precisamente ‘Yo quisiera ser un perro’.

“Curiosos”: “Es una canción de amor, escrita en 1983 también en Tenerife, a la luz de una hoguera nocturna inolvidable en una playa recóndita, con un guiño a Alejandro Dumas padre, por cómo escapó el conde de su presidio: ‘Dentro de un saco viajaré en la presión, y salto, me ahogo, me ahogo...’. Es romántica e ingenua, pero la canción, gracias a Julián, Javier, Luis y Andrews, quedó sublime”.

“La planta baila”: “Este quizá sea un poema muy viejo. No recuerdo cuándo lo escribí. Al retomarla ahora, me parece que es una letra sobre sensaciones provocadas por alucinaciones hogareñas. Tiene pinta de haber sido escrita en un impulso súbito de dolor”.

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