Abrazos, besos, despedidas, miradas por la ventanilla… Y enseguida estábamos en Erfurt, listos para tocar en Woodstock Recordstore. Una preciosa tienda de discos que se llenó de gente por todos los recovecos, gente que movió la melena, dio gritos de mariachi, gritó, aplaudió, bailó y nos hizo sentir como reyes. Nos llevaron a una fiesta clandestina en un basement donde uno de nuestros colegas se había llevado el tocadiscos de casa y consiguió que toda la gente moviese los muros a ritmo de cumbia, hip hop, surf y músicas que mueven los culos de medio mundo cuando suenan con un gusto excelente. Lo disfrutamos todo… Paréntesis.
Llegamos a Berlín. Tocamos con un grupazo que se llaman Une Distraction. Nos dejaron tiritando. Esa noche acabamos en un hospital. Una infección en la boca. Flemón. Endodoncia. Viajamos hacia Núremberg. La infección empeora en el camino. Otro hospital. Nadie nos auxilia. ¿Nos volvemos? Ni de coña. Pasamos de nuevo por Leipzig. Finalmente, nuestras amigas nos ayudan a encontrar un dentista de verdad. Otra endodoncia y la sexta inyección de anestesia del día. Cuatro horas en el sofá del dentista. La furgoneta es un cohete y llegamos justo para colocar todo y tocar en un sitio precioso llamado K4. Lo hacemos bastante bien, a pesar de que uno de nosotros lleva la cara como Sloth, el de los Goonies. Luego salieron Crocodriles: al cantante se le rompió una uña a la cuarta canción y dejaron de tocar muy enfadados y con cara de rockeros. Le dimos un abrazo entre todos a Eve, la promotora, quien, a pesar de todo, se echó unas risas.
Nos habían pasado muchas cosas y llegamos a Wurzburgo. Un pueblo encantador, como de otra época. Tocamos en una especie de habitación llena de gente. Después de los últimos días, estábamos felices. Lo vimos claro e hicimos que la gente cantase en nuestro idioma. Lo celebramos de nuevo.
Se acababa la parte alemana tocando en Karlsruhe, un pueblo-decorado, donde se mezclaba la marginalidad con cientos de tiendas casi sin estrenar. Terminando la gira, concierto final en la Francia central, en Chalon-sur-Saône, donde compartimos escenario con unos grupos que nos gustaron mucho.
Nos tomamos un día libre y fuimos a ver el mar a la Costa Brava. Descansamos, pero echamos de menos tocar. Al día siguiente todo acabó por todo lo alto en Banyoles. Un concierto que permanecerá en nuestra memoria.
Hemos conocido a mucha gente que no olvidaremos jamás, hemos visto lugares que no sabíamos ni que existían, hemos estado todos juntos, hemos mostrado nuestras canciones, hemos abierto los ojos, hemos disfrutado… Y queremos dar las gracias de corazón a TODAS las personas que nos han ayudado en esto. 