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MARIE DAVIDSON, El alma de la máquina

Notaria de la noche.

 
 

ENTREVISTA (2017)

MARIE DAVIDSON El alma de la máquina

Cansada del clasicismo, Marie Davidson, mitad del dúo canadiense Essaie Pas, cambió el violín por un secuenciador para empezar una historia de amor con las formas más oscuras de la música de baile –coldwave, techno industrial, EBM– en “Adieux au dancefloor” (2016), un tercer largo como solista que examinó la cultura de club con un enfoque personal, poético y decididamente catártico. Álvaro García Montoliu la entrevistó.

Marie Davidson recuerda a la perfección una mañana del verano de 2015, cuando salió a correr por un parque de Berlín. “De pronto, di con el título del disco. Tomé la determinación de no salir de fiesta esa noche. Pensé que necesitaba un descanso de todo eso”, rememora la canadiense sobre la génesis de su tercer álbum, “Adieux au dancefloor” (Cititrax, 2016). “Es una idea que hacía tiempo que me rondaba la cabeza, porque sentía un creciente desinterés por el mundo de la noche. Durante una época no paraba de ir a los clubes y teníamos muchos bolos de madrugada”. Se refiere a su última etapa en la capital alemana, adonde llegó tras una extenuante gira con Essaie Pas, el proyecto que comparte con su marido, Pierre Guerineau.

“Sentía un creciente desinterés por el mundo de la noche. Durante una época no paraba de ir a los clubes y teníamos muchos bolos de madrugada”

Ya de vuelta en Montreal, se dio cuenta de que este rechazo no se dirigía tanto a la música y el baile como a “un estilo de vida que viene con ello y que no encaja con mi forma de ser”. De ahí ese título dualista, pues la música de baile siempre le ha gustado y era algo que se había propuesto explorar en algún momento. “Lo que quiero decir es que puedes disfrutar de ella sin joderte. De hecho, sigo saliendo de fiesta, no soy un ángel. Pero quería tener una relación más saludable conmigo misma y con mi música. Me estaba poniendo a prueba. Quería ver si podía hacer un disco de estilo”.

Pese a lo cerebral del sonido, Davidson no descuida una parte más divertida y humorística que se extiende por todo el álbum. “Es importante porque he pasado por malas épocas en mi vida”, reconoce. “Lo uso como una especie de catarsis. Es clave para una buena relación, por ejemplo. Aprecio a la gente que tiene la capacidad de ser profunda y graciosa a la vez. Es algo que intento hacer. Quiero tratar cosas densas sin resultar cargante, y el humor es una buena vía”.

El clip de “Adieux au dancefloor”, dirigido John Londono. “De hecho, sigo saliendo de fiesta, no soy un ángel. Pero quería tener una relación más saludable conmigo misma y con mi música”, dice Marie Davidson.

Y el único modo en que se le ocurría expresar ideas y emociones como la ansiedad que sintió en su época en Berlín fue a través del sonido. “La música es un lenguaje en sí mismo como podría serlo el francés o el inglés”, concede. Hablando de idioma, por cierto, no es casual que en este LP, con una fuerte presencia del spoken word, haya una absoluta paridad entre esas dos lenguas. “Quiero que la gente me entienda. Cada vez giro por más partes del mundo. Vi que tenía la oportunidad de comunicarme con muchas personas”. También tendrá algo que ver el hecho de que ella misma considere que “no tengo una casa propiamente dicha porque siempre estoy de gira”. Por eso, su música “se moldea a partir de las experiencias que vivo en los sitios que visito y de la gente que conozco ahí”. Mientras su proyecto coldwave Essaie Pas lidia con temáticas más conceptuales y poéticas, su aventura como solista es más existencial: “Siempre tratará sobre la identidad, las búsquedas y las cuestiones personales. El tema principal era yo misma. Quería trascender de la opresión y la ansiedad generadas por la vida social y las conductas destructivas”.

“No soy una ‘freak’. Tengo un par de sintetizadores, un par de pedales, un par de cajas de ritmos y muchos cables y adaptadores. En mi estudio no hay nada que pueda llamarte la atención”

Confiesa Marie que hasta hace poco no tenía ordenador. “Finalmente lo compré con la idea de empezar a usar el programa Ableton, pero no lo he hecho aún. Viajo tanto que no tengo tiempo de pensar en ello. De momento, lo utilizo para mandar correos electrónicos; eso siempre es más práctico. Y ahora ya sé por lo menos cómo hacer una captura de pantalla”, suelta aliviada. “Sigue sin ser una herramienta que me importe demasiado, pero podría cambiar porque me interesa para hacer música”. Se refiere, por ejemplo, a la mezcla que hizo con la computadora de su pareja. “Fue interesante observar y aprender todas las posibilidades que brinda”. Con todo, no se considera una persona obsesionada con el equipo y la cacharrería analógica. “No soy una ‘freak’. Tengo un par de sintetizadores, un par de pedales, un par de cajas de ritmos y muchos cables y adaptadores. En mi estudio no hay nada que pueda llamarte la atención”, admite.

Quien haya presenciado en directo a Davidson probablemente se habrá sorprendido de verla interpelar tanto a la audiencia. Y ella tiene una explicación bien simple: “Soy así. Si me conoces en persona lo verás. Hablo a la gente cuando voy a la frutería, cuando me subo a un taxi. Mi profesión hace que prácticamente esté siempre sola, por lo que, cuando salgo, siento la necesidad de comunicarme con las personas. Creo que es parte de mi trabajo”. En breve estará en el Primavera Sound y en el Sónar, festivales para los que plantea dos shows radicalmente distintos. El primero, en la línea de sus últimas actuaciones de techno industrial con maquinaria analógica; y el segundo, en una onda más conceptual. “Se llama Bullshit Threshold. Habla sobre las mismas ideas del disco, pero profundiza sobre la vida nocturna, los cotilleos, las crisis personales, mi relación con el campo y la familia... Me acompañan dos chicos para los visuales en vivo. Va a ser más teatral”. Doble y esencial cita en junio para los amantes de la electrónica oscura.

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