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MARK EITZEL, American Music Club

“He perdido todo el sentido de la competitividad: ahora sé que ya nunca seré rico y nunca seré famoso”.

 
 

ENTREVISTA (2009)

MARK EITZEL American Music Club

El siempre irónicamente depresivo Mark Eitzel, insigne cantautor folk-rock amamantado en los legendarios American Music Club, nos habló en esta entrevista de Víctor Lenore –publicada en la antigua sección de Rockdelux Truco o Trato–, entre otros nombres de relumbrón, de Rufus Wainwright, Townes van Zandt, Kurt Vonnegut, Paul Westerberg y Nick Drake. También, sorpréndanse, de hip hop.

“Me llamo Mark Eitzel. Nací el 30 de enero de 1960 en Walnut Creek (California). ¿Mi primer subidón musical? Cuando tenía 16 años, aunque no te lo creas, me encantaban Yes. Tuve uno de esos momentos de epifanía tirado en el suelo de mi habitación, con los auriculares puestos. Fue con el disco en directo ‘Yessongs’ (1973). Un par de años después hubo algo que me impactó más: un concierto de Joan Armatrading. Salió al escenario y dijo ‘Hola a todos, he venido a cantar unas canciones de amor’. No estuvo muy cordial, ni muy cálida, pero fue la primera vez que sentí que veía el corazón de la persona que actuaba”.

“Lo gracioso es que ni siquiera había ido a ver a Armatrading. Solo era la telonera del grupo principal, Supertramp. Compré dos entradas: una para mí y otra para una chica que me gustaba y que era muy fan del grupo. Ella nunca apareció. Fue una putada emocional y económica: en esa época no tenía dinero, solía moverme en autoestop. Una vez allí, decidí quedarme a ver el show y resultó ser una experiencia muy bestia para mí. Me daba la sensación de que todas las canciones de Supertramp hablaban sobre mí. Por ejemplo esa que dice ‘dreamer, you´re nothing but a dreamer’”. 

“Es duro escuchar eso junto al asiento vacío de alguien que ha quedado contigo y que luego decide que no merece la pena ir. También hay otra letra donde cantan ‘take the long way home, take the long way home’. Así fue: a la vuelta no paró ningún coche y me tragué dos horas de paseo bajo la lluvia, perdido en mitad de la nada, pensando ‘gracias, puta, por hacerme tan feliz’. Una noche muy completa”.

“Confieso que hoy me cuesta conectar con la música. No sé por qué, supongo que llevo demasiado tiempo en esto y me he quemado de alguna forma. Siempre hay excepciones: estos días tengo en la cabeza una canción de Devendra Banhart cuyo título no recuerdo. Suena simple, tranquila y habla sobre una luz. Es preciosa. El resto de su repertorio me parece una mierda y sus directos me parecen una mierda, pero, bueno, nada que no puedas decir de lo que hago yo. ¿Que si soy capaz de mencionar alguna experiencia musical que fuera puro placer sin ningún aspecto negativo? Por supuesto: yo era muy joven, estaba descubriendo a Nick Drake y alguien me pasó un tranquilizante muscular. Lo tomé, me puse uno de sus discos y fue maravilloso. ¿Suena guay, eh?”.

 
 
MARK EITZEL, American Music Club

“He desechado la carga de pretensión juvenil. Ya no intento que cada palabra de mis letras signifique algo grandioso. Ni siquiera que signifique algo”.

Foto: Mark Holthusen

 

Siempre que hay oportunidad de hacerte una entrevista digo que sí porque tengo curiosidad por saber si te sientes más feliz con el paso de los años. Estoy mejor. Mi voz funciona como nunca. Cuando era joven mi límite eran tres conciertos seguidos. Ahora hago siete seguidos, hasta tres veces, con un solo día de descanso para separar las tandas. En la primera etapa de American Music Club bebía demasiado y terminaba gritando durante los conciertos. Beber y gritar: eso hacía. Ahora canto y todo es más llevadero. Me siento más libre. De joven pensaba que iba a ser una estrella de rock. Hoy lo que más me preocupa es pagar las facturas.

¿Cuándo empezaste a ver las cosas con más calma? Llevo veinte años en esto. Mi actitud cambió hace diez. En la música, cuanto más tiempo duras, más humilde te vuelves. En American Music Club cometí todos los errores posibles. Recuerdo un mes espantoso en el que la discográfica nos despidió, disolví la banda y rompí con mi novio. Pasó después de la gira de “60 Watt Silver Lining” –editado en 1996–. Ahí dejé de temer al “no futuro”, porque el “no futuro” ya estaba allí. Desde entonces todo ha ido para arriba (risas).

Ponme algún ejemplo práctico de cambios en tu vida. He perdido todo el sentido de la competitividad: ahora sé que ya nunca seré rico y nunca seré famoso. Bueno, hablemos claro, todavía hay gente capaz de sacarme de mis casillas. Sobre todo Rufus Wainwright. Nada parece dejarle satisfecho. Es un gilipollas total. Lo conozco porque era amigo de mi novio. Para empezar, ya era rico antes de grabar discos. Ahora ha conseguido un supercontrato y todo tipo de privilegios. Recuerdo haber estado muy borde la última vez que nos vimos. Él estaba durmiendo en casa de Leonard Cohen, que es donde se queda cuando pasa por Los Ángeles. Yo estaba bebiendo en un bar y él venía de tocar en un recinto enorme donde había agotado las entradas. Le pregunté qué tal había ido y contestó con su voz de pijazo: “Jo, fatal, no sabría decirte qué falló, pero fatal”. No hay duda de que se estaba haciendo el interesante. Me pareció tan sobrado que le solté un “chúpame la polla” y me largué sin esperar respuesta.

Con esta historia da la impresión de que estás resentido porque él tiene más dinero que tú. Que piensen lo que quieran. American Music Club tiene tan poco éxito que apenas tengo tiempo para nada. Voy de casa al estudio, apurando los horarios, y de allí a un concierto o a hablar con alguien que quizás me ayude a sacar un disco más. No paro de trabajar. Me metí a colaborar en un musical en Londres. Tenía que levantarme a las ocho de la mañana y lidiar con las sugerencias de gente que me preguntaba si podía cambiar mi frase “la luz se apaga en su ojos” por “el sol se apaga en sus ojos” porque “para mí, funciona mejor”. ¿Qué contesta uno a eso?

¿Sigues diciendo que no estás resentido? Cuando algo me molesta, te juro que hago esfuerzos para no quemarme, pero no siempre lo consigo. He dejado de comprar en tiendas de discos porque considero que ya me han robado suficiente dinero a lo largo de mi vida. Veo los precios de mi colección y pienso “¿de verdad?, ¿tanto pagué por esto?”. Prefiero buscar música al azar en internet. No tengo ADSL ni en mi casa, así que cojo el portátil y conduzco hasta la calle donde vive un amigo que me permite usar su línea wi-fi. Aparco en su acera y me pongo a buscar canciones chulas. Parezco un espía.

¿Crees que hoy compones mejor? He desechado la carga de pretensión juvenil. Ya no intento que cada palabra de mis letras signifique algo grandioso. Ni siquiera que signifique algo. Otras veces noto que no se me ocurren ideas como antes. Hace poco echaron por televisión una entrevista que dio Kurt Vonnegut un mes antes de morir. Dijo que la mayoría de los escritores tienen verdaderos problemas para pensar con ritmo y fluidez cuando se hacen mayores. A veces me siento así. Los compositores no envejecemos bien.

¿Ejemplos? Piensa en el último disco que grabó Townes van Zandt. No es del todo malo, pero la voz está en un sitio y su grupo a varios kilómetros de allí. Falta concentración. Con el tiempo pierdes inevitablemente el toque para hacer cosas bonitas. En ese disco solo hay cuatro grandes canciones. También pienso en el chico de The Replacements –se refiere a Paul Westerberg–. Era  en su época el rey del rock’n’roll. Bebía mucho, pero cuando dejó de beber dejó de ser el rey, porque todo el talento estaba pegado al hábito del rock’n’roll. Lo que ha compuesto desde entonces no está al mismo nivel. Al menos no para mí. Es paradójico que me guste más su etapa de verdadero desfase: yo nunca me he tragado el típico mito del rock’n’roll. Nunca. Por cierto, ahora que lo pienso, soy un cobarde: digo esto en España porque sé que aquí no lo va a leer nadie del grupo.

Hay una de tus últimas canciones que me encanta: se llama “The Dance” y tiene un aire como de cine negro o de letra de gangsta-rap. Ahora mismo estoy atravesando una crisis con el hip hop. Por un lado hay cosas que me gustan más que nunca: sobre todo el giro que dio Kanye West al género con sus tres primeros álbumes. Por otro lado están los raperos duros. Hay uno joven que creo que se llama Extreme Information o algo así (lo mismo tiene alguna k o una x en medio: ni me acuerdo ni quiero hacerle publicidad). Es un chico de Oakland, un letrista del nivel de Dylan, pero a cada rato tiene que soltar su “que se jodan los homos” y “que se jodan las putas”. Pues no: me da igual que hayas nacido en el gueto, vuelve al gueto y púdrete allí porque yo soy gay y estoy orgulloso. Basta de bulas morales: ellos también han de respetar a los demás. Hay chavales en mi calle que no me conocen, pero me odian porque es “cool” odiar a un gay. En cambio, me encanta He Can Jog, un chico gordo de 17 años que viene de la América profunda. Hace eso que se llama glitch, pero de una manera bonita, con un punto surrealista. Algunas veces colabora con un artista de hip hop. Técnicamente, los rapeados no son buenos, pero logra una de esas bellezas por accidente que tanto me emocionan. Compro todo lo que publica me guste o no, únicamente para apoyarlo.

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