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Más de veinte años (11), Sexo, deporte de riesgo

Ilustración: Pepo Pérez

 
 

FICCIÓN (2015)

Más de veinte años (11) Sexo, deporte de riesgo

Por Remate

Undécima entrega del relato iniciado por Kiko Amat y continuado por Miqui Otero, Rodrigo Fresán, Carlos Zanón, Agustín Fernández Mallo, Eloy Fernández Porta, Javier Calvo, Martí Sales, Marina Espasa y Laura Fernández. En esta ocasión, Remate nos detalló la afición al sexo de la exnovia de Otis, La Asturiana.

(Se puede leer la décima parte aquí)

Trato de pensar un lugar adónde ir, pero no se me ocurre ningún sitio. Salgo de la oficina y un paso sigue a otro, y así enlazo unas dos mil pisadas como un Joe Buck, solo que, en vez de sombrero de ala ancha, tengo granos y restos de sangre. A mí me gusta el día, la luz del sol. Soy un espectro extraterritorial. Qué espanto compartir horario con toda “la gente de la noche”, los jóvenes que reivindican su edad con arcadas, los ciudadanos con dobles y triples vidas, los que salen del armario, los que se quedan encerrados en él, los lobos, la basura, la luz de las gasolineras, la llama de las cerillas, el olor a secador de pelo, el sonido de unos tacones de metal imitación de metal imitación de metal. Lo único que me gusta de las tinieblas son las lechuzas. Porque, hasta morirme, mi vida ha sido ardua. Aunque me guste mucho la palabra, como ya reconocí, eso no significa que me guste vivir lo arduo. O la bohemia. Es lo mismo que si te gusta mucho Prince: de ningún modo significa que quieras ser Prince, salvo quizá el rato que fue novio de Susanna Hoffs, la de The Bangles. Yo entonces tenía 16 años, creo.

Me gustaría verlo todo de color rosa, pero el rojo-vampiro lo tiñe todo. Aunque podría ser peor; para eso existe el color beige. “Y esas manchas no caen, Andresito”, apostaría mi madre. La echo de menos, a pesar de todo. En el fondo, siempre he pensado que lo que la mató fue alguna canción de Quilapayún en vez del jarabe de la tos. Capullos tradicionales. Si Kike Sable fuera un vástago de esos trovadores, no habría necesitado la batallita de mi abuelo para pulverizarle.

Mi abuelo y yo nos separamos en la barra del Tràgic, cuando uno de los porteros me reconoció como El De El Incidente y tuve que evaporarme. Después de una noche tan sangrienta, lo que más me ha aturdido es la burocracia.

No me ha dado tiempo a suicidarme porque soy mucho más pequeño que ese poeta con pinta de plasta honorable que se suicidó a los 50, tal y como me contó mi amigo, del que tendría que haberme desembarazado hace años, el Dr. Muerte, en los tres segundos más largos de mi existencia.

De mi vida miserable lo único que trascenderá será el parricidio, porque mi abuelo me ha matado. Aunque no sé qué tipo exacto de parricidio es legalmente. No sé qué espacio me dedicarían en un telediario. Si mi abuelo resulta que es un vampiro y, por tanto, al morderme la yugular yo me he convertido en otro, es un asunto menor. Sí, gracias a eso no estoy verdaderamente muerto. Me acordaré de ponerlo en los agradecimientos de algún libro que escupa o algún disco que vomite a lo largo de esta eternidad nocturna que me espera. Pero todo lo que no puede convertirse en un musical es un asunto menor. Y para llegar a Broadway o a alguna calle afluente necesitaría afrontar el asunto de La Asturiana. Una supuesta historia de amor.

A mi exnovia la llamo La Asturiana porque me dejó por teléfono, y así parece que me importa menos, e incluso puede dar la sensación de que tengo más novias de otras provincias. Pero si no me hubiera dejado, me habría casado con ella. Que me haya dejado complica los planes.

La Asturiana tiene un año menos que yo. Como queda de manifiesto no la quiero solo por el sexo. De hecho, la quiero por el porno. Lo suyo no es sexo, sino un deporte de riesgo. Es una chica muy ambiciosa, muy calculadora, obsesionada con la delgadez. Y si follas todo el tiempo y encima lo haces mientras practicas rafting por el río Sella, muy cerca de su pueblo, te quedas demacrado aunque con una sonrisa irracional.

La Asturiana es de esas chicas insólitas impostadas, pero suficientemente perspicaz para crearse una identidad sin errores de rácord evidentes. Su afán ahora es ir de Poison Ivy de The Cramps: ropa ajustada de tigre, leopardo o guepardo, rol milimétricamente robado del macho alfa, y en mis mejores recuerdos, además, hacía como si tocara con mi añorada guitarra “Bikini Girls With Machine Guns”.

¿Se puede ser de Asturias y tener una adicción al sexo y la delgadez y aspirar a que tu vida sea un cuento de hadas?

Sé perfectamente por qué me quiso como novio durante un rato: porque soy un gilipollas. La Asturiana nunca podría soportar estar con un tipo inteligente, que si se emborracha sea aún más divertido pero sin tambalearse. Que use cremas, pero no parezca uno de los Quilapayún; que practique el sexo anal, pero sin pedir permiso y con la misma naturalidad que recita poesía consonante de memoria sin salivar. Ella tiene que ser la DOMINATRIX. Ella tiene que reinar, y yo no tengo carrocería de rey.

Ahora caigo, me parece que esta trama asturiana estaba presente, aunque de una manera intangible, en esas palabras raras que me dijo el Dr. Muerte. Parecían voces con mucha reverberación y vaho, muy Twin Peaks. Un mensaje dado la vuelta: “De nosotros depende mantener la unión del Reino”. Si tuviera un sexto sentido sabría explicarme, pero tengo un pálpito y antes de ser vampiro no sabía a lo que se referían cuando decían esa palabra: “Pálpito”. Me gusta esa palabra. Tengo que usarla más.

(Se puede leer la duodécima parte aquí)

Remate (Madrid, 1974) es músico. Debutó en 2003 y desde entonces ha publicado once álbumes, siendo “Superluv. Por lo que tiene de romántico” (2011), “Una araña a punto de comerse una mosca“ (2012), “Nelson es perfecto” (2014) y la banda sonora original de “Too Much Johnson” de Orson Welles (2014) sus últimos trabajos. Se estrenó como escritor con el libro de relatos “Suelo estar” (Pájaro, 2014). Su nuevo disco, “Cabello de Ángel, Tocino de Cielo”, está anunciado para febrero de 2016.

Próxima y última entrega (doble) por Nacho Vegas.

Etiquetas: 2010s, 2015, relatos
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