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Más de veinte años (5), Ascensor que nunca sube

Ilustración: Pepo Pérez

 
 

FICCIÓN (2015)

Más de veinte años (5) Ascensor que nunca sube

Quinto capítulo del relato iniciado por Kiko Amat y continuado por Miqui Otero, Rodrigo Fresán y Carlos Zanón. Esta vez, Agustín Fernández Mallo centró la trama en una confesión vital, y casi filosófica, del Dr. Muerte, el amigo íntimo de Otis, a quien comparó con el poeta Gabriel Ferrater (“tus gafas oscuras, tus pantalones pitillo, tu pelo al cepillo”).

(Se puede leer la cuarta parte aquí)

Sí, este que les habla es Otis. Estoy vivo, o eso creo. Retengan ustedes la imagen de mi mano metiendo en la boca de Kike Sable la carta de mi abuelo. Retengan esos dos, a lo sumo tres, segundos de gloria, porque mientras los ojos de Kike Sable me miraban como bazucas vino a mi mente lo que minutos atrás, de camino al concierto, el Dr. Muerte me había contado cuando –teníamos tiempo de sobra– nos detuvimos a tomar una birra.

Lo que me dijo el Dr. Muerte: “Otis, me tomas por un bárbaro, lo sé, y no te falta razón, pero los nazis de hoy no son como los de ayer. Antes éramos gente que silbaba a Bach en vez de ir a conciertos de Camiseta Imperio, leíamos a Schopenhauer y no fanzines y estudiábamos antropología y mística clásica. Yo también fui así, la hostia de culto. Ahora lo he olvidado porque prefiero que me tomen por un ultra futbolero que por tertuliano televisivo. El nazismo es así, igual que el capitalismo, un flujo que no tiene forma, se adapta a la vasija que lo contiene. Hacía tiempo que quería contarte una historia de mi anterior vida, y creo que no hay mejor día que hoy para hacerlo. El tránsito del año 1981 a 1982 lo pasé en Londres. 31 de diciembre, Oxford Street, amanecía. Alcé la vista, una ventana se abrió y, desde un cuarto piso donde no parecía haber discusión, una guitarra voló dibujando una trayectoria parabólica; impactó en la acera. Afortunadamente, salvo yo y un par de chinos silenciosos que fumaban en una esquina, nadie rondaba en aquel momento ese tramo de calle. Los tres miramos, primero a la guitarra, una Gibson Les Paul, deshecha en la acera, y después a la ventana, que se cerró con mucha lentitud, con una aire de compuerta. Pasé de largo. La segunda guitarra cayó dos días más tarde desde una ventana de un edificio del barrio de Kensington; esta casi le da en la cabeza a una mujer. Tampoco se oyó discusión ni voz alguna tras la ventana, que se cerró con la misma lentitud con la que se había cerrado la primera. Fingí mirar los maniquíes de un escaparate y, de reojo, inspeccioné los deshechos: otra Gibson Les Paul, hermosa como un animal salvaje recién atropellado. Y, de pronto, me vino a la cabeza la imagen del poeta catalán Gabriel Ferrater, un tipo que a los 35 años de edad dijo que se suicidaría a los 50. Además de autor de un prestigioso libro de poemas, ‘Teoría de los cuerpos’, Ferrater fue un reputado lingüista que escribía artículos para enciclopedias acerca de cualquier tema: arte medieval, lógica simbólica, música o matemáticas. Por si fuera poco, invariablemente usaba las gafas de sol y los pantalones pitillo más ‘cool’ de la Historia de la Literatura. Y allí, ante los maniquíes de aquel escaparate del barrio de Kensington, pensé en lo raro que es diseñar tu vida con tal grado de perfección, la rareza que supone programar la fecha exacta de la que será tu muerte. Tal planificación convierte tu vida en un guion, un verdadero trabajo, una heroica tarea. La revelación de que se mataría antes de los 50 años se la había hecho Ferrater a su amigo Jaime Salinas en un café de la Plaza Prim de Reus. Bebían ginebra mientras esperaban el taxi que debería llevar a Salinas a la estación de tren cuando le explicó sus motivos, escuetos y seguros como un bombo de batería de Killing Joke: ‘Los 50 son una edad en la que uno ya ha hecho todo lo que tenía que hacer’. En efecto, se suicidó en 1972, a la edad de 50 años. Y hoy, Otis, mientras te esperaba en tu portal, apoyado en la moto, he mirado hacia arriba, hacia una de las ventanas de tu piso, y he vuelto a pensar en Ferrater. He pensado en él como se piensa en una Gibson Les Paul que se tira desde una ventana. Te cuento todo esto porque no sé si te han dicho alguna vez que eres igualito a Ferrater: tus gafas oscuras, tus pantalones pitillo, tu pelo al cepillo. No sabes matemáticas, es cierto; en realidad, no sabes nada de lo que él sabía, pero eso da igual. Las afinidades corren por otros ríos, los ríos de la ciencia de la frenología; de hecho, creo que tenéis el mismo cráneo, exactamente el mismo. Lo único que cambia es la piel que os cubre. Y, para colmo, tu guitarra, esa que has empeñado; esa que, como quien dice, has tirado por una ventana, y que también era una Gibson Les Paul. Y mientras te esperaba en el portal he temido por ti, he temido que el día de tu muerte también esté escrito, Otis Ferrater. Déjame que te llame así, Otis Ferrater, ascensor que nunca sube, siempre baja, y ahora mismo estás bajando, estás a pocos metros del suelo, tu velocidad es increíble.Y es que no sé por qué cojones le haces caso a tu abuelo, ni qué hacemos yendo a esa mierda de concierto de nazis que leen fanzines y no a Schopenhauer”.

Entonces, Kike Sable, bamboleándose sobre el mar de brazos que lo sujetaban, extrajo de su boca la carta de mi abuelo, la agarró como si se tratara de un hueso de una criatura extinta, se acercó el micro a los labios y a un palmo de mi careto gritó al auditorio:

–¡Otis, al fin entre nosotros, te estábamos esperando!

Tras un breve silencio, todos comenzaron a corear mi nombre.

(Se puede leer la sexta parte aquí)

Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) es autor de los poemarios “Carne de píxel” (DVD, 2008) y “Antibiótico” (Visor, 2012). En narrativa es autor de la trilogía Proyecto Nocilla –“Nocilla Dream” (Alfaguara, 2006), “Nocilla Experience” (Alfaguara, 2008) y “Nocilla Lab” (Alfaguara, 2009)–, de “El hacedor (de Borges), Remake” (Alfaguara, 2011) y de “Limbo” (Alfaguara, 2014). Su libro “Postpoesía, hacia un nuevo paradigma” fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2009. Junto con Eloy Fernández Porta forma el dúo de spoken word Afterpop Fernández y Fernández, y junto con Juan Feliu la banda Frida Laponia.

Próxima entrega por Eloy Fernández Porta.

Etiquetas: 2010s, 2015, relatos
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