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Más de veinte años (6), Urgencias tras El Incidente

Ilustación: Pepo Pérez

 
 

FICCIÓN (2015)

Más de veinte años (6) Urgencias tras El Incidente

Sexta entrega del relato iniciado por Kiko Amat y continuado por Miqui Otero, Rodrigo Fresán, Carlos Zanón y Agustín Fernández Mallo. En esta ocasión, Eloy Fernández Porta recordó el día en que Otis acudió a Urgencias tras El Incidente.

(Se puede leer la quinta parte aquí)

Suelen preguntarme por El Incidente.

Ver mi escayola y ponerse a preguntar es todo uno, ai gat a qüeschión for yú, los amigos, cuáles quedan, van y ven esa muñequera desmesurada que viene con un menda dentro, como si fuera una oferta, liquidación total, compre usté este hermoso cono de yeso decorado con motivos nacionalsocialistas y, de regalo, ofertón, se queda con el tipo, qué le parece, no mire al tipo con esa expresión de lástima, a caballo regalado ya se sabe, usté céntrese en el cono, es clinicogeométricamente fetén, quien lo esculpió era mitad médico mitad artista, un Hombre del Renacimiento era, venga venga que me las quitan de las manos las escayolas.

Última oferta.

Pero lo entiendo, he pasado por eso: también yo, antes de ser el relleno del cono, fui el preguntón que ponía esos ojillos de ardilla expectante a ver si le cae una avellana o, al menos, un pistacho, y Los Que Saben sobre el cono, los connaisseurs del crrrrrrkssnap, cuando les preguntaba, me tiraban por encima todas las santas avellanas de todos los campos de Turquía. “Es una con-mi-nu-ta”, había dicho el traumatólogo silabeando, en el cubículo del hospital, mientras palpaba la hinchazón de la muñeca con dos dedazos y ahora con tres y ahora, Ahí, con el Dedo del Dolor Definitivo. Ahí. Estaba todo calculado: me habían tenido una hora y cuarto de plantón y solateras en un rincón olvidado de Urgencias, para adormilarme con el aroma a lejía y los efluvios de desinfectante, allí no se veía un alma, ni paciente ni galeno, pero qué pasa esta noche que no se ha roto nadie más, no ha habido más Incidentes, solo el mío, nadie cae cruje choca peta infarta precipita: solo yo, el Incidentado; esto no puede ser, es estadísticamente imposible, alguien más tiene que haberse roto y debería estar aquí conmigo, aspirando una bocanada de Neutrex y suspirando una vez por minuto, la única explicación razonable es que hoy sea Navidad o que España esté jugando la final, en esos casos al que le duele se aguanta, el que se cae levanta, y a quien le da un paro cardíaco disimula y sigue viendo la prórroga o abriendo regalos, porque sabe que si los demás se dan cuenta le van a rematar por aguafiestas, así que ahí se queda, sin pulso, sin actividad cerebral, pero callado como un gato de yeso. Solo puede ser eso, me dije, España está aplastando a Yugoslavia por veinte puntos arriba y ni Cristo viene al hospital; volvemos a ser un Imperio y yo sin coscarme, ahora vendrá el matasanos y me dará mi merecido por aguafiestas. Y así fue. Él sabía que mi muñeca estaba para el arrastre, no había más que echarle un vistazo, hasta un niño se habría dado cuenta, pero, como yo era el pasmao del Imperio, el tío quiso tocar, con sus dátiles, la herida: “Soy devoto de Santo Tomás”, me dijo.

Y Ahí.

No fue un auch ni un ouchs ni un agh propiamente dicho, más bien fue una estrella amarilla con el AUGH de todos los AUGHS en el instante en que el Dedo halló, apretó y cundieron en mi brazo las cinco puntas afiladas de la estrella una por una. Fingerman Strikes Again. “¡Tate! ¡Lo sabía! No es una fractura abierta, chaval, es conminuta, pero no te des tantos aires, ‘conminuta’ suena elegante pero es vulgar, son solo dos esquirlas saltonas de astilla de hueso de toda la vida de Dios, si tú supieras la de veces que he visto eso, ah, si me hubieran dado un euro por cada vez que he visto un hueso cualquiera con una rotura corriente en la mano anodina de un paciente vulgar”, como si eso dijera algo acerca del crrrrrrkssnap.

The Incident According To Fingerman. Suena como una de esas películas raras y así como californianas que piensas que alguna vez verás. Pero al final no la ves.

En cambio, para mi loquero todo es Incidente, me ocurra lo que me ocurra todo se explica porque nunca terminé de sublimar El Incidente, y lo mismo da que yo diga “Doctor, ya sublimé, ¿me puedo ir, que tengo un bisnes?”, porque cuando ya he asumido lo de la muerte de mi madre entonces no he acabado de aceptar que la Asturiana me dejara, pero cuando la Asturiana sale por la puerta el espectro de mi madre entra por la ventana; siempre me hace esos regates, el loquero, es un maestro de la finta y el requiebro en un Imperio renaciente donde nunca se pone el sol. El loquero no es un sádico de turno de noche como Fingerman, a él no le pone el crujido del húmero ni el rictus de dolor, lo suyo es más mental, más diurno, él sabe que la tortura psicológica es cool, por eso sonríe y me deja encerrado como un hámster dando tumbos en la noria hermética del Incidente.

Crrrrrrkssnap.

Por eso El Incidente no se puede explicar, solo cantar, o quizá ni eso: más bien grabar el crrrrrrkssnap del hueso reventando y hacer que suene en todos los bares. Esa es la respuesta: yo, un martillo y una mesa de mezclas, y en todas partes la gente asintiendo, como en medio de un solo de guitarra, o más aún: haciendo un headbanging, al ritmo del crrrrrkssnap, con las melenas ondeando arriba y abajo.

(Se puede leer la séptima parte aquí)

Eloy Fernández Porta (Barcelona, 1974) ha publicado los libros de crítica cultural “Afterpop” (Berenice, 2007), “Homo Sampler” (Anagrama, 2008), ®O$” (Anagrama, 2010; Premio Anagrama) y “Emociónese así” (Anagrama, 2012; Premio Ciudad de Barcelona) y ha sido traducido al inglés, francés y portugués. En el terreno del spoken word ha desarrollado los proyectos Afterpop Fernández y Fernández (con Agustín Fernández Mallo) y Mainstream (con Jose Roselló) y ha colaborado con artistas como Diana Pornoterrorista. Escribe en ‘Jot Down’ y Rockdelux y recientemente ha participado en los libros colectivos “PUNK. Sus rastros en el arte contemporáneo” (CA2M) y “Joy Division” (Errata Naturae; en imprenta).

Próxima entrega por Javier Calvo.

Etiquetas: 2010s, 2015, relatos
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