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MAYTE MARTÍN, Honrarás a tu padre y a tu madre

Siempre a su ritmo.
Foto: Isabel Camps

 
 

ENTREVISTA (2013)

MAYTE MARTÍN Honrarás a tu padre y a tu madre

Es muy serio lo de Mayte Martín y lo que canta en “Cosas de dos”, el disco que grabó en directo en 2012, publicó un año después gracias al micromecenazgo y reeditó a finales de 2015 con la discográfica Satélite K. Con él, la cantaora barcelonesa cambió de ciclo: estrenó disco de boleros y espectáculo flamenco con sello propio, Cosas de Dos. Con motivo de esta entrevista, le dijo a Silvia Cruz Lapeña que estaba harta de que la traten como si fuera “un perro verde” desde una industria a la que le importa “poco el arte y mucho el marketing”. Se mostró guerrera y algo desengañada, pero feliz por haber tomado un desvío que le sigue permitiendo no tener que estar excusándose constantemente.

Suena “Cosas de dos” (Cosas de Dos, 2013) mientras escribo. Mayte Martín (Barcelona, 1965) canta boleros producidos y distribuidos por ella misma. Suena “Cosas de dos” y recuerdo el paseo que di antes de llegar a su casa un día de febrero en el que mantuvimos la charla que alimenta estas líneas. Es chocante el contraste entre lo que escucho ahora y lo que recuerdo de la caminata por el Paralelo barcelonés: cadenas de comida rápida en cada esquina; tiendas que venden sucedáneos de cosas que la gente ansía y bingos que ofrecen un golpe de suerte en un momento en el que la miseria es lo único que se mastica en muchas casas. El contraste, digo, con lo que canta Martín es brutal. No pueden ser más opuestos el fuego lento que ella emplea para cocinar su música y la instantaneidad del entorno. Pienso, antes de verla, que por fuerza tiene que haber un desencuentro entre la cantaora y ese mundo veloz.

Por eso, antes de nuestra reunión, temo encontrar a alguien receloso. Leo muchas entrevistas que le han hecho e intuyo cierta sequedad que temo. “Mayte no es seca, es tajante”, me cuenta Dolores Gutiérrez, quien presentó a Mayte a Tete Montoliu. Ella era la dueña de L’Eixample, un local de jazz donde la Martín cantó durante un tiempo. “Le había dicho a Tete que viniera a escucharla. Un día vino y, al rato de oírla, se levantó, lo acercamos al escenario, sacó al pianista de su sitio y se sentó para acompañar a Mayte, que siguió casi sin inmutarse”.

“Los motivos por los que yo hago esto son sagrados. ¿Conoces eso de ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’? Pues yo canto por eso: para honrar a mi padre y a mi madre”

Dolores, como tantos otros, destaca su perfeccionismo. “Siempre quiere que todo esté bien hecho y con gusto”, explica Juan Ramón Caro, el guitarrista flamenco que la acompaña desde hace más de quince años. Y aunque creo entender lo que me cuentan, no es hasta que me encuentro con Mayte cuando comprendo el verdadero alcance de ese rasgo de su carácter. “Los motivos por los que yo hago esto son sagrados. ¿Conoces eso de ‘Honrarás a tu padre y a tu madre’? Pues yo canto por eso: para honrar a mi padre y a mi madre”. Efectivamente, Dolores: Mayte es tajante.

Me aferro, sin embargo, a lo que me ha dicho Caro: “Su aspecto en el escenario puede parecer duro y frío, pero por dentro es todo luz, y agradabilísima cuando la tratas”. Recuerdo esas palabras cuando entro en su casa y noto un hogar cálido y lleno de claridad. Huele a refugio y en el mueble principal hay algunas fotos antiguas mezcladas con discos y una gran piedra en la que me parece adivinar una gran roca de sal. Hay orden, limpieza, algo cósmico y muy alejado del desorden que siempre se relaciona con los espíritus creadores.

María Teresa Martín Cadierno, hija de catalana y andaluz, nació un mes de abril de hace 48 años y habla con una rotundidad impactante, a ratos con largas pausas, como con temor a ser malinterpretada, a ratos con una celeridad divertida y malsonante que confirma ese lado “payaso” que su amiga Dolores me ha asegurado que se gasta en las distancias cortas. Se estira la camiseta cada cierto rato, como buscando un agarre. Y rompe a reír de vez en cuando con una risa robusta que le sale de las entrañas. A pesar de la sobriedad de su aspecto, de la ausencia de todo maquillaje y artificio, luce unas pulseritas y un collarcito de cuentas que más que de coquetería me hablan de recuerdos, de talismanes, de herencias.

Tras cierta reserva en el hablar, desata el temperamento: “Estoy harta de que todo el mundo me respete y nadie me haga ni puto caso”, confiesa al referirse a la manera en que la industria trata a los artistas denominados “de culto”. Y protesta: “Estoy cansada de que me traten como a un perro verde porque no acepto seguir modas ni hago todo lo que me piden para vender más. Para mí, la música es un acto de amor y no puedo colaborar con gente a la que no respeto”.

 
MAYTE MARTÍN, Honrarás a tu padre y a tu madre

“Esto no es una profesión ni un trabajo, por ese motivo no acepto órdenes”. Foto: Isabel Camps

 

Pero su cabreo no la inmoviliza. La mujer que me encuentro ha canjeado el enfado por un desvío que ha llamado Cosas de Dos, su propia productora, que estrenó con un disco del mismo nombre. Un desvío que también quedó claro en su último espectáculo flamenco: “Por los muertos del cante”, en el que expuso su memoria sentimental al completo e hizo cosas como meter unas sevillanas de Manuel Pareja Obregón en una chacona de Bach. “Esa función no son solo La Niña de los Peines, Valderrama o Chacón; en ese espectáculo honro todo lo que es verdad para mí”.

Que no confunda su rotundidad. Al rato de compartir espacio y café, Mayte ya se ha emocionado un par de veces. Sucede con especial intensidad cuando habla de su madre. “Me enseñó la honradez, la ética. Si mi padre me mostró el flamenco, ella me enseñó cómo debía hacerlo”. Cuenta y detalla que fue su progenitora quien le hizo ver que no le quedaba otra opción que dedicarse a la música. “No tienes elección: te han dado un don y debes usarlo”, explica que le dijo Francisca, una mujer muy religiosa cuya pérdida algunos temieron que Mayte no pudiera afrontar. “Pero de nuevo me sorprendió: lo llevó con una fuerza increíble y volvió a crecer. De alguna manera, se liberó, y también de este golpe salió reforzada”, narra Dolores. Ante la pregunta impertinente de si no le pesa ese encargo materno, Mayte es categórica: “Nunca”.

Ese ánimo de perfección, ese deseo de querer estar a la altura de quienes le enseñaron y de quienes aprendió, le hace enfermar a veces. No de gravedad, pero sí de cansancio. Confiesa que no duerme bien y que acaba agotada con cualquier actividad: cantando, dando una clase o ensayando para un concierto. Es peleona, eso está claro, y, a pesar de cierto desengaño que no niega, tiene ganas de seguir. Ahora, además, debe encargarse de su productora. “Y aun así es capaz de crear cosas que dejan a su público con la boca abierta, sorprendido de nuevo”, explica Dolores.

“En el colegio me dormía y las monjas ni me despertaban. No me interesaba nada de lo que me contaban. Yo solo quería cantar flamenco”

¡Ah, el público! Una buena manera de medir a un artista es observar a su público. El de Mayte Martín es un tema aparte. La gente que la sigue va como en procesión. A muchos ni siquiera les gusta el flamenco. Y después de cada tema, siempre hay unos instantes de silencio, de deleite, y entonces llega el aplauso, siempre intenso.

Quizá por eso chocó tanto el incidente de la Diada de Cataluña de 2005 en que Mayte recibió abucheos por cantar en castellano. Esa es la anécdota elegida por Caro de los muchos momentos que ha pasado con Martín. “Después de lo que pasó, rompimos a llorar de la emoción”, me cuenta, y pone de manifiesto la extrema sensibilidad de una mujer intensa para la risa y para el llanto. Pero no hay duda de que es su público quien la define de la manera más elocuente. Y aquel no era su público, eso está claro.

“Si algo no le interesa o no le gusta, no le dedica ni un segundo”, me contó Dolores. Y tuve ocasión de comprobarlo de primera mano una noche en el barcelonés Bar Mediterráneo. Allí, hace de maestra de ceremonias, y da espacio y voz a jóvenes flamencos una vez al mes. No pudo estar un instante quieta: se levantó y les ayudó a colocar los micros; les jaleó, les aplaudió, salió a cantar con ellos y fue comprensiva con los errores y la inexperiencia. Pero no condescendiente. Y por eso era fácil ver qué voz la había embelesado, qué guitarra la había cautivado y quienes la habían dejado fría. Efectivamente, le cuesta prestar atención cuando algo no la enamora. “En el colegio me dormía y las monjas ni me despertaban. No me interesaba nada de lo que me contaban. Yo solo quería cantar flamenco”, explica muerta de risa.

De pronto vuelve a ponerse seria y espeta: “Esto no es una profesión ni un trabajo, por ese motivo no acepto órdenes”. Y esa frase me lleva a otra que me dijo Caro: “Hace su camino al ritmo que le marca el corazón: es una artista integral e íntegra”.

Cuando abandono su casa, paso por delante de una tienda con un cartel que reza: “Todo a 10 euros”, justo al lado de otra que ofrece joyas artesanas, únicas. Menuda esquizofrenia. Aquí, vuelve a sonar por enésima vez “Cosas de dos” y tengo la certeza de que ese trabajo vocal es de orfebrería. Aunque no está hecho para mí, me lo parece, y la sensación que eso produce no es fugaz ni vale diez euros.

 

MOMENTOS EN UNA CARRERA MARCADA POR EL CORAZÓN

MAYTE MARTÍN, Honrarás a tu padre y a tu madre

La conmovedora voz de Mayte Martín puede atreverse con cualquier cosa que la emocione. Una de las cantaoras con más tablas de las dos últimas décadas, es capaz de sentar cátedra con el flamenco y, sin perder el compás, de bordar el bolero más fino. Enamorada de las canciones con alma, la barcelonesa se ha convertido en todo un referente para los amantes de la buena música. Calidad y distinción, con un alto grado de exigencia consigo misma, son sus credenciales.

MAYTE MARTÍN, Honrarás a tu padre y a tu madre

“Free boleros”
(K Industria, 1996)

Mayte tenía 30 años cuando grabó este disco en directo durante el Festival Grec de Barcelona en 1996, acompañada de Tete Montoliu, el primer pianista de jazz español en traspasar fronteras. El encuentro de ambos artistas fue muy importante para la carrera de la Martín, que hasta entonces se había centrado más en su faceta como cantaora, pues le dio un lugar entre los grandes intérpretes del bolero.

 
MAYTE MARTÍN, Honrarás a tu padre y a tu madre

“Al cantar a Manuel”
(Nuevos Medios, 2009)

Es un disco cumbre en el quehacer flamenco de la Martín. En él, coge poemas del escritor malagueño Manuel Alcántara y los musicaliza, haciendo un flamenco diferente a lo que se entiende como clásico, pero con el que consigue el aplauso y el reconocimiento del mundillo y fuera de él. Es un trabajo finísimo, de una calidad musical y vocal excelentes en el que la barcelonesa se explaya como creadora.

MAYTE MARTÍN, Honrarás a tu padre y a tu madre

“Cosas de dos”
(Cosas de Dos, 2013)

Otro disco de boleros que marca el cambio de rumbo de la artista ya sin discográficas de por medio. Con él estrena sello propio, también llamado Cosas de Dos, y decide hacer lo que le da la gana. Es un recopilatorio de temas ya grabados y otros nuevos que se registró en directo en la sala Luz de Gas, en Barcelona, y que financió gracias a una campaña de crowdfunding impulsada en las redes sociales.

 
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