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Mego, Veinte años de ediciones raras

El inglés Peter Rehberg, el hombre Mego, reside en Viena desde finales de los años ochenta y se puso de alias artístico Pita como broma a la pronunciación de su nombre en alemán.

 
 

INFORME (2014)

Mego Veinte años de ediciones raras

Por Pablo Gil

Mego ha publicado desde 1994 a algunos de los artistas más inclasificables, originales y arriesgados de nuestro tiempo. La discográfica austriaca no celebró el aniversario, pero su dueño, Peter Rehberg, estuvo encantado de recordar su pasado, explicar sus objetivos y analizar la importancia de crear música desafiante en un tiempo en el que el arte es cada vez menos relevante. Pablo Gil habló con él en Viena.

Peter Rehberg vive en un tranquilo barrio de Viena; es decir, tranquilo dentro incluso de los estándares de reposo y quietud de la capital austriaca, una ciudad de dos millones de discretos habitantes que se distinguen por beber el agua urbana más pura del mundo, por un nivel de vida mucho más alto de lo que aparentan, por un espíritu fatalista y propenso a la melancolía y, según se dice, por no ser muy hospitalarios, aunque su negro sentido del humor podría ser la causa de más de un malentendido en ese sentido. Y son, en general, bastante conservadores, claro, pero eso probablemente ya lo sabías.

“Mego es un sello de música electrónica, sea lo sea lo que signifique eso (ríe); no es de rock, aunque tenemos algunos discos muy rock; tampoco es de jazz, nunca me ha gustado el jazz ni la gente que toca instrumentos, pero tenemos discos de Mats Gustafsson. No sé. Yo creo que es un sello bueno, un sello que publica buenos discos” (Peter Rehberg)

Vive Peter con su pareja, una hija y un perrito bullicioso en una amplia casa, en un tercer piso. En una habitación con ventana a la calle principal tiene su despacho. Sobre la mesa, pulcramente ordenada, reposa ahora un pantallón Macintosh conectado a una pequeña mezcladora de sonido; dos de las paredes están enteramente ocupadas por estanterías con álbumes; en un rincón, un sillón y una mesa de café tienen a mano una gran caja de revistas de música con el último ‘The Wire’ en primer término. Bienvenidos a Mego.

Pero ¿qué es Mego, en realidad? Académicamente hablando, lo cual es una tontería porque Mego se opone escrupulosamente a lo académico, se trata de una de las compañías discográficas más relevantes e influyentes de la música de vanguardia de las dos últimas décadas. Con la etiqueta de Mego se han publicado y se publican sonidos que desafían gustos, convenciones y modas, música creada para sorprender y estimular la mente humana de las formas más diversas imaginables por artistas de todo el mundo. Después de veinte años de actividad, su catálogo atesora una increíble variedad y un marchamo de radicalidad e independencia incluso dentro de la música avanzada, y por todo ello resulta en el fondo imposible definir qué es Mego más allá de ser la suma de sus partes, y sus partes son sus discos y sus artistas, todos ellos, de un modo u otro, elegidos por Peter.

Un segundo después de haber pulsado el timbre de su casa ya puedes oír a su perro ladrando de un modo nervioso y estridente. “¡No muerdas los pantalones de los periodistas!”, le regañaba su dueño con buen cultivado humor inglés. Es un tío afable, realmente, Peter. No hace falta añadir más que este inglés que reside en Viena desde finales de los años ochenta se puso de alias artístico Pita como broma a la pronunciación de su nombre en alemán (que es el idioma que hablan los austriacos). “El humor es importante, desde luego”, explicará tomando un agua con gas al final de nuestra larga conversación. “Una tarea intelectual muy desarrollada no tiene sentido si detrás no hay una persona normal que hace más cosas, cosas normales. Tiene que haber humor; no significa que no me tome en serio lo que hago, pero sin humor te conviertes en un artista pretencioso”, sentenciaba. Y tras un segundo de silencio, añadió: “Qué diablos, deberíamos hacer un disco cómico cada Navidad”, para estallar en carcajadas mientras le tiraba por enésima vez una pelota babeada a su infatigable chucho.

Así que, para comprender cómo ha funcionado Mego estos veinte años, debéis conocer a Peter, porque Peter es Mego. Él atiende los pedidos, va a correos, habla con los artistas, gestiona todos sus pagos, habla con los distribuidores, mantiene el almacén y, lo que es más importante, escoge lo que se publica.

 
Mego, Veinte años de ediciones raras

Stephen O’Malley y Peter Rehberg: conexión KTL.

Foto: Miki Matsushima

 

“Supongo que el sello refleja mis gustos musicales, que no han cambiado mucho en todo este tiempo”, dice, “pero también mi respeto hacia personas que me gustan. Ellos deciden lo que quieren sacar y a veces sucede que les digo que voy a publicar su disco sin haberlo escuchado porque respeto su integridad”. De hecho, Peter ha creado tres subsellos cuyos lanzamientos son elegidos por curadores de su confianza: los estadounidenses Stephen O’Malley –miembro de Sunn O))) y ÄÄNIPÄÄ y con el que comparte el proyecto KTL (al cargo de Ideologic Organ)– y John Elliott, ex-Emeralds (al frente de Spectrum Spools), y el inglés Mark Fell, de snd (Sensate Focus).

“Bueeeno, hablando muy en general, Mego es un sello de música electrónica, sea lo sea lo que signifique eso (ríe); no es de rock, aunque tenemos algunos discos muy rock; tampoco es de jazz, nunca me ha gustado el jazz ni la gente que toca instrumentos, pero tenemos discos de Mats Gustafsson. No sé. Yo creo que es un sello bueno, un sello que publica buenos discos”.

“Nunca hubo ningún gran plan ni estrategia; no se planteó el objetivo de cumplir cinco años, o diez años, y desde luego no voy a celebrar el veinte aniversario, de igual modo que no ha habido nunca una idea de lo que debe sonar en Mego. Simplemente voy sacando lo que me gusta. De hecho, mucha gente me manda maquetas diciendo: ‘Tengo esta música que creo que encaja muy bien con Mego’” (Peter Rehberg)

Un lugar donde diversos individuos pueden expresar su arte libremente, el sitio donde puedes encontrar a Fennesz, Jim O’Rourke, Mika Vainio, Oneohtrix Point Never, Stephen O’Malley, Bill Orcutt, Cindytalk, Kevin Drumm o Mark Fell: eso es este sello que lo mismo publica ambient, noise, techno, house, metal o electroacústica, géneros que a veces incluso se confunden en un mismo disco. “¡Hace veinte años no podría hacer algo así!”, asegura. “Incluso dentro de la música techno todo eran tribus o pandillas separadas”. El problema es definir ese espacio para que la gente lo comprenda, algo que no interesa nada a Rehberg. “A mí me gusta la música rara, no tengo problema en decirlo así. ‘Experimental’ me parece un término que traslada la impresión de que no sabes lo que estás haciendo, que estás probando, pero ese no es el caso de lo que saco... Pero es que los estilos, en general, son una idiotez. La música pop procede de popular, por ejemplo, de modo que si eres un cantautor y vendes cien copias no eres nada popular, ¿verdad?... En cualquier caso, hemos mejorado, porque algo que odiaba en los primeros tiempos es aquella idea de que éramos un sello de ‘música laptop’, que era una descripción muy estúpida; me cabreaba un montón. Es cierto que muchos artistas usaban ordenador portátil en sus actuaciones, pero luego te preguntaban los periodistas: ‘¿Qué diferencia hay entre la música de ordenador y la música de ‘laptop’?’ (ríe). Aquello era ridículo. También se te acercaban músicos y te decían: ‘Tío, me voy a comprar un ‘laptop’ para hacer música laptop’. ‘¿De qué hablas?’. Pero como decía, ahora soy feliz porque todo se ha mezclado”.

A principios de los años noventa, Peter estaba muy involucrado en la joven escena electrónica de Viena, la que años más tarde disfrutaría de una gran exposición internacional alrededor del éxito de Kruder & Dorfmeister. Pinchaba, iba a conciertos, hacía música solo o en varios grupos y así fue cuando en 1994 creó Mego con Ramon Bauer y Andi Pieper.

La idea inicial era la de siempre: sacar sus discos y los de sus amigos. En muy poco tiempo, Mego adquirió notoriedad internacional. Llegaron a tener una oficina grandecita y cuatro personas en nómina, pero la crisis discográfica los sacudió. En 2006, sus socios le comunicaron que querían abandonar y propusieron cerrar la empresa, pero Peter no pensaba igual. Se decidió cambiar el nombre por Editions Mego y tener un modelo más, como hemos visto, hogareño. “Irónicamente, ahora vendo más ejemplares en relación al número de lanzamientos, pero debo elegir mucho mejor lo que saco”, comenta.

“Nunca hubo ningún gran plan ni estrategia; no se planteó el objetivo de cumplir cinco años, o diez años, y desde luego no voy a celebrar el veinte aniversario, de igual modo que no ha habido nunca una idea de lo que debe sonar en Mego. Simplemente voy sacando lo que me gusta. De hecho, mucha gente me manda maquetas diciendo: ‘Tengo esta música que creo que encaja muy bien con Mego’. A esos nunca les hago caso, para empezar porque la mayoría se creen que van a vender tanto como Oneohtrix Point Never, y eso no sucede, pero, sobre todo, porque yo no quiero fichar a alguien que suena como Fennesz o KTL o lo que sea. ¿Para qué, si ya lo he hecho?”. Eso explica que la mayor parte de lanzamientos actuales sean de artistas que ya estaban en el sello.

 
Mego, Veinte años de ediciones raras

Peter Rehberg vive en un tranquilo barrio de Viena con su pareja, una hija y un perrito. Foto: Pablo Gil

 

La compañía vienesa forma parte (destacada) de un circuito internacional de vanguardia que no parece tener relación con el resto de músicas actuales, algo de lo que Pita se lamenta, no por el potencial financiero que eso le pudiera reportar, sino por la sensación de aislamiento. “Este tipo de música está concebida para ser importante para el oyente. Es un poco desafiante e inconformista; ninguno de nuestros discos es exactamente lo que se supone que debía ser. Si vas a un museo, hasta el más radical de los artistas es mostrado como un esbozo de sí mismo o como lo que mola; yo no quiero que nuestros discos sean así. Me encantaría ser relevante a nivel social, que estos discos entretengan, o te hagan sentir triste, o alegre, o que te hagan pensar, o que alguien de 20 años escuchase uno y dijera: ‘Dios, esto es buenísimo, ¡voy a montar un grupo!’. O al revés: ‘Oh, esto es basura, ¡voy a montar un grupo!’ (ríe), pero que haya alguna reacción”.

“Una de las labores de Mego es encontrar a gente como Klara Lewis entre los miles de chavales que hoy pueden hacer música con un ordenador y un buen software. En ese sentido, internet es como una enorme biblioteca, pero tiene un truco: necesitas encontrar la llave, el índice. Google, desde luego, no es esa llave, porque tienes que saber qué palabra teclear. A mí me gusta pensar que esa palabra, esa llave, es Mego” (Peter Rehberg)

“Sin embargo, lo cierto es que ahora vivo en un gueto, en nuestro propio universo escuchando quinientos discos al año que nunca jamás saldrán de ahí. Incluso los discos que mejor se venden no dejan de ser como una burbuja, lo cual es bueno y malo”. Su melancolía procede del hecho de que Peter era adolescente en la Inglaterra de principios de los años ochenta, cuando la música industrial y el ruido más radical no estaban tan distanciados de la música, digamos, normal.

“Ahora es imposible romper el ‘mainstream’; puedes ser un artista alternativo muy exitoso y aparecer en las listas de ventas y, sin embargo, no llegar a ser conocido en ninguna casa; en los ochenta, el éxito hacía que las madres te conociesen. Mi hija, por ejemplo, es adolescente, y desde luego tiene acceso a mis discos, pero no conoce más, es imposible que se salga del ‘mainstream’ hasta la universidad, mientras que yo a los 13 años leía sobre Throbbing Gristle o Swans en el ‘NME’. Ya no hay espacio para lo alternativo, y eso es triste porque de ese modo es difícil obtener experiencias artísticas o de cosas no convencionales”.

Significa todo esto que Peter cree que Mego tampoco es comprendida o apreciada por el circuito alternativo, el indie, que define por su dependencia de lo retro. “La mayor parte de la música alternativa es tan mala como el ‘mainstream’; se ha copiado el mismo modelo de negocio. La única diferencia es que mueve menos dinero y por lo tanto visten con ropa más barata (ríe a carcajadas). Es una música completamente conformista, con grupos subsidiados por la sociedad para que toquen durante toda su vida las canciones que hicieron cuando tenían 22 años”.

Así que Mego celebrará veinte años a su modo, sin velitas, confiando en sus artistas preferidos y sin dejar de otear el horizonte a la búsqueda de alguna que otra propuesta nueva. De hecho, lo único que hace gracia a Peter del aniversario es que acaba de fichar a una artista sueca, Klara Lewis, que tiene justo 20 años. “La verdad es que esa es una casualidad genial”, reconoce riendo en su despacho, en su burbuja. “Una de las labores de Mego es encontrar a gente como ella entre los miles de chavales que hoy pueden hacer música con un ordenador y un buen software. En ese sentido, internet es como una enorme biblioteca, pero tiene un truco: necesitas encontrar la llave, el índice. Google, desde luego, no es esa llave, porque tienes que saber qué palabra teclear. A mí me gusta pensar que esa palabra, esa llave, es Mego”.

 

 

UNA INTRODUCCIÓN A MEGO EN OCHO DISCOS

Mego, Veinte años de ediciones raras

Fennesz “Endless Summer” (2001)

Un disco fundamental para Mego por sus ventas y por su influencia como nuevo paradigma de electrónica orgánica en su época, considerado como uno de los mejores de su década por cualquier publicación electrónica con dos dedos de frente. Sin embargo, no es el trabajo de Fennesz preferido por Peter Rehberg. “Yo creo que es mejor ‘Hotel Para.lel’ (1997); en él ya plasmó muy bien los elementos de su música, sus intenciones y su trabajo”.

Mego, Veinte años de ediciones raras

Jim O’Rourke “I’m Happy, And I’m Singing, And A 1, 2, 3, 4” (2001)

Exinopinado icono indie en los noventa y residente en Japón desde hace varios años, O’Rourke tiene carta blanca: Rehberg le hizo un subsello para él, Old News. El resultado, hasta ahora, son seis álbumes empezando por este, que representa la curiosidad pasmada del computerizado geniecillo. “Cualquier cosa que venga de Jim está bien. Es una de las personalidades brillantes de Mego”, dice Rehberg.

 
Mego, Veinte años de ediciones raras

Kevin Drumm “Sheer Hellish Miasma” (2002)

Dice Rehberg: “Si tuviera que elegir mi disco favorito de todo el catálogo, sería este. ¡Va tan al grano y es una declaración de intenciones tan intensa y rotunda! Desde luego, la mayoría de los oyentes lo encontrarán muy extremo, pero si te interesa el noise, es un buen punto de partida”. Este furioso tifón, una de las obras cumbre del guitarrista de Chicago, fue elaborado con guitarra y sintetizador y regrabaciones en cinta y ordenador.

Mego, Veinte años de ediciones raras

KTL “KTL” (2006)

Stephen O’Malley ha sido un personaje fundamental para el sello en la última década, y no solo por su influencia estética. Amigo de Rehberg, ambos comparten este proyecto de sonido espeluznante y mala hostia en el que Pita aporta el ordenador y O’Malley el black metal. Su primer álbum quizá no sea el mejor de los cinco que han hecho, pero marca el inicio de su alianza y de la renovación de Mego justo cuando estaba a punto de desaparecer.

 
Mego, Veinte años de ediciones raras

Oneohtrix Point Never “Returnal” (2010)

El capo de Mego parece conservar un regusto amargo de su relación con Dan Lopatin, el prodigio de la nueva electrónica ambient y un ególatra con fama de ser un grano en el trasero. Su efímera relación solo deparó un disco, pero vaya pedazo de disco, este “Returnal” del que Rehberg, tirando de retranca británica, dice que “todavía es el mejor disco de OPN”, y empieza a reír como si se cachondeara de sus posteriores y celebrados trabajos.

Mego, Veinte años de ediciones raras

Dome “1-4+5” (2011)

Dome fue el grupo que formaron Bruce Gilbert y Graham Lewis durante la separación temporal de Wire en la primera mitad de los años ochenta. Esta caja reeditó por primera vez en vinilo sus cinco álbumes, que simbolizan las raíces de Mego en el post-punk y la música industrial. “Ha sido uno de los lanzamientos que más ilusión me han hecho en todos estos años y uno de los más especiales”, reconoce Rehberg, que fue fan del grupo en la época.

 
Mego, Veinte años de ediciones raras

Luc Ferrari “Presque rien” (2012)

En 2012 comenzó una serie de reediciones en vinilo del archivo de GRM, el Groupe de Recherches Musicales, colectivo francés pionero de la música electrónica y electroacústica. Desde entonces se han publicado diez álbumes, entre los que nuestro anfitrión destaca los de Luc Ferrari y Bernard Parmegiani. El volumen de Ferrari contiene las cuatro partes de “Presque rien”, que tanta influencia han tenido en músicos de muy diversas escuelas.

Mego, Veinte años de ediciones raras

Mark Fell “Sentielle Objectif Actualité” (2012)

Disco de remezclas que el propio creador inglés aplicó a sus tres primeros maxis para Sensate Focus. Rehberg: “Lo he escuchado muchísimo. Es música bastante accesible, pero al mismo tiempo no encaja en ninguna moda o tendencia de electrónica rítmica; es house, pero está constantemente haciendo lo que no se suele hacer. Y tiene sentido del humor”. Es decir, todo lo que representa el sello vienés aplicado a la música de baile.

 
 
Mego, Veinte años de ediciones raras

EVOL, el proyecto de Roc Jiménez de Cisneros y Stephen Sharp.

 

Españoles en Mego

Dos propuestas españolas han sido publicadas por Mego, un sello con vocación internacional. La más significativa es EVOL, el proyecto de Roc Jiménez de Cisneros (colaborador de Rockdelux) y Stephen Sharp. Su trayectoria se extiende ya durante casi una década y media y su discografía incluye una treintena de trabajos. Al publicar su debut en 1999, Mego dio un empujón fundamental a este grupo, que se define a sí mismo con cierto sentido del humor, algo muy propio del label de Peter Rehberg, al afirmar que hace “música de ordenadores para ‘hooligans’”; fue con el miniálbum “Principio” (la referencia 18 del sello). En 2005 se publicaría “Magia potagia” y en 2013, “Proper Headshrinker”, todos ellos ejemplos de lo que el dúo describe como “una exploración estética de la composición algorítmica y una deconstrucción de la cultura rave”.

El otro creador local que ha lanzado la disquera vienesa es Francisco López. El madrileño es biólogo de profesión y nombre de culto en el arte sonoro para valientes. Entre su centenar largo de grabaciones, “Untitled #92”, un vinilo concebido para sonar en cuatro tocadiscos al mismo tiempo, apareció en 2000 en Mego.

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