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MESHELL NDEGEOCELLO, Por Nina

Homenajes y creencias. Tributo a Nina Simone. Foto: Charlie Gross

 
 

ENTREVISTA (2013)

MESHELL NDEGEOCELLO Por Nina

Alegría nada desdeñable para los amantes de la black music libre no sospechosa de hype. Meshell Ndegeocello brilló con un disco de traca: la virtuosa y tatuada bajista aplicó un brillante tratamiento de panafricanismo musical al legado de la alta sacerdotisa Nina Simone. Ricard Martín dio fe de ello en esta entrevista.

Salvo honrosas excepciones, los discos de tributo son artefactos coyunturales de un corporativismo discográfico moribundo. Y no hablemos ya de la confluencia del homenaje y el disco de duetos, categoría soporífera, sonrojante, letal. No es este el caso de “Pour une âme souveraine. A Dedication To Nina Simone” (Naïve, 2012). El décimo disco de Meshell Ndegeocello merece escucha atenta y con orejas limpias. En los últimos años, Kanye West, Antony And The Johnsons y John Legend & The Roots han reivindicado, de algún modo, el legado de Nina Simone.

“Era uno de los grandes dones de Simone, coger canciones y hacerlas suyas. Y tuve muy claro que quería hacer lo mismo. Pero no he intentando ponerme en sus zapatos. Lo único que quiero es que la gente que no haya oído hablar de ella conozca su música inmortal”

Puede parecer que Ndegeocello llegue tarde a la fiesta con un disco de versiones de la alta sacerdotisa. Pero trae la mejor botella: como una de las artistas más completas de black music de las últimas décadas –talentosa bajista, cantante, compositora, performer–, es capaz de hacer lo mismo que su adorado Prince: ser fiel a la canción e iluminarla desde un ángulo nuevo y contemporáneo. “Precisamente esto era exactamente lo que quería hacer”, exclama con una voz sorprendentemente nítida, subyugante, desde el otro extremo del teléfono. “Este era uno de los grandes dones de Simone”, prosigue, “coger canciones y hacerlas suyas. Y tuve muy claro que quería hacer lo mismo”. Ya que este era el objetivo, ¿qué ha sido lo más duro de calzarse los zapatos de un gigante? “No he intentando ponerme en sus zapatos. La parte más difícil de todo esto es que la gente haga estas asunciones. Y creo que dar entrevistas es la parte más dura de todo esto. Porque hablas de alguien que ya no está. ¡Me siento como si estuviera poniendo palabras en boca de un muerto! Lo único que quiero es que la gente que no haya oído hablar de ella conozca su música inmortal”. Glups.

Después de esta coz dialéctica, Ndegeocello afloja contándome cómo eligió el repertorio, que bascula entre el estándar (“Four Women”, “See Line Woman” y “To Be Young, Gifted And Black”) y favoritas de culto, como “Either Way I Lose” o “Turn Me On”: “Simplemente escogí mis favoritas, algunas canciones famosas y otras que hubiera escrito ella, para que sus herederos recibieran algunos ‘royalties’”. Y a medida que fueron pasando los invitados al estudio –Sinéad O’Connor, Cody ChesnuTT y Toshi Reagon, entre otros– “escogieron lo que les pareció que les sentaría mejor”, explica. Todos seleccionaron bien. Sobre todo, Sinéad O’Connor, quien convierte el blues arrastrado de “Don’t Take All Night” en un ingrávido soul cósmico que eriza el vello como el original, pero en otra dirección.

 
MESHELL NDEGEOCELLO, Por Nina

“¡Ahora soy una atea islámicamente muy informada! Y me fascina cómo todo aquello que nos hace sentir mejor respecto a la muerte moldea nuestras creencias”.

 

Si me permitís la licencia, el cóctel de música negra –funk, jazz, soul, hip hop, R&B, reggae– y una pizca de rock que hace veinte años que agita Ndegeocello bien podría calificarse de afroamericana. Llegado a este punto de su carrera, el ego de esta mujer –bisexual militante, instrumentista virtuosa, capaz de moverse entre el mainstream real y la música de raíces– es liviano. Hasta el punto de afirmar que “después de hacer mi música durante veinte años, para mí es más interesante tocar la de otra gente. Siempre encuentro algo nuevo con que experimentar. Puedo hacer lo que quiera con ello, es un regalo”.

“Ya no pienso más en términos de blancos y negros. Pero creo que Obama me ha ayudado a darme cuenta de que solo porque tengamos el mismo color de piel no estamos unificados en nuestras creencias. Él no habla por toda la gente negra. Hace ciento setenta años éramos esclavos. No hace tanto tiempo de eso”

Quizá ser una música de sesión de lujo –Madonna, Alanis Morissette, Rolling Stones, Basement Jaxx, John Mellencamp–, pero música de sesión, al fin y al cabo, ayude a mantener los pies en el suelo. “Definitivamente”. ¿La llaman ellos? “La mayor parte del tiempo son dos mánagers que se ponen de acuerdo. Pero otras veces, como la colaboración con John Mellencamp, que ocurrió gracias a un amigo mutuo, se convirtió en un disco orgánico, natural y en una buena amistad que todavía dura”. Años después, “Dance Naked” (1994), del mulletiano rockero de Indiana, suena tan fresco, natural y desprovisto de artificio como la reciente dedicación a Simone. “Soy una artista muy introvertida, no necesito mucha gente para hacer música”, valora.

Voy a tentar a la suerte: John Entwistle, de The Who, dijo una vez que una mujer no podría nunca ser tan buena bajista como un hombre, por una mera relación de peso entre ella y el instrumento. ¿Opinión? “En parte estoy de acuerdo. Los bajos que suenan mejor son demasiado pesados para mí. Pero con la música pasa lo mismo que con la comida. Algunos dicen que los franceses cocinan muy bien. Pero a mí me gusta más el estilo de los portugueses. La filosofía religiosa es el problema del demonio”. Curioso oír esto de alguien que a principios de la década pasada se definía como creyente islámica. “¡Ahora soy una atea islámicamente muy informada!”, ríe, “y me fascina cómo todo aquello que nos hace sentir mejor respecto a la muerte moldea nuestras creencias”.

Le pregunto por su compromiso político, pero es tajante al afirmar que “quiere trascender raza y género en aras del bien común”. Insisto: ¿cuatro años más de Obama podrán poner en la misma parrilla de salida a blancos y negros de una vez por todas? “Lo que te decía: ya no pienso más en términos de blancos y negros. Pero creo que Obama me ha ayudado a darme cuenta de que solo porque tengamos el mismo color de piel no estamos unificados en nuestras creencias. Él no habla por toda la gente negra. Hace ciento setenta años éramos esclavos. No hace tanto tiempo de eso. Pero volviendo a lo de antes: me encantaría entrevistar a Cat Stevens y preguntarle: ‘¿Qué coño te ha pasado?’”.

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