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MIKE COOPER, El viajero exótico

Bajo los adoquines, la playa.

 
 

ENTREVISTA (2015)

MIKE COOPER El viajero exótico

Con medio siglo de música a sus espaldas, Mike Cooper puede presumir de una trayectoria insólita que lo ha llevado del blues a la improvisación, el free jazz, las grabaciones de campo y los sonidos hawaianos para reconfigurar la exótica en pleno siglo XXI. Cooper, eterno viajero, respondió a las preguntas de Juan Monge para esta entrevista desde una isla griega.

A principios de los sesenta Mike Cooper rechazó una oferta de los Rolling Stones para unirse a ellos como guitarrista. Por aquel entonces, Cooper estaba empezando a labrarse un nombre dentro de la escena blues inglesa. Cinco años después ya había grabado cuatro discos para Dawn Records en los que no se molestó en disimular su inclinación natural por la experimentación. Más tarde vino la fiebre de la improvisación y el free jazz (a finales de los setenta), pero nada lo marcó tanto como la música hawaiana: “Crecí escuchando a Felix Mendelssohn y sus Hawaiian Serenaders en la radio. Eran muy populares en los años cuarenta y cincuenta en Inglaterra y los radiaban constantemente en la BBC. A principios de los ochenta encontré el anuncio de un tal Kealoha Life en una revista. Ofrecía clases de guitarra hawaiana. Llamé y descubrí que había tocado la guitarra ‘lap steel’ durante años para la orquesta de Felix Mendelssohn. También con Tau Moe, uno de los mejores guitarristas de ‘lap steel’ de todos los tiempos”.

“En 1994 viajé a Fiyi, Tahití, Hawái, Australia y Nueva Zelanda. De algún modo, fue un viaje de regreso para mí, puesto que viví en Australia durante años siendo niño. Viajé allí con mis padres y tardamos seis semanas en barco”

Cooper contesta desde una remota isla griega, pero hace años que estableció su base de operaciones en Roma. Viajar se ha convertido en una parte fundamental de su proceso creativo desde que empezó a explotar su pasión por los sonidos del Pacífico en collages sonoros basados en loops, grabaciones de campo y la cadencia imposible de la guitarra lap steel. “En 1994 viajé a Fiyi, Tahití, Hawái, Australia y Nueva Zelanda”, recuerda. “De algún modo, fue un viaje de regreso para mí, puesto que viví en Australia durante años siendo niño. Viajé allí con mis padres y tardamos seis semanas en barco. Navegamos a través del Mediterráneo, parando en Gibraltar, Marsella y Nápoles, y de allí a Egipto para atravesar el Canal de Suez, cruzar al Mar Rojo y llegar hasta el Océano Índico. Luego recalamos en Sri Lanka y de allí zarpamos hasta Australia. Años después hicimos el mismo recorrido al revés para volver a Inglaterra. Ese fue mi primer contacto con la exótica, que no es otra cosa que la noción de lejanía”.

“Hace poco leí ‘El viaje de Mina’ de Michael Ondaatje, que es una revisión en clave de ficción de un viaje que él hizo de pequeño y que resulta ser en gran parte el mismo itinerario que hice yo de niño, pero a la inversa y desde Sri Lanka”, prosigue Cooper. “Ondaatje lo hizo solo cuando tenía 11 años y ha reconocido que aquella aventura apenas existe ya en su memoria. Solo conserva recuerdos muy vagos, como fragmentos de un sueño. El resto del libro es ficción. A mí me ocurre como a él y a veces pienso que mi música es un intento de reinventar esos recuerdos, de reconstruir ese primer viaje a un mundo exótico que parece haberse desvanecido en el tiempo”.

La éxotica experimental de “Fratello Mare” debe su título a la película del mismo nombre de Folco Quilici de 1975 sobre Polinesia, fuente de inspiración para el disco junto a otro filme: “Legong. Dance Of The Virgins” (1935), de Henry de la Falaise.

La distancia y la memoria son ideas clave en los discos de Cooper, y de entre todos ellos es “Rayon Hula” (Cabin, 2004; Room40, 2010), creado a partir de samples de temas lounge de Arthur Lyman deconstruidos y tratados como si fueran patrones florales, el que mejor ha reflejado su visión. “A diferencia de Martin Denny y otros músicos de exótica, Arthur Lyman era hawaiano y tenía esa sensibilidad hawaiana tan especial que supo volcar en el género”, explica. “En hawaiano hay una expresión, ‘nahenahe’, que se traduce como ‘suave y lento’, y que es una máxima de la música de las islas. Arthur podía tocar con ‘nahenahe’ y traté de conservar esa magia en ‘Rayon Hula’”. Para Cooper esa cualidad indescriptible de todo lo hawaiano también puede palparse en los acordes abiertos de las guitarras lap steel: “Muchas familias de las islas tenían sus propias afinaciones y las mantenían en secreto. Muchas veces tocaban con un trapo tapándoles la mano sobre el mástil de la guitarra para que nadie pudiera ver los acordes ni la afinación que usaban”.

“A veces pienso que mi música es un intento de reinventar esos recuerdos, de reconstruir ese primer viaje a un mundo exótico que parece haberse desvanecido en el tiempo”

Aunque la suya es música basada en las sensaciones, Cooper también la ha utilizado para entender la naturaleza de los lugares que representa: “Estaba girando por Canadá con The Recedents, un trío de improvisación. Subía en el ascensor a mi habitación del hotel cuando alguien me metió una cinta de casete en el bolsillo de la camisa y me dijo ‘a lo mejor te gusta esto’ antes de bajarse en su planta. Escuché la cinta cuando llegué a mi habitación y me quedé pasmado. Se llamaba ‘Voices Of The Rainforest’ y era una toma de noventa minutos hecha a partir de veinticuatro horas de grabaciones de campo con los kaluli, una tribu de las selvas altas de Papúa Nueva Guinea. Había cantos de aves del paraíso, ruidos de insectos, canciones de trabajo, gente contando historias y tocando instrumentos tradicionales”. Aquella cinta era una grabación de Steven Feld, un etnomusicólogo, antropólogo y lingüista que había dedicado su vida académica a estudiar a los kaluli. Fue a través de Feld que Cooper entendió el paisaje sonoro del trópico: “Allí no existe la idea de los sonidos ordenados o al unísono, todo es repetición, ‘loops’ fuera de fase, asincrónicos entre sí, como una marea zumbante y fuera del tiempo”.

Esa idiosincrasia sonora sigue latente en “Fratello mare” (Room40, 2015), el último capítulo en la serie de exótica experimental de Cooper. Está inspirado en dos películas distintas: una de Folco Quilici de 1975 sobre Polinesia, a la que debe su título, y otra, “Legong. Dance Of The Virgins” (1935), de Henry de la Falaise. Con formas aún más radicales, Cooper parece haber encontrado por fin el secreto de ese sonido que lleva tantos años persiguiendo: “El ‘loop’ perfecto es como la ola perfecta si eres surfista o la pizza perfecta si no lo eres; todo depende del equilibrio, de encontrar el sitio y el momento justos”.

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