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MOMUS, Diario de un narcisista

Único, experimental, incorregible.

 
 

ENTREVISTA (2004)

MOMUS Diario de un narcisista

Nicholas Currie, Momus. El músico pop de culto –también escritor (“El libro de las bromas”), artista visual y blogger, entre otras labores– ha editado decenas de álbumes a lo largo de su carrera. Recuperamos esta entrevista de José Manuel Caturla con Momus hecha en 2004 tras la publicación de su excéntrico álbum “Summerisle”, a medias con Anne Laplantine. Aquí, las razones de un egocéntrico transgresor, de un cosmopolita inconformista, de un iconoclasta francotirador...

Mitología y desmitificación. Dieciocho años han transcurrido desde “Circus Maximus” (él-Cherry Red, 1986), la primera referencia de Nick Currie bajo el signo de Momus, el seudónimo que escogió este músico licenciado en literatura por la Universidad de Aberdeen (¡con premio extraordinario!), y cuyo significado desvela así: “Momus aparece mencionado en una fábula de Esopo. Es el nombre de una deidad precristiana cuyo cometido es criticar, especialmente a los otros dioses, y que por hacer su trabajo demasiado bien fue exiliado. Esta historia mítica tiene un gran significado para mí: es importante que Momus venga de un sistema pluralista de dioses, y no del monoteísmo. Es importante que sea crítico (esto sugiere que mi pop es más bien ‘metapop’ y posmoderno). Es importante que encaje en un sistema de mitología folk: la fábula y la ficción son algo fundamental para mí, especialmente las obras humorísticas más antiguas y arquetípicas. Y es también importante que Momus sea una especie de ‘outsider’ desterrado y marginado del sistema donde nació (el Monte Olimpo en su caso, la montaña del pop industrial para mí). El nombre Nick Currie me suena ahora estúpido. ¿Sabías que en japonés significa ‘carne curry’?”. Esto sí que es una declaración de principios.

“Momus aparece mencionado en una fábula de Esopo. Es el nombre de una deidad precristiana cuyo cometido es criticar, especialmente a los otros dioses, y que por hacer su trabajo demasiado bien fue exiliado. Esta historia mítica tiene un gran significado para mí: es importante que Momus venga de un sistema pluralista de dioses, y no del monoteísmo”

Sigamos. Hace tiempo la revista ‘Mojo’ lo calificó como el “más grande artista vivo del Reino Unido”. Pero este inquieto escocés de 44 años hace tiempo que dejó su Paisley natal para convertirse en un cosmopolita incansable, residiendo intermitentemente en Londres, París o Nueva York, aunque hace años que su corazón pertenece a Japón: “Vivo en Berlín, pero ahora estoy en Osaka. Japón es un lugar ideal para mí. La personalidad japonesa es muy afín a la mía. Antes odiaba la sociedad capitalista y la modernidad. Pero desde que vengo a Japón estoy convencido de que es la forma en que esos dos factores se han implementado en el Oeste lo que yo encuentro feo y estúpido. Japón, en cambio, lo ha sabido hacer mejor. La gente es sensible; los japoneses no son gilipollas. Son delgados, amables y educados. Aman y preservan su pasado, pero al mismo tiempo avanzan hacia un futuro ‘sci-fi’ que abraza la tecnología. El capitalismo en el Oeste genera productos tóxicos que provocan cáncer y pudren nuestros cerebros. En Japón, las mismas megacorporaciones venden té verde sin azúcar. Es también muy importante que no hayan permitido la entrada del cristianismo. Siempre que el cristianismo penetra en una cultura, desplaza el pluralismo de las religiones animistas tradicionales como el shinto. La actitud hacia el cuerpo cambia. La forma japonesa de lavarse, fornicar o pensar acerca de sus cuerpos es superior a la nuestra”.

Vaya, parece que uno va descubriendo con qué pasta se ha amasado el “superyo” de Mr. Currie. En realidad, los occidentales somos producto de una civilización atenazada desde hace siglos por el temor al más allá y, en correspondencia, por la criminalización del pecaminoso más acá. Momus lo sabe y su tentación favorita ha sido provocar la reacción del oyente con perspicacia, ironía y también cierto distanciamiento.

La imagen de transgresor, que todavía arrastra en la actualidad (títulos de canciones como “The Penis Song” o “My Sperm Is Not Your Enemy” hablan por sí mismos), se cimentó en sus primeros discos para Creation. Esos trabajos, ya descatalogados, esperan una próxima reedición a través de Sony, cuestión que no parece entusiasmarle demasiado: “En teoría van a reeditarse, pero desconozco en qué punto se encuentran las negociaciones con Sony. Es posible que por ahora sea suficiente la recopilación del año pasado“Forbidden Software Timemachine. Best Of The Creation Years, 1987-1993” (Analog Baroque-Cherry Red, 2003)–. Son unos discos que siento bastante lejos. Prefiero desechar el pasado; así me siento como un artista que acaba de empezar y que lo tiene todo por delante. Los discos antiguos son como viejas entradas en el ‘weblog’. Lo importante sucede ahora. ¡Quiero construir castillos en el aire, no visitar museos!”.

 
MOMUS, Diario de un narcisista

El campo de batalla de Nick Currie.

 

Fábula y Realidad

Esa faceta inconformista, de francotirador poliédrico e iconoclasta, lo ha mantenido agazapado en los márgenes de un negocio que, no nos engañemos, apenas presta atención a propuestas con posicionamientos tan intelectuales. Aun así, desde 1986 se las ha ingeniado para producir prácticamente un disco anual. En Creation, por ejemplo, disfrutó de una gran consideración. También tuvo un hit en 1989 con “The Hairstyle Of The Devil”, que llegó al número dos de las listas independientes. Un éxito coyuntural que fue seguido por el excesivo “Hippopotamomus” (Creation, 1991), un álbum donde empezó a ensayar abiertamente con efectos de sonido y estructuras musicales.

Esta faceta experimental ha ganado terreno con los años en detrimento de su vena más pop: “Estoy algo aburrido de mis hábitos de composición. Pero, de hecho, no he cambiado tanto en este aspecto. Las canciones de Momus siempre han tenido estructuras extrañas y han sido muy conceptuales. Piensa, por ejemplo, en ‘John The Baptist John’, de mi primer álbum. Tiene acordes muy disonantes e inusuales, una mezcla de sonidos acústicos y electrónicos, como en ‘Beowulf (I Am Deformed)’ –del álbum “Oskar Tennis Champion” (Analog Baroque, 2003)–. El elemento paródico y la mezcla y reescritura de géneros estaban ya presentes en mis primeros trabajos. Podía pensar en Bertolt Brecht y Kurt Weill para un tema, hacer disco en el siguiente, música de circo a continuación o una canción infantil”.

“Mi actitud básica es (y no me importa si parezco pretencioso) que nací para ser artista, poeta, para crear mundos sintéticos; y la realidad es que necesito ganar dinero suficiente para poder vivir y viajar y seguir trabajando haciendo un disco al año. Si el público se interesa de pronto por lo que hago, la maquinaria está preparada para producir y satisfacer la demanda”

Este hombre es incorregible, siempre a la contra. Pero por mucho que trate de convencerme, y admitiendo que sus discos se saborean mejor tras repetidas escuchas, rasgo que juega a su favor, es evidente que lleva años sin alcanzar la solidez de sus inicios. Y a pesar de todo hay que romper una lanza en su favor. ¿No es verdad que las grandes obras suelen ser artefactos solitarios, únicos? ¿No es cierto que, y disculpen el ejemplo, toda la obra de Schoppenhauer se condensa en un solo libro? La producción prolífica, ¿no es un empeño vano, especialmente en el mundo del pop? ¿Cuándo empezó Lou Reed a repetirse? Cuestiones polémicas ante las que nuestro héroe aplica un pragmatismo demoledor no exento de acritud: “Mi actitud básica es (y no me importa si parezco pretencioso) que nací para ser artista, poeta, para crear mundos sintéticos; y la realidad es que necesito ganar dinero suficiente para poder vivir y viajar y seguir trabajando haciendo un disco al año. Si el público se interesa de pronto por lo que hago, la maquinaria está preparada para producir y satisfacer la demanda. Pero esto es un poco como el marxismo. No puedes decir a la gente cuáles son sus propios intereses. No puedes forzarles a que hagan una revolución o a que se interesen por el arte ‘difícil’. Y esto no significa que uno deje de imaginarse mundos diferentes y mejores”. Completamente de acuerdo. Pero sus razonamientos, como los del propio Marx, otro personaje itinerante y exiliado, son críticos y contradictorios. A fin de cuentas, ambos tratan, como todos nosotros, de vender su producto.

Para terminar, una mirada al futuro. Tras el álbum “Summerisle” (Analog Baroque, 2004), una excéntrica colaboración en clave electro-kabuki con Anne Laplantine, Nick Currie parece querer dejar atrás la controversia. Su próximo paso: “Creo que será todavía más oriental. Quiero desechar esa dialéctica occidental que tiende a hacer de mí un cantante protesta, un escritor satírico y amargado. Así que los valores que probablemente abrazaré en el futuro son: feminidad, armonía, afabilidad, fertilidad, esencia, colectividad, sensibilidad, pequeña escala, desapego, textura, microtrascendencia, futurismo medieval, objetividad.... También podría haber algo de la poesía del último Brecht”.

Para el hombre que una vez se definió discípulo de Bataille, que defendió la naturaleza transgresora del arte y que asumió como propia la aguda apreciación de Brian Eno cuando dijo que la estética es una de las pocas áreas donde uno puede jugar con fuego sin miedo a quemarse (“estrellar el avión y salir andando”), solo un deseo: que no pare su cabaret erótico. Argumentos no le faltarán.

 

 

METAPOP

MOMUS, Diario de un narcisista

Alguien que menciona con naturalidad a Ludwig Wittgenstein, Bela Lugosi, Lord Alfred Tennyson, Jean-Paul Sartre, Liv Ullmann, el Marqués de Sade o Mihail Gorbachov en un solo tema para, a continuación, refocilarse sin remilgos en el sexo más clandestino ha de estar preparado para soportar todo tipo de acusaciones en esta sociedad de corsés. Solipsismo, impostura, depravación, inconsistencia. O simplemente inteligencia. Aquí, tres discos clave para conocer un poco mejor el mundo Momus: metapop para sibaritas.

MOMUS, Diario de un narcisista

Tender Pervert”
(Creation, 1988)

Precedentes como “Murderers, The Hope Of Women” (tema favorito de Alan McGee, nº 3 en su lista de mejores singles del sello) desbrozan el camino que lleva a “Tender Pervert” (inicialmente iba a titularse “The Homosexual”). En este trabajo impecable, Momus dibuja con brillantez el perfil de unos personajes al borde del cataclismo, frágiles protagonistas de historias turbadoras, revestidas de sátira y trascendencia burlona. Cada canción, una melodía perfecta y una historia redonda. Su mejor disco. Según algunos, con permiso de “Don’t Stop The Night” (1989).

 
MOMUS, Diario de un narcisista

Hippopotamomus”
(Creation, 1991)

No es una referencia obvia, pero sí un disco clave. El perfume comatoso de Serge Gainsbourg se respira en cada rincón de un álbum que mereció un cero en conducta, cortesía del ‘NME’. Sadomasoquismo, pornografía, zoofilia, pederastia, canibalismo. La celebración de un mundo utópico donde se practica el sexo sin culpabilidad. Pop electrónico con arreglos de un gancho arrebatador. El pack se completa con una demanda de Michelin por reproducir en la portada el archifamoso icono de la marca, sin permiso y, además, con cara de hipopótamo. Demencial y genial.

MOMUS, Diario de un narcisista

“20 Vodka Jellies”
(Cherry Red, 1996)

El omnipresente Alan McGee dice que las canciones de Momus suenan mejor en su fase de maqueta que en disco. Esta recopilación de rarezas no le da toda la razón, pero sí demuestra que Nicholas Currie suele esconder en el cajón auténticas gemas. La proverbial versatilidad de Currie se convierte en sublime con el trágico vals de “The Girl With No Body” o con la aristocrática y sensual “Radiant Night” (a propósito, la mejor versión de su reciente karaoke barcelonés; ver Rockdelux 221). También rinde tributo a Howard Devoto versionando, cómo no, “Orgasm Addict” de The Buzzcocks.

 
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