×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
MORENTE, Buscando la hecatombe

“¿Tener más éxito? Me aburro. Prefiero meterme en otro desastre. Yo busco siempre la hecatombe”. Palabras del transgresor Morente. Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2010)

MORENTE Buscando la hecatombe

Enrique Morente murió el 13 de diciembre de 2010 y fue una hecatombe emocional para muchos seguidores de la música. Recuperamos la última entrevista que concedió a Rockdelux. Luis Troquel habló con él a propósito de “Morente flamenco“ (2009); Óscar García lo fotografió. La noticia, entonces, era que Enrique Morente volvía al flamenco puro y duro. Bueno, en realidad nunca lo había dejado porque abría todos sus conciertos por derecho, por más Lagartija Nick o Voces Búlgaras que luego lo acompañasen. Aunque sí es verdad que hacía veinte años que no publicaba un disco de las características de “Morente flamenco”. De hecho, desde que sentó cátedra junto a Sabicas en 1990. En su adiós, junto a las guitarras de sus paisanos Juan y Pepe Habichuela, ahí estuvieron el felizmente recuperado Rafael Riqueni y David Cerreduela. Morente: transgresor, jondo, maestro. Lo cierto es que no nos acostumbramos a estar sin él. Aquí, sus palabras para la posteridad.

En realidad, “Morente flamenco” (Universal, 2009), más que nuevo, es inédito, ya que excepto la “Nana de oriente” todo son temas grabados en directo en sus últimas giras. “Lo he publicado para ser un buen chico”, dice riendo Morente. “Y quedar bien con mi mujer, que me dice siempre: ‘Vaya discos más raros que haces, a ver cuándo grabas uno flamenco pa´ nosotros, para la familia’. Y como no quiero tener un disgusto familiar, que los divorcios están carísimos, ahí está”.

¿Sueles grabarte los conciertos? No. Y aunque siempre haya quien los grabe y luego me dé copias, por lo general acaban en una caja.

En el rock, lo más importante que ha significado ‘Omega es que muchísima gente joven, en festivales como el Primavera Sound o el de Benicàssim, se acerque al flamenco. Para mí eso es lo más grande, lo más bonito. Y a la inversa: en el mundo flamenco, ha supuesto reivindicar la libertad, romper con las mentes dogmáticas, esas que siempre están salvaguardando los cánones del cante”

El título deja bien claro que es un disco cien por cien flamenco. No están todos los palos ni mucho menos, pero todo lo que hay pertenece al cante clásico. Lo único que se sale un poco es la nana que lo abre.

Aunque sueles recuperar palos en desuso, en esta ocasión son todo cantes muy vivos, que se siguen cantando, salvo la serrana, claro. Y es uno de mis cortes favoritos del disco. Por lo que yo sé, hacía años que nadie grababa una serrana y apenas se cantan ya. Es una pena, porque es un palo tan flamenco como el que más.

Desde “Nueva York Granada, tu disco con Sabicas en 1990, no hacías un disco tan por derecho. En directo siempre lo hago, pero te vas embarcando en proyectos y... Bueno, un día u otro tenía que volver a ser un buen muchacho.

De aquel disco hace ya veinte años. ¿En este tiempo el cante ha evolucionado mucho, poco, nada? Ha evolucionado, desde luego. El sonido ha cambiado y también la expresión del cante. Y la técnica rítmica ha crecido. De todos modos, yo creo que lo anterior todavía no lo hemos igualado. Y no digo superar, porque en ningún caso se trata de superar. A los buenos artistas no hay que intentar superarlos, lo que hay que hacer es aprender de ellos.

¿Es cierto que con el disco anterior, dedicado a Picasso, te arruinaste? Me arruiné total... Pero, bueno, voy a ver si entro en un complot de estos urbanísticos que hay y trinco lo suficiente (risas).

¿Tan caro fue? No es que fuera tan caro... Todo depende. Si es una productora multimillonaria, no viene de perder unos cuantos kilos, pero yo tengo un sello pequeño. Se llama Discos Probeticos, o Pobreticos, y mucha suerte no es que me haya dado el nombre, porque todos los discos que he sacado con él me han arruinado. Igual debería llamarlo Discos Millonarios; ya estoy harto de pobreza (risas). ¡Ahora lujo y poderío!

¿Cuantas veces te han propuesto hacer otro disco de las características de “Omega” (El Europeo, 96)? Tengo todos los días propuestas de este tipo.

 
MORENTE, Buscando la hecatombe

Morente flamenco.

Foto: Paco Manzano

 

¿Y te apetecería? Con Lagartija Nick tal vez volviera a hacer algo así. O con Los Planetas. Lo que pasa es que yo no soy de segundas partes. Si algo está hecho, ¿para qué insistir? ¿Para tener más éxito? Me aburro. Prefiero meterme en otro desastre. Yo busco siempre la hecatombe.

¿”Omega” ha influido más en el flamenco o en el rock? Creo que en los dos. En el rock, lo más importante que ha significado ‘Omega es que muchísima gente joven, en festivales como el Primavera Sound o el de Benicàssim, se acerque al flamenco. Para mí eso es lo más grande, lo más bonito. Y a la inversa: en el mundo flamenco, ha supuesto reivindicar la libertad, romper con las mentes dogmáticas, esas que siempre están salvaguardando los cánones del cante. Por supuesto que los cantes hay que aprenderlos como son, igual que si vas al conservatorio aprenderás qué es una tercera o una quinta disminuida; pero todo eso no es más que una herramienta para luego hacer lo que uno sienta, libremente.

¿Como flamenco, qué opinión tienes de “La leyenda del espacio” de Los Planetas? Me parece un disco muy bonito, y que el mundo del rock quiera acercase al flamenco clásico, al de los palos como la caña, la soleá o la seguiriya, siempre es interesante. Yo hice esta colaboración primero una octava más grave y a ellos les gustó, pero cuando me iba a ir me volví y la canté otra vez por arriba...

Yo soy un cantaor artificial, casi sin identidad, autofabricado... A mí, cuando me preguntan dónde aprendí a cantar, tengo que decir: en México

En tus discos el tema más radical y rompedor suele ser el primero; en cambio, en este nuevo es tal vez el más accesible. La culpa la ha tenido mi mujer, porque yo iba a abrir con la serrana...

¿¡Con la serrana!? Sí, y no veas cómo se puso mi mujer. Empezó a decirme: “¿Estás chalao? ¿Qué te pasa, te has vuelto loco? Estás ya muy pesado” (risas). “¡Con lo bonita que ha quedado la nana con nuestros niños cantando!”. Y me dejé convencer.

¿La nana es el debut a lo grande de tu hija Soleá? Alguna vez ha cantado, pero aquí la puse para que destacara, sinceramente. Yo sé que ella en el fondo, y muy en el fondo, siempre ha querido y quiere cantar. Yo siempre le pido que me cante...

¿Y ella quiere dedicarse también a la carrera artística? Yo pensaba que iba a ser una profesora con gafas, dedicadísima al quehacer importantísimo de la docencia, pues tiene 25 años y ha terminado la carrera de Filología Hispánica, pero con lo bien que canta no sé qué será... Cuando grabamos la nana yo le dije que pensara que le cantaba a su sobrina Debla, la niña de Estrella, y luego la gente lo ha oído y no se pueden creer que sea Soleá. Quieren que grabe y todo eso, pero ella aún no lo tiene claro.

¿Qué Morente crees que perdurará más, el cantaor o el creador? Por decirlo de otro modo, ¿se recordará más tu modo de cantar o tu aportación al flamenco, tu voz o tu mente? Hummm... Yo creo que la mente, porque realmente yo soy un cantaor artificial, casi sin identidad, autofabricado... A mí, cuando me preguntan dónde aprendí a cantar, tengo que decir: en México. Todo el mundo cuenta que aprendió en las cuevas, con su tía no sé qué, con su abuelo no sé cuántos, que si soy nieto de tal y heredero de cual dinastía... Pero en mi caso no fue así. Claro que le debo mucho al arte que tenía mi madre, que cantaba de maravilla aunque no se dedicara a ello, pero yo me encontré a mí mismo en México... Yo soy casi más mexicano que español aunque ahora voy muy poco, porque murieron amigos queridísimos que allí tenía.

 
MORENTE, Buscando la hecatombe

“Todo lo que huela a lápida hay que desecharlo, pero, por supuesto, agradezco mucho los elogios, vengan de donde vengan”, decía el maestro en esta entrevista. Foto: Óscar García

 

¿En España eras ya reconocido? De vez en cuando tenía algún pequeño éxito, pero hasta entonces la mayoría de las veces siempre era un fracaso. Una persona maravillosa, que era discípulo de Buñuel, me animó a cruzar el charco, donde empecé a sentirme un hombre. La inspiración la aprendí a dominar en México y el cante sin inspiración no es nada. Cuando verdaderamente puedes decir que aprendes a cantar es cuando dominas la inspiración, el duende, el sentimiento, el pellizco... Puedes aprender todos los cantes y toda la Biblia y sus antologías, o sacar una voz preciosa, pero si no aprendes lo principal no sirve de nada.

¿Entonces habías grabado ya? Había hecho un disco con el Niño Ricardo y un homenaje flamenco a Miguel Hernández, que como aquí había censura salió antes en México. Mi estancia allí, a principios de los setenta, para mí fue decisiva; tomé conciencia de muchas cosas y conocí a intelectuales de altísima categoría... Recuerdo que había un escritor, Paco Ignacio Taibo, que nos invitaba a diario a comer en la Casa de Asturias, que los asturianos son muy generosos... Nos decía: “Venid cuando queráis”. Y todos los días aparecíamos unos cuantos caraduras a comer. Todos en una mesa muy larga... Había uno que casi no hablaba pero que se reía mucho con las tonterías que decíamos el guitarrista y yo... Y al cabo de unos años me cultivo un poco más, cojo algo de cultura, y un amigo me regala un libro que se llama “Pedro Páramo”, veo la fotografía del autor y digo: “¡Pero si este es Juanito!”.

Si un elogio te sirve para estimularte, bendito sea; en cambio, si te sirve para que te creas el rey del mundo, te hace mucho daño. Pero entonces no es culpa del elogio, es del elogiado

¿¡Juan Rulfo!? Si, el que estaba allí todos los días “enbocatao”, comiendo en la misma mesa. ¡Tenía más hambre que nosotros! Yo entonces estaba empezando a leer a Federico y Miguel Hernández, pero no tenía ninguna cultura. Había leído solo unas cuantas novelillas del oeste, a las que les debo el haber aprendido a leer y de las que nunca renegaré. Porque cuando una cosa tiene éxito es que algo tiene. No está vacío, puede tener muchas carencias, pero por algún lado algo siempre hay... Luego cayó en mis manos “Doña Rosita la soltera” y para mí fue una revelación. Me cambió mucho la visión de las cosas y empecé a leer más cosas de Lorca. Y de Miguel Hernández, porque me hice rojo.

Hoy muchos te consideran el mejor cantaor en activo... Exageran... hoy en día hay cantaores muy buenos. Yo estoy más bien en la línea del filo de la navaja, de llevar la contraria, es lo que me divierte; aunque sea un gran enamorado del cante jondo más clásico y de la tradición. Tengo como muchas vertientes en ese sentido y eso me salva, creo; no estoy cerrado a una sola forma de ser. En el arte hay muchas formas y hay que distinguirlas.

¿Pero tu expresión artística es siempre flamenca? Todo parte desde el flamenco, salvo alguna colaboración especial. Si a mí un director de cine como este chico que dirigió “Bajo las estrellas” –se refiere a Félix Viscarret, para cuya banda sonora interpretó una versión de “Stella By Starlight”– me encarga una canción preciosa de Sinatra, yo la canto lo mejor que puedo, pero yo no soy cantante de ese género, yo soy cantaor.

Y entre la intelectualidad, casi canonizado en vida. Todo lo que huela a lápida hay que desecharlo, pero, por supuesto, agradezco mucho los elogios, vengan de donde vengan.

¿Los elogios colman el ego o lo avivan aún más? Depende de tu inteligencia y del narcisismo que cada cual tenga. Si un elogio te sirve para estimularte, bendito sea; en cambio, si te sirve para que te creas el rey del mundo, te hace mucho daño. Pero entonces no es culpa del elogio, es culpa del elogiado.

Etiquetas: 2000s, 2009, flamenco, Granada
MESHELL NDEGEOCELLO, Por Nina

ENTREVISTA (2013)

MESHELL NDEGEOCELLO

Por Nina

Por Ricard Martín
ANOUSHKA SHANKAR, El viaje flamenco
Por Ramon Súrio
ACTRESS, Los tipos duros no bailan
Por César Estabiel
MARK EITZEL, Nubes y claros

ENTREVISTA (2017)

MARK EITZEL

Nubes y claros

Por Eduardo Guillot
NINE STORIES, Más que amigos

ENTREVISTA (2013)

NINE STORIES

Más que amigos

Por José Fajardo
MARIE DAVIDSON, El alma de la máquina
Por Álvaro García Montoliu
MAD PROFESSOR, The Spanish Dub Invasion
Por Dr. Decker
ELLE BELGA, Línea clara

ENTREVISTA (2009)

ELLE BELGA

Línea clara

Por Ramón Fernández Escobar
JONATHAN WILSON, El espíritu del Cañón
Por Ferran Llauradó
¡PELEA!, El gang que se encontraba en conciertos
Por Kiko Amat
SEAN NICHOLAS SAVAGE, Club Tropicana
Por Llorenç Roviras
ANDY MOOR, The Ex

ENTREVISTA (2007)

ANDY MOOR

The Ex

Por Víctor Lenore
LITTLE WINGS, Una compuerta secreta detrás del armario
Por Nando Cruz
LOS HERMANOS CUBERO, Jota para Bill Monroe
Por Nando Cruz
VERONICA FALLS, Las dulces caídas
Por David Saavedra
ANNA CALVI, A veces veo canciones

ENTREVISTA (2011)

ANNA CALVI

A veces veo canciones

Por Pablo Gil
JOAQUÍN PASCUAL, Una cierta mirada
Por David Saavedra
!!! (Chk Chk Chk), Sin etiquetas

ENTREVISTA (2015)

!!! (Chk Chk Chk)

Sin etiquetas

Por José Fajardo
PAPA WEMBA, El perfume

ENTREVISTA (1996)

PAPA WEMBA

El perfume

Por David S. Mordoh
BOB STANLEY, Saint Etienne

ENTREVISTA (2008)

BOB STANLEY

Saint Etienne

Por Víctor Lenore
JAMES BLAKE, Viaje vertical

ENTREVISTA (2011)

JAMES BLAKE

Viaje vertical

Por Juan Monge
LEÓN BENAVENTE, Bocados de realidad
Por JuanP Holguera
Arriba