×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
N.W.A, Grupo salvaje

Ice Cube, Dr. Dre, Eazy-E, DJ Yella y MC Ren: historia gangsta.

 
 

ARTÍCULO (2015)

N.W.A Grupo salvaje

Gracias al éxito de la película “Straight Outta Compton” (estrenada en España el 13 de noviembre de 2015), el espíritu de N.W.A volvió a resurgir para recordarnos que su venenoso influjo sigue presente en el aparato circulatorio de la cultura negra (y la cultura pop). De Compton a Hollywood, lo que consiguió el grupo más peligroso del mundo a finales de los ochenta fue un órdago sin parangón a la industria musical. Òscar Broc recordó en este artículo al clan gangsta rap por excelencia.

Veintisiete años después, los niggas con actitud han vuelto a hacer saltar la caja. Este verano, el biopic de N.W.A, “Straight Outta Compton” (F. Gary Gray, 2015), ha triturado la cartelera estadounidense. Cuesta mantener la compostura ante los 150 millones de dólares recaudados en taquilla hasta la fecha, una cifra que debería impresionarnos no tanto por su aplastante rentabilidad –el olfato empresarial de Ice Cube y Dr. Dre, cerebros del proyecto, roza lo esotérico– como por el mensaje que encierra: hace más de veinte años que N.W.A son historia, pero la historia se niega a olvidarlos.


The dayz of wayback

Pocas siglas han quedado tan profundamente grabadas en el pellejo del hip hop como las del quinteto de Compton, uno de los guetos más voraces de Los Ángeles. Hasta en la nomenclatura, la banda fue un artefacto de un diseño perverso, perfilado por una de las alianzas más antinaturales que se han visto en la industria: por un lado, Eazy-E, un supuesto traficante de Compton con pinta de Crip autista; por el otro, Jerry Heller, un wiseguy judío más blanco que la cal, que le doblaba la edad y había trabajado con estrellas como Marvin Gaye y Van Morrison. Eazy aportó fondos turbios para crear el sello Ruthless Records en 1986, dando vida sin proponérselo a una de las constantes de la mitología gangsta rap: el dealer que levanta un imperio musical con la pecunia del tráfico. Heller puso sobre la mesa los contactos y la experiencia para encajar las ambiciones de su socio en el engranaje del show business.

La extraña pareja funcionó. Suyo fue el reclutamiento de los dos motores creativos de los Black Beatles. Uno era Ice Cube, letrista superdotado y eternamente cabreado con los blancos, la poli y la humanidad. El otro era Dr. Dre, el productor obsesivo, el perfeccionista del beat. Eazy-E, el cerebro empresarial y rapero ocasional, ocupaba el ángulo restante del triángulo duro. MC Ren y DJ Yella –un tipo capaz de entenderse con Dre a base de gruñidos y monosílabos, según Heller– completaban el pack en calidad de secundarios.

Aunque Ruthless ya había espolvoreado material del quinteto en el sencillo “Panic Zone” (1987) y el recopilatorio “N.W.A. And The Posse” (Macola, 1987), el cóctel molotov estalló en la cara de la América blanca con la publicación del que, para muchos, es el disco de rap más influyente de toda la historia. “Straight Outta Compton” (Ruthless, 1988) era una obra visionaria y radical que acomodaba la fiereza nihilista del gangsta rap en un compuesto sonoro novedoso, ensamblado para permear círculos pop que parecían infranqueables para un mensaje tan duro. No fueron los pioneros del gangsta rap, pero consiguieron meterlo en el walkman de los adolescentes caucásicos de familia acomodada de toda América, chavales que no sabían qué demonios era Compton y hasta ese día vivían ajenos a los apocalipsis del gueto negro.


Real niggaz don’t die

Mientras bandas coetáneas como Public Enemy apelaban a la lucha contra el opresor blanco, aportando herramientas para la rebelión, blandiendo un rap mucho más político y predicante, el quinteto de Compton no se erigía en voz de nadie. Era la tos ronca de los barrios negros angelinos con más carcinoma. Un grito de rabia. Mala baba de la máxima pureza. El grupo nunca trató de inyectar política en sus relatos. De hecho, en 1991 Eazy-E llegó a acudir a un almuerzo del Partido Republicano auspiciado por George Bush previa donación: le daba igual lo aberrante de la imagen, sencillamente creía que podría sacar tajada de aquello en un futuro. Sobrevivir.

Porque N.W.A va precisamente de eso, de sobrevivir. La conciencia política no podía competir contra la supervivencia en la jungla; por tanto, la banda ofrecía resentimiento, rencor, odio y puños americanos como respuesta. Cube, Dre y compañía se mostraban como simples notarios de la realidad de una zona de guerra interurbana pesadillesca, machista y ultraviolenta, cuyos horrores, hasta la irrupción del grupo, no se habían filtrado en los apacibles barrios de la burguesía blanca.

El modo de vida del gueto dejó de ser un fenómeno local y cerrado para ser universal. La propia banda calificó su música de reality rap y su apego a la realidad del suburbio no tenía filtro. Las letras eran nitroglicerina para la América biempensante: glorificación de la violencia, slang pandillero, tráfico de drogas como modo de vida, asalto a la autoridad, misoginia descontrolada, individualismo extremo, positivización del odio y muchas armas de fuego. No tenía sentido enviar el mensaje dulcificado. De hecho, la intención del grupo no era trascender dicha violencia e imaginar un gueto mejor, sino todo lo contrario: todos parecían extremadamente cómodos en esa dialéctica salvaje.

 
N.W.A, Grupo salvaje

La banda ofrecía resentimiento, rencor y odio. Sus armas para sobrevivir en la jungla.

 

Compton’s N the house

N.W.A apareció en una época en la que el crack y las guerras de bandas en los suburbios de Los Ángeles se sumaban a las brutales gang sweeps, incursiones policiales en territorios dominados por las bandas que se traducían en abusos continuados de autoridad. De ese caldo saturado de odio emergió una de las mejores argucias publicitarias de la historia del rap. “Fuck Tha Police”, el corte más universal del grupo, fue uno de los primeros ataques violentos a la policía lanzados desde un disco, y convirtió a N.W.A en plato del gusto de infinidad de adolescentes (60% negros, 40% blancos) con ganas de gresca. N.W.A ofrecía un chute de rebeldía irresistible y exótico que el rock, el punk o el heavy no podían vender. La imagen del grupo, con outfit pandillero, gorras de Los Angeles Raiders, tejanos negros, chaquetas Carhartt, gafas de sol y armas automáticas completaba un producto incendiario. Definitivamente, ser fan de N.W.A molaba mucho.

Y lo mejor es que, según Jerry Heller, Cube era un hijo de mamá, Dre no había probado nunca la marihuana y Eazy no procedía de ninguna familia castigada por el crack. No salían de casa sin su automática, pero ninguno de ellos había pegado un tiro. Aun así, N.W.A hizo creer a todos que era la banda más peligrosa del planeta. El FBI envió al grupo una carta amenazadora instándole a que dejara de tocar “Fuck Tha Police”. Se produjeron disturbios con las fuerzas de seguridad en sus conciertos a causa de la canción. En el máximo apogeo de Guns N’Roses, Axl Rose salía a cantar con una gorra de N.W.A. El rap antiamericano, amoral, profano y misógino de la banda ya era cultura pop. Un estercolero como Compton estaba en la cima del mundo.

Incluso en su rápido descenso al averno, N.W.A escribió un guion cinematográfico de auge y caída que luego se ha repetido sistemáticamente en incontables grupos de rap. La entrada masiva de billetes genera recelos, Cube y Dre se van del grupo haciendo ruido y comienzan una guerra de rimas humillantes contra Eazy y Heller que durará años. Antes de la partida de Dre, que desembocará en la extinción de N.W.A, el grupo se las apaña para editar un segundo álbum, “Efil4zaggin” (Ruthless, 1991), que revienta las listas, pero el sueño se hace añicos en un momento, las amistades se rompen y también la gallina de los huevos de oro. Incluso hay épica final en este drama de traiciones: Eazy-E muere en la cama de un hospital víctima del sida en 1995, convirtiéndose en uno de los primeros mártires del gangsta rap way of life. Se baja el telón.


Real niggas don’t die

N.W.A demostró que puedes convertirte en un fenómeno pop desde el lado oscuro y acojonar al mainstream sin apoyo de los medios mayoritarios. La influencia de los N.W.A de “Straight Outta Compton”, como dice el humorista Chris Rock, es tan honda como la de Sex Pistols, Nirvana o Madonna. Sin el legado conceptual y musical del quinteto sería imposible llegar a Snoop Dogg, 2Pac,The Game, Eminem, Kendrick Lamar y tantos otros; sería imposible hablar del reinado posterior del G-Funk y la activación masiva de los sonidos West Coast, con “The Chronic” (1992) de Dr. Dre como máximo exponente. Sería imposible explicar la evolución de la música negra de los últimos veinticinco años. Y no tan negra. Que Noel Gallagher asegurase utilizar en “D’You Know What I Mean?” un loop de “Straight Outta Compton” no deja de ser una deliciosa extravagancia que siempre me gusta recordar.

El reinado de N.W.A duró poco, pero fue demencialmente intenso. Su influencia es demasiado aplastante para reprocharle a sus dos miembros billonarios, Dre y Cube, que se hayan doblegado al mismo sistema que pusieron contra las cuerdas hace veintisiete años. Si en el 88 nos hubieran dicho que Cube amasaría una fortuna en el mismo Hollywood que ansiaba quemar hasta sus cimientos, habríamos tosido ruidosamente. Si en el 88 nos hubieran dicho que Dr. Dre se forraría vendiéndole unos auriculares ortopédicos a Apple por 3.000 millones de dólares, habríamos reído. Las cifras de taquilla de la película “Straight Outta Compton” ponen de manifiesto que la importancia de N.W.A está por encima de las contradicciones de sus supervivientes. Son la constatación de que en el año 2015 el grupo más peligroso del mundo sigue intoxicando la cultura popular, aunque sea flotando en el éter, como los espectros que sobrevuelan la portada de “Efil4zaggin”.

 

LOS DOS DISPAROS

N.W.A, Grupo salvaje

“Straight Outta Compton”
(Ruthless, 1988)

Los destellos que pudieron verse del grupo en el recopilatorio “N.W.A. And The Posse” (1987; con la participación de Arabian Prince, Rappinstine, The Fila Fresh Crew, Dr. Rock, Doc T., Fresh K, Ron-De-Vu y otros) no presagiaron el tsunami de frescura e insolencia de “Straight Outta Compton”. Dr. Dre y DJ Yella armaron un sonido musculoso y bailable que acogía cajas de ritmos nerviosas, loops de guitarra, samples de funk y scratches graníticos. La fórmula era sencilla y de muy bajo presupuesto, pero se reveló como el envoltorio perfecto para las letras de Ice Cube: narraciones en crudo del día a día de Compton que pusieron los pelos de punta a la sociedad norteamericana. Se recuerdan pocas bofetadas de realidad como la que este álbum le propinó al hip hop. Clásicos como “Fuck Tha Police”, “Straight Outta Compton” e “If It Ain’t Ruff” siguen sonando asombrosamente bien y hablan alto y claro de la vigencia de un álbum que cambió el juego de forma irreversible. Tres millones de copias vendidas avalan el milagro: el gangsta rap nunca había llegado tan lejos.

N.W.A, Grupo salvaje

“Efil4zaggin”
(Ruthless, 1991)

Precedido por el magnífico EP “100 Miles And Runnin’” (Ruthless, 1990), el último álbum de estudio de N.W.A podría compararse a un puñetazo trapero en la glotis. Cuesta respirar. El trabajo en el estudio de Dr. Dre y su escudero en la sombra, DJ Yella, es titánico. Capas y capas de samples de funk y soul de los setenta se solapan en una espiral enfermiza de sonidos hardcore y se sostienen sobre beats contundentes, amenazantes. La ausencia de Ice Cube (y la presencia de The D.O.C. como ghostwriter) se traduce en un aumento del garrulismo gangsta en las letras, apartado en el que N.W.A extrema el personaje: pese al humor de los remakes de “My Automobile” de Parliament y “I’d Rather Be With You” de Bootsy Collins –convertidas en “Automobile” y “I’d Rather Fuck You”–, los relatos son muchísimo más salvajes y misóginos que los de su debut. Su mensaje es inquietante, pero veinticuatro años después de su publicación, “Efil4zaggin” continúa siendo uno de los mejores trabajos de estudio de Dr. Dre y sigue sonando como un disco de otro planeta.

 
BILLIE HOLIDAY, Del sentimiento trágico de la vida
Por Mingus B. Formentor
MADELEINE PEYROUX, La dama canta blues
Por Peter Doggett
PACO DE LUCÍA, El genio “especial”
Por Silvia Cruz Lapeña
BOMBINO, Alma tuareg

ARTÍCULO (2011)

BOMBINO

Alma tuareg

Por Vicenç Batalla
THE BEATLES, 40 años de “Sgt. Pepper” (y 2ª parte)
Por John Harris
JOHN CAGE, El gran inventor

ARTÍCULO (2008)

JOHN CAGE

El gran inventor

Por Roc Jiménez de Cisneros
PJ HARVEY, Viuda de guerra

ARTÍCULO (2011)

PJ HARVEY

Viuda de guerra

Por Jordi Bianciotto
LOS MODELOS, Lágrimas sobre un grupo muerto
Por Diego A. Manrique
RY COODER, Río Grande

ARTÍCULO (1987)

RY COODER

Río Grande

Por David S. Mordoh
ELVIS COSTELLO, Tal como es

ARTÍCULO (1983)

ELVIS COSTELLO

Tal como es

Por Diego A. Manrique
TOM JONES, ¿Cómo soy de bueno?

ARTÍCULO (2016)

TOM JONES

¿Cómo soy de bueno?

Por Miguel Martínez
RAY HEREDIA, Como un caballo sin frenos
Por José Antonio Pérez
BJÖRK, Violentamente infeliz

ARTÍCULO (2015)

BJÖRK

Violentamente infeliz

Por Javier Blánquez
AMY WINEHOUSE, Killing Me Softly

ARTÍCULO (2008)

AMY WINEHOUSE

Killing Me Softly

Por Paul Elliott
BUDDY HOLLY, Solo para gafosos

ARTÍCULO (1986)

BUDDY HOLLY

Solo para gafosos

Por Diego A. Manrique
MORENTE, Esa curiosidad inacabable
Por Luis Clemente
KANYE WEST, Yes, Sir

ARTÍCULO (2005)

KANYE WEST

Yes, Sir

Por Roc Jiménez de Cisneros
JASON MOLINA, Un gótico tardío

ARTÍCULO (2013)

JASON MOLINA

Un gótico tardío

Por Beatriz G. Aranda
BOB MARLEY, El Rey León (y 2ª parte)
Por Lloyd Bradley
PEDRO SAN MARTÍN, Imposible aburrirse con él
Por Víctor Lenore
PHILIP GLASS, La vida en tres actos
Por César Estabiel
BROADCAST, Todas las voces dentro de una
Por Juan Monge
Arriba