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NACHO CASADO, El cambio tranquilo

Verano brasileño.
Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2018)

NACHO CASADO El cambio tranquilo

Alejado de los sonidos más folk que abrazó con acierto en La Familia del Árbol, Nacho Casado se estrena en solitario cautivado por el influjo brasileño con el que mece las canciones de “Verão”. Un álbum que le sirve para alcanzar una honesta madurez musical con la que refuerza su pasión por construir canciones.





“¿Qué puede esperar un músico sin grandes medios, promotoras o demás? Hacer buenas canciones e intentar firmar mejores discos. Eso es lo que he buscado aquí. He tratado de explicar nuevas historias de la mejor manera posible”

Con “Verão” (Autoeditado-Hidden Track, 2018) a Nacho Casado le ha llegado el disco del cambio, el momento de lanzar su propio proyecto en solitario, después de compartir durante años la aventura de La Familia del Árbol con su pareja Pilar Guillén. La semilla de la evolución, el proceso de maduración personal y musical que desemboca en esta nueva colección de canciones, hay que buscarla en los conciertos posteriores a la salida de “Odisea” (2015), el ambicioso segundo disco de su proyecto anterior. “En él trabajamos mucho los arreglos, y acabó siendo un álbum para defender en formato banda, pese a que, por cuestiones de medios, por cómo es el negocio musical y por la precariedad de condiciones que te encuentras para tocar en una sala, terminé presentándolo solo”, apunta Nacho, rememorando la traslación al directo del disco de La Familia del Árbol. A eso se le sumó el nacimiento de su primer hijo, que cambió las dinámicas de trabajo. “Los momentos de coger la guitarra pasaron a ser los de a media tarde, y tampoco podías hacer mucho ruido en casa porque a esa hora el niño dormía. Así que acabé recurriendo a la guitarra de toda la vida para tocar”. Y tocó, hasta que encontró “algo que me gustó y que me hizo tener ganas de seguir explorando más allá de lo trabajado hasta entonces”.

De esa exploración y maduración nace “Verão”, grabado con el productor Lluís Cots, en el que la voz de Nacho se deja acompañar por guitarra española y contrabajo. “Introdujimos algunos coros extras y algunas armonías y, aunque no descartamos que en algún concierto podamos llevar percusión, una de las cosas que me gustan del disco es que el directo estará basado en él, tal cual es, lo que le aporta mucha sinceridad”. A Cots llegó a través de su amigo Ramón Rodríguez de The New Raemon, y el entendimiento fue inmediato. “Hablamos mucho de la línea que quería seguir: llevaba un par de años escuchando mucha música brasileña, sobre todo a João Gilberto, que persigue esa esencia de guitarra y voz que necesitaba aquí. Tiene un cierto aire a lo que buscábamos, así que, para darle ese toque percutivo de más, añadimos la figura del contrabajo”.

Dirigido por Pilar Guillén, "Edén" es uno de los temas de “Verão”, debut en solitario de Nacho Casado.

Para la grabación, se optó hacerla por tomas. “No era tanto una cuestión de arreglos, como podía pasarme antes, sino de encontrar una buena toma”, algo parecido “a lo que podía hacer yo en la cocina de mi casa”. De ahí salió un sonido cargado de honestidad, la que te da el hecho de “trasladar esa intimidad del hogar al oyente”. Manteniendo la responsabilidad de la tarea compositiva que ya ejerció en su proyecto anterior, el disco bucea entre emociones y homenajes y guiños a pilares en los que apoyar el propio discurso, como esa “Chet Baker” en la que se realza “al músico que vive por la música. Al final, todo lo que haces es por la música, y ella a veces te castiga. Es como estar con alguien que te da mala vida”.

“En mi caso, recuerdo ir de adolescente con mis padres a comprar en centros comerciales y remover piletas de CDs. Lo mismo cogías un disco de los Byrds que un ‘Grandes éxitos de la música brasileña’”

El guiño a João Gilberto del que sale este salto transoceánico alcanza el mismo título del álbum, “y el aire que buscaba transmitir. Supongo que es un tipo de música a la que cualquier melómano llega tarde o temprano. En mi caso, recuerdo ir de adolescente con mis padres a comprar en centros comerciales y remover piletas de CDs. Lo mismo cogías un disco de los Byrds que un ‘Grandes éxitos de la música brasileña’”. Ahora, al buscar esa manera de conectar mediante voz y guitarra, “me puse a investigar mucho más a fondo la música brasileña. Conecté mucho con João y me sumergí en ese tipo de sonidos, escuchando muchos vinilos y tratando de crear nuevas dinámicas”. Pese a ello, el disco nada en un equilibrio entre la luminosidad estival pensada inicialmente “y esa faceta tal vez menos alegre que ha acabado por tener un peso mayor del que creía”. Inevitable saudade.

La búsqueda de esas nuevas paletas de sonido alejaron el proyecto de la vía más folk con la que Nacho se dio a conocer en La Familia del Árbol, un giro en parte intencionado, provocado por el deseo de cambio. “Venía de escuchar mucha música folk, pero aquí me he encontrado mucha riqueza artística”. Así, se mueve en unas nuevas coordenadas, de las que surgen canciones “acordes con lo que creo que puedo hacer y aportar. Me representan bien”. Unos nuevos parámetros que abren, de paso, nuevos horizontes para su puesta de largo en directo. “Me apetecía distanciarme un poco del circuito que conocía más, y de entrada parece que no hay tantas barreras. Era un poco alejarse de la etiqueta de lo indie y explorar otras vías: comprobar si hay mundo fuera de eso, qué audiencias me puedo encontrar y qué circuitos puedo visitar”. Deseos, al fin y al cabo, que hilvanan su camino hacia la madurez creativa. “¿Qué puede esperar un músico sin grandes medios, promotoras o demás? Hacer buenas canciones e intentar firmar mejores discos. Eso es lo que he buscado aquí. He tratado de explicar nuevas historias de la mejor manera posible”. Un cambio tranquilo, mecido con cuerdas de nailon.

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