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NACHO VEGAS, Hablando del asunto (2ª parte)

Sinceridad sin cortapisas.

Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2018)

NACHO VEGAS Hablando del asunto (2ª parte)

Un nuevo capítulo de la entrevista de más de tres horas que Santi Carrillo realizó a Nacho Vegas a partir de la publicación de su disco “Violética”. Si en la primera parte, publicada en papel en el Rockdelux 375 (septiembre 2018), el asturiano abría el baúl de sus secretos para sincerarse como pocas veces antes lo había hecho (desde el uso que algunos periodistas hicieron de sus declaraciones políticas hasta su subjetiva percepción de la felicidad), en esta segunda entrega analiza con detalle las canciones de su séptimo trabajo largo, motivo central de una conversación que también se bifurca por otros senderos: maquis, amparo y ternura, muertes no investigadas, cumbias, buenismo, drogas, locura, solemnidad…

(Se puede leer la primera parte en papel en el Rockdelux 375)

La intensa primera parte de este encuentro se realizó durante una comida en el restaurante Patrón, en Barcelona. De entrada, la actitud de un Nacho Vegas receloso, que hablaba en un tono muy bajo, ajeno al persistente ruido de clientes, camareros y música ambiental, no presagiaba un encuentro tan fructífero como el que finalmente se produjo. Cuando me pareció que su incomodidad iba en aumento, decidí que lo mejor era seguir hablando, pero ya sin el testimonio de la grabación de las notas de voz de mi teléfono. Aborté la entrevista y le sugerí que quizá fuese mejor continuarla al día siguiente en su hotel. Y así lo hicimos. Veinticuatro horas después, a las cuatro y media de la tarde, me presenté en el Guitart Grand Passage para proseguir esta larga conversación. Publicamos hoy el fragmento dedicado a la primera parte de “Violética”, la que comprende las nueve primeras canciones, de “El corazón helado” a “Todo o nada”, y el resto de interesantes elementos que surgieron a su alrededor.

“Al secuenciar los discos siempre pienso mucho en la canción que tiene que abrir y en la que tiene que cerrar. Y también en la canción que esté en medio y pueda articular de alguna manera las dos partes. Luego, el resto se va ordenando por sí mismo. Y en ‘El corazón helado’, en concreto, convivía el hecho de que es una canción mía, pero con un texto antiguo que en realidad hice mío. Incluso hubo gente que la escuchó y pensó que era una letra escrita por mí”

Has dicho en otras entrevistas que la secuenciación de “Violética” era muy importante para ti. Por eso determinaste que era fundamental que las dos partes que marcan el tempo del disco empezaran con dos versiones que señalizasen el terreno a tus composiciones. Y la primera parte se inicia con “El corazón helado”, adaptación musicada de un poema de los hermanos Manolo y Aurelio Caxigal, maquis que nos dan la bienvenida. Esta fue una canción incluida a última hora en el repertorio de una forma un poco insospechada. Hace dos años me llamó el escritor Ramón Lluís Bande para presentar su libro “Cuaderno del paisaje”; él, en los últimos tiempos, ha investigado mucho sobre la historia de los fugados, de los maquis, que es una historia no contada o mal contada. Buscó a los que seguían vivos, no muchos, y encontró testimonios de gente muy mayor. A raíz de toda esa elaboración, un familiar de los fugados le pasó un cuaderno con varios poemas de los hermanos Caxigal. Le dijo: “Tengo esto, no sé si tiene algún valor…”. Y, por supuesto, tenía valor. Algunos son poemas satíricos sobre el franquismo, pero me topé con este texto y, para la presentación del libro, decidí ponerle música. Pero, al final, me pareció un poema tan poderoso que le di una vuelta más a la canción para acabar incluyéndola en el repertorio, hasta el punto de que creí que tenía fuerza suficiente para, incluso, abrir el álbum… Al secuenciar los discos siempre pienso mucho en la canción que tiene que abrir y en la que tiene que cerrar. Y también en la canción que esté en medio y pueda articular de alguna manera las dos partes. Luego, el resto se va ordenando por sí mismo. Y en “El corazón helado”, en concreto, convivía el hecho de que es una canción mía, pero con un texto antiguo que en realidad hice mío. Incluso hubo gente que la escuchó y pensó que era una letra escrita por mí.

En ella juegas mucho con los coros, que es una cosa muy utilizada en este disco, pero que en esta primera canción ya marca tendencia. Y también con la repetición de “¡Ay, ay, dolor!”, estribillo que le otorga mucha fuerza dramática y sobre el que pivota la canción. En realidad, el poema original se llamaba “Canción”. Y apenas modifiqué alguna palabra, toqué alguna rima y cambié de orden alguna estrofa; no mucho más. Aunque al principio podría parecer una historia de alguien que decide irse a la naturaleza, de repente, cada poco, suelta lo de “ay, dolor” y te sitúa en la dureza de lo que suponía vivir en el monte en aquellas condiciones.

En “Ser árbol” me gusta mucho la frase “nos recorrimos por dentro”. Me parece una canción romántica de los años setenta, una especie de soft folk que también puede retrotraer a las canciones italianas de esa década… Y aunque no es de Violeta Parra, ¿hay en la letra algo implícito sobre su suicidio? No sé si es así, pero me lo sugiere lo del árbol y la idealización de la naturaleza… La verdad es que no lo había pensado así. Sí que hay gente que me ha dicho que la naturaleza está presente en este disco de una forma que no aparecía en otros. Esta canción en concreto se empezó a escribir por la última de las estrofas. Una historia que me contó Santiago Alba Rico sobre una mujer muy mayor, Margarita, que vive en Las Hortichuelas, donde él suele veranear, y que le soltó esa frase: “Yo ya solo quiero ser como la sombra de un árbol seco para el sol y para la tierra”. A partir de esa frase tan poderosa, la canción se fue construyendo a fuego lento. Yo tardo bastante en dar por terminadas las canciones, no soy de los que escriben de un tirón, y, en este caso, al hacerlo desde la última frase se fue edificando a partir de diferentes perspectivas. Por eso hay una lectura que puede ser la de una canción de amor; de hecho, el amor y la ternura están presentes, pero también hay algo de metacanción. En realidad, estoy hablando de lo que creo que es necesario para escribir una canción, de saber un poco de dónde vienes. Por esa razón hablo de hundir las raíces para poder mirar más alto. Partir de aquello que hunde sus raíces en la tradición es una manera de conocer de dónde viene lo que haces para poder conseguir que tu mirada llegue mucho más lejos. En cambio, si te limitas a escuchar solo a tus contemporáneos, creo que tu mirada es más limitada. Todos los que nos dedicamos a esto acabamos tirando un poco de ese hilo de las raíces para componer.

Aquí está el concepto del amparo, que es uno de los leitmotivs del disco… Estaba con una amiga mía muy joven, fascinada con los poemas de Raymond Carver, y hablamos mucho sobre ellos. Rebusqué y encontré poemas suyos que no estaban publicados en España, en una traducción argentina… Y, a partir de ahí, surgieron esos dos conceptos, el don de la ternura y la necesidad del amparo, versos cogidos de poemas de Carver que me parecieron un buen pretexto para poder organizar el repertorio del disco. Pero finalmente no me encajó ese deseo con las canciones y por eso no titulé el álbum de esa manera. En cualquier caso, yo creo que el ser humano no tiene capacidad por sí mismo para ser feliz. Y en “Ser árbol” aparece esta idea de que necesitamos a los demás, así como la relación con nuestro entorno, para alcanzar la felicidad. Y para que eso ocurra estás obligado a ser generoso, no solo en lo que respecta a recibir ternura y darla, sino también a saber dar cobijo, dar amparo; ese cobijo del que también hablaba Leonard Cohen en la “Canción del extranjero (“The Stranger Song”, tema versionado por Nacho Vegas en el EP “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, 2005), que para mí es el mismo que el amparo de Carver.





 




“Como sé que no soy bueno haciendo melodías especialmente bonitas, a pesar de que me gustan, me puse como premisa, ya desde ‘Actos inexplicables’, dejar que muchas veces la letra fuera la que vehiculara de alguna manera la melodía y que la melodía estuviera al servicio de la letra, y no al revés”

Luego viene “Bajo el puente de L’Ará”, que para mí es una de las mejores del disco. Narrativa de folk mezclada con novela negra, muy explosiva, saltos temporales, personajes novelescos, tensión. Recuerda a las canciones de Nick Cave pasadas por un filtro a lo Kurt Weill-Bertolt Brecht, quizá. Con esa intriga en la secuencia de lo que estás explicando, todo muy de película. Sí, puede ser. A mí me interesa mucho esa narrativa, todas las historias negras. Y es verdad que tiene un poco de “Murder Ballads” (el álbum de Nick Cave & The Bad Seeds de 1996) y que procede de ese tipo de tradición. Según la iba escribiendo tampoco sabía muy bien qué forma iba a tener. En realidad, a mí me recordaba, en principio, a Vinicio Capossela, a quien escuché mucho en el disco “Canzoni della cupa” (2016). Pero la verdad es que esta canción la escribí porque, hace dos años, con un par de amigos, alquilé una casa en Riosa, que es el concejo donde sucede toda la historia que se cuenta. Es la cuenca minera baja, con casas muy baratas, y la alquilamos para ir los fines de semana, para escapar un poco de la ciudad. Y durante el tiempo que pasamos allí conocimos a un tipo de gente muy representativa de la zona, muy golpeada por la minería… Conocimos a prejubilados, pero también a un chico que era un amor y que nos hizo de cicerone cuando llegamos, enseñándonos los sitios importantes y presentándonos a todo el mundo. Este chico, justo cuando dejamos la casa, murió. Le dieron una paliza y a los quince días falleció, como consecuencia de esa paliza, creo yo. Pero es de esas cosas que no se investigaron. Solo la gente del pueblo te decía, enigmáticamente: “Bueno, estaba metido en cosas...”. Son hechos que ocurren mucho en las zonas rurales y que no se cuentan. En esta canción el personaje de Olai está inspirado en él. Bueno, él era un personaje más encantador que el de la canción, pero todos los que salen por ahí están inspirados en algunos de los tipos que conocí entonces.

Así pues, ¿la idea de la canción te la dio la noticia de esa muerte no investigada? Sí, cuando me di cuenta de que había pasado desapercibida, de que la gente no se preguntaba por qué había muerto… En una ciudad habría habido una investigación. Si había algo turbio, seguramente cosa de drogas, eso ya era motivo suficiente para investigarlo, pero no se hizo. Una canción no te da la posibilidad de contar una historia con un desenlace y un final, pero sí de utilizar el recurso de dar saltos en el tiempo para presentar unos personajes y una intriga para explicar que ocurrió algo, aunque en realidad no se sepa a ciencia cierta qué ocurrió. En este caso, testimonia que en los pueblos pasan cosas que dicen mucho de la naturaleza humana y que, muchas veces, no se cuentan; y las canciones están para eso, para explicar esas cosas.

¿Es de la que más orgulloso te sientes del disco, como ejercicio narrativo? Esta y la del final, probablemente, la de la ballena, son las dos más diferentes al resto. Explicas dos historias. Digamos que, en un sentido narrativo, son las dos a las que más trabajo me costó darles forma. Por eso mismo también son difíciles de interpretar. Como sé que no soy bueno haciendo melodías especialmente bonitas, a pesar de que me gustan, me puse como premisa, ya desde “Actos inexplicables” (2001), dejar que muchas veces la letra fuera la que vehiculara de alguna manera la melodía y que la melodía estuviera al servicio de la letra, y no al revés. Y eso me permite, a veces, retorcer las canciones en unas medidas extrañas de versos y con diferentes tipos de compases, así como combinar ritmos ternarios con ritmos binarios, porque la letra lo exige.

La siguiente es “Todos contra el cielo”, una cumbia con política no explícita, pero sí bastante clara. A mí me recuerda muchísimo a Los Fabulosos Cadillacs. No sé si está hecho expresamente, pero la parte central es totalmente Fabulosos… Sí, puede ser. No lo había pensado, pero tiene sentido. Pensaba en las Kumbia Queers, que es un grupo del que me gusta mucho cómo mezcla el rock y la cumbia, así como sus versiones de metal, de punk y de rock en clave de cumbia. Y la hice un poco con esa idea en la cabeza. Porque me di cuenta, sobre todo escuchando a las Kumbia Queers, que la cumbia es un género que te permite utilizarlo de muchas maneras; por eso hay tantas cumbias diferentes en Sudamérica: la cumbia sonidera, la cumbia villera, la chicha... En realidad, es más una manera de hacer música que un género en sí mismo. Por eso me sentí con derecho a hacer una canción medio cumbiera.

Sí, he leído que te interesa mucho el tema de la cumbia, que para ti es como el nuevo punk o algo así. ¿Y no te apetecería, pues, lanzarte y hacer, por ejemplo, un EP todo de cumbias? Porque en esta canción, aunque está muy conseguida, no hay alegría. No la veo como una cumbia explosiva, como la que podría haber hecho, por ejemplo, Joe Crepúsculo, que seguramente habría sido bailable cien por cien. La tuya tiene otro tono. ¿No te apetecería grabar un disco de cumbias festivas, populares, con letras trabajadas? Sí, me apetecería, aunque no sé si soy capaz de hacerlo. Conozco mis limitaciones. Yo pensaba más en la cumbia de Mursego, la cumbia esquimal (se refiere a “Cumbia villera de la ciudad armera”), porque me hizo mucha gracia que dijera que no era una cumbia tropical sino esquimal. A mí, claro, me encantaría eso, pero al final las canciones, en mi caso, necesitan de una urgencia para ser compuestas, y eso siempre viene por otro lado; no puedo hacerlas de un modo predeterminado. Joe Crepúsculo podría hacer un álbum de cumbias estupendísimo, pero yo, de momento, no.

Otra de las mejores es “Desborde”. Y aquí tengo que decirte que creo que has aprendido de los errores pasados. Esta canción hace cuatro años, en “Resituación” (2014), me habría dado pánico imaginarla. Es decir, ahora explicas lo suficiente sin caer en lo excesivo. En el anterior disco, para mí, como ya sabes, te pasabas de frenada panfletaria en algunos casos. Aparte, aquí está la curiosidad del autoguiño a tu canción “Runrún” y vuelve el coro ecuménico de colectividad y de esperanza que tanto te preocupa y ocupa últimamente… Creo que es una de esas canciones pletóricas que vas dejando en cada álbum y que acabará formando parte de tu repertorio histórico acumulado. No lo sé, es una canción sobre la que tenía bastantes dudas, incluso para incluirla en el disco. El origen viene de una entrevista que le hicieron a Jorge Ilegal hace tiempo, creo que en ‘La Nueva España’, y en la que respondía a un cuestionario elaborado para diferentes personalidades sobre lo que necesitaba Oviedo. Él decía algo así como que viniera un tsunami y la convirtiera en una ciudad subacuática o no sé qué. Una respuesta como muy loca. 

Muy propia de él. Sí, muy propia de él, pero me quedó esa idea, que me pareció muy graciosa y muy poderosa, y al final acabé escribiéndola, pero dándole este sentido. Me daba un poco de miedo porque, al final, se habla tanto en la nueva política del desborde, de las mareas… Bueno, es el DesBorda, uno de los nombres que le dio Echenique (Pablo Echenique, secretario de Organización de Podemos en España) a uno de los sistemas de votación… En definitiva, que me daba un poco de rabia que se pudiese relacionar con todo eso. Quería que fuese una canción que se saliese de esos códigos de la actualidad que te hacen caer en lugares comunes… Pues me alegro, porque pensé que iba a ser de las canciones que tú ibas a detestar… (Risas)

No, tranquilo, hay otra que detesto más. Pero ya llegaremos. (Risas)

“Desborde” me ha parecido que está en su justo punto de sugerir para que la gente piense luego lo que quiera. Además, están muy conseguidos esos coros, la forma en que los haces crecer; en los conciertos, seguro, serán un triunfo y, a través de ellos, notarás claramente el feeling con el público. Bien, si te parece, seguimos con “Las palabras mágicas”. Aquí insistes en ese tema de la comunión con la humanidad… A propósito de esto quería hacerte una broma, gentileza del simpar Antonio Luque, a ver qué te parece. Decía Sr. Chinarro en Twitter o no sé dónde algo así como que todos los que hablan tan bien del prójimo, de la humanidad, de que todos somos hermanos, no han estado jamás en una reunión de vecinos. Perdona, pero me hizo mucha gracia; ahora mismo, soy presidente de la comunidad de vecinos de mi edificio y sé de lo que hablo: con la instalación del ascensor hemos llegado a extremos delirantes. Cuando nos topamos con el puro pragmatismo es cuando se revela la miseria del ser humano de un modo más elemental. Bien, te explico todo esto porque me da la impresión de que eres un buenazo, Nacho. No sé si la gente te toma el pelo por ser tan bueno, pero esta canción –que, aclaro, no es de las que me disgustan– te haría entrar en la categoría de buenazo. ¿De verdad crees tan abiertamente que todo el mundo es bueno y que todos podemos entendernos? Como concepto global y quimérico está muy bien pensarlo, pero la realidad te lleva a darte de bruces contra el mal, que existe, así como con la tontería, la gilipollez, el egoísmo… No, no, claro, claro. Y eso es lo que te provoca un montón de dilemas y de contradicciones, de dudas y de paradojas… Esta canción casi diría que es una canción de amor. De lo que sí estoy seguro es de que la bondad es un valor importante, y más importante de lo que nos creemos, porque es uno de los valores que no puntúan en el capitalismo. La inteligencia sí puntúa mucho; la belleza, también. Y el talento… Con todas esas cosas se puede mercadear, pero con la bondad no se puede hacer dinero.

“De lo que sí estoy seguro es de que la bondad es un valor importante, y más importante de lo que nos creemos, porque es uno de los valores que no puntúan en el capitalismo. La inteligencia sí puntúa mucho; la belleza, también. Y el talento… Con todas esas cosas se puede mercadear, pero con la bondad no se puede hacer dinero”

Nacho, creo que la bondad está por encima de cualquier sistema económico. Ni capitalismo ni comunismo ni nada. No, pero bueno…

… Me acuerdo de un entrenador de fútbol casi filósofo, el uruguayo Víctor Espárrago, que hace años hablaba del concepto de bondad como una obligación, no como algo de lo que presumir. Todos deberíamos ser buenos, pero la realidad nos lleva a no serlo muchas veces por tener que enfrentarnos a estos conatos de guerra encubierta que es la realidad de la propia vida. Es verdad que la bondad está por encima de sistemas, de cualquier ismo, pero también es cierto que si la bondad se valora poco hoy en día es porque no es posible convertirla en mercancía, como sí puede hacerse con la inteligencia, la belleza, el talento y todas las demás virtudes que pueda tener una persona, como ya he dicho. Recalcarlo me parece importante. Sin embargo, esta canción no me parece una canción buenista ni nada por el estilo.

En definitiva, lo que quería preguntarte es cuáles son las palabras mágicas, a las que te refieres en la canción, que dan sentido a la vida. Supongo que, como decías en la primera parte de esta entrevista (ver Rockdelux 375, septiembre 2018), el compromiso, la amistad… No sé, ¿cuáles serían? Muchas veces, las cosas que dices en una canción las escribes porque no puedes hablar de ellas; necesitas cantarlas, necesitas transformarlas en un verso que tenga un sentido, aunque sea un sentido más críptico y más extraño y no sepas exactamente lo que quieres transmitir, pero se trata del único mecanismo que posees para expresar ciertas cosas. De ahí que hablase de la magia que tiene la palabra, que tanto utilizamos de manera puramente referencial cuando hablamos oralmente… También en la comunicación verbal utilizamos un montón de metáforas conceptuales… Si le cuento algo a un amigo, un problema que tengo, yo qué sé, por ejemplo, que se ha muerto alguien o que acabo de romper con mi pareja… Si le cuento un drama, se lo voy a contar de una manera; y si eso lo pongo en una canción, lo voy a hacer de otra forma muy diferente. No va a ser lo mismo. Son esas palabras mágicas que tienes que poner en la canción para expresar esos sentimientos, porque en una canción no le estás contando algo a un colega, sino que estás intentando alejarlo de ti, que sea algo que pertenezca al mundo para, de esa manera, poder enfrentarlo, ya que no es un problema puramente personal tuyo y por eso necesitas utilizar ese tipo de palabras… mágicas.

 
NACHO VEGAS, Hablando del asunto (2ª parte)

Contra la solemnidad.

Foto: Alfredo Arias

 

La de “Crímenes cantados”, que veo que todo el mundo la elogia mucho… … Y es de las que menos te gustan a ti…

… Y, efectivamente, es de las que menos me gustan, pero no por lo que explicas, sino porque aquí parece nuevamente que tú eres muy bueno, Nacho… No puedes evitar ser tan bueno para determinar qué está bien y qué está mal en esta historia… A ver, lo que explicas, por ejemplo, ¿está documentado?, ¿son casos que existieron tal como los cuentas? Sí. La canción está elaborada a partir tanto de artículos periodísticos como de testimonios de familiares. Y luego reconstruí un poco los hechos y hay alguna recreación, sí, alguna parte digamos ficcionada. Nació casi como una canción de encargo. Tengo mucha relación con la gente de la Plataforma por el cierre de los CIEs de Valencia y querían montar una campaña, querían lanzar un disco, que al final se convirtió en otra cosa... Hice la canción pensando en ellos, para que la utilizaran en alguna de sus acciones, por si les ayudaba a darles visibilidad. Sin embargo, al final me gustó y decidí incluirla en el disco, pero, aun así, vamos a hacer algo con ellos… En definitiva, quería que tuviera un tono más periodístico, más como de crónica, y no implicarme demasiado porque entonces se iba a notar un poco artificial… De hecho, una amiga mía, a la que le gusta muchísimo “Violética”, me dijo el otro día que era la canción que menos le agradaba del álbum, a pesar de que hay mucha gente que me dice que le encanta. Según ella, notaba que había algo forzado, le parecía que estaba hablando de algo que no conocía de primera mano...

En mis notas había apuntado que es como un cuento de buenos y malos llevado al extremo, donde tú impartes justicia sin derecho a réplica… No sé, me pregunto: ¿crees que los que trabajan en estos centros realmente son tan malas personas como para tratar así a la gente? Mmmm… En realidad… Cuando yo digo que son crímenes, en realidad estoy culpando al poder, a los gobiernos que permiten que existan los centros, no a los trabajadores.

Nacho, en la canción los trabajadores salen fatalmente retratados. Los haces implícitamente culpables de esas muertes… Sí, bueno, porque en los relatos de las dos muertes pues hubo… Algunos de los agentes y de las enfermeras que intervinieron tuvieron un comportamiento… Y hay muchos casos así.

“Intento mantener la lucidez, pero, precisamente, si no perdí del todo la cabeza es gracias a mi trabajo, a la música, y a la gente que hay a mi alrededor que me lo hizo ver, porque hay personas a las que conozco que consumen y tienen problemas y que, bueno, les llega un momento en el que no pueden más que resignarse a que su vida es y será eso, porque no tienen otra cosa más que las drogas, que son muy potentes. Pero en mi vida, por suerte, hay otros alicientes”

Te preguntaba si estaban documentadas esas tropelías… Sí, sí, sí.

Si está documentado, me lo creo… Pero la canción parece: aquí, los buenos; aquí, los cabronazos que tratan mal a los pobres. No, no, la empecé a escribir a partir de leer uno de los testimonios: Samba Martine reclamaba unas zapatillas. Ella las pedía y se las negaban… La gente que trabaja en las plataformas por el cierre de los CIEs lo hace porque, en realidad, son sitios muy opacos. Y solo llegan testimonios de la gente que pudo salir de ahí y de familiares, que son los que han documentado muchos casos de maltratos y de abusos… Eso no quiere decir que todos los que trabajan ahí sean así. El otro día una amiga me hablaba de un policía amigo suyo que trabaja en el CIE de Murcia, que está en Sangonera la Verde, y está a favor del cierre de los CIEs porque dice que le horroriza lo que ve allí… No intentaba decir que los funcionarios de prisiones son malísimos, sino hablar del poder. Digamos que la conclusión de la canción es lo que para mí hizo que tuviera sentido. Hay una cosa que me dio mucha rabia y que es lo que provocó la canción, porque las canciones nacen siempre de alguna rabia, y fue cuando precisamente Zoido (Juan Ignacio Zoido, Ministro de Interior entre 2016 y 2018) presentó uno de los CIEs en un acto institucional con un vídeo como con una música de piano a lo Satie y con canchas de baloncesto, como si la gente fuese a estar alojada en un sitio de puta madre… Conociendo a la gente que está trabajando por el cierre de los CIEs desde hace años, me dio muchísima rabia y fue lo que me provocó escribir sobre esto. De todos modos, no sé si viste la obra de Juan Diego Botto (se refiere a “Un trozo invisible de este mundo”, estrenada en Madrid en 2012).

No. La historia de Samba Martine en realidad forma parte de la obra, que son cinco monólogos… La actriz (se refiere a Astrid Jones) que interpreta a Samba lo cuenta… No, si la hubieses visto me habría gustado saber qué opinabas.

¿Para ver qué adaptación has hecho tú a partir de eso, quieres decir? Para ver qué te parecía a ti… A mí me pareció que, en la obra, sobre todo lo de Samba, estaba muy bien recreado, con mucha emoción y con mucho respeto. Por eso, al estar ya contada la historia, no quería hacer algo que en realidad fuera una especie de pastiche de lo que ya salió allí.

Pienso que es de las canciones donde más visceral se te nota cantando, aunque digas que te querías distanciar. Pareces muy implicado en la forma de explicar la historia. Sí, eso sí.

En cualquier caso, lo que espero y deseo es que no todos los que trabajen en los CIEs sean igual, porque, de ser así, como tú lo explicas, sería horrible… De hecho, es verdad que en la canción hay uno de los agentes... eso sí que me lo inventé; pero, bueno, fue así… Cuando murió Samba Martine no tuvieron tiempo de llamar a una ambulancia y, entonces, fue un coche patrulla el que la llevó al Hospital de La Paz, donde ingresó ya prácticamente muerta. Pero con eso de que el agente que la transportó se sorprende y se emociona yo quería introducir el elemento de que también hay humanidad ahí; a diferencia del otro personaje, que le niega las zapatillas. Lo intenté poner, de hecho, para contrastar, para que no pareciera que estaba hablando de un sitio en el que hay un montón de funcionarios con cuernos y rabo.

Bien, ahora que me has explicado tu teoría, tengo más elementos para volverla a escuchar mejor… Seguimos con “La voz tomada”, canción que parece un homenaje a tus adicciones de leyenda. La pregunta, con efecto retrospectivo, sería: ¿son tus días ahora mejores que cuando odiabas, si es que los odiabas, aquellos otros días? Es una canción que empieza con una mirada un poco al pasado, pero quería huir de la perspectiva nostálgica y por eso necesitaba que en el estribillo entrara el coro y que se proyectara un poco más hacia el futuro, buscando ese contraste. En realidad, cuando miro un poco hacia aquellos días, hablo de los días que fueron, de los que estaban, de los que vendrán, de los que pueden venir… Es algo que no sabes, es una incógnita para mí. Sé que es algo que formó parte de mi vida, que hubo momentos duros, otros un poco más inconscientes, pero sé que, de alguna manera, sigue existiendo ese fantasma…

¿Sigues enganchado a las drogas? La gente piensa que ya no, que lo dejaste y que ahora eres otro Nacho Vegas… No sé si quieres hablar de esto; si no, pasamos. Tú mismo. (Duda). No, siguen siendo… (vacilación). No estoy como en mi época de mayor abuso, pero sí que pasé por una etapa, relativamente reciente, en la que creí que podía controlarlas y que podía usarlas, casi, incluso, para trabajar. Y volví a recaer y, al final, ya he perdido la cuenta de las desintoxicaciones; ambulatorias todas, salvo una clínica… y, bueno, sí que forman parte (Sigue hablando del asunto, pero me pide que no lo transcriba. Concluye su reflexión de este modo)… Intento mantener la lucidez, pero, precisamente, si no perdí del todo la cabeza es gracias a mi trabajo, a la música, y a la gente que hay a mi alrededor que me lo hizo ver, porque hay personas a las que conozco que consumen y tienen problemas y que, bueno, les llega un momento en el que no pueden más que resignarse a que su vida es y será eso, porque no tienen otra cosa más que las drogas, que son muy potentes. Pero en mi vida, por suerte, hay otros alicientes.

Bien, zanjado el tema drogas. Continuamos con “Todo o nada”, otra de las que más me gustan del disco. Es como una nana dulce, no sé si desesperanzada o esperanzada. Aquí la pregunta que se me ocurre es: ¿has hecho muchas veces el idiota para no enloquecer o has cometido muchas locuras para no sentirte idiota? Que parece lo mismo, pero no es lo mismo. Ehhh, hostia, es una pregunta complicada. Espera... (Risas)

Sí, ya… La vida, si nos la tomamos muy en serio, nos puede acabar convirtiendo en unos dementes. Por tanto, ¿has hecho idioteces para salvarte de esa locura? No, porque yo creo que cuando haces el idiota, que lo haces muchas veces, y yo lo he hecho muchísimo –de hecho, todo el mundo lo hace de vez en cuando–, es algo que nunca te planteas con un propósito específico, no planificas comportarte así. Pero sí que es cierto que si no hubiese cierto grado de idiotez… La idiotez, digamos, entendida como…

… Como fuga de escape de la rutina, de eso que nos tiene asignado la vida… Sí, dejar de tomarte las cosas de forma tan solemne, parodiarte a ti mismo y reírte de ti mismo me parecen cosas importantes para escapar de cierta locura…

Es ser consciente de que a veces nos pasamos de la raya precisamente para romper el molde de lo que se espera de nosotros… Sí, sí. A mí me han acusado de ser excesivamente intenso y dramático. Y yo creo que siempre intento que haya alguna vía de escape en mis canciones. Pienso que siempre hubo sentido del humor en mis discos, de forma más o menos explícita, algo que me permitía marcar esa distancia para no tomarme demasiado en serio a mí mismo… Desprecio la solemnidad en general, en todos los ámbitos: en la política, en la lingüística… Por ejemplo, como estudié eso, recuerdo que una discusión que tenía muy a menudo con la gente en la carrera era al respecto de cómo trataban la lengua, como si fuera algo sagrado. De hecho, la gente se escandaliza porque la RAE acepta según qué palabras; no se dan cuenta de que la lengua nos pertenece a todos y todos tenemos el derecho a utilizarla como queramos y hacer con ella estropicios. Y con la política también. La solemnidad con que se ve la política nos aburre mucho a todos, y la locura que está presente en la gente que está muy absorbida por estructuras de partido es algo que me espanta. Yo me he asomado un poco a ese mundo y he visto que era prácticamente tan loco que decidí verlo desde fuera para, precisamente, mantener cierta cordura.

(Se puede leer la tercera parte aquí)

Publicado en la web de Rockdelux el 1/10/2018
Etiquetas: 2010s, 2018, folk-rock, Gijón, rock
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Al natural

Por Julio A. Cuenca
PAUL WELLER, Mirando hacia delante sin ira
Por David Saavedra
LEONARD COHEN, El arte del susurro
Por Diego A. Manrique
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