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NACHO VEGAS, El personaje

Hasta tres Nacho Vegas distintos vagaron por las calles entre 2002 y 2004: el real, el maldito y el personaje de las canciones.

Foto: C.S. Ulla

 
 

BIBLIOTECA POP (2012)

NACHO VEGAS El personaje

El libro “Cajas de música difíciles de parar o el desencanto de Nacho Vegas”, la tercera entrega de la colección Cara B de la editorial Lengua de Trapo, se publicó el 26 de noviembre de 2012. Como en las anteriores obras de la serie, el volumen está dedicado a analizar un álbum decisivo en la carrera de un artista español, en este caso “Cajas de música difíciles de parar” (2003), el segundo disco de Nacho Vegas, un trabajo donde el cantautor asturiano se mostró dispuesto a contar las cosas “oscuras” y “desagradables” que su generación había escondido debajo de la alfombra. “Cajas de música difíciles de parar o el desencanto de Nacho Vegas” analiza el contexto del que surgió el cantante: la escena indie y su fobia a los cantautores, la desmovilizada España democrática, la Asturias posreconversión y la tormentosa relación de Vegas con su padre, entre otras cosas de interés. El autor es Carlos Prieto y cuenta con un epílogo de Fernando Alfaro. Desde días antes de la publicación, aquí, en exclusiva, uno de sus capítulos, el dedicado a describir los diferentes personajes que encarna Nacho Vegas: el de las entrevistas y los conciertos, el de la farándula indie y el de las canciones.

Gijón, 2011, noviembre, martes, 4:37 p. m. El periodista llama al timbre de la casa de Nacho Vegas dispuesto a comenzar el libro que está usted leyendo. Ilusionado, expectante... ajeno al drama que está a punto de presenciar. Ding dong. Un hombre bajito vestido de lino blanco abre la puerta, pone cara de hastío y señala un sofá envuelto en papel Albal. “Espere aquí conmigo mientras Señor Vegas se despereza”. Nos sentamos. La televisión del salón emite sin sonido “Saló o los 120 días de Sodoma”. Tic, tac, tic, tac. De pronto, un jadeo estremecedor quiebra el silencio. Viene de otra habitación. ¿Señor Vegas desperezándose? Risitas detrás de la pared. Se entreabre una puerta. Nacho Vegas asoma la cabeza y exclama: “Cu, cu”. El hombre pequeño se retuerce de risa en el sofá de Albal y responde: “Tras, tras”. ¿Qué está pasando? Los acontecimientos se precipitan en los siguientes treinta segundos: Vegas irrumpe en la sala de estar haciendo un trenecito nudista con un jovencito y una jovencita, me saluda, se despide de sus amantes dándoles una palmita en el trasero, mete la cabeza en un cubo de cocaína sujetado por el enano de lino y arroja la televisión contra la pared al grito de “Pasolini, oh, yeah”... “Joder, joder, joder”, piensa el reportero. Vegas se pasa toda la entrevista fumando caballo, porque “me encanta el olor a plata quemada por la mañana, ¡wea!”. En una palabra: ¡Socorro!

“‘Cajas de música’ es el disco en que, asumiendo la posible lucha entre la persona que es y cierto ‘personaje’, consigue, desde la honestidad más rigurosa, ganar la partida”
(Ramón Lluís Bande)

De acuerdo. Todo esto solo sucedió en la calenturienta imaginación del periodista mientras subía en el ascensor hacia el piso de Vegas. Es cierto que la publicación de “Cajas de música difíciles de parar” disparató la leyenda del malditismo de Nacho Vegas. La comedia del sexo, drogas y rock’n’roll. Todo el mundo parecía haberle visto haciendo congas en Las Barranquillas, fumando platitas en los baños de un centro social okupado, follando con hombres, mujeres y hermafroditas, cual embajador plenipotenciario de la nación del sexo, drogas y rock’n’roll. Una realidad tan exagerada que es difícil de parodiar sin recurrir a enanitos de lino blanco cargados con cubos de nieve colombiana. Oh, yeah.

Vegas era el músico dispuesto a no callarse nada en las canciones y a probarlo todo en la vida real. Estaba demasiado enfervorecido haciendo bandera de la sinceridad, llevando el indie hacia terrenos conflictivos y desconocidos, como para preocuparse por lo que se cuchicheaba de él.

Por un lado, el malditismo de sus discos era casi una consecuencia necesaria de su estrategia artística: honestidad brutal contra la música cosmética. Por el otro, al margen de su obra, Vegas no supo/quiso poner freno a su leyenda de músico maldito, desenfrenado y al límite. Al menos, al principio. Vegas alimentó su leyenda, en efecto, aunque también se la tomó a risa y acabó por desactivarla... Una actitud ambivalente, otra vez...

 
NACHO VEGAS, El personaje

Vegas era el músico dispuesto a no callarse nada en las canciones y a probarlo todo en la vida real. Foto: C.S. Ulla

 

El extraño caso de los tres Nacho Vegas

Cuenta la leyenda que al principio del siglo XXI vivió un hombre en Gijón con tres cuerpos diferentes. Un drama de personalidad múltiple encarnada que hubiera desconcertado al mismísimo Edgar Allan Poe. Hasta tres Nacho Vegas distintos vagaron por las calles entre 2002 y 2004: el real, el maldito y el personaje de las canciones.

El solapamiento entre persona y personaje es uno de los puntos álgidos de “Cajas de música difíciles de parar”. La confusión entre los tres Nacho Vegas. O cuando corres el peligro de que cada vez que abres la boca hable por ti uno de tus muñecos. O de que la marioneta tome el control de tu vida, como si Rockefeller echara a patadas a José Luis Moreno de su propia casa.

“Este disco habla del Vegas personaje como ningún otro de los suyos. Es una ficción/no ficción curiosa” (César Estabiel).

“‘Cajas de música’ se acerca desde perspectivas distintas al tema de la identidad personal de Nacho en un momento de cierta confusión inducida... Es el disco en que, asumiendo la posible lucha entre la persona que es y cierto ‘personaje’ que ayudó a que le crearan alrededor, consigue, desde la honestidad más rigurosa, ganar la partida, encontrando el camino para continuar un viaje que en algunos momentos, por exceso de luz, estuvo a punto de generar un espacio de penumbra difícilmente habitable” (Ramón Lluís Bande).

Cuando Bande habla de “confusión inducida” se refiere a la gran “exposición pública” sufrida por Vegas tras debutar como cantautor.

“Creo que Nacho nunca despegó los pies del suelo y, aunque hubo peligros, eso le permitió afianzar su personalidad, su identidad, en la persona que realmente era, sin perder la perspectiva de la que quería llegar a ser... Aunque, seguramente, en algún momento ‘se dejó querer’ coqueteando con el ‘personaje’ generado a su alrededor, muy pronto fue la persona la que recobró la dirección y el sentido del viaje...”
(Ramón LLuís Bande)

 

“Eso siempre genera momentos difíciles, quizá los más difíciles en una carrera artística, en los que inevitablemente existe una dispersión del ‘yo’. Estaba el ‘yo’ que era, el ‘yo’ que quería ser, los ‘yos’ que los demás decían que era, y una largo etcétera... Esta realidad genera ineludiblemente confusión... Creo que Nacho nunca despegó los pies del suelo y, aunque hubo peligros, eso le permitió afianzar su personalidad, su identidad, en la persona que realmente era, sin perder la perspectiva de la que quería llegar a ser... Aunque, seguramente, en algún momento ‘se dejó querer’ coqueteando con el ‘personaje’ generado a su alrededor, muy pronto fue la persona la que recobró la dirección y el sentido del viaje...” (Ramón Lluís Bande).

El caso es que hay un momento en la vida de Nacho Vegas en el que empieza a ser consciente de que un personaje llamado Nacho Vegas se ha salido de su cuerpo, tiene vida propia y anda liándola parda por ahí. “Pasó en la época de ‘Cajas de música’. Empezaban a hacerme más entrevistas y decía muchas chorradas”, admite. Y aún hay más: como le ocurría a Dinio García, al Vegas personaje la noche le confunde...

Para no perdernos analizaremos por separado a tres de los personajes de la personalidad múltiple de Vegas. El que daba entrevistas y conciertos, el miembro de la farándula indie (es decir, el maldito escindido en dos) y el personaje de sus canciones.

 
El personaje de entrevistas y conciertos

Anécdota real sucedida durante la promoción de “Cajas de música” que podríamos calificar con un 7,5 en la escala Richter del malditismo. Un periodista llama a Nacho Vegas para hacerle una entrevista. El cantante le cita en el piso madrileño de su novia, Beatriz Concepción. El reportero llega a la casa y se encuentra a Vegas y a José Ramón Vélez fumando platitas en el sofá. Se pasan toda la entrevista metiéndose caballo. El cantante gijonés respondía muy despacito a las preguntas. Vélez, por su parte, solo abrió la boca una vez en toda la velada:

Periodista: ¿Cuál es la peor canción sobre drogas que has escuchado?

Nacho Vegas: “The Needle And The Damage Done”, de Neil Young.

José Ramón Vélez: “Barco a Venus”, de Mecano.

Enorme respuesta de Vélez, en efecto... No obstante, cuando uno perpetra una performance de este calibre delante de un periodista, quizá no esté demasiado interesado en frenar las especulaciones sobre su malditismo y su vida salvaje (aunque cuando se publicó el artículo no quedó rastro de las aparatosas circunstancias que lo rodearon). “Vegas tenía la manía de tocarse la cara todo el rato. Cuando acabé la entrevista tenía la nariz y la cara negra, de los restos de plata y caballo quemado, como si fuera un minero tóxico”, rememora ahora el periodista. ¡Larga vida al puto rock’n’roll!

 
NACHO VEGAS, El personaje

El malditismo de sus discos era una consecuencia necesaria de su estrategia artística: honestidad brutal contra la música cosmética. Foto: Ramón Lluís Bande

 

Sin necesidad de entrar en detalles, el Vegas de 2012 recuerda esa entrevista con una mezcla de bochorno, arrepentimiento y horror: “No me acuerdo... Ah, sí, espera... Joder, estaba muy mal. Si rebuscas por ahí acabarás encontrando entrevistas en las que se me iba un poco la olla”, asume.

Quizá la interviú más antológica de toda su carrera sea la que le hizo el mismísimo José Ramón Vélez para hablar de “Cajas de música”. Se publicó en internet. Un duelo de titanes interrumpido, a ratos, por necesidades fisiológicas imperiosas:

José Ramón Vélez: Se me ocurre algo que me contaste que te dijo Marcial, que el caballo era una droga para perdedores como él, argumentando sobre ti que eres joven, guapo, que tienes una novia que te quiere, sacas buenos discos, escribes, viajas...

Nacho Vegas: Te decía que... la heroína... (Nacho se levanta y corre al servicio a vomitar). Te decía que la heroína era una droga para llenar huecos y que, claro, yo no tengo derecho a quejarme de todo eso, pero poder hacer música es algo que me ayuda a tirar para adelante, aunque eso no basta para ser feliz.

A tope, pues. Y aún hay más:

“Afortunadamente, el personaje de las entrevistas y los conciertos murió al poco tiempo. Ahora no hablo en los conciertos, pero en la gira de ‘Cajas de música’ soltaba unas parrafadas en el filo de la ‘performance’. Me inventaba historias con más o (quizá) menos gracia sobre el viaje hasta allí en furgoneta. Las contaba en la pausa de ‘En La Sed Mortal’. Siempre con mucho sexo y mucha droga. Ahora me avergonzaría mucho hacer estos numeritos; entonces iba tan colocado que me desinhibía totalmente...” (N. V.).


El personaje de la farándula indie

“No tengo interés en hacer canciones autobiográficas, la intención es trascender el hecho autobiográfico, y para ello es necesario hacer algo así como una composición de personaje al que le das voz cada vez que interpretas una canción, cada vez que te subes a un escenario. Es este el que insufla vida a una canción”
(Nacho Vegas)

 

En la época en que compuso el disco, Vegas comenzó a vivir en Madrid por temporadas. En casa de Beatriz Concepción. Allí comprobó por primera vez lo que significa la popularidad. “Fue un pequeño ‘shock’ darme cuenta por primera vez de la existencia de un mundillo indie. Un pequeño circo”, recuerda. En Gijón, como ya hemos visto, la escena era más de andar por casa, “el ambiente musical no estaba tan viciado” como en Madrid. En la capital comprobó las consecuencias de haber salido en la portada del Rockdelux: gente que antes no le saludaba en los bares empezó a invitarle a drogas. “Comenzaron a saludarme desconocidos en los bares. Había una falsa camaradería. Ir a tales sitios, meterte rayas, un ‘tú eres guay, tú no lo eres’”.

“Tenía amigas que basculaban entre el indie y el pijerío. Buscaban el glamur en algo, el indie, que no andaba sobrado de él. Era algo extraño. Un submundo, una burbujilla muy ridícula que duró unos años y no daba mucho más de sí. Eso lo veía en Madrid, no en Gijón” (N. V.).

Dos datos más para entender el contradictorio proceso de asimilación de su pequeña fama: por un lado, Vegas no se rindió a los cantos de sirena madrileños: “No había nada sólido en las relaciones. Era un vínculo muy poco auténtico en torno a bares y música. Siempre me alegré de vivir en Gijón”. Por el otro, a Vegas se le acabó yendo un poco la olla en Gijón absorbido por su personaje. Quizá la cosa hubiera pasado a mayores si se hubiera mudado permanentemente a Madrid...

“En esa época decía muchas bobadas. En mi descargo tengo que decir que no se me suele ir la cabeza, pero justamente en ese momento, cuando empecé a vivir de la música, tuve unos meses muy bobos. Hubo amigos que me dijeron: ‘Oye, quién te crees que eres’” (N. V.).

Vegas resume así sus meses bobos:

“Acababa de salir el disco, salí otra vez en la portada del Rockdelux, lo dejé con Bea, me drogaba mucho... y tuve un veranito. Iba de algo, no sé muy bien de qué... Fueron solo unos meses... Era un poco el síndrome de la estrella del rock. Lo grotesco es que yo ni siquiera era nadie. Entraba a cualquiera por la noche pensando que todos querrían enrollarse conmigo. Con el tiempo tuve la evolución contraria: me fui retrayendo” (N. V.).

 

Marzo 2003 y enero 2006, las dos primeras portadas de Nacho Vegas en Rockdelux.

 

Beatriz Concepción da su versión sobre lo sucedido. ¿Se le subió a Nacho Vegas el estrellato indie a la cabeza?

“A mí no me lo pareció nunca, pero puede ser. Creo que al convertirse en ‘estrella’ se podía permitir liberar su carácter tímido y tomar distancias cuando quería, sin que resultara maleducado, y tomar confianzas cuando le interesaba, sin resultar acosador. Nunca ha sido de coger el teléfono mucho... Ni antes ni ahora” (Beatriz Concepción).

Jesús Llorente ve también timidez donde otros podrían ver divismo:

“Creo que es la única persona que conozco a la que jamás le he visto un gesto arrogante. Es una persona justa y muy respetuosa. Hasta en sus peores momentos de cuelgue, de estar mal física y mentalmente, siempre se agarraba a una educación que más que burguesa la veo como sentido de civilización. Creo que es lo que le ha salvado de más de un lío. No sé si alimentó su leyenda, en todo caso sería un juego. Desde fuera, cada vez que le he presentado a un músico extranjero, siempre me comentaban luego lo tímido que era. Pone una barrera muy grande. La gente que se acerca ve el personaje de las canciones. O peor: ve los comentarios que se hacen sobre él en internet cuando lo entrevistan. Yo creo que no conozco al personaje. Es posible que él fuerce el malditismo, pero no por el lado del exhibicionismo, sino por el de la timidez. El clásico comentario de ‘me he acercado al tal Vegas y ni me ha mirado a los ojos’” (Jesús Llorente).

“Acababa de salir el disco, salí otra vez en la portada del Rockdelux, lo dejé con Bea, me drogaba mucho... y tuve un veranito. Iba de algo, no sé muy bien de qué... Fueron solo unos meses... Era un poco el síndrome de la estrella del rock. Lo grotesco es que yo ni siquiera era nadie. Entraba a cualquiera por la noche pensando que todos querrían enrollarse conmigo. Con el tiempo tuve la evolución contraria: me fui retrayendo”
(Nacho Vegas)

 

“El personaje maldito jugaba un pequeño rol cuando salía y me relacionaba con otros frikis de la noche, pero no cuando componía. Para crear canciones hay que dejar de lado todo eso, quitarte de la cabeza la tontería de creerte alguien” (N. V.).


El personaje de las canciones

Nacho Vegas admite que “hay un punto exhibicionista que es tentador y juegas un poco a ello”, pero dice que va con el cargo:

“Para componer canciones hace falta un poco de exhibicionismo, algo que he hablado con Fernando Alfaro en alguna ocasión. Pero ese personaje exhibicionista no tiene que ver con el otro, el que dice tonterías en una entrevista y habla de drogas sin venir a cuento, el del circo del indie y el culto a la personalidad, que existe incluso en ambientes tan pequeños como aquel” (N. V.).

Fernando Alfaro resume sus conversaciones con Nacho Vegas sobre su condición de compositores exhibicionistas:

“Es algo que nos ha afectado y nos afecta a ambos. Es algo que te puede hacer sufrir mucho, o algo peor. Lo que no me queda claro es cuál es la causa y cuál el efecto. Si es necesario exponerte personalmente para poder hacer canciones sinceras y reales y que hagan sentir, o es precisamente el relato de tus propias canciones el que va construyendo tu personaje. O tu personalidad. Si es preciso vivir y experimentar para poder escribir, o son tus canciones las que terminan orientando tu forma de vivir e incluso exigiendo sus sacrificios. Supongo que es una mezcla de todo eso” (Fernando Alfaro).

Finalmente, el problema del personaje es que uno no puede prescindir de él así como así: sin personaje no hay canciones. “El personaje de las canciones es un ‘personaje necesario’”, explica Vegas. Porque te permite “acceder a la verdad que debe perseguir una canción”, a la que no puedes acceder limitándote a “volcar la realidad en bruto”.

“No tengo interés en hacer canciones autobiográficas, la intención es trascender el hecho autobiográfico, y para ello es necesario hacer algo así como una composición de personaje al que le das voz cada vez que interpretas una canción, cada vez que te subes a un escenario. Es este el que insufla vida a una canción” (N. V.).

 
NACHO VEGAS, El personaje

Nacho Vegas admite que “hay un punto exhibicionista que es tentador y juegas un poco a ello”. Foto: C.S. Ulla

 

Kill rock stars

Los intentos de elevar a Vegas a los altares del malditismo estaban condenados al fracaso: él mismo empezó a tomarse a broma su propia imagen. El malditismo podía acabar eclipsando sus logros musicales. Algo de lo que no era muy consciente en la época de “Cajas de música”. En 2003, preguntado por José Ramón Vélez por el peligro de que la gente se quedara más con el consumo de heroína que con las canciones, Vegas respondió:

“Eso puede ser algo negativo, una especie de malditismo que al final eclipse lo importante, las canciones y los discos, pero hasta ahora ni me preocupa ni me he parado mucho a pensarlo. Es algo que tampoco depende de mí...” (N. V.).

En realidad, sí dependía de él. Por eso, años después, decidió mostrarse menos explosivo ante la prensa. Y más adelante no dejó pasar la oportunidad de desguazar los mitos malditos del rock. Vegas resume aquí su visión actual sobre la historia del malditismo en la música popular:

“Cuando empiezas a perder el contacto con la realidad y a hacer cosas absurdas, estás perdido. Ahora me estoy leyendo un libro de entrevistas a celebridades de la música y el espectáculo: ‘Todos te quieren cuando estás muerto’, de Neil Strauss. Es una reflexión muy divertida sobre la fama, pero también es muy triste: gente a la que la fama, el culto a la personalidad y el exceso de dinero han convertido en gilipollas perdidos. El peligro de creerte algo”
(Nacho Vegas)

 

“El sexo, drogas y rock’n’roll aplicado a estos días suena muy ridículo. Hace poco leí las memorias de Dave Davies, de los Kinks, que arranca con un poema que recrea la típica fiesta en el camerino con drogas y chicas. Si yo escribiera un libro sobre ‘Cajas de música difíciles de parar’ y empezara así, sería extremadamente ridículo” (N. V.).

“Siempre he tenido un punto mitómano con el rock. He leído muchos libros, pero cuanto más leía, más se me venían abajo los mitos. Un ejemplo. En el Festival de Gijón pusieron un documental sobre Gram Parsons. Yo era muy fan. Murió a los 26 años de sobredosis de caballo y, para colmo, quiso ser enterrado en el desierto de Mojave. Sus amigos llevaron su cuerpo al desierto para hacer un ritual con fuego. Muy místico todo. Yo había oído esa historia y me parecía muy romántica. Pero en la película se explicaba cómo sucedió realmente. Su ‘roadie’, que tenía mucha pinta de elemento, se emborrachó a saco, robó el cadáver de Parsons a su familia, lo metió en una furgoneta, compró un litro de gasolina y prendió fuego al cuerpo en medio del desierto. Y por si todo esto no fuera suficiente, lo hizo de un modo chapucero: no logró quemar el cuerpo entero y la familia tuvo que recuperar luego la parte intacta para darle sepultura. Esto no tiene nada de romántico. Es ridículo. Los mitos del rock se sustentan en nada o en cosas bastante miserables. Eso siempre fue así” (N. V.).

“Hoy en día, lo que vende en el mundo del rock, y no hablo del ‘mainstream’, no es solo la música en sí. Se han de tener en cuenta otros factores: belleza del intérprete, dinero invertido, pericia técnica, ‘carisma’ del artista, etcétera. En última instancia, factores como las drogas que toma el músico o las personas con las que folla también suscitan un interés que las convierten en valores de cambio y ayudan a ‘crear un personaje’ a todas luces injustificable. Todo ello confluye en lo que se ha dado en llamar ‘culto a la personalidad’, que no es más que la suma de una serie de valores despreciables” (N. V., Rockdelux, 2011).

“El circo del rock, la atención de los medios, el culto a la personalidad... Todas esas cosas serían totalmente despreciables si no tuvieran algo de divertido. Con eso, con el aspecto lúdico, he jugado de manera más o menos consciente, pero sin tomármelo excesivamente en serio. Lo del personaje me lo tomaba como un juego. Ya entonces era consciente de que lo del sexo, drogas y rock’n’roll era un poco ridículo. Ninguno de los músicos del indie éramos grandes estrellas. Que se creara un personaje con un estrellato tan cutre... era algo que me hacía gracia... de lo ridículo que era. Me lo tomaba como una parodia de un maldito del rock. Cuando empezó a ser una losa, dejó de hacerme gracia. Si dejas de darle coba en las entrevistas, acaba por desaparecer. El personaje no me acabó devorando por la constancia de seguir girando y sacando discos” (N. V.).

 
NACHO VEGAS, El personaje

Los intentos de elevar a Nacho Vegas a los altares del malditismo estaban condenados al fracaso: él mismo empezó a tomarse a broma su propia imagen.

Foto: Misha Kominek

 

“Quizá uno de los motivos por los que algunos nombres del indie –Fernando Alfaro, Antonio Luque (Sr. Chinarro) o yo mismo– hayamos tenido carreras tan largas es que nunca fuimos estrellas ni ganamos mucha pasta. El culto a la personalidad excesiva y la fama desbocada mató artísticamente a muchos músicos. Cuando empiezas a perder el contacto con la realidad y a hacer cosas absurdas, estás perdido. Ahora me estoy leyendo un libro de entrevistas a celebridades de la música y el espectáculo: ‘Todos te quieren cuando estás muerto’, de Neil Strauss (Contra, 2012). Es una reflexión muy divertida sobre la fama, pero también es muy triste: gente a la que la fama, el culto a la personalidad y el exceso de dinero ha convertido en gilipollas perdidos. El peligro de creerte algo” (N. V.).

Su visión sobre el circo del malditismo está ahora clara: no mola. Otra cosa sería dilucidar si jugar al maldito le ayudó a impulsar su carrera. Si le valió para vender más discos, vaya.

“David Beef, J Planetas, Antonio Luque, Sideral, Genís Segarra o yo mismo, cada uno de forma diferente, jugamos un poco con los medios y nos convertimos en esos nuevos personajes, lo quisiéramos o no. Es posible que mi falta de pudor para abordar ciertos temas me pusiera un peldaño por encima del resto en el dudoso honor de ‘indie maldito’”
(Nacho Vegas)

“Te aseguro que no sé cómo responder a esto. No sé, no lo creo. Yo al principio no era muy consciente de eso. Tampoco se vendían muchos discos, pero no, definitivamente creo que los discos que vendía no tenían una relación directa con lo del malditismo, aunque tal vez sí contribuyó a que se hablara de mí” (N. V.).

El músico tiene hasta una teoría sobre la relación entre su personaje y la ausencia de figuras emblemáticas en la música española desde la caída de la movida.

“La escena musical en los ochenta había dado lugar a unos cuantos personajes que, más allá de sus méritos artísticos, tenían un indudable carisma: Loquillo, Alaska o Jorge Ilegales eran muy conscientes de su imagen y de su proyección pública y la utilizaban en beneficio propio. La generación indie, no solo aquí, sino a nivel internacional, se caracterizaba por la ausencia de este tipo de estrategias: los grupos salían a tocar con la misma ropa e imagen desaliñada con la que probaban sonido y en lugar de las lenguas viperinas de los arriba mencionados, en la relación del indie con los medios se impostaba algo así como una especie de apatía hacia el mundo. Con este panorama, la escena estaba huérfana de ‘personajes’. Gente muy importante, como Ibon Errazkin, ni daba ese perfil ni estaba interesado en darlo. David Beef, J Planetas, Antonio Luque, Sideral, Genís Segarra o yo mismo, cada uno de forma diferente, tampoco pusimos tanto empeño como la generación que nos precedía, pero jugamos un poco con los medios y nos convertimos en esos nuevos personajes, lo quisiéramos o no. Es posible que mi falta de pudor para abordar ciertos temas me pusiera un peldaño por encima del resto en el dudoso honor de ‘indie maldito’. ¿Vale esta teoría? Yo la acabo de pensar y ya me parece una bobada...” (N. V.).

Vegas cree, en todo caso, que su ambigüedad tenía más que ver con el juego y con las canciones que con un intento por hacerse el interesante. Y reivindica la autenticidad de sus primeras canciones malditas.

“Yo creo que sé compartimentar bien cada uno de los personajes, de otro modo mis canciones serían una gran mentira. Las canciones de ‘Actos inexplicables’ y gran parte de las de ‘Cajas’ las hice en el piso de Cimadevilla, cuando no tenía un duro y fumaba las colillas que iba dejando por ahí y no sabía si a alguien le iba a interesar sacarme un disco o no. Pero sentía la urgencia de escribirlas. Así es como he seguido haciéndolas hasta ahora; la diferencia es que cada vez tienes que hacer un esfuerzo mayor para abstraerte de lo que pasa a tu alrededor (me refiero a la atención de público y medios), para impedir que contamine las canciones” (N. V.).

(Se puede leer la crítica del libro aquí)

Publicado en la web de Rockdelux el 23/11/2012
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