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NACHO VEGAS, Hablando del asunto (y 3ª parte)

Más madera. Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2018)

NACHO VEGAS Hablando del asunto (y 3ª parte)

Presentamos la tercera y última parte de la entrevista de más de tres horas que Santi Carrillo realizó a Nacho Vegas a partir de la publicación de “Violética”, su séptimo álbum. Tras una primera entrega descarnada, publicada en papel en el Rockdelux 375 (septiembre 2018) y donde el asturiano se sinceraba de un modo poco habitual, llegó una segunda entrega en la web de Rockdelux en la que Vegas analizaba extensamente las ocho canciones que forman el primero de los dos CDs de “Violética”. En esta entrega final, revisa el segundo CD que completa este nuevo trabajo, canciones que dan pie a poder hablar sobre Violeta Parra y sus adaptaciones de versiones, sobre Albert Pla y Joaquín Sabina, sobre ideología e incoherencia, acerca de la huida de la nostalgia y la afición por la épica, sobre Lucas 15 y también sobre Nick Cave…

(Se puede leer la segunda parte aquí)

Publicamos hoy el fragmento de la conversación dedicado a la segunda parte de “Violética”, la que comprende las nueve canciones de su segundo CD. Desde la versión de Violeta Parra “Maldigo del alto cielo” hasta el monumental cierre con “A ver la ballena”, Nacho Vegas continúa fiel a sí mismo y no se guarda nada. El asturiano afronta todas las preguntas con deportividad y con la voluntad de explicar didácticamente su música y sus pensamientos de la manera más franca posible.

Con “Maldigo del alto cielo”, la versión de Violeta Parra que tiene un tratamiento muy Nick Cave, arranca la segunda parte del disco. ¿Hasta qué punto te identificas con Violeta Parra y todo lo que significó como figura emblemática de la canción y más allá? Es también un ejercicio literario sobre la ficción del dolor casi infinito. Háblame un poco de esto. Sí, es una canción en la que se nota el desgarro que debía sentir ella al escribirla, así que tuve mucho respeto al afrontarla. No sabía si podría hacer una interpretación que estuviera a su altura. A pesar de ser una de las mejores de Violeta Parra, también es una de las menos conocidas de su repertorio, quizá por ser de las menos versionadas. Es difícil hacer una versión y cantar frases tan crudas. Esto no es “Gracias a la vida” ni “Volver a los 17” ni tiene nada que ver con sus canciones más folclóricas… Entre sus composiciones, digamos, más íntimas, es aquella en la que habla del amor como si fuera una porquería, aunque existe una versión anterior en la que se refirió a él como brujería… Siempre que incluyo una versión en mis discos es porque siento que, de alguna manera, me he hecho con ella. En casa, adapto canciones de otros como ejercicio, como juego…

“Sí, es una canción en la que se nota el desgarro que debía sentir ella al escribirla, así que tuve mucho respeto al afrontarla. No sabía si podría hacer una interpretación que estuviera a su altura. A pesar de ser una de las mejores de Violeta Parra, también es una de las menos conocidas de su repertorio, quizá por ser de las menos versionadas. Es difícil hacer una versión y cantar frases tan crudas”

¿Lo haces para practicar? Sí. Y tengo adaptaciones de muchas canciones. Cuando al cantarlas me conmueven, entonces considero que ya no forman parte de un mero ejercicio y las incluyo en mi repertorio.

Por curiosidad, ¿qué canciones tienes adaptadas para practicar? Pues, por ejemplo, “Bonnie & Clyde” de Gainsbourg; tengo varias de Gainsbourg…

¿Con las letras traducidas? Sí.

¿Y eso saldrá algún día? Bueno, “Bonnie & Clyde”, en concreto, podría retomarla. Recuerdo que la grabé en una maqueta con una amiga de la facultad, hace ya bastante tiempo. De Leonard Cohen tengo unas cuantas que empecé a adaptar y algunas se quedaron a la mitad. Igual que con Dylan; muchas están a medias. Pero con la “Canción del extranjero” (se refiere a “The Stranger Song”, tema de Leonard Cohen versionado por Nacho Vegas en el EP “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, 2005) intenté hacer una versión en la que también hubiera algo de mí mismo reflejado en ella y, por supuesto, sin dejar de ser fiel a la letra original de Cohen. Creo que lo conseguí; por eso la grabé y pasó a mi repertorio en directo. No sé, lo he intentado con más gente. De Vainica Doble he hecho un par de versiones que no se han publicado. De Cecilia…

Para tus fans eso sería un manjar. Bueno, me gustaría hacer un disco de versiones. Hay un momento en la vida en que esa idea nos apetece a todos los músicos. Lo que pasa es que a mí, cuando los escucho, no me gustan demasiado. Suelen ser muy irregulares y, en la mayoría de los casos, prescindibles, incluso muy malos, a veces. Quizá sí me atrevería con un EP. Me gustaría encontrar el formato adecuado para incluir versiones y adaptaciones. De hecho, “Violética” nació con esa intención: ser un trabajo en el que hubiera suficientes canciones propias pero en el que, al mismo tiempo, también pudiese meter versiones y adaptaciones sin que fuese un álbum dedicado a ese fin. Era un poco la excusa para incluir todos los “covers” que me apeteciesen sin el marchamo de disco de versiones. Pero al final me di cuenta de que para que tuviera sentido debían mandar mis composiciones. Así que lo de las adaptaciones lo tengo todavía pendiente.

La segunda canción de esta segunda parte es “Un ejemplo de discreción”: ranchera country con steel guitar; para mí, una mezcla entre Albert Pla y Josetxo de Los Bichos. (Risas)… Sí, puede ser…

¿Te gustaban Los Bichos? No los escuché mucho, la verdad…

Solo sacaron dos discos, pero fueron muy buenos. Ya, cuando murió Josetxo los escuché más…

Sabes que él hacía también aproximaciones a las rancheras en plan rock… En esta canción, tu forma de cantar me recuerda mucho a Albert Pla. No es intencionado, pero desde hace tiempo Albert Pla se me cuela como influencia a la hora de cantar e interpretar sin que yo sea consciente de ello. Me lo han dicho más veces y entiendo que pueda ser así.

¿Y también te han dicho lo de Joaquín Sabina? Porque en “Violética” hay varias canciones en las que tu forma de cantar me recuerda a Sabina. Sí, me lo han dicho.

“Hay dos tipos de personas: las que creen que ‘te quiero’ se tiene que decir con solemnidad, y solo cuando sientas un amor profundo e incontestable, y los que creemos que ‘te quiero’ es algo que se puede utilizar más frecuentemente siempre que se diga con sinceridad. Porque decir ‘te quiero’ y mentir es jodido”

¿Cómo te sientes si te comparan con Sabina? Sé que en algún momento lo defendiste, cuando no estaba muy bien visto eso. Ha compuesto canciones literariamente muy notables y otras no tanto. ¿Valoras a Sabina como algo positivo? Sí, bueno, Sabina es un grandísimo autor de canciones; claro, algunas me gustan más que otras, pero en general sí que me gusta. Además, tengo un recuerdo asociado a mi padre. Él era muy fan de Sabina, y, probablemente, los primeros conciertos a los que fui fueron los suyos, ya que Sabina venía todos los años a Gijón y mi padre me llevaba a la plaza de toros a verlo. Y en los viajes en coche, Sabina sonaba constantemente, desde la cinta de “La Mandrágora” (1981), que él ponía muchísimo, con Krahe y con Alberto Pérez, hasta los discos posteriores. Lo tengo más mamado de lo que quisiera, teniendo en cuenta que cuando yo empecé a hacer música Sabina era visto como algo negativo. Pero cuando algunos nos quitamos cierta tontería, nos pareció que Sabina tenía canciones grandísimas. Recuerdo que cuando sacó “19 días y 500 noches” (1999)

… Es que ese es su mejor disco… Claro, pero entonces era difícil reconocer que era un gran álbum de un autor con buenas canciones. Otra cosa es que luego sea un personaje tan… Es difícil distanciarse de esa imagen que proyecta. Reconozco que me dio un poco de rabia que me comparasen con él cuando me lo dijeron por primera vez, porque no era mi intención interpretar como Sabina, pero hay gente que me lo ha vuelto a decir como un halago… Y, bueno, así me lo tomo en realidad.

Bien, concluyes “Un ejemplo de discreción” cantando “ya se acaba la canción y aún no te dije que te quiero”. Te quería preguntar si dices habitualmente en tu vida “te quiero”. (Duda)

¿Sí? Sí, creo que sí. El otro día lo hablaba con una amiga que siempre dice “ay, te quiero” cuando se despide. Y un amigo común le soltó: “Es que lo dices tantas veces que pierde el sentido”. Hay dos tipos de personas: las que creen que “te quiero” se tiene que decir con solemnidad, y solo cuando sientas un amor profundo e incontestable, y los que creemos que “te quiero” es algo que se puede utilizar más frecuentemente siempre que se diga con sinceridad. Porque decir “te quiero” y mentir es jodido. Con la gente que tengo alrededor, a la que quiero mucho, nos decimos “te quiero” habitualmente.

En “Ideología”, canción muy bien construida, cantas “Tengo una conciencia y va a estallar”. Los coros suben como la espuma y aprovechas para cargar contra diversos elementos que forman parte de lo que tú llamas ideología. Algo muy delicado. Veamos: te metes con los festivales, entre otras cosas que son víctimas de tus críticas. Pero te recuerdo tocando en el Primavera Sound, por ejemplo, en el Hidden Stage de Heineken, en la edición de 2014. Como sabes, es un escenario directamente vinculado a una marca, el más relacionado con una en concreto, ya que nació directamente como espacio supeditado a ese patrocinio. Pero no solo eso, el día antes te vi en el PrimaveraPro tocando en un showcase de Gibson Brands para los profesionales; por cierto, sin que ninguno de ellos te hiciese el más mínimo caso, quizá porque no era tu público, claro. Estabas, en fin, actuando para marcas que patrocinaban aquellos escenarios directamente y que, supuestamente, utilizaban tu nombre como reclamo. ¿Eso forma parte de la “ideología” que tanto criticas en esta canción? ¿También tú formas parte de ella, Nacho? Sí, claro. Ahora, la injerencia de las marcas está tan presente en la música que llega a límites que me asustan. El año pasado, por ejemplo, nos contrataron para un concierto de una marca (me pide que no dé su nombre) y me sorprendió hasta qué punto quisieron meterse en su desarrollo. Yo quería ir con el coro y me decían que no había espacio para él. Yo conocía la sala y sabía que sí había espacio. Ellos querían que hubiese gente detrás del escenario viéndolo. Intentaron controlarlo todo, incluso el repertorio. Algo que no me había pasado nunca…

… Pero ¿tocaste? Sí, sí, hice el concierto, pero metí el coro. Ellos pidieron que el coro se quedara luego en todas las canciones, incluso en las que no participaba. Lo que no querían los de la marca es que se vieran sitios vacíos. Era la primera vez, fíjate qué tontería, que yo iba a salir con un vino. Desde hace un tiempo, lo único que bebo sobre los escenarios es una copa de vino blanco y agua. Era un concierto muy corto y quería salir con un vino blanco en un vaso de plástico, y me dijeron que no; que tenía que ser con la bebida de la marca. Yo llevo muchos años en esto y nunca me había pasado que no me dejaran salir con un vaso de lo que yo quisiese…

A ver, lo que te estoy diciendo es que cuando estoy criticando algo no lo hago poniéndome a mí como un santo, ni mucho menos. Para mí estas críticas tienen mucho que ver con un montón de dilemas y de contradicciones en las que caigo continuamente en la música. Yo intento poner algunas líneas rojas: dónde no quiero que estemos, hasta dónde podemos llegar… Sé que estamos sometidos un poco al mercado. Evidentemente, hay muchas contradicciones. Yo he tocado en muchos sitios patrocinados. Es que si no, tocaría entonces solo en conciertos subvencionados, que tampoco hay. Pero sí, estos dilemas son normales. No creo que me hayas visto a mí nunca ponerme como un paladín de la coherencia ni…”

¿Por qué aceptaste tocar, pues? Porque… era un concierto bien pagado y porque no sabía hasta qué punto iba a existir esa injerencia. En cuanto a lo del coro dije que no pasaba por ahí, que tenía que ser con ese formato. Fue curioso, porque ellos conmigo eran encantadores: que ningún problema, que lo que quisiera; pero con la gente de mi oficina sí se enfadaban. Fue un concierto previo a la grabación del disco, fuera de gira, un bolo por el que pagaban muy bien y que me venía también muy bien para financiar el álbum. Y por eso lo hice, pero fue una experiencia…

Ya, pero esto se contradice con lo que estás criticando en la canción. A ver, lo que te estoy diciendo es que cuando estoy criticando algo no lo hago poniéndome a mí como un santo, ni mucho menos. Para mí estas críticas tienen mucho que ver con un montón de dilemas y de contradicciones en las que caigo continuamente en la música. Yo intento poner algunas líneas rojas: dónde no quiero que estemos, hasta dónde podemos llegar… Sé que estamos sometidos un poco al mercado. Antes mencionaste lo del Primavera. Toqué en lo de Gibson porque me lo pidió Raquel, la chica que trabaja en Gibson, que es amiga nuestra y que, bueno, a veces nos deja guitarras, y lo hice más como un factor casi humano que por tocar ahí, que ya ves lo que me interesaba a mí, que no pagaban nada, y que era una cosa como rara y para nadie, porque nadie me estaba haciendo caso. Hay veces que digo que no y hay otras que, no sé, entro en ese juego.

En lo que respecta al Hidden Stage de Heineken, por lo que yo sé, parece ser que tú pediste tocar en el festival y te metieron en el cartel en el último momento, pero te dijeron: “Vale, pero si tocas ahí no te metas con la marca”. Y tú respondiste, eso me han dicho, “No, no, por supuesto, yo soy un profesional”. No me dijeron nada de eso, no.

¿No? Nadie me dijo nada de eso. Además, yo no me voy a meter con Heineken. Una cosa es lo del Banc Sabadell (se refiere a su protesta-performance contra los desahucios en el Festival del Mil·lenni en su concierto en el Palau de la Música de Barcelona el 21 de enero de 2016) y cómo la banca, en mi opinión, está utilizando la música, entre otras cosas, para hacerse un lavado de cara. Porque la banca tiene muchos crímenes a sus espaldas. Para mí no es comparable eso a una marca de cerveza. Lo que me preocupa es la injerencia que puedan tener esas marcas en los grupos; pero, en este caso y en el otro que te he explicado antes, a mí Heineken y la otra marca me pagaron una pasta por hacer esos conciertos, aunque eso no evita que los grupos nuevos sean prácticamente hombres anuncio cuando tocan. Y es una cosa que está pasando cada vez más; antes no pasaba tanto. Los promotores, cuando hablas con ellos, dicen: “Es que sin esto no podemos hacer el festival”. Y no me lo puedo creer. No me puedo creer que no haya una alternativa para hacer las cosas sin recurrir a eso. Hace unas semanas, en Valencia, en un espacio público que ahora se llama Amstel Art, porque lo gestiona la iniciativa privada, el grupo Heineken, se canceló un concierto (se refiere al que debían protagonizar los catalanes Ebri Knight ­–folk-punk– y los valencianos Herba Negra –hip hop– el pasado 19 de mayo) porque había habido presiones por parte de un grupo de ultraderecha valenciano (se refiere a las quejas de Avant Valencians, partido político de idelogía “blavera”, valencianista y regionalista). Por lo que he leído, simplemente musicaban poemas de Miguel Hernández y tenían alguna letra un poco más combativa, pero el director de Amstel Art (se refiere a Alejandro Rodríguez Castillo) dijo que a partir de ese momento en su sala quedaban prohibidos los conciertos con consignas políticas y religiosas. Joder, te estás cargando una parte importante de la música popular; con las dos cosas, eh, con las políticas y las religiosas. Esto te lo explico para que veas hasta qué punto me preocupa que los promotores y las marcas se crean que todo esto es necesario para que haya una escena musical. Hay que buscar alternativas e intentar que todo sea un poco más limpio y más sano. Pero, evidentemente, hay muchas contradicciones. Yo he tocado en muchos sitios patrocinados. Es que si no, tocaría entonces solo en conciertos subvencionados, que tampoco hay. Pero sí, estos dilemas son normales. No creo que me hayas visto a mí nunca ponerme como un paladín de la coherencia ni…

¿No te pones como ejemplo de nada, entonces? No.

 
NACHO VEGAS, Hablando del asunto (y 3ª parte)

“Hablo de la venganza o los celos, sentimientos que tienen que ver con el amor, pero que son cosas absolutamente irracionales y muy difíciles de manejar y gestionar”. Foto: Alfredo Arias

 

Bien, sigamos con “La última atrocidad”. Aquí veo, otra vez, una influencia muy clara de Nick Cave, de la canción “Red Right Hand”. No sé si estás de acuerdo con ese tono de la canción, al que podríamos añadirle el violín de Warren Ellis… Es muy original el sarcasmo a dos voces para el fin de una relación, con el poder femenino gobernando ese final. ¿Cómo se te ocurrió cantarla con Cristina Martínez, de El Columpio Asesino? Cuando empecé a escribir la canción y apenas tenía un poco esbozada la idea, se lo comenté a Cristina. Esto fue hace unos cuatro años. De hecho, casi entra en “Resituación” (2014), pero no la había terminado y la dejé reposar. Quería que la voz femenina no se limitara a cantar, sino que interpretara la canción y creara un personaje. La letra dice lo que dice, pero aquí la interpretación es especialmente importante; Cristina, además, me dijo que había dos maneras posibles de afrontar la canción: como una mujer despechada o como una mujer empoderada y más castigadora. Optó por el segundo papel, que, coincidimos, era el más adecuado, y que tenía exactamente el tono que yo había imaginado cuando pensé en ella para cantarla. Se adueñó de la canción de una manera que a mí me gusta mucho.

 



“Tenemos dos materias primas fundamentales para componer: los recuerdos y la imaginación. Y, en realidad, básicamente se mezclan. Nunca sabes muy bien hasta qué punto el recuerdo es algo recreado. El recuerdo por sí solo creo que no vale; necesita algo de imaginación. Y la imaginación por sí sola, como inventarte algo de la nada, tampoco vale”

Creo que es un acierto haberlo enfocado desde ese punto de vista, mucho mejor que desde el otro. En la siguiente, en “Los sabios idiotas”, haces una mención al “Red Apple Falls” (1997) de Smog, influencia que ya era muy evidente también en tu canción “Cómo hacer crac” (2011), que era puro “Bathyshpere”, del “Wild Love” (1995). Asimismo, hay una añoranza a eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, o eso me parece. ¿Es así? Háblame de la nostalgia. ¿Te arrepientes de muchas cosas? Siempre quiero huir de la nostalgia, pero siempre que miro al pasado necesito que, de alguna manera, la canción acabe en el presente o haya alguna referencia al futuro. Por eso el último verso habla de “estos otros días”, aunque toda la trama esté basada en “aquellos días”. Tenemos dos materias primas fundamentales para componer: los recuerdos y la imaginación. Y, en realidad, básicamente se mezclan. Nunca sabes muy bien hasta qué punto el recuerdo es algo recreado. El recuerdo por sí solo creo que no vale; necesita algo de imaginación. Y la imaginación por sí sola, como inventarte algo de la nada, tampoco vale. Son dos cosas que funcionan, en esta canción en concreto, en dos direcciones. Es como evocadora. Yo le tengo mucho cariño, aunque hay gente que me ha dicho que es una canción de relleno. Y no la pensaba incluir en “Violética”; ni esta ni “Todo o nada”. Las veía más en algún EP o algo así, porque son canciones anteriores a “Resituación”. Las presenté en una serie de conciertos que hice con imágenes de películas de Mike Leigh (se refiere al espectáculo “La vida es dulce”, que interpretó en Madrid, Barcelona y Avilés en 2013) y, de hecho, “Todo o nada” es el título de una película suya (se refiere al filme de 2002) y lo de “Los sabios idiotas” está sacado de una frase de un diálogo de otra cinta suya (se refiere a “Dos chicas de hoy”, 1997), a pesar de que las canciones no hablan de esas películas. Les ponía música a las imágenes, pero las canciones en realidad parten de experiencias más personales. Y había gente que me reclamaba que las grabara, algo que me extrañaba, porque pensaba que habían pasado muy desapercibidas, ya que solo hicimos tres directos, aunque hay una grabación del Teatro Lara por ahí circulando. Las dos forman parte del mismo ciclo, son canciones hermanas, aunque hablen desde perspectivas diferentes.

Tengo que decirte que “Tengo algo que decirle” es, para mí, la peor del disco. Aunque el tema está muy bien, feminizándolo todo. De hecho, se nota que te has esforzado por ser fiel a una crítica contumaz, muy en sintonía con lo que está pasando ahora, pero, no sé… Y, además, tal como la cantas... Por un momento he pensado que eran Hombres G haciendo una parodia de una canción política de compromiso. (Risa)… Esta canción, en principio, iba a ser con guitarra y voz solamente y con otro tipo de interpretación, y al final la hice así... Algo parecido me dijo Paco Loco, pero de otra manera. Paco es muy fan de la serie “Superagente 86”, y me contó que le recordaba a un personaje que se llama Simón El Simpaticón, uno de los espías de KAOS, la organización del mal; siempre hacía putadas, pero como tenía una mirada encantadora… Y Paco decía que entendía esta canción como algo parecido: que la cantaba de buen rollo y le acababa produciendo un efecto similar. Está claro que para ti no funciona y para Paco sí… (Risa)

No sé si es positivo lo que te voy a decir, pero la veo como una canción que, aun así, en “Resituación” habría sido de las mejores. Creo que habría encajado mejor en aquel disco. La veo en ese tono. Cuando la escuché, también pensé que le faltaba algo, no sé... (Risa) Sí, es verdad, está en el tono de “Resituación”, pero musicalmente me encajaba más aquí.

Sigamos con “(Pasamos) El Negrón”, que es otra de las que más me gustan. Para mí es una canción pletórica y me recuerda a los estándares de los años setenta, con esos cantantes con grandes voces que interpretaban mensajes difíciles de descifrar pero rebosantes de lirismo, con aquellos arreglos fantásticos, casi himnos, con sus coros… Me refiero a este tipo de cantantes crooner, que en España hubo muchos. Es ese estilo de canción, aunque no sé si está hecha con esa idea, y tú tampoco la cantas así, claro. Pero, en fin, me recuerda a esa esencia de canción poderosa, antigua pero brillante. No había pensado en esa relación. En principio, la canción casi empezó como un guiño a los Smiths, a la hora de cantar la estrofa, sobre todo. Pero luego se me fue complicando un poco, porque quería que el coro tuviera una presencia importante y me costó mucho hacer que encajara. Es una de las canciones del disco a las que más cariño le tengo y, al mismo tiempo, una de las que menos contento estoy, por su producción… Hay algo en lo que fallé; yo, no la banda ni el coro. Quería conseguir un tema de pop que tuviera un momento muy épico, como los de Marc Bolan o Bowie, algo así. Como una especie de fragilidad que al final estallara en un momento épico, y creo que no lo conseguí. Aun así, le tengo mucho cariño y por eso la acabé incluyendo en “Violética”.

 

 



“Me pareció que funcionaba muy bien con la banda, ya que la sacaban de la pura recreación de una canción tradicional, de un tema que ha sido cantado muchísimas veces en Asturias, ya fuera por Víctor Manuel o por Nuberu, que son los que tienen la versión más famosa de la historia de Aida. Quería llevarla a otro terreno sin que perdiera esa cosa coral que le quería dar, ni ese tono épico que le otorga el coro. Al final, ensalzar una figura revolucionaria tiene que tener un punto de épica, y quería que incluyera también la aportación de una banda de rock. No la veo como una canción puramente folk”

Luego está “Aida”, otro homenaje dentro del tono femenino del disco. Supongo que te toca muy de cerca por ser asturiano; un mito, por lo que representó en 1934: Aida de la Fuente, La Rosa Roja de Asturias, militante comunista que murió durante el levantamiento revolucionario reprimido por el Ejército Republicano. La canción tiene también ese tono eclesiástico/comunitario que le confieres últimamente a muchas de tus composiciones para subir la atmósfera y convertirlas en algo que emocione. Supongo que ese es el objetivo que perseguías con este tema. Sí, es una canción que no estaba seguro de incluir aquí, pero la había tocado mucho en directo en conciertos acústicos con el coro (se refiere al Coru Antifascista Al Altu La Lleva) durante el último año,temporada en la que interpretábamos muchos temas tradicionales aprovechando que León Benavente (se refiere al grueso de su banda de acompañamiento: Edu Baos, Abraham Boba, Luis Rodríguez y, su técnico de sonido, César Verdú) estaba girando. Cogí esta, que es parte de una canción tradicional, y luego la recreé, le amplié la estrofa. Cuando tocamos con la banda en el BIME Live hace dos años, como venía de cantar esa canción con el coro, me apeteció hacerla en la prueba de sonido con ellos. No se la sabían, no la habían escuchado nunca; aun así, me pareció que funcionaba muy bien con la banda, ya que la sacaban de la pura recreación de una canción tradicional, de un tema que ha sido cantado muchísimas veces en Asturias, ya fuera por Víctor Manuel o por Nuberu, que son los que tienen la versión más famosa de la historia de Aida. Quería llevarla a otro terreno sin que perdiera esa cosa coral que le quería dar, ni ese tono épico que le otorga el coro. Al final, ensalzar una figura revolucionaria tiene que tener un punto de épica, y quería que incluyera también la aportación de una banda de rock. No la veo como una canción puramente folk. Eso era importante. Y enlazaba, además, con “El corazón helado”, dos canciones en los dos extremos del disco, así que tenía sentido que estuviera en “Violética”.

Hablando del tema folk asturiano, ¿habrá continuación de Lucas 15? Hay un disco grabado ya, lo que pasa es que Xel (se refiere a Xel Pereda, ideólogo del proyecto) es una persona muy especial, tiene sus ritmos. Cuando se puso a hacer el “Lucas 15 II” yo le dije que no podía involucrarme. Además, lo hice sabiendo un poco lo que iba a pasar: que sus tiempos iban a ser imposibles de seguir para mí; ya ves, el disco sigue sin salir (el primer y único álbum de este ambicioso proyecto de recuperación del folclore asturiano a través del rock es de 2008; Nacho Vegas formó parte de él). No obstante, le dije que colaboraría con él en lo que quisiera. Todos los músicos, al final, se fueron yendo y acabó grabando el disco prácticamente solo, con colaboraciones. Yo canté alguna canción, pero luego, cuando por fin estaba a punto de salir, dijo que no lo veía claro; a mí me explicó que le faltaba el “mojo”, y ahí está, sin intención de sacarlo. En el primer disco de Lucas 15 la producción es de él, pero la elección del repertorio y la adaptación de las canciones las hicimos al alimón, cada uno aportando prácticamente la mitad del repertorio. Los temas que habrían formado parte del álbum de “Lucas 15 II”, si yo hubiese seguido en el proyecto, los fui metiendo en mis siguientes discos: “Taberneros” de “La zona sucia” (2011) era una canción para Lucas 15, “Aida” es una que hubiese sido para Lucas 15, hay otras que interpreto en directo que también formarían parte de un disco de Lucas 15, pero no habrá “Lucas 15 II” hasta que él quiera.

Acabamos ya con la última, “A ver la ballena”, el tour de force final. Un cuento con muy mala leche, un relato-río con diversos niveles de lectura. Está hecho con un ingenio maestro y con unos cambios de guion imprevistos donde demuestras tu talento para la escritura. Hay suspense, hay cachondeo. Y me recuerda mucho a León Benavente: el tipo de canciones que ellos hacen, el ritmo trepidante, cómo explicas la historia… Tengo curiosidad por saber cuál fue la chispa que originó esta fabulación: la ballena varada como algo fantástico. La historia nace de un hecho real que ocurrió a finales del siglo XIX (se refiere a lo que aconteció en 1895, cuando un barco halló muerta un ballena de unos veintidós metros de largo a unas veinte millas del puerto de Gijón y la remolcó hasta más allá de la desembocadura del río Piles). Es una historia local como muy documentada que, de hecho, dio lugar a una expresión, lo de “ir a ver la ballena”, que ahora ya no se dice pero que en la generación de mis abuelos se utilizaba mucho para mandar a alguien a la mierda. El Ayuntamiento de Gijón, por cierto, recuperó el nombre para hacer un festival que se llamaba A Ver la Ballena. Yo me inspiré en esa historia, basándome en las noticias de la época, pero trasladándola en el tiempo a cuando yo era niño, a un siglo después. Y eso me dio la oportunidad de intentar meter ciertas referencias y elementos para procurar diferentes lecturas de la canción. Y, qué curioso, recientemente apareció otra ballena parecida, ya muerta, en una playa de Ribadesella (se refiere a la ballena varada en el Arenal de Morís, una de las playas del concejo de Caravia, en febrero de 2018) y me hizo gracia leer la noticia de que la gente bajaba en masa para hacerse “selfies” con la ballena. Me alegró haber ambientado la canción en 1984 porque no se me habría ocurrido lo de los “selfies”.

“Hay una cosa que me interesa mucho, y es observar cómo se comporta la gente, las masas, de una forma colectiva al margen de una causa solidaria. Sentimientos como la ira, la furia o la rabia son los que transforman a las masas y las convierten en turbas. Eso es algo que me impresiona mucho”

Pero este giro final, con la gente comiendo la carne de la ballena, ¿cómo te sobrevino? Hay una cosa que me interesa mucho, y es observar cómo se comporta la gente, las masas, de una forma colectiva al margen de una causa solidaria. Sentimientos como la ira, la furia o la rabia son los que transforman a las masas y las convierten en turbas. Eso es algo que me impresiona mucho. Me hace mucha gracia cómo representan eso en “Los Simpson”, con consignas absurdas. Todo esto me da qué pensar sobre el ser humano y sobre cómo funcionan los sentimientos irracionales, que son los que proporcionan inspiración para componer canciones. Hablo de la venganza o los celos, sentimientos que tienen que ver con el amor, pero que son cosas absolutamente irracionales y muy difíciles de manejar y gestionar. Me fascinan estos sentimientos tan abyectos porque son incomprensibles. Y eso me afectó a la hora de escribir la canción.

Además, se nota que disfrutaste escribiéndola. La parte narrada, no cantada, es como un delirio. Seguro que ibas escribiendo y viendo cómo podías ir superándolo. Te imagino disfrutando mientras ideabas este cuento. Bueno, pero también fue un poco jodido su proceso. Cuando llegué a casa de Edu, donde ensayamos, y se la enseñé al grupo, fliparon. La canción la grabamos, porque íbamos grabando cada ensayo, pero la primera versión duraba unos quince minutos; demasiado. Decidí que había que pulirla. Utilicé una cosa que leí de Nick Cave; él nunca maqueta, y dice que llega al estudio, les presenta las canciones a los Bad Seeds, tocan, y si ve que la canción dura ocho minutos, va tachando estrofas hasta que la recorta a cuatro minutos, a cinco o a lo que tenga que durar. Yo me daba cuenta de que era excesivamente larga. La parte narrativa era mucho más extensa, explicaba más cosas. Mi primera idea era incluir el relato inicial escrito en el libreto, algo que no hice. Al final, aunque me jodiese, hacer ese ejercicio de síntesis le vino bien a la canción.

(Se puede leer la primera parte en papel en el Rockdelux 375)

Publicado en la web de Rockdelux el 15/10/2018
Etiquetas: 2010s, 2018, folk-rock, Gijón, rock
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