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NACHO VEGAS, Mirar una canción

“El fulgor” (diciembre 2012).

 
 

CD ROCKDELUX (RDL 312)

NACHO VEGAS Mirar una canción

Con el Rockdelux 312 (diciembre 2012), un regalo inusual: el DVD de “El fulgor” (2002), el filme de Ramón Lluís Bande hecho a partir del tema homónimo de Nacho Vegas, una de las propuestas más radicales del cine español, la que documenta el nacimiento y crecimiento de una canción en cinco procesos, nueve planos, noventa minutos... “El fulgor” ocupó el puesto 48 en el listado de los mejores 100 documentales musicales de la historia confeccionado por el festival In-Edit (ver aquí). Al cumplirse diez años del rodaje y estreno de la película, decidimos homenajear esta obra publicándola en DVD. También le pedimos a su director que nos escribiera un texto teórico sobre su idea. Aquí debajo se puede escuchar “El fulgor”.

“El fulgor”.

El cine tapa siempre la realidad que tiene delante, incluso –o sobre todo– la que asegura querer mostrar. La gran maquinaria que despliega a su alrededor acaba convirtiéndose siempre en algo más importante que lo que filma. Contagia su mentira implícita a la realidad. Es un proceso prepotente que se siente siempre más importante que la realidad que registra. A lo abrasivo de los recursos utilizados habría que añadir otra gran enfermedad del cine contemporáneo: la cinefilia. El cine siempre es autorreferencial, la mayor parte de las películas remiten a otras películas anteriores. El lenguaje está viciado por imágenes precedentes. La influencia de películas previas o del trabajo de otros directores ponen un filtro deformante en nuestra mirada. Miramos la realidad que queremos registrar a través de encuadres o movimientos de cámara aprendidos en otras películas. Cuando planificamos nuestro trabajo tenemos cientos de películas en la cabeza, incluso apostamos previamente por un tipo de mirada. Esto nos lleva a traicionar inconscientemente nuestra historia y nuestros personajes, a arrancar cada nuevo proyecto con cierta falta de honestidad hacia lo que queremos contar.

“El fulgor” atrapa cinco momentos en la vida de una canción de Nacho Vegas y nace, como proyecto cinematográfico, con la intención de evitar la situación descrita en el párrafo anterior. De ninguna manera el proceso de rodar la película podía convertirse en más importante que el acto mismo de componer la canción. Con esta premisa clara comencé el rodaje. Con un equipo reducido a la mínima expresión (una cámara de vídeo digital, un micrófono y un pequeño grupo de cómplices) empecé a citarme con Nacho Vegas para captar cada una de las fases necesarias en el crecimiento de una de sus canciones. Ese era el único compromiso de la película. Su presencia se reducía a una cámara inmóvil y discreta colocada en un lugar desde el que captar lo que sucedía delante de ella. Solo lo que pasaba delante y cómo pasaba era lo importante. No había espacio para otros condicionamientos: iluminación, guión, puesta en escena... Ninguna de esas cosas tenía relación con la película. De esta manera, y con una fidelidad inherente al proceso, rodamos en casa de Nacho, en el local de ensayo, en el estudio de grabación, en la mezcla y sobre un escenario. En ese desarrollo hubo también una necesaria y explícita renuncia a la belleza construida, artificial. Los planos tenían que buscar su necesidad, tenían que mostrar de la mejor manera posible lo que pasaba delante de la cámara sin ningún condicionante estético previo. Así, la película está compuesta por una colección de planos generales, fijos y estáticos. Largos planos-secuencia que respetan el tiempo natural de cada uno de los procedimientos. El tiempo real se transforma en el “tempo cinematográfico”.


 
NACHO VEGAS, Mirar una canción

Bande y Vegas: el arte de mirar.

 

En el montaje, las horas de material grabado plantearon una pregunta importante: ¿es la realidad la plasmación exacta de la verdad? Una pregunta que había que contestar antes de plantearse hacer cualquier cosa con la imagen. Si durante el rodaje la realidad había sido el único camino a seguir, continuar con ese planteamiento podría llevarme al error, a faltar a la verdad de la película: transmitir cinco momentos en la vida de una canción de Nacho Vegas. El registro de la realidad llevaba implícito la recogida de momentos coyunturales, muy marcados por el instante concreto y poco representativos de la “verdad” que la película quería recoger. Después de seleccionar las imágenes más “reveladoras”, las más demostrativas de una realidad genérica (y, de esta manera, de la verdad de la película), el siguiente trabajo era ensamblarlas, renunciando en la medida de las posibilidades a cualquier tipo de falseamiento retórico. Juntar unas imágenes con otras significa siempre aportar lenguaje y significados. La intención en este caso era que fuera lo más ajustado posible a las necesidades expresivas de la película, nada enfático... simples transiciones de un proceso al siguiente. Evidentemente, la película no se sometió a ninguna técnica de posproducción, contra lo que suele ser habitual. No se alteró el formato de la imagen, no se tocaron los colores, no se reencuadró ningún plano... Únicamente se hicieron pequeñas modificaciones en la mezcla de sonido, trabajos de limpieza que aportaran claridad a las tomas, grabadas siempre con micrófonos de ambiente.

“El fulgor” es una película que tiene como protagonista absoluta la canción del mismo título, un acercamiento respetuoso al nacimiento y los primeros momentos de vida pública de una canción que sirve, al mismo tiempo, como retrato íntimo de la manera de trabajar de uno de los músicos que más me emociona. Un doble primer plano (cinematográfico y musical) de una manera honesta de entender la creación artística que está desapareciendo, arrasada por la mediocridad y la falsedad que imponen el mercado y la industria (musical y cinematográfica).

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