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NICK CAVE, La búsqueda interminable

El Poeta del Abismo, el Cantautor Post-punk de la Autodestrucción. Foto: David Tonge

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 133)

NICK CAVE La búsqueda interminable

Documento Rockdelux. Este es el Nick Cave de 1996, el de las “Murder Ballads”. Jordi Biancioto se fue hasta Cadaqués para dar con él. Y este enclave “artístico” de la Costa Brava tomó el relevo, durante tres días, a Londres, Berlín y São Paulo como centro de operaciones del autor de “From Her To Eternity”. Olvidémonos de las viejas viñetas de jeringuillas, malditismo y vacío existencial: la Biblia y su paternidad eran, entonces, los motores de su vida. Esta entrevista fue la portada del Rockdelux 133 (septiembre 1996): una foto en compañía de su amiga PJ Harvey, con quien Nick Cave mantenía entonces una relación muy especial, según confesaba aquí... Los nombres de Kylie Minogue, Mick Harvey, Blixa Bargeld, Tom Dicillo, Serge Gainsbourg, Leonard Cohen, Bob Dylan y William S. Burroughs también surgieron en la conversación.

Cadaqués, Costa Brava, un día cualquiera con el sol en lo alto enfatizando ese paisaje gerundense que cautivó a Salvador Dalí. El hotel está un poco apartado del centro urbano y, enfrente, hay una cala coquetona en cuya arena reposan unas cuantas barcas de pescadores, y un niño que corretea descalzo con una pelota de plástico: tiene cinco años, la piel muy blanca y un rostro vagamente familiar. A su lado, un hombre de treinta y tantos, delgado, gafas de sol y crucifijo de plata colgado en el pecho, le habla al oído, lo acaricia, le sonríe, juguetea con él antes de iniciar una jornada de trabajo bastante especial. “Tengo que hacer estas entrevistas para pagar mis vacaciones”, bromea con el periodista Nick Cave, padre del retoño, siendo consciente de haber revelado un vértice inédito de su figura. El Poeta del Abismo, el Cantautor Post-punk de la Autodestrucción, cara a cara con su intimidad familiar a unos cuantos miles de kilómetros mentales de esas “baladas de asesinatos” que, no obstante, serán el tema de arranque de una larga conversación.

¿Podríamos pensar que en tu último álbum, “Murder Ballads” (Mute, 1996) –ver Rockdelux 129–, expones una visión romántica del asesinato? Depende de la canción. En algunos casos, la acción y el motivo que hay detrás del asesinato son irrelevantes: se trata, simplemente, de una persona, normalmente un hombre, que mata a otra: una mujer. La escena de “Where The Wild Roses Grow” es romántica: hay un río, un hombre, una mujer, unas flores… pero otras canciones son más realistas y brutales. Sin embargo, no creo que el asesinato sea una cosa romántica, sino que se llega a él a través de la desesperación; solo que el amor puede llevar a una persona a ese estado.

La presencia de Kylie Minogue es una sorpresa… ¿Tú crees? Yo no lo diría. Quería colaborar con ella desde hacía mucho tiempo, desde que la vi en televisión cantando una canción… Creo que era “Better The Devil You Know”. ¿Conoces ese tema? Es de Stock, Aitken y Waterman. Pensé: “¡Joder! ¡es increíble!”; amé a esa chica inmediatamente. Pero me incliné por escribir una canción más lenta, más triste. Lo hicimos y me siento feliz.

¿Te fascinan los iconos del pop? No especialmente. Solo me atrajo muy intensamente Kylie Minogue. No lo hubiera hecho con Madonna, por ejemplo. No me metería en la misma habitación con Madonna. Kylie Minogue es distinta.

Su intervención parece responder a tu intención morbosa de introducir un elemento sensual en un contexto siniestro. Pues sí, es exactamente eso –ríe–. Quise escribir una canción que reflejara la inocencia que envuelve a Kylie. Lo que realmente me intrigó de ella fue lo nada cínica que parecía ser. La vi en una entrevista en televisión y me pareció sincera, abierta, honesta y nada cínica. Me pareció increíble que una persona que está rodeada por la monstruosidad propia de este negocio pudiese parecer tan feliz y natural.

Luego tenemos a PJ Harvey. ¿La conocías con anterioridad? Sí, conozco a Polly desde hace mucho tiempo y somos muy buenos amigos. Nos escribíamos cartas y nos mandábamos faxes; nunca había tenido una relación así con nadie. Luego grabamos la canción juntos e hicimos el vídeo.

"Quise escribir una canción que reflejara la inocencia que envuelve a Kylie Minogue. Lo que realmente me intrigó de ella fue lo nada cínica que parecía ser. La vi en una entrevista en televisión y me pareció sincera, abierta, honesta y nada cínica"

Cuando, en 1967, Serge Gainsbourg compuso “Je t’aime… moi non plus” pensando en Brigitte Bardot como “rival” femenina –plaza que finalmente recayó en Jane Birkin dos años después–, difícilmente podía imaginar una futura revisión tan abrasiva como la que, en 1995, protagonizarían Nick Cave y Anita Lane. Interrogado al respecto, el australiano muestra cierta satisfacción. “Me gusta esa versión, ¿y a ti? ¿Te suena extraña? Sí, quizá lo sea por estar cantada en inglés”.

Eso mismo ocurre con las versiones que Mick Harvey –de The Bad Seeds– realiza de Gainsbourg en “Intoxicated Man”. Fue valiente por su parte hacerlo, porque Mick –quien también produjo aquella versión de “Je t’aime… moi non plus”– no es precisamente una persona romántica, sino un tipo muy rígido y con los pies en el suelo. Pero sí fue extraño para mí cantar con Anita, que había sido mi novia durante trece años. Cuando grabamos la canción, estaba embarazada de ocho meses y de otro hombre. Pero fue un ejercicio excitante e incluso erótico.

¿Te interesa mucho Gainsbourg? Siempre he sabido que las letras de Gainsbourg eran extrañas, pero sin conocer exactamente su significado. Al grabar esa versión, de repente me di cuenta de lo que quería decir y fue toda una sorpresa. Yo pensaba que “Je t’aime… moi non plus” era una canción de amor, cuando, en realidad, es sobre sexo animal.

Seguramente, no habrás tenido esos problemas de comprensión con Leonard Cohen –cuyo “Tower Of Song” versionó Cave en el homenaje “I’m Your Fan” de 1991–. Sí, adoro a Leonard Cohen. Creo que estoy impresionado por Gainsbourg y Cohen por idénticas razones: hacen una música individual y sus canciones son de búsqueda de sí mismos. Bob Dylan hace lo mismo en su música, y Tom Waits, y Van Morrison… Eso les hace grandes. Nick Cave también lo hace –sonríe–…

Es curioso que “Death Is Not The End”, de Bob Dylan, cierre un álbum sobre asesinatos. ¿Conoces la versión de Gavin Friday And The Man Seezer? Sí, creo que está bien, aunque suena demasiado new wave para mí, con unas guitarras –a cargo de Marc Ribot y Bill Frisell– más bien terribles. Prefiero la versión de Bob Dylan. Últimamente he trabajado en otro tema suyo para la nueva película de John Hillcoat –con quien Cave ya colaboró en “Ghosts... Of The Civil Dead”, 1989–, titulada “To Have And To Hold”. Se trata de “I Threw It All Away”, de “Nashville Skyline”, que es el tema-clave de la película, ya que se repite tres veces. La canta Scott Walker, y los arreglos los hicimos conjuntamente entre él y yo. El resto de la banda sonora es mío. La película es una especie de melodrama romántico rodado en Papúa Nueva Guinea. Intenté actuar en ella; le pedí a John que, por favor, me dejara, pero dijo que no. Fue así de fácil –ríe–.

Tu actuación en “Johnny Suede” es un tanto chocante. ¿Lo hiciste por amistad con su director, Tom Dicillo? Lo que ocurrió es que me mandaron un guión suyo, lo leí y me pareció que era muy divertido. Pero había un montón de cosas que yo no sabía que tenía que hacer, como la ropa que tenía que ponerme, la imagen que debía dar… Fue un poco sorprendente, pero acabé haciéndolo, aunque fue difícil. Más de una vez pensé: “¿Qué coño estoy haciendo yo en esta película?”; pero, aunque lo intenté varias veces, ya no podía echarme atrás. Tom Dicillo utilizará un par de canciones mías para su próximo film, aunque aún no sé nada al respecto.

 
NICK CAVE, La búsqueda interminable

Nick Cave y Kylie Minogue.

Foto: David Tonge

 

¿Es cierto que, cuando preparabas “Murder Ballads”, pensaste en la posibilidad de realizar una película al respecto? Sí. John Hillcoat iba a dirigir una película con pequeñas historias, y las canciones de “Murder Ballads” como banda sonora de cada una de ellas. Pero, finalmente, decidimos hacer solo el disco. No creo que “Murder Ballads” sea el álbum más importante que he hecho, aunque se haya vendido el doble que los anteriores. Para mí es un disco que compuse muy rápidamente y que se grabó muy rápidamente. Y hacer una película completa sobre el disco hubiera sido un poco tonto.

El Nick Cave del lado salvaje y el Nick Cave paternal y estudioso de la Biblia se han superpuesto durante los últimos años ilustrando la evolución hacia una madurez que todo artista –Lou Reed, Leonard Cohen, Bob Dylan o Neil Young han dictado sus propios métodos– termina rentabilizando en términos creativos. Esgrimiendo su crucifijo, sorbiendo su taza de té y manteniéndose atento a las evoluciones de su hijo Luke en la cala próxima, Nick Cave, que responde a cada pregunta con tono solemne, no afectado –y con destellos de humor–, no tiene reparos en poner su vida privada sobre la mesa. Tener una biografía de dominio público es un precio que afronta con serenidad.

"No voy a volver a tomar heroína nunca más. Cuando la tomaba tenía sus aspectos positivos: me hacía sentir bien y aislarme de la gente, podía ignorar al resto del mundo. Pero terminó haciéndome terriblemente infeliz"

Tú has vivido en Berlín, São Paulo, Londres… ¿Sigues valorando no quedarte en un mismo sitio durante mucho tiempo? Creo que ya llevo dos o tres años en Londres. Lo que ocurre es que ahora no puedo viajar tanto porque tengo un hijo. Sé que si no fuera por Luke yo no viviría en Londres; estaría siempre viajando. A lo mejor viviría en Jerusalén o en otro lugar, pero ahora no puedo hacerlo.

Estás diciendo que tu hijo ha cambiado tu vida… Sí, creo que sí.

¿Has dejado de ser autodestructivo? No estoy seguro. Últimamente he dejado de beber. Hace seis semanas y media –ríe–. Ahora bebo té –dice señalando la taza que se está tomando–.

Me refiero a que tú tomaste drogas durante quince años y sabes lo que es una sobredosis. Sí, es verdad. Para mí es un privilegio haber sobrevivido a eso. Pero no puedo volver atrás, no voy a volver a tomar heroína nunca más. Cuando la tomaba tenía sus aspectos positivos: me hacía sentir bien y aislarme de la gente, podía ignorar al resto del mundo. Pero terminó haciéndome terriblemente infeliz; era como inyectarme tristeza a mí mismo. Si todavía me hiciera sentir feliz, seguiría tomándola; pero eso dejó de ocurrir.

¿Te inspira algo un nombre como el de William S. Burroughs? No es ningún héroe para mí. Creo que Burroughs cuenta buenas historias, tiene un gran estilo, pero no quiero hacer lo mismo que él. No quiero depender de la metadona el resto de mi jodida vida. Repito que, si la heroína continuara funcionando para mí, seguiría tomándola, pero dejó de hacerlo, y nunca me ha interesado ningún otro tipo de droga. Bueno, solo el speed, que solía tomar diariamente durante, no sé, quizá diez años o así. Pero ya no funciona. Así que, ya ves, prefiero una taza de té y un cigarrillo –señala sus nuevos “vicios” y hace una pausa–. Además, ahora tengo un hijo, y tener un hijo e ir al lavabo a pincharse no me parece muy compatible, ¿entiendes? No me gustaría que mi hijo me mirara y se avergonzara porque su padre es un yonqui. Él es lo más importante para mí.

¿Has vuelto a Berlín en los últimos tiempos? Sí, sigo teniendo buenos amigos allí, y me gustan los bares y el ambiente, pero es algo que dejé atrás. Mi época de Berlín fue un período muy obsesivo: era encerrarme en mi pequeña habitación y escribir mi novela –“Y el asno vio al ángel”, 1989; Pre-Textos, 1991–, era dormirme sobre la máquina de escribir y despertarme con pequeñas heridas en la cara… Cuando terminé el libro, ya no pude soportar seguir allí. Creo que fue entonces cuando ingresé en un hospital para una cura de desintoxicación.

¿Sigues el mismo proceso cuando compones una canción que cuando escribes prosa? No, es diferente. Escribir canciones quizá sea más personal porque, al fin y al cabo, la prosa consiste en inventarte un personaje y escribir su vida. Mis mejores canciones son aquellas en las que hablo de mi vida. Es el caso de las de “Let Love In” (1994). Las canciones sobre mí mismo son muy dolorosas.

 
NICK CAVE, La búsqueda interminable

Nick Cave con PJ Harvey.

Rockdelux 133 (Septiembre 1996)

Foto: David Tonge

Diseño: Rafamateo

 

Cuando grabaste “The Good Son” (1990), dijiste que estabas muy influido por la Biblia. ¿Sigue siendo una obra esencial para ti? Sí, es mi máxima influencia. La leo cada día, y también todo tipo de literatura cristiana, libros de teología, evangelios apócrifos… Creo que todo lo que compongo actualmente está influido por eso. No necesariamente por la figura de Jesucristo, sino por toda la Biblia.

¿Significa eso que te planteas tu vida como una lucha entre el bien y el mal? Creo que la condición humana es una lucha continua entre esos dos conceptos, y que tenemos la tendencia de elegir el mal. Tomamos el camino fácil, que generalmente es el destructivo. Es difícil ser una buena persona, perdonar y amar; es más fácil decir “jódete”. Para mí, la vida de Jesucristo ilustra ese conflicto interno que supone ser bueno en un mundo maligno. Es un asunto religioso, sí, aunque la palabra “religión” tiene para mí connotaciones negativas, porque lo relaciono con las iglesias y a mí las iglesias no me interesan. Voy a ellas a veces, pero ni me interesa el ritual ni creo que tenga que haber iglesias para estar en contacto con Dios. El mensaje de Jesucristo no era sobre las iglesias o el Papa: él hablaba de la libertad.

“Las canciones más difíciles de tocar con los Bad Seeds son las más religiosas o espirituales. Con Blixa Bargeld, en cambio, no hay ningún problema; conoce la Biblia bastante bien"

¿Comparten los Bad Seeds esas teorías? No. El padre de Mick Harvey es pastor cristiano, así que él siempre ha estado envuelto en eso y, quizá por ello, cree que el cristianismo es una mierda. Para mí, las canciones más difíciles de tocar con los Bad Seeds son las más religiosas o espirituales. Con Blixa Bargeld, en cambio, no hay ningún problema; conoce la Biblia bastante bien.

Antes te he nombrado “The Good Son”, que no fue un álbum muy alabado por la prensa. ¿Te afectó eso? ¿No lo fue? No me acuerdo… ¿Qué dijeron? ¿Que era demasiado blando? Que se joda la prensa… A mí me gusta ese álbum. He tenido un montón de buenas y malas críticas, depende del disco, y no me importa demasiado. Lo único que me interesa es hacer lo que quiero musicalmente y tener una banda que sepa interpretar lo que escribo.

Siempre te has lamentado de que la gente no tenga una percepción real de tu personalidad, de que te vean como un ser siniestro… Sí, es cierto, pero…

Justo en ese momento, el destino quiere que Luke Cave y su pelota de plástico irrumpan en la sala. Ante las carantoñas de Nick a su hijito –que reclama a su padre: ¡quiere jugar!–, la pregunta se revela como definitivamente estúpida, y el periodista desea salir despedido hacia el espacio por un resorte invisible. Desgraciadamente, eso no ocurre y Cave, que sonríe y se apiada del que suscribe –“¿te parece que ese es un ser siniestro?”, inquiere señalando al angelical Luke–, reemprende la respuesta. “Nunca he pensado que mi música sea siniestra. Lo que ocurre es que mi visión de la vida es bastante implacable; no tengo una relación demasiado buena con el mundo, pero me tomo muy en serio mi papel como compositor. No creo que mi función deba ser felicitar al mundo por ser como es. Pero, al mismo tiempo, nunca he sido el tipo de persona que se siente miserable; no soy así. Siempre he trabajado duro y me he tomado la composición y la música extremadamente en serio. Independientemente de las drogas que tomara. Hago mis conciertos, las malditas pruebas de sonido y todo eso. Para mí, el proceso creativo es extremadamente positivo, algo muy espiritual que me eleva como persona”. Finalmente, el ex Ángel de la Devastación que una vez atrajera a Wim Wenders, se levanta y dirige su atención a lo “más importante” para él: aún quedan dos días de vacaciones en Cadaqués, y Luke, que nació tras “The Good Son”, quiere seguir jugando a la pelota. Un próximo álbum junto a The Dirty Three –con quienes colaboró en directo y en el disco de ‘Expediente X’, “Songs In The Key Of X”; ver Rockdelux 131– y un posible trabajo con Palace esperan a su padre cuando vuelva a Londres.

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