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NICK CAVE, Los fantasmas de la memoria

Nick Cave y el oficio de crear. Foto: Cat Stevens

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 315)

NICK CAVE Los fantasmas de la memoria

El australiano publicó en 2013 “Push The Sky Away”, su decimoquinto álbum junto a los Bad Seeds, con quienes ya lleva treinta años de alianza. Un trabajo maduro y contenido, para el que fueron de especial relevancia los loops que creó su compañero Warren Ellis. Adrián de Alfonso habló con Nick Cave en el centro de Berlín, una de las cuatro ciudades escogidas para la presentación de “Push The Sky Away”. Esta entrevista fue motivo de portada del Rockdelux 315 (marzo 2013). Más portadas de Nick Cave en Rockdelux, aquí y aquí.

Algo cambió en mí cuando escuché “From Her To Eternity” (Mute, 1984) por primera vez. Algo gordo, quiero decir. La gente tiene epifanías frecuentemente cuando es joven. En mi caso, diría que la cosa iba a una media de cinco o seis por año. A medida que te hacías mayor, ese promedio bajaba. El problema –si es que alguna vez lo fue– es que la mayoría de esas revelaciones te acompañaban durante algunos meses, años incluso, pero en un momento dado se apagaban. Su impacto se degradaba con el tiempo, por culpa de las dichosas reuniones, de un concierto fallido o por cualquier cabo suelto que al autor se le ocurriera dejarse. Los obsesivos no pasamos ni una. Por suerte, hay excepciones.

“Lamentablemente, a todos nos llega el momento de cerrarnos en banda. De hacer oídos sordos para desarrollar nuestro trabajo. Esa amplitud de miras, ese impacto que te provocan algunas cosas, simplemente desaparece. Es lo más jodido de hacerse mayor. Pero también hay cosas positivas. Personalmente, he aprendido a sobrellevar toda la basura que he acumulado en el cerebro durante tantos años”

Escuchar el primer disco de Nick Cave con los Bad Seeds sigue dándome el mismo calambrazo hoy que cuando lo escuché por primera vez. Por una razón muy simple: en él se esconde todo lo que a mí me gusta de la música. El ruido, la letanía, el rapto, la lentitud, la reverberación, el ritual, la ternura, los coros masculinos y el blues. Y futuro. Mucho futuro. Esas nueve canciones dicen más de lo que está por venir que siete EPs de Raime juntos. Y que venga alguien a decirme lo contrario, que me lo como. Si tuviera que imaginar un palco de intocables, “From Her To Eternity” estaría ahí arriba, campando a sus anchas junto a salvajadas del calibre de “Songs Of Leonard Cohen” (1967) y “Trout Mask Replica” (1969) de Captain Beefheart & His Magic Band. Cave escribió buena parte del material para los cuatro primeros discos de los Bad Seeds en Berlín, donde alternó y compartió más que Weißbier con una panda de zarrapastrosos con especial apego por los taladros, las fresadoras y los tubos de acero al carbono. La alianza con Einstürzende Neubauten fue decisiva a la hora de definir un sonido bastardo y tormentoso al que todavía hoy no se le conocen herederos.

Treinta años después de aquella irrepetible génesis, Nick Cave ya no es el mismo. Berlín tampoco. A finales del año pasado me entero de que la minigira de presentación de “Push The Sky Away” (Kobalt-Popstock!, 2013) devolverá al australiano a la capital alemana, ciudad a la que precisamente me trasladé hace ya un tiempo. A mediados de enero se me confirma la posibilidad de entrevistarlo. Esto hay que aprovecharlo.

Hablar con Cave a doscientos metros de la Fernsehturm supone para mí un momento relativamente importante en mi intermitente ir y venir como crítico. Y digo solo “relativamente” porque, no nos engañemos, el tiempo ha hecho bastante mella en la consideración que le tengo a Cave. Rarísimo sería que, después de tantos años, el bueno de Nick no hubiera metido la pata unas cuantas veces. Considero que hasta “Let Love In” (Mute, 1994) casi todo fueron obras maestras. Pero luego... ¡Ay! Luego llegó el desencanto. Y con él, el cabreo. Cabreo cuando veía portadas tan imponentes como la de “The Boatman’s Call” (Mute, 1997) y, oh decepción, sus canciones se deslizaban a través del tronco de mi encéfalo como una toallita por el culo de un bebé. Cabreo cuando veía que Blixa Bargeld dejaba el grupo o que no se exprimía como Dios manda a una bestia parda de la calaña de James Johnston (Gallon Drunk), quien formó parte de los Bad Seeds durante cinco años. Una mezcla de cabreo y tristeza muy parecida a la que le invade a uno cuando nota que un examor se aleja para no volver jamás. “Push The Sky Away” no es un mal álbum, pero en ningún momento consigue que me desprenda de esa desagradable sensación. Grabado en La Fabrique, un estudio en el sur de Francia (Saint-Rémy de Provence) con todas las comodidades que un músico pueda imaginar, el disco suena contenido y, por momentos, tenso. Aun así, las repetidas escuchas acaban sepultándolo en la criosfera de los trabajos irregulares, ese grueso estrato al que no tengo ni tiempo ni ganas de acceder.

 
NICK CAVE, Los fantasmas de la memoria

“De alguna manera, he conseguido anular esas voces que te van diciendo que eres un gilipollas, que no eres capaz ni de escribir ni de cantar. Básicamente, he aprendido a decir ‘a la mierda’”.

Foto: Bleddyn Butcher

 

¿Qué crees que has ganado y has perdido tras estos años de carrera? Lo que pierdes es la amplitud de miras que tienes cuando eres niño o eres joven. Cuando estás alimentándote de todo, leyéndolo todo, aferrándote a lo que te parece especial. Lamentablemente, a todos nos llega el momento de cerrarnos en banda. De hacer oídos sordos para desarrollar nuestro trabajo. Esa amplitud de miras, ese impacto que te provocan algunas cosas, simplemente desaparece. Es lo más jodido de hacerse mayor. Pero también hay cosas positivas. Personalmente, he aprendido a sobrellevar toda la basura que he acumulado en el cerebro durante tantos años. De alguna manera, he conseguido anular esas voces que te van diciendo que eres un gilipollas, que no eres capaz ni de escribir ni de cantar. Básicamente, he aprendido a decir “a la mierda”.

Cave ha empleado exactamente siete minutos y medio en decir estas diez frases. Los silencios entre palabra y palabra, las vueltas atrás y los rodeos le delatan. Empezar con tanta tralla la entrevista seguramente no haya sido la mejor de las ideas. Y menos a mediodía, cuando nuestro hombre, al que se le ve en los huesos, intenta zamparse un bocadillo de atún de lo más revenido. Cave es perfectamente consciente de los riesgos que corre un músico, cualquier artista, al intentar mantener su barco a flote sin quemarse. Se revuelve sobre su sofá e intenta justificarse por hacer un trabajo tan absurdo y, a la vez, tan necesario.

“Con los Bad Seeds ocurre una cosa extraordinaria: después de quince discos todavía hay algo único entre nosotros. No te sabría decir el qué, pero creo que es innegable que está ahí. Sea como sea, me siento obligado a llevar adelante este experimento. Necesito seguir haciendo discos con ellos que me parezcan interesantes. Por otro lado, y esto no es nada fácil, también hay que saber olvidar todo lo que has hecho antes”

¿Crees que es importante que un artista se abra a nuevos territorios o, por el contrario, piensas que lo que debe hacer es centrarse en sus cualidades y solidificar su propuesta? Creo que es importante cambiar. Sobre todo cuando sabes que tienes algo valioso entre manos. Con los Bad Seeds ocurre una cosa extraordinaria: después de quince discos todavía hay algo único entre nosotros. No te sabría decir el qué, pero creo que es innegable que está ahí. Sea como sea, me siento obligado a llevar adelante este experimento. Necesito seguir haciendo discos con ellos que me parezcan interesantes. Por otro lado, y esto no es nada fácil, también hay que saber olvidar todo lo que has hecho antes.

¿Eres capaz de olvidar con facilidad? He destrozado tan jodidamente bien mi memoria que sí. Lo hago de puta madre.

Sería difícil que escribieras tu autobiografía. No sé si sería capaz, la verdad. Los noventa serían un capítulo muy corto, eso seguro. La jodí tan bien en los ochenta que ahora mismo me resulta imposible acordarme de qué coño hice en los noventa. Aunque si te soy sincero, creo que todo empezó a torcerse a finales de los setenta.

Cave ya no le tiene miedo a sus adicciones. Su experiencia demuestra que un exyonqui no tiene por qué ser siempre un yonqui en potencia. La testarudez con la que se aplica al trabajo (su tan cacareada rutina de oficinista) es, sospecho, la fuerza que más le ha ayudado a alejarse de las drogas. “Eso, y haber tenido tres hijos”.

Explícame algo acerca de tu música que hayas descubierto recientemente. Haciendo “Push The Sky Away” he aprendido muchas cosas. Pero quizá lo más importante haya sido ver lo bien que funciona el “menos es más” a la hora de grabar. Algo que ya tuve en cuenta en “From Her To Eternity” pero que, como es habitual en mí, acabé olvidando poco después. Ahora que lo pienso, creo que este disco y “From Her To Eternity”, aun sonando completamente distintos, guardan bastantes parecidos. Ambos se construyeron gracias a un montón de gente que entraba y salía del estudio sin tener ni puta idea de lo que iba a hacer. El planteamiento era básicamente el mismo: conseguir un sonido homogéneo y excitante a partir de muy pocos instrumentos.

En tu obra ha habido varios flirteos con la electrónica. Me vienen a la cabeza “Hard On For Love”, en la que si no me equivoco hay una guitarra sampleada que se repite como un taladro, y “The Mercy Seat”, con esa especie de drone de fondo que ayuda a darle velocidad a la canción. En “Push The Sky Away” jugáis con algunos sintetizadores y, sobre todo, con loops. ¿Crees que en algún momento llegarás a abrazar la electrónica del todo? Los momentos electrónicos del disco a los que te refieres en realidad no lo son tanto. Sí es cierto que “Push The Sky Away” se apoya de una manera bastante dramática en los “loops” que construyó Warren, pero la mayoría de ellos provienen de instrumentos de cuerda que han sido tratados.

 
NICK CAVE, Los fantasmas de la memoria

Rockdelux 315 (Marzo 2013)


Foto: Bleddyn Butcher

Diseño: Nacho Antolín

 

¿Y eso no es electrónica? No del todo. Al menos, no para mí. De todas maneras, no voy a negarte que esos “loops” definieron un espacio al que nunca antes habíamos tenido acceso y del que estoy especialmente contento. En ese sentido, sí creo que hemos hecho un disco diferente a todo lo que habíamos publicado hasta ahora.

En el álbum hablas bastante del deambular de las muchachas y de los jóvenes amantes. ¿Qué te motiva de todo ello? Me interesa la idea de tomar cierta distancia respecto a esa inocencia. Estas canciones son voyerísticas. Hablan de alguien que mira desde lejos lo que está pasando. Y de alguna manera también retratan el proceso de escribir canciones. Se desarrollan dos tipos de narrativas en paralelo: una más clara y lineal, que explica lo que pasa aquí y ahora, y otra que lo engloba todo y que se centra en la mirada de alguien que se dedica a escribir canciones. Ese escritor de canciones es, por supuesto, un hombre mayor. En realidad llevo bastante tiempo utilizando este tipo de doble narrativa. Siempre he tenido la voluntad de mantener una cierta distancia entre el que narra y lo que ve. Si tienes tiempo de volver a mi repertorio antiguo, verás que habitualmente hablo de ventanas, lo que considero bastante significativo.

“Para mí, el acto de hacer música es básicamente intuitivo. Y poco más. No soy un gran músico, lo que provoca que muchas veces me mueva sin saber qué estoy haciendo exactamente. Lo mejor de toda esta incompetencia es que, al final, siempre acabo sorprendiéndome a mí mismo. Y como yo, el resto del grupo. A los Bad Seeds los escogí por esa misma razón. No por su destreza o por su capacidad para vender discos, sino porque son intuitivos. Hombres de ideas. Y porque son amigos míos y me gusta estar con ellos, claro”

Volviendo a la juventud, en “Push The Sky Away” utilizas como contrapunto la voz de Martha Skye Murphy, la chica que cantaba al principio de “The Proposition” (John Hillcoat, 2005). Conozco a su padre. Casualmente estaban por el sur de Francia cuando grabábamos el disco, así que le pedí a ella que me ayudara con algunos coros. La verdad es que quedaron de puta madre. Me encanta cómo suena esa voz tan poco domesticada.

Los que no somos especialmente amigos de los duetos que Cave hiciera años atrás con voces femeninas (recordemos: nada más y nada menos que Kylie Minogue y PJ Harvey) podemos empezar a rasgarnos las vestiduras. ¿Está siendo Nick Cave más radical de lo que muchos podemos asumir? No estoy seguro. Lo que sí sé es que “Push The Sky Away” presenta la silueta de un Cave rebajado, lo que no deja de sorprender dado el carácter abiertamente sexual de su más reciente novela, “La muerte de Bunny Munro” (Papel de Liar, 2009). “En contra de lo que pueda parecer, no estoy tan interesado en el sexo en sí como en sus reverberaciones. Es un poco como la violencia. Sexo y violencia son constantes en mi escritura, efectivamente, pero lo que me interesa no es tanto el acto violento en sí, sino las vibraciones que ese acto transmite. Lo que le hace hacer a la gente. En el cine se ve muy claramente. A todos nos gusta el sexo, pero dime cuántas películas tienen escenas de cama que no sean profundamente aburridas. El acto sexual debe tener un elemento de fantasía y de imaginación para motivarme, y eso, la verdad, es bastante difícil de filmar. Buscar esos puntos de tensión es lo que precisamente intento con mis canciones.

¿Podrías entonces prescindir del sexo antes que del blues, la profundidad, el humor o la belleza? Sexo, ¿incluye hacerse pajas? Supongo que el sexo es lo primero que quitaría de esa lista, sí. Sin humor no podría vivir. En dos días tendría que meterme una bala entre los sesos.

Siempre he pensado que la mayor parte de tu música negaba la existencia de la fealdad. O más bien, la abrazaba. ¿Qué es para ti la fealdad? La fealdad, para mí, es la religión. Y no hablo de creer. La capacidad que tienen los seres humanos para creer me parece fascinante. Pero lo que ha salido de ahí es algo rematadamente feo.

A estas alturas de la entrevista, me sorprende lo mucho que le está costando a Cave responder a mis preguntas. En ningún momento diría que no es un tipo inteligente, pero sí creo que es menos reflexivo de lo que a priori pudiera aparentar. Me pregunto si esa es la razón por la que engendros como “Nocturama” (Mute, 2003) o “Dig, Lazarus, Dig!!!” (Mute, 2008) vieron la luz en su día.

¿Cómo te planteas cada nuevo disco? ¿Piensas en algo en concreto? ¿Te preocupa mucho que el disco se venda? Para mí, el acto de hacer música es básicamente intuitivo. Y poco más. No soy un gran músico, lo que provoca que muchas veces me mueva sin saber qué estoy haciendo exactamente. Lo mejor de toda esta incompetencia es que, al final, siempre acabo sorprendiéndome a mí mismo. Y como yo, el resto del grupo. A los Bad Seeds los escogí por esa misma razón. No por su destreza o por su capacidad para vender discos, sino porque son intuitivos. Hombres de ideas. Y porque son amigos míos y me gusta estar con ellos, claro.

 
NICK CAVE, Los fantasmas de la memoria

El jefe y los Bad Seeds: raíces profundas. Foto: Cat Stevens

 

¿Qué diferencia hay entre los Bad Seeds de Blixa Bargeld y los de Warren Ellis? Es evidente que los dos han sido o son colaboradores muy cercanos. Creo que Warren ha tenido más impacto en el grupo que Blixa. De hecho, últimamente, todo lo que escribo, lo escribo a medias con él, algo que con Blixa no ocurría. Pero realmente echo de menos a Blixa. Le pedí que me ayudara con este disco, y la idea le encantó, pero por circunstancias que no vienen al caso no pudo asistir a las sesiones de grabación. “Push The Sky Away” era el disco perfecto para que metiera sus guitarras.

¿Con qué momentos de tu carrera te quedarías? Un “highlight” clarísimo fue hacer la versión de “I’m So Lonesome I Could Cry” de Hank Williams junto a Johnny Cash –para “American IV. The Man Comes Around” (2002)–. También me emocionó que incluyera una versión de “The Mercy Seat” en su “American III. Solitary Man” (2000). Pero lo mejor, sin duda, fue estar en el estudio con él. Otra experiencia que nunca olvidaré fue cantar con Kylie Minogue. Fue como vivir en uno de esos sueños que te dejan noqueado durante varios días. Quizá la canción no sea de mis favoritas, pero ella me encanta.

“Tienes que tener en cuenta que provengo de una tradición de australianos desesperados por salir de Australia. Gente que amaba su tierra, pero que no podía soportar esa estrechez de miras tan habitual en los australianos. La verdad es que somos muchos los que nos fuimos. Intento pasarme por allí al menos una vez al año, pero nunca volvería para instalarme con mi familia. Estoy contento en Brighton, con mi mujer y mis hijos gemelos de 13 años. Inglaterra puede llegar a ser un sitio bonito... A veces”

¿Cómo ves la música que se está haciendo ahora mismo? ¿Hay alguna banda que te haya impresionado últimamente? La verdad es que no tengo ni idea de lo que se hace hoy en día. Cuando era joven solo escuchaba bandas antiguas: Neil Young, Bob Dylan... Ese tipo de cosas. Nunca presté demasiada atención a mis contemporáneos. Y por extraño que parezca, nunca tuve el espíritu aventurero que se requiere para estar al tanto de lo que sucedía musicalmente a mi alrededor. Para mí, hay una clara diferencia entre la gente que escucha música y la gente que hace música. Y yo me convertí hace mucho tiempo en un tipo que, básicamente, hace música.

Tengo una pregunta de carácter técnico. Me da la impresión de que siempre utilizas los mismos efectos para tratar tu voz. ¿Te dan confianza? ¿Qué harías sin ellos? Efectivamente, hay una serie de “reverbs” que casi siempre utilizo, pero tampoco te diría que dependa de ellos. Para mí, lo más importante es que durante la grabación los micrófonos estén al máximo volumen. De esta forma puedo cantar suavemente. Antes me preguntabas qué había aprendido en todo este tiempo. Pues algo que me llevó treinta años entender es que resulta mucho más potente retroceder y aullar que incrustarse el micrófono en la tráquea. Si escuchas bien a Iggy Pop, te darás cuenta de que, cada vez que grita, se aleja del micrófono. Mantener esa distancia hace que la voz se estreche, y eso, de alguna manera, ayuda a crear esa presencia tan acusada e “in-your-face” que tanto me gusta.

La distancia, otra vez. Sí. Todo coge más cuerpo si aprendemos a mantener esa distancia.

Finiquitando la entrevista, y aligerando para que Cave pueda acabar de una vez con el bocadillo que mordisquea desde hace media hora, le pregunto cómo le va por Brighton, ciudad en la que vive desde hace varios años con la modelo inglesa Susie Bick, quien aparece junto a él en la portada de su nuevo disco. “Tienes que tener en cuenta que provengo de una tradición de australianos desesperados por salir de Australia. Gente que amaba su tierra, pero que no podía soportar esa estrechez de miras tan habitual en los australianos. La verdad es que somos muchos los que nos fuimos. Y lo curioso es que en Australia a todos nos miran de la misma manera: con mayor o menor desconfianza. Intento pasarme por allí al menos una vez al año, pero nunca volvería para instalarme con mi familia. Estoy contento en Brighton, con mi mujer y mis hijos gemelos de 13 años. Inglaterra puede llegar a ser un sitio bonito... A veces”.

Y por último, ahora que me hablas de Australia, hay un par de canciones en “Push The Sky Away” que me recuerdan a los Triffids. ¿Fue David McComb alguna vez una influencia para ti? Para serte sincero, apenas conozco la música de los Triffids. Sé que debería, porque Marty (se refiere al bajista Martyn P. Casey) tocaba con ellos. Pero no, nunca me interesaron. Y no es que no me gustaran. Simplemente, me los pasé de largo. Curiosamente, hace poco leí la biografía del grupo que publicó un amigo mío y me pareció que McComb era un escritor acojonante. La verdad es que sus letras me dejaron perplejo.

Etiquetas: 2010s, 2013, Australia, rock
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