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NICK LOWE, Puro pop para gente con edad

Pop convincente que mejora con los años. Foto: Dan Burn Forti

 
 

ENTREVISTA (2007)

NICK LOWE Puro pop para gente con edad

En 1968 se marchó de casa para unirse al grupo de su amigo Brinsley Schwarz. Diez años después era el cantante y productor estrella del pop nuevaolero. En los ochenta se lo bebió todo. Y en los noventa planeó su gran obra: reinventarse como artesanal autor de canción adulta. Sus últimos discos nos confirman que el joven Nick Lowe era el aprendiz y que el caballero actual es el auténtico maestro. Instalado en una plácida y fructífera madurez, Mr. Lowe despacha con elegancia y un sabio sentido del humor música que entra sin esfuerzo en los cánones de lo cásico. En esta entrevista atemporal con Nando Cruz, hecha en la época de “At My Age” (2007), Nick Lowe se nos mostraba como un paciente y reflexivo autor en busca de la depuración de un estilo de música eterna. En ello sigue.

No se puede negar. La vida ha sido generosa con Nick Lowe. En su madurez está grabando los mejores discos de su carrera y en 2005 nació su primer hijo. El niño se llama Roy, y “At My Age” (Proper-Dock, 2007) es la obra de un veterano que se beneficia de su experiencia en el oficio y en la vida. No es solo el disco de un artista conforme con su edad; es otra cima, casi a la altura de “The Convincer” (Proper, 2001), de un músico que hace jugar el paso del tiempo a su favor y que ha aprendido a sonar con seductora naturalidad y sabiduría. El canoso hidalgo británico de 58 años no ha llegado a este actual estatus de muy serena y elegante madurez por casualidad. Le ha costado lo suyo, pero hoy duerme mejor y más orgulloso de sí mismo.

La primera vez que creí haber tenido una idea realmente original fue con la canción ‘(What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love And Understanding?’ (de 1978). Quedé tan impresionado que me parecía imposible no haber copiado nada. En realidad, tomé dos acordes prestados de una canción de Judee Sill: ‘Jesus Was A Cross Maker’”

Lowe responde desde la pequeña casa de finales del siglo XIX situada en una placita del West London donde ha vivido los últimos veinte años como soltero irrecuperable. Allí se instaló en los ochenta, separado de Carlene Carter (hija de June Carter e hijastra de Johnny Cash) y en su peor etapa personal y artística. Pero el destino le ha deparado la sorpresa de la paternidad y hoy vive en otra casa, a dos minutos de esta, con su pareja (la diseñadora Peta Waddington) y el niño. En la casa vieja duerme dos noches por semana. Es donde se refugia para preparar nuevas canciones, reunirse con los amigos, hablar de música, beber y fumar… y para atender las entrevistas.

Escuchar su voz al otro lado del teléfono ya reconforta. La reconozco de sus discos: clara, calmada pero aún entusiasta, con una dicción elegante y precisa que solo traiciona cuando alarga la sílaba de alguna palabra para dar un leve énfasis. Escucha atento las preguntas, las agradece caballeroso y se lanza en respuestas infinitas que él mismo interrumpe cuando sospecha que igual se está desviando del tema. Intercala consideraciones de nueva cosecha y reflexiones ya expuestas en viejas entrevistas. Pero la mayoría de sus opiniones son de prescripción indispensable para cualquiera que desee entender qué significa esto del pop.

¿En qué momento descubriste que esa cosa de tres minutos llamada canción pop era todo lo que necesitabas para ser feliz? Bueno, no tengo claro que fuera todo lo que necesitaba para ser feliz, pero la longitud de la canción estaba dictada por la cantidad de música que cabe en un disco de 45 rpm. En un single no podías meter más de tres minutos y medio o cuatro; si era más larga se resentía la calidad del sonido. Supongo que la noción de canción pop se inventó con la idea de meter el máximo de entretenimiento en ese espacio de tiempo. Me pareció muy lógico y fácil de entender: dos estrofas, un puente, una estrofa más y el final. La fórmula era siempre parecida, y yo la aprendí rápido. Al principio hacíamos lo que nos mandaban, pero pronto vi que si quieres tener una carrera has de componer tus propias canciones. Y aprender a componer me llevó tiempo. Ya sabes, empiezas reescribiendo las canciones de los artistas que admiras, copiando abiertamente porque de algún modo hay que empezar. Cuando acabas de reescribir a The Band, pasas a Van Morrison. Y luego, a JJ Cale. Hasta que un día, reescribiendo a Little Feat, pones algo de The Band. Y luego haces una canción que es The Band + Van Morrison + JJ Cale + Little Feat. Y un día todo eso ha desaparecido y has creado tu estilo. La primera vez que creí haber tenido una idea realmente original fue con la canción “(What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love And Understanding?” (de 1978). Quedé tan impresionado que me parecía imposible no haber copiado nada. En realidad, tomé dos acordes prestados de una canción de Judee Sill: “Jesus Was A Cross Maker”.

 
NICK LOWE, Puro pop para gente con edad

Resolviendo el enigma de las canciones. Foto: Dan Burn Forti

 

Tu repertorio y tu actitud actuales no tienen nada que ver con tus discos de los setenta y los ochenta. ¿Te apetece tocarlos si te los pide el público en los conciertos? Toco “(What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love And Understanding?”, “Heart Of The City”, “Cruel To Be Kind” y alguna más, pero soy demasiado mayor para tocar según qué canciones. Y si hiciera muchas de esas entraría en el circuito de “oldies”. Muchos artistas se dedican a tocar las canciones de cuando eran jóvenes, lo cual puede ser algo vergonzoso. Pero yo ni siquiera pienso que aquella fuese la mejor época de mi vida. Y, sobre todo, no tengo necesidad de tocarlas.

Tú ya no vas a muchos conciertos. ¿Por qué crees que irá gente a los tuyos si pueden quedarse en casa escuchando cómodamente el disco tomando una copa de buen vino? Me temo que hasta cierto punto es lo que pasaba. Cuando empecé a buscar otra forma de hacer música, muchos de mis viejos fans se retiraron: creían que tocaría rock’n’roll a gran volumen el resto de mi vida para que ellos pudieran revivir su juventud a través de mí; y como eso no iba a ocurrir, se dieron a la fuga. Pero mi público ha cambiado con los años: hay muchas más mujeres, gente joven (bueno, de unos 30 años) y muchos gays, lo cual me parece estupendo. Y por lo que he visto en mi última gira, no son tantos los que se han quedado en casa tomando la copa de vino.

“Cuando empecé a buscar otra forma de hacer música, muchos de mis viejos fans se retiraron. Pero mi público ha cambiado con los años: hay muchas más mujeres, gente joven (bueno, de unos 30 años) y muchos gays, lo cual me parece estupendo”

Ahora son habituales los músicos adultos de pop. Incluso se valora en ellos su sabia perspectiva y la solidez de su carrera, pero cuando tú iniciaste el tránsito hacia una suerte de artista pop de edad no lo eran tanto. ¿Cuándo y cómo empezaste a plantearte esta evolución? Fue a principios de los ochenta. Toda aquella década fue terrible para mí. Mi carrera como estrella del pop ya había acabado. Por un lado me alegré, porque me había convertido en un alcohólico y ya no me veía capaz de hacer nada sin estar bebido, pero sabía que mis nuevos discos eran pobres. Cada dos años me llamaban de la discográfica y me decían: “Es hora de grabar otro disco”. Me metía en el estudio con una canción o ninguna y salía con un álbum entero. No entiendo por qué no me echaban. Sabía que se me había pasado el arroz, pero en mis momentos de lucidez sentía que, aunque hasta entonces me había ido bastante bien, aún no había hecho prácticamente nada. Y veía que, excepto en el jazz, el blues y el country & western, no se podía ser un artista muy viejo. Me preguntaba por qué no era igual en el pop. Pensé que debía haber un camino para llegar a ese estadio de madurez y quería intentar acercarme a algo así sin renunciar a mis raíces pop.

¿Y cuándo empezaste a intentarlo? La primera vez que lo intenté de forma consciente fue en “Pinker And Prouder Than Previous” (Demon, 1988), un disco que tuvo críticas terribles. Yo tenía una grabadora casera muy barata y había aprendido a grabar tomas estupendas de mis canciones, pero al entrar en el estudio todo desaparecía nota por nota. En cuanto el batería empezaba a tocar a todo trapo y sin atender a la intención de la canción, todo se iba al traste. Él tocaba tan fuerte que me obligaba a cambiar el tono en que yo iba a tocar. Poco a poco la canción se iba transformando en otra cosa y yo perdía el control sobre ella, así que me servía unos tragos hasta que me convencía de que ya estaba bien. Hasta que un día decidí que no podía más y que tenía que crear canciones tan buenas y trabajar tan duramente en ellas que al final no pareciesen ni mías. Así me sentiría tan relajado que podría tomarme cualquier tipo de libertad con ellas porque ya habría explorado todos sus rincones.

 
NICK LOWE, Puro pop para gente con edad

Camino de la perfección.

Foto: Dan Burn Forti

 

¿Cómo ha variado tu forma de componer hasta hoy? Ahora para mí componer es como si en la casa de al lado hubiese una radio encendida con una música buenísima. Un día ponen una canción nueva y la oyes a través de la pared. Parece la bomba, pero no sabes cuándo volverán a ponerla. Pero cada vez que vuelve a sonar, dejas todo lo que estás haciendo y la escuchas atentamente porque quieres aprenderla. Como no se oye muy bien, te lleva muchas escuchas aprender cada vez algo más de ella. Has de ser paciente y escucharla las veces que sea necesario hasta aprenderla por completo. Y lo que nunca debes hacer es apresurarte y completarla por tu cuenta. Con esto quiero decir que los mejores compositores son precisamente los que escuchan la canción todas las veces que haga falta, los que dejan que brote en el aire sin meter baza. Yo noto cómo he interferido de un modo artificial en muchas canciones. Creí haber tenido una gran idea para completarla, y años después he visto que fue una interferencia que en realidad la arruinó.

Y esa radio que escuchas en casa del vecino es tu propia cabeza, ¿no? Claro. Y está encendida a todas horas, conectada a esa emisora que suena en la lejanía. Me ocupa una gran cantidad de tiempo, cuidado y reflexiones crear una simple canción pop de tres minutos que suene como si acabase de brotar. Supongo que pasa igual con la literatura: lleva su tiempo completar un párrafo que suene natural, preciso, claro y tan bellamente construido que no falte ni sobre una palabra, que parezca haber surgido sin esfuerzo.

“Es muy fácil tener una idea, pero convertirla en algo más es lo divertido. Cuando más disfruto del hecho de hacer música es precisamente dando forma a esa idea, resolviendo los enigmas que me llevan a la resolución final de la canción, escogiendo su envoltorio...”

¿Crees que con el tiempo has aprendido a ser paciente con las canciones? Desde luego, y eso ha hecho mejores mis discos, pero puede ser frustrante. Tengo amigos que componen cada día como quien va a la oficina. John Hiatt, por ejemplo, tiene una oficina y va cada día. Yo lo he intentado y no me funciona. Soy de los que han de esperar a que llegue la inspiración. Y cuando llega es cuando has de mostrar tu verdadera paciencia.

Trabajando de este modo, ¿nunca has temido quedarte sin inspiración? Claro. Lo pienso a menudo. Y ocurre constantemente. No es que creas que no serás capaz de componer nada más, sino que, de repente, ni siquiera comprendes cómo has escrito lo que has escrito. Miras tu obra y dices: “¿De dónde ha salido todo esto? ¿Cómo lo he hecho?”. De joven me volvía loco, y por eso cuando tenía media idea, por endeble que fuera, la exprimía al máximo para sacar una canción. Al envejecer te acostumbras a tomártelo con calma. Además, no cabe la menor duda de que la inspiración decrece.

Hoy en día se publican miles de discos con ideas esbozadas que no concretan nada. Por supuesto. Es que es muy fácil tener una idea, pero convertirla en algo más es lo divertido. No quiero soltar el típico rollo de que los chicos de hoy no saben lo que hacen, pero sí diré que cuando más disfruto del hecho de hacer música es precisamente dando forma a esa idea, resolviendo los enigmas que me llevan a la resolución final de la canción, escogiendo su envoltorio...

Has grabado tus últimos cuatro discos en un período de diecisiete años. ¿Ya solo te dedicas a la música cuando te apetece o cuando tu vida te lo permite? No creas. Hago música, hablo de música y pienso en música a todas horas, pero forzar las cosas no funciona. Casi prefiero sentirme como un músico semirretirado. Por otro lado, seamos realistas, el mundo no se muere de ganas por escuchar mi próximo disco.

¿Y qué hay de esa típica promesa de entregar la vida al rock’n’roll? Uf. No, no, no… ¿Tú conoces gente de esa? Pues les decepcionaría saber lo poco que el rock’n’roll se va a preocupar por ellos.

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