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NIÑO DE ELCHE, El equilibrio es la muerte

“Creo que falta mucho humor en el arte y el activismo”, asegura Francisco Contreras, Niño de Elche. Foto: Óscar García

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 343)

NIÑO DE ELCHE El equilibrio es la muerte

Tiene nombre de cantaor clásico, pero representa todo lo contrario, hasta el punto de renegar del flamenco y hacerlo trizas para penetrar en una nueva dimensión. Francisco Contreras se ha erigido en uno de los más inquietos, prolíficos y fascinantes representantes de nuestro arte de vanguardia. Lo atestiguan, por ejemplo, su actuación en el Sónar 2015 con el espectáculo “RaVerdial” y su impactante disco “Voces del Extremo”, escogidos mejor concierto y álbum nacional de 2015, respectivamente, en el Rockdelux 346. David Saavedra lo entrevistó para este artículo que fue motivo de portada del Rockdelux 343 (octubre 2015).


Las etiquetas

A Francisco Contreras (Elche, 1985) los medios lo hemos comparado con Enrique Morente por su espíritu rompedor con los límites de la ortodoxia flamenca. También con El Cabrero por el carácter político y social de su cante. Y lo hemos incluido junto a Rocío Márquez –con quien ha colaborado varias veces– en el saco de los más interesantes renovadores actuales del género. Todo ello, siempre, en términos elogiosos. Pero Niño de Elche, hombre cuya extrema conciencia crítica sobrevuela siempre sobre su arte y su vida, niega categóricamente todas estas adscripciones.

“A mí me interesa la gente heterodoxa, aquella de quien no sé explicar lo que hace; son los artistas en los que más me fijo

Las etiquetas no me gustan nada, son bastante castrantes”, explica. “Mucha gente elige la de flamenco porque es la que más dinero da a nivel de caché. Es un punto a favor estar entre ese mundo, pero yo hace cinco o seis años ya pasé de eso. Yo hago música, arte, trabajo con danza contemporánea... Me interesan más otras cosas a la hora de construir”, matiza. “Las etiquetas están para ser utilizadas mercantilmente o a nivel de comunicación del modo que interese. Yo intento apartarme de ello porque me parece que en este mundo donde vivimos, con todo el acceso que hay a la información, eso ya no es necesario. A mí –prosigue– me interesa la gente heterodoxa, aquella de quien no sé explicar lo que hace; son los artistas en los que más me fijo. Cuando a mi último trabajo“Voces del Extremo” (Telegrama Cultural, 2015)– veo que lo etiquetan como un disco de flamenco, yo me río. Objetivamente es que no tiene casi nada de contenido flamenco, por no decir que nada. Hay una especie de inercia a la hora de hablar. Yo estoy completamente alejado de Rocío Márquez, de sus formas de pensamiento, de acción, de sus discursos, de su modo de vestir. Somos amigos, pero eso no tiene nada que ver con mi forma de hacer arte y de ver la cultura. Yo intento trabajar sobre otro prisma ético. A mí, que me metan en la misma bolsa en que están los Pony Bravo, Antonio Orihuela, Pedro G. Romero o Juan Carlos Lérida, vale, pero que lo hagan porque he nacido en el mismo año que otra gente me parece absurdo”.

 
NIÑO DE ELCHE, El equilibrio es la muerte

Rebelde sin pausa.

Foto: Óscar García

 

Los poetas

Hablemos de uno de los citados: Antonio Orihuela. Contreras conoció al poeta e historiador onubense mientras preparaba “Sí, a Miguel Hernández” (Autoeditado, 2013), y ahí descubrió un mundo. “Empezamos a entablar conversación y amistad, y Antonio me fue descubriendo todo este movimiento de la poesía de la conciencia, que es muy difícil de conocer si no estás vinculado a ella de algún modo. También me interesó políticamente hablando. Ellos se reunían en un encuentro anual en Palos de Moguer que organiza Antonio –se refiere a Voces del Extremo, que se celebra desde 1999 auspiciado por la Fundación Juan Ramón Jiménez–, y él me invitó a ir. Ahí empecé a tratar a esa gente, a entender su forma de pensar y de relacionarse, que era muy distinta a lo que estaba acostumbrado, y también significó un acercamiento diferente a la poesía convencional”. De ahí le brotó la idea de grabar este último álbum a partir de su propia visión musical –y de Daniel Alonso y Darío del Moral, de Pony Bravo, entre otros artífices– y de los textos de diez poetas contemporáneos de la conciencia. Estaba pasando de “musicar” a Hernández, una figura popular y clásica, a atreverse con poetas actuales, casi anónimos, y de alta radicalidad.

“En ‘Voces del Extremo’ el contenido me interesa, porque es algo que nos toca a todos, muy actual, muy del nosotros, pero también esa actitud, esa fórmula que en el mundo de la música se relaciona con un concepto del ‘underground’, aunque a mí me gusta más hablar de contracultura”

“A mí el discurso siempre me ha importado, pero el contenido me ha interesado cada vez menos y lo ha hecho más la actitud”, reflexiona él. “Lo de Miguel Hernández no era un intento ni un alarde de poner música a esos poemas; es un ejercicio que está ahí y está bien. Pero lo más valioso de ese trabajo para mí no es eso, sino encontrar ese espíritu y esas actitudes que podemos definir como hernandianas, y por eso se construyó una fórmula colaborativa. En ‘Voces del Extremo’ el contenido me interesa, porque es algo que nos toca a todos, muy actual, muy del nosotros, pero también esa actitud, esa fórmula que en el mundo de la música se relaciona con un concepto del ‘underground’, aunque a mí me gusta más hablar de contracultura. Supongo que esta fórmula poética es la contracultura más cercana que tenemos, no la romántica ni la anacrónica, sino la del día a día y lo cotidiano. Eso es lo que me atraía de esos trabajos. No son ejercicios para musicalizar poemas que son muy bonitos, es un ingrediente o una herramienta más, como lo pueden ser la textura de la voz, el diseño, el músico de turno que me acompaña o el texto que ha preparado Olga Beca para la comunicación. Todo ello es importante”, afirma.

En cada una de sus acciones y frases, parece quedar claro que Niño de Elche huye de muchas tentaciones comúnmente asociadas al arte. Eso incluye la exaltación del genio individual y la mitomanía. Desde ese punto de vista, puede provocar cierta perplejidad que su obra más ambiciosa girase sobre la obra y la figura de Miguel Hernández, pero él lo justifica desde una heterodoxia que, afirma, ha llevado a que dentro del “hernandismo” más canónico se produjese un rechazo inmediato. “Los mitómanos lo ven como una figura santa en el sentido laico, que no se puede tocar y al que hay que percibir siempre desde un prisma jerárquico. Y yo creo que Miguel Hernández es todo lo contrario”, afirma.

 
NIÑO DE ELCHE, El equilibrio es la muerte

Rockdelux 343 (Octubre 2015)
Foto: Óscar García
Diseño: Gemma Alberich

 

El cuerpo

Todos los elementos del proceso creativo son importantes en el manifiesto artístico de Niño de Elche. Y eso engloba las fotos de promoción y las portadas, con una gran potencia de choque que parece despojar de seriedad o gravedad a su discurso. “Llevo mucho la ‘performance’, el utilizar el cuerpo como primer espacio de creación”, afirma él. “Por eso, para mí es muy importante que las fotos, todo el espacio que rodea lo musical, tengan un contenido estético importante, donde el discurso sea más como de saeta, más directo. El mundo fotográfico me ayuda a entablar otra comunicación con la gente, ver dónde se coloca mi cuerpo y en qué territorios podemos utilizarlo como discurso. En el disco de Miguel Hernández empezamos a considerar la idea de disfrazarme de cura-pastor, que era del artista Manuel León. Caló muy bien porque, además, trabajábamos con los límites de la figura de Miguel, su punto religioso o místico que desde parte de la izquierda clásica se niega, pero también con la idea de la cabra como mito de Lucifer o como parte del rebaño. Ese aspecto –confiesa– lo empecé a desarrollar al conocer a los Pony Bravo, a comprender cómo utilizaban el humor y la ironía, y ahora es parte prioritaria de mi discurso. Creo que falta mucho humor en el arte y el activismo”. Contreras, quien en la portada de “Voces del Extremo” aparece disfrazado de antidisturbios en una librería, recalca que “siempre es una construcción interna, hecha con mi cuerpo y con todo lo que eso conlleva de autocrítica. No es una mirada externa hacia ‘la gente es’, sino que nosotros pertenecemos a eso, a esa esquizofrenia y esas construcciones totalmente locas, y por tanto nos pertenece. Todos llevamos un policía dentro, todos somos curas, todos somos Lucifer... Yo siempre me siento identificado con esa forma de entablar el diseño de los trabajos”.

“Todos llevamos un policía dentro, todos somos curas, todos somos Lucifer...”


El espacio

La implicación política de todo lo que el artista hace lo ha llevado también a ser muy selectivo con los lugares donde trabaja y aquellos donde no. Han sido bastante aireadas algunas declaraciones afirmando que jamás actuaría en plazas de toros o recintos de la SGAE. Sí lo podremos ver, sin embargo, este mes en algunos conciertos patrocinados por marcas comerciales. ¿Le produce eso conflictos o lo asume como parte de las contradicciones a las que aboca el vivir dentro del capitalismo? “Mis problemas personales se acercan más a los bancos que a otras empresas que, a nivel de gestión, trabajan desde los prismas del mercado libre, pero no creo que sean el demonio”, responde. “Lógicamente, hay que torear, como dirían los flamencos extremos, con toda esa esquizofrenia del mundo capitalista. Tampoco voy de purista. Me quiero relajar en eso. Tal vez hace unos años era así de imbécil, pero ahora, para mí, lo importante es el discurso y cómo entablarlo en ese espacio. Las líneas rojas que yo nunca pasaré son las plazas de toros, Israel y los teatros de la SGAE. Yo intento hacer cosas que no me provoquen dolor de barriga, pero siempre es algo más intuitivo que mental, porque si fuese mental no iría a ningún sitio, me suicidaría, no sé. Mi línea de posicionamiento político no va por ahí. Intento no estar en ese punto de máximo purismo, pero tampoco en el equilibrio, porque el equilibrio se puede convertir en el punto medio, y eso es la muerte”.  

 

Empirismo y danzas

“No sé cómo imaginará la gente, desde fuera, el modo en que trabajo, tal vez que estoy como un químico en un laboratorio”, explica Contreras entre risas al hablar de su día a día involucrándose en todo tipo de proyectos y colaboraciones. “Mi método es más empírico. Consiste en juntarme con músicos, escucharlos, hablar con gente que me interesa desde un montón de prismas artísticos, culturales, políticos y sociales. Trabajo desde el hacer –recalca–. Cuando sientes ese ardor, esa pequeña intención que es lo que otros definen como la llamada de Dios, y ves que se puede solidificar en un proyecto, vas trabajando hacia esa idea, pero es todo mucho más aleatorio y azaroso de lo que se cree”.

Para Niño de Elche hay los que él define como “discos de producción gorda” y, entremedias, “encuentros más pequeños, improvisaciones, trabajos que me llevan menos tiempo”. Seguir el rastro de todo ello es una tarea tan ardua como fascinante, para la que su web oficial es el punto de partida ideal. Aquí un breve recorrido por su corpus más reseñable hasta el momento:


Los discos

Niño de Elche debutó con “Mis primeros llantos” (Dienc, 2007), que aún evidencia su extracción flamenca –comenzó en el mundo de las peñas y los tablaos–, pero ya deja entrever su voluntad de ruptura. Bebe de palos clásicos, pero en su selección de textos se vislumbra una conciencia social que lo sitúa como origen remoto de “Voces del Extremo”.

“Las malditas órdenes del coronel” (Autoeditado, 2013) es su primera colaboración con el dúo alicantino SEIDAGASA (Eo Simón al piano y José María Pastor a la batería), dedicado a la improvisación. La voz de Contreras se integra en ese afán experimentador explorando los límites de la vocalización y el cante.

“Sí, a Miguel Hernández” (Autoeditado, 2013) es su proyecto más ambicioso hasta la fecha, un trabajo multidisciplinar que no se agotó en el álbum en sí, donde musicalizaba nueve poemas de Miguel Hernández desde la heterodoxia (colaboraciones de El Chojin y Llorenç Barber incluidas), intercalado con recitados de Pablo Guerrero, Marcos Ana y Amancio Prada, entre otros; se complementaba con un periódico de 16 páginas (“SAMH”), con textos del propio Niño de Elche, y un documental, “Sobre Miguel Hernández”, dirigido y producido por él mismo y que incluía las entrevistas que formaron parte del proceso de investigación en torno al poeta, desarrollado durante dos años. Asociado al proyecto también está “Calle de Arriba, 73” (Knockturne, 2015): una casete en edición limitada a cien copias con una sesión de grabación improvisada en 2013 junto a SEIDAGASA en la casa natal de Hernández e interactuando con el mismo espacio. La experimentación los lleva a utilizar las sonoridades de la vivienda, su mobiliario y objetos, en una experiencia casi psicofónica.

“Strates” (Natural Artifice, 2015) documenta su colaboración con el guitarra minimalista José Sánchez, afincado en Toulouse (Francia), que también ha tenido sus traslaciones en directo, buscando un magma entre la escuela de Philip Glass y la incansable exploración de Contreras en torno a los límites de los códigos flamencos. De aquí a “Voces del Extremo” (Telegrama Cultural, 2015), donde pone voz a una decena de poetas de la conciencia. Con el apoyo de Fernando Junquera “Negro”, Raúl Pérez y músicos de Pony Bravo, se acerca a los lenguajes del noise, el krautrock y el post-punk.

 
NIÑO DE ELCHE, El equilibrio es la muerte
 

Las grabaciones de Niño de Elche hasta la fecha: “Mis primeros llantos”, “Las malditas órdenes del coronel”, “Sí, a Miguel Hernández”, “Calle de Arriba, 73”, “Strates” y “Voces del Extremo”.

 

 

 



Los otros proyectos

En junio de 2011 presentó en el centro cultural L’Escorxador (Elche) “Vaconbacon. Cantar las fuerzas”, un proyecto de performance, exhibición audiovisual y cante inspirado en la pintura de Francis Bacon que perpetró junto a Santiago Barber y Raúl Cantizano. Precisamente con este último y con el bailaor Juan Carlos Lérida desarrolló “ToCaBa”, fusión insólita, casi desde el teatro del absurdo, de toque, cante y baile que se presentó en el festival EthnomusiKa (París) el 13 de junio de 2013.

Como parte de un proyecto global desarrollado por el colectivo interdisciplinar Los Flamencos, aquel mismo año gestó “Cantes tóxicos” junto al artista Isaías Griñolo y el poeta Antonio Orihuela, y con Rocío Márquez entre las colaboradoras. Arrimado a la etnología y los estudios culturales, lo definieron como una “máquina de trovar que desde el conflicto canta nuestros días”.

“Siete lunas” fue una idea de Juan Carlos Lérida (también director del programa Flamenco Empírico/Ciudad Flamenco de Barcelona para su edición de 2013), quien propició el encuentro de Niño de Elche con María Muñoz, bailarina y coreógrafa del grupo Mal Pelo. En “Siete lunas”, dice Contreras, “aparecieron inéditas perspectivas sobre lo social, lo político y lo cultural de los cuerpos”.

Más comentado en los medios ha sido “RaVerdial”, desarrollado junto a Los Voluble (un DJ y un VJ con los que ya había colaborado en el festival sevillano Zemos98), que hicieron colisionar el festivo palo flamenco de los verdiales con el sonido rave, apoyados por una iconografía política plasmada desde la indignación y el humor. Su puesta de largo en el último Sónar supone un cambio de pantalla en la percepción y calado del artista.

 
NIÑO DE ELCHE, El equilibrio es la muerte

Arte sin jerarquías, fuera del alcance de los medios más cercanos a la ortodoxia.
Foto: Óscar García

 

Del flamenco hacia...

Afirma Francisco Contreras que dedicará todo 2016 a grabar su próximo álbum y que, sorpresa, “tendrá relación con el flamenco”. “Hay diferentes fórmulas de trabajo. Una es el discurso, sobre el que arrastro los elementos que me interesan; y otra, de la que no soy tan partidario, que es la de trabajar del flamenco hacia”, explica.

“Los próximos discos, que serán varios, jugarán mucho con el concepto de la tradición, la traición de la tradición, lo inmóvil del academicismo. Será un trabajo con muchísimo contenido, de creación total, experimentaloide también, y con colaboraciones muy interesantes. Sí tendrá más contenido de flamenco de lo que yo esperaba hacer a estas alturas, pero ha surgido así y además es un trabajo que tenía aparcado desde hace dos años. No sé si es tanto una propuesta como quitarme un peso de encima”, reflexiona en voz alta, al tiempo que recalca su intención de permanecer fuera del alcance de los medios más cercanos a la ortodoxia. “Tendremos que decidir dónde movemos el álbum, porque mi veto hacia la gente del flamenco va a seguir. No quiero que ellos escriban sobre él ni tengan el disco ni nada. Soy bastante nazi en eso”, concluye.

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