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NIÑOS DEL CERRO, El fin de la inocencia

Diego Antimán, Ignacio Castillo, Felipe Villarubia, Simón Campusano y José Mazurett: otros horizontes. Foto: Andrés Moncada

 
 

ENTREVISTA (2019)

NIÑOS DEL CERRO El fin de la inocencia

El quinteto chileno sobrevivió a la corta efervescencia de una nueva escena que aparecía como alternativa al (exprimido) “paraíso del pop”, así como también a la maldición de ser solo un buen debut con el aplaudido “Nonato Coo”. En 2018, Frank Ocean y Los Jaivas convivieron en “Lance”, su nuevo disco. ¿Cómo resistieron Niños del Cerro? Su vocalista lo explica.

“Recuerdo muy bien una tocata en una casa, durante los primeros días de 2016. Había ciento cincuenta personas en el salón. Yo llegué a las seis y estaba muy contento. Tres horas después me quería matar. Era sofocante, peligroso, me dolía la cabeza. Tocamos y fue un desastre, pero la gente lo estaba pasando bien. En un momento, vi a dos personas en el aire. Alguien cayó encima de Yaney (Salgado, vocalista de Patio Solar) cuando estaba actuando, y ella se enojó, claro”, explica Simón Campusano, vocalista de Niños del Cerro, grupo completado por Ignacio Castillo (guitarra), José Mazurett (batería), Felipe Villarrubia (bajo) y Diego Antimán (teclados).

“¿La colectividad solita te tiene que llevar a cierto lugar? No. Si Gepe o Javiera Mena no hubiesen trabajado cada uno en sus proyectos, no estarían donde están, y todavía son amigos”
(Simón Campusano)

Este recuerdo no aparece al azar, sino que, para el músico, “ilustra muy bien lo que pasó, en varios sentidos” en una joven escena musical santiaguina durante los últimos años. Conciertos en casas y almacenes que partieron por el año 2014, con equipos precarios y con una mezcla interesante: del hardcore más purista al indie pop. Ingredientes que se veían atractivos o, al menos, refrescantes después de años de vivir esa burbuja mediática y cansina de “Chile, paraíso del pop”. Esa efervescencia duró poco tiempo y después de ese recuerdo de Simón, Niños del Cerro –que ya tenían su debut, “Nonato Coo” (Piloto, 2015), bajo el brazo y con buenas críticas– dejaron de tocar con frecuencia y comenzaron a hacerlo también en otros lugares. Salas establecidas y, más tarde, en algunos festivales. “Fue una decisión consciente porque estábamos cansados, pero también era estratégico. Cuando actúas menos, te va a ver más gente y preparas mejores shows”.

Así fue también que dejaron de aparecer en los afiches que se compartían en redes con conciertos de seis bandas por noche. Y surgieron algunas críticas desde el entorno: ¿por qué si todos los grupos iniciaron su camino en el mismo lugar no todos estaban al mismo nivel un tiempo después? “Yo siento que eso es muy cómodo. Es ser superbarsa (jeta) respecto a la colectividad. ¿La colectividad solita te tiene que llevar a cierto lugar? No. Si Gepe o Javiera Mena no hubiesen trabajado cada uno en sus proyectos, no estarían donde están, y todavía son amigos. Lo colectivo siempre te va a tirar para arriba si hay una buena energía, pero hazlo bien”.

Algunos de sus compañeros tropezaban. Hubo buenos debuts, como “Temporada” de Patio Solar en 2015, pero su segundo largo, “Migración” (2017), la banda lo publicó (en febrero) y luego bajó de las plataformas por no estar conforme con el resultado (volvieron a subir una nueva versión en octubre). Otro buen primer disco fue “Run Run” (2016), de El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, pero su siguiente entrega, “Amanda” (2018), no dio el ancho. “A pesar de que tiene canciones preciosas, a mí me cargó el segundo disco del Cómodo, por las decisiones que tomaron. Lo digo como una preocupación real. Tienes buenos temas: grábalos bien, demórate seis meses en mezclarlos. Yo sé que hay ansiedad, pero si vamos a tirar esto para arriba todos juntos, ponte los pantalones”.

Niños del Cerro presentando canciones de su segundo disco, “Lance”, en el capítulo sexto de las Sesiones de Quemasucabeza.

¿Están Niños del Cerro más solos que hace tres años? Simón dice que sí. “Con lo poco que teníamos en ese momento, siempre nos preocupó tocar mejor. Y eso también nos empezó a distanciar de otra gente; son decisiones que se toman y está bien. Había una energía que se empezó a viciar, y yo creo que fue mucho antes del reportaje de POTQ”. Campusano se refiere a un artículo publicado en 2017, en la web musical chilena POTQ Magazine, sobre abusos sexuales y discriminación a mujeres en la escena musical local. “Fue un bajón importante. Recuerdo que volví de un viaje de tres meses y ya el grupo de amigos con el que celebré mi despedida era distinto. Muchos personajes habían desaparecido. No estaban los ánimos, menos con el sello Piloto”. Su label fue uno de los involucrados en aquella investigación. “Fue un panorama poco alentador para terminar el disco. Antes de que saliera el reportaje, ya había un clima distinto. Si esta era la forma de relacionarnos, el ambiente en el que tocábamos, cómo lo íbamos a hacer ahora”.

“Sentía que era injusto que nuestra contraparte no estuviera tan involucrada, sabiendo que el disco que estábamos haciendo estaba superbueno. Esa energía sí la encontramos en Quemasucabeza. Gente que pegó el salto, dejaron todo para dedicarse a esto y les resultó”
(Simón Campusano)

 

“Ninguno de nosotros estaba involucrado directamente, pero fue algo que no podías ignorar si era gente que veías todo el tiempo. Nos preguntamos muchas veces si decir algo públicamente. Y llegábamos a la conclusión de que no tenía sentido, porque no tenía que ver con nosotros. Me acuerdo de ese texto que escribió al respecto Alex Anwandter, que no decía nada y era muy mala onda. Todas las semanas pasan cosas relacionadas con esto. Cómo nos paramos frente a la situación, no sé. Me encantaría tener esa respuesta, que fuera absoluta y eficiente, pero no la tengo. Al menos profesionalmente nos dejamos de relacionar con mucha gente. Siento que eso es lo que más tiene que ver con nosotros”.

En 2018, Niños del Cerro presentaron su nuevo disco, “Lance”. Un trabajo que la banda comenzó a preparar en el sello Piloto en mayo de 2017, con quienes incluso lanzaron su primer single, “Contigo”, pero que culminó en una nueva casa, Quemasucabeza. “A la gente de Piloto le tengo mucho cariño, pero llegó un punto en que nosotros nos estábamos dedicando mucho a la banda y ellos seguían haciendo otras cosas. Quiero colaborar con gente que le ponga la misma cantidad de empeño que yo a mi trabajo. Sentía que era injusto que nuestra contraparte no estuviera tan involucrada, sabiendo que el disco que estábamos haciendo estaba superbueno. Esa energía sí la encontramos en Quemasucabeza. Gente que pegó el salto, dejaron todo para dedicarse a esto y les resultó”.

En este nuevo disco hay una decisión consciente de componer pensando en qué sonido quieren transmitir. “Las palmeras”, canción que cerraba su debut y que siempre tiene un gran éxito en sus conciertos, marcó un acercamiento a los ritmos latinos que recordaba a los brasileños Holger en “Beaver”. Esto se mantiene en “Lance”, y los tentáculos se estiran, pasando por Frank Ocean y su sonido de “Blonde” (2016) en “Javier y los vientos” y por Los Jaivas en “El susto y el miedo”.

“Qué bacán que se note, porque sí, tiene algo de los momentos más experimentales de ‘Blonde’. Ahora me gusta mucho más ‘Channel ORANGE’ (2012), porque es más pop y buena onda. Y sí, ‘El susto y el miedo’ es muy Los Jaivas. Creo que porque somos de acá lo detectamos. No creo que los gringos piensen eso. Ahora que estuvimos de gira, hablábamos con gente de México, Perú y Argentina y les mostrábamos a este referente local. Lo de Los Jaivas es intencional, es la misma progresión, y cuando tocamos el solo en vivo, meto un pedacito de ‘Mira niñita’. Lo íbamos a incluir en el disco, pero después dijimos que no, por si pasaba algo a nivel legal. Mejor lo dejamos para el vivo, porque a veces también te hacen compartir la autoría, algo así como ‘tema compuesto por Simón Campusano y Los Jaivas’. Me asusté... ja, ja, ja”.

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