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  • Frank Ocean

  • Kendrick Lamar

Los documentales rimados de Kendrick Lamar frente al confesional y vulnerable Frank Ocean.

 
 

INFORME (2013)

Nueva black music Nuevas reglas

Por Pablo Gil

Una nueva oleada de artistas está acabando con algunos de los estereotipos de la música afroamericana moderna. Letras más personales, producciones aventuradas, el regreso de la conciencia social, el rechazo a la homofobia o el fin de la exaltación de la violencia se extienden por el hip hop y el R&B. Lo típico ya no es lo típico para esta generación que cuenta hoy con dos estrellas, Frank Ocean y Kendrick Lamar. Pablo Gil informó de ello aquí.

K.Dot conoció a Sherane en una fiesta. Al principio, solo podía pensar en su cuerpo de stripper de Atlanta. “17 años, no tenía otra cosa que su chocho metido en la mente”. De una noche de deseo manó un verano de amor, un amor peligroso: es la hija de una adicta al crack, hermana de pandilleros. K.Dot va esta tarde a recogerla en la furgo de su madre, cruza las avenidas de Compton. Ya puede verla, pero también, junto a ella, a dos niggas. Dos capuchas negras. Se le congela la sangre. Y, de repente, suena su teléfono y... Fin de la canción. “Sherane a.k.a. Master Splinter’s Daughter” es muy diferente de los clichés que se suelen identificar con el hip hop reciente. Sin embargo, es el inicio del disco más importante de este género en el último lustro, “good kid, m.A.A.d city” (2012), de Kendrick Lamar.

En la misma ciudad infinita de Los Ángeles, un muchacho se disculpa ante su visita por el tornado que parece haber pasado por su habitación, completamente desordenada. De improviso, restalla una increíble declaración de amor: “Mis ojos no derraman lagrimas, / pero, chico, se desparraman cuando pienso en ti”. Y bombea, suavemente, “He estado pensando en ti”, y lo repite, y repite... De repente nos damos cuenta de que está reviviendo un abandono. La canción es una dolorida carta de añoranza. “Sabes que fuiste mi primera vez, / un nuevo sentimiento”. “Thinkin Bout You” tampoco es la clásica balada de amor y sensualidad del R&B reciente, pero es la canción de inicio del disco más importante de este estilo en el último lustro, “Channel Orange” (2012), de Frank Ocean.

“2012 ha sido un gran año para la creatividad tanto en el hip hop como en el R&B. La palabra para definirlo es renovación, porque lo que estamos escuchando en muchos grandes discos es un regreso al pasado, pero con un nuevo punto de vista. Y abriendo el camino, obviamente, están Kendrick Lamar y Frank Ocean”
(Adam Bradley)

Antes de explicar si K.Dot fue atacado por los pandilleros o si se convirtió en uno de ellos y de conocer cómo ha superado el chico del tornado su desoladora aflicción, debe decirse que aquellos adolescentes inseguros refulgen ahora como las estrellas con más futuro del hip hop y el R&B, respectivamente, ya superventas y favoritos en los Grammy. “Kendrick Lamar y Frank Ocean están en otra dimensión, han abierto radicalmente las posibilidades de sus estilos”, nos explica Jeff Chang, director del Instituto de la Diversidad en las Artes de la Universidad de Stanford (California), periodista, cofundador del sello Solesides y autor del libro referencial “Can’t Stop Won’t Stop” (2005). “Representan un cambio de paradigma similar a Kanye West en 2004 y 2005: no son solo importantes modelos como artistas, son además modelos sociales”. Responde de igual modo Adam Bradley, freelance en medios generalistas de prensa y TV, autor de varios libros –el último es la biografía de Common, “One Day It’ll All Make Sense” (2011)– y profesor en la universidad de Boulder (Colorado). “2012 ha sido un gran año para la creatividad tanto en el hip hop como en el R&B. La palabra para definirlo es renovación, porque lo que estamos escuchando en muchos grandes discos es un regreso al pasado, pero con un nuevo punto de vista. Y abriendo el camino, obviamente, están Kendrick y Frank”.

Kendrick y Frank: algo nuevo, una brecha. Claro que esto no sería verdaderamente extraordinario si no hubiera emergido, además, toda una generación de artistas con sonidos y actitudes diferentes. Si cada temporada tiene un Madlib, El-P, Das Racist, Shabazz Palaces, J. Dilla, Kid Cudi, Antipop Consortium, Flying Lotus o Dälek, ahora han coincidido un montón de estos versos libres, algunos de los cuales han sido inmediatamente adoptados por los artistas franquicia, confirmando así su estatus como nuevo canon.

“El hip hop ha entrado en un período de renacimiento y 2012 fue solo la punta del iceberg. El género se había convertido en una herramienta para vender móviles, ropa interior o hamburguesas, pero ahora las letras, el mensaje y la individualidad son celebradas de nuevo”, sentencia vía e-mail M.K. Asante, director y guionista de películas documentales, autor de tres libros –el último de los cuales es “It’s Bigger Than Hip Hop. The Rise Of The Post-Hip Hop Generation” (2008)– y profesor en Morgan State, Baltimore. Otros especialistas consultados consideran un poco exagerado usar términos tan maximalistas. “Se han publicado fantásticos discos y es cierto que últimamente hay más gente hablando sobre esta música, a veces en términos estrictamente estéticos y otras como un vehículo para pensar sobre raza y cultura”, nos dice Hua Hsu, profesor en la universidad de Vassar (Nueva York), columnista de ‘The Wire’ y colaborador de ‘The Atlantic’ y ‘The New York Times’. “Sin embargo, no creo que se haya producido un gran paso adelante. Si se está hablando tanto de algunos discos es porque gustan al público del pop o del rock”. En cualquier caso, si resultara que dentro de unos años recordamos este momento nada más que como una simple y feliz anomalía en la evolución de la música afroamericana, habría merecido la pena detenerse a disfrutar.

 

¿El disco más importante del hip hop en el último lustro? Podría ser “good kid, m.A.A.d city”. ¿El disco más importante del R&B en el último lustro? Podría ser “Channel Orange”.

 

Muy bien, todo eso está muy bien, pero si no os importa habíamos dejado a Frank Ocean descompuesto y sin novio. ¿Cómo había llegado hasta allí? El chico Océano nació en Nueva Orleans y, como al rapero que le birla el protagonismo escénico a Davis McAlary en “Treme”, le importa un bledo la tradición musical de su ciudad. Cuando el Katrina hizo papilla su pequeño estudio, decidió probar suerte en Los Ángeles. Prosperó como compositor a sueldo y, entonces... “Hace cuatro veranos conocí a una persona. Yo tenía 19 años. Él también”. Si esto fuera parte de la letra de una canción, sería el verso del año; en realidad, es el clímax de un largo y emotivo texto que Ocean hizo público una semana antes de que saliese a la venta “Channel Orange”. La confesión de su bisexualidad supuso una inmensa liberación personal, y al instante se transformó en una catarsis colectiva.

Lo típico está dejando de ser lo típico, en este tema más que en níngún otro. Frente al machismo y la homofobia macerada en esteroides, de improviso han coincidido artistas con un nuevo discurso sobre el género. Sin rodeos: Azealia Banks imaginando chavalas que le chupen la ciruela y que le coman el coño (doble sic). Como en el caso de Ocean, la bisexualidad aporta una textura extra a su lírica, aunque la neoyorquina habla y canta sobre el tema con desenfado. Tampoco su infancia callejera es el epicentro de su mensaje. ¿Que cuál es su mensaje? Pues ella misma, su personalidad desbordante y un ingenio desopilante; su requetesperado primer álbum está previsto para la primera mitad del año. De cualidades no menos excesivas y dotada de un flow igualmente voraz, Angel Haze es su álter ego; en sus dos fantásticas mixtapes, la bisexualidad chisporrotea constantemente como un huevo frito en la sartén, con una tendencia al exhibicionismo que tiene mucho que ver con su gusto por las letras confesionales, una tendencia generalizada.

“Frank Ocean es como un James Blake negro, con ese estilo lento y minimal que se está generalizando y que parece hasta transgresor para el hip hop... Creativamente, la música negra es de lo más interesante que está sucediendo en la actualidad”
(Enric Palau, Sónar)

THEESatisfaction es un caso muy diferente, una pareja de lesbianas asociadas a Shabazz Palaces que llevan su condición sexual con bastante naturalidad. Su equilibrio entre rap y R&B de sonido contenido ha cristalizado en lo que se viene llamando un discazo: “awE naturalE” (2012). Si lo que buscas es algo verdaderamente escandaloso y provocador, Mykki Blanco es tu hombre, tu mujer, tu hombre, bueno, que este artista de la performance ha servido de percha para hablar de toda una escena gay en Nueva York.

En “Channel Orange”, Ocean canta acerca de muchas otras cosas con una embriagadora mezcla de vulnerabilidad y confianza, desde Cleopatras modernas convertidas en esclavas del materialismo hasta de chavales superricos con almas a la deriva, o salta del melodrama de un adicto al crack a una balada lúbrica. Con samples de Radiohead y MGMT, sus músicas se mimetizan de un modo fascinante con la frialdad interpretativa, la casi impúdica exposición de sentimientos y vivencias y la amargura distante en el tono de este artista revelador en todos los sentidos. “Es como un James Blake negro, con ese estilo lento y minimal que se está generalizando y que parece hasta transgresor para el hip hop”, comenta Enric Palau. El codirector de Sónar afirma que, creativamente, la música negra “es de lo más interesante que está sucediendo en la actualidad”. Y concreta el origen de esta oleada en Kanye West. “No tendríamos a Frank Ocean sin Kanye West. Él es quien demostró con ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’, en 2010, que se podía hacer muchísimo dinero y llegar a las masas creando vanguardia”. Ni que decir tiene que productores afines como Pharrell o Just Blaze se están poniendo las botas.

Después de su desengaño amoroso, Ocean llevaba una vida acomodada, aunque se sentía menos que cero, como describió Brett Easton Ellis, en esa ciudad que puede parecer un paraíso si uno tiene ganas de creérselo. Entonces conoció a Tyler, The Creator, un joven que provocaba cataclismos a su paso como Tyler Durden y en torno al que, de igual modo, se movía una pequeña brigada de situacionistas en patinete que estrujaban el hip hop como un club de la lucha en el que dar salida a sus pesadillas. Ocean se unió a Odd Future justo antes de que Odd Future hicieran catapún chimpún, en 2011. Sin embargo, la nitroglicerina del grupo en directo y la dinamita de su actitud y de sus singles ha quedado hasta ahora en pólvora mojada en el formato álbum. Eso sí, la Patrulla X del rap actual ha servido de plataforma para otras carreras mutantes y tan divergentes de los tópicos como la del bello Ocean.

 
  • Elle Varner

  • Azealia Banks

  • THEESatisfaction

  • Miguel

  • Tyler, The Creator

  • MellowHype

La voz en alza de Elle Varner. La promesa de Azealia Banks. El orgullo lésbico de THEESatisfaction. Las baladas para soñar de Miguel. El gamberrismo con talento de Tyler, The Creator. El futuro en las manos de MellowHype.

 

Tenemos para empezar al dúo Mellowhype, cuyo sólido “Numbers” (2012) los ha afianzado como modelo de secos sonidos tenebrosos y bajos de profundidad dubstep, una vía diferente al shock que con tanto ahínco persigue el rap zombie de Tyler, The Creator. También en 2012 publicó un original disco Domo Genesis, “No Idols”, producido por el gran The Alchemist, últimamente ubicuo –como colaborador y en flipes personales tipo Gangrene– aunque no precisamente un recién llegado. En 2013 saldrá el segundo álbum de Earl Sweatshirt como la pepita semienterrada en la mina Odd Future. El chico ha vuelto del centro terapéutico en el que lo internó su asustada madre. Bueno, pues si Rilke se negó a ser psicoanalizado por Freud por miedo a ver disipado su genio, no debemos temer por Sweatshirt: por lo oído en sus colaboraciones y en su primer single postratamiento, “Chum”, conserva su flow tóxico. Amiguito de Odd Future es el chaval conocido como SpaceGhostPurrp, también skater empeñado en musicar los sueños más jodidos. Sus piños tuneados y su estilo hardcore recuerdan al prototipo de rapero que va de pistolero, pero sus iconoclastas producciones se apoyan en extraños samples transformados en un puré siniestro y arty. En definitiva, Odd Future son tendencia, y así lo demuestra la aparición de proyectos de pupilos como The Internet o Ratking, bulliciosos jovencitos neoyorquinos que XL aspira a vendernos.

“Son muy, muy complicados; los del R&B incluso más que los raperos. Tienen estatus de superestrella y actúan así aunque no estén en Estados Unidos. Puedes hacer el esfuerzo de traerlos al festival, pero una gira, con cachés entre 50.000 y 150.000 dolares por bolo, es casi implanteable”
(Abel Suárez, Primavera Sound)

“Todas y cada una de las grabaciones autotuneadas / emoción cero, emoción apagada / con el pitch corregido, emoción computerizada”, cantaba Ocean en “Novacane”, tan tersa, tan inquietante, antes de ese coro: “Fóllame bien, fóllame mucho, fóllame sin sentir”. En general, el R&B se había convertido en un género de mucho folleteo y emoción cero: un gomoso puturrú de romances de telefilme. Sigue habiendo folleteo, pero además vuelve a haber emociones. Por favor, prestad un poco de atención: aunque el chico que viene a continuación se llama Miguel Jontel Pimentel, es algo serio. Nuevo, lo que se dice nuevo, no suena, pero su segundo disco es taaan requetebueno. “Kaleidoscope Dream” (2012) viene a ser la contestación comercial al taladro de R&B digital bailable que las multinacionales venían imponiendo como La Verdad. Tirando del hilo de Miguel, que así se hace llamar este californiano de falsete sobrehumano y canciones cremosamente sexys, llegamos a Elle Varner, gafapasta neoyorquina hija de dos experimentados músicos. Detrás de su bonito “Perfectly Imperfect” (2012) están varios compositores y productores de Miguel, como Warren Oak Felder, Andrew Pop Wansel y Steve Mostyn. Vocalista desmesurada, como letrista está más cercana a Ocean por su propensión a airear miedos y debilidades.

Otra demostración de cómo el R&B se escora a temas intimistas y a sonidos osados es Dawn Richard; ahora mismo, una incógnita: podría intentar ser una nueva Rihanna, como corresponde a una ex cheerleader de los Hornets, o algo de mayor interés. Su primer álbum se publica estos días. La inseguridad es también habitual en las canciones de The Weeknd, como las dudas existenciales, que se conjugan con una constante excitación venérea. La original música, espartana aunque proclive a los golpes de efecto, convierte al autodidacta artista canadiense en una especie de Drake indie. Pero indie hasta el punto de que tiene más éxito entre oyentes de pop que de música negra. En 2013 lanzará su primer disco oficial, después de que sus tres mixtapes se reeditasen en el álbum “Trilogy” (2012). Entre tanto, y si hay suerte, en primavera llegará el tercer disco de Janelle Monáe, ya bien conocida y convenientemente amada, pero otra propuesta vinculada a este clima de desparpajo y sorpresa. Que es lo mismo que transmite AlunaGeorge, el dúo de Londres que ha quedado segundo en la macroencuesta de promesas Sound Of 2013 (detrás de Haim y por delante de Angel Haze). No son la repanocha a nivel lírico y sus canciones responden a los mandatos del pop comercial, pero musicalmente es como una versión sofisticada y europea del R&B sureño de Timbaland y Neptunes, con un tipo de producción chispeante.

A Janelle Monáe, Odd Future y The Weeknd los pudimos ver en directo en España, algo excepcional en la música negra moderna, y (casi) siempre fue en festivales. No te preguntes por qué sucede, lo sabes: en realidad le gustan a cuatro gatos aquí. “Siempre ha sido un perfil que no ha tirado en España, y a eso se suma que no son artistas propensos a abrir mercado fuera de Estados Unidos”, explica Robert Grima, director en España de Live Nation. “Recuerdo grandes decepciones de público, como los Fugees en 1996 en Zeleste y La Riviera, con 1.500 personas cada noche. ¡Si hasta Kanye West en 2006 llenó por los pelos su concierto en Razzmatazz!”. Para comprender de qué hablamos: West rebajó su caché de 100.000 a 25.000 dólares porque entonces estaba interesado en invertir en Europa. Comparte esta percepción Abel Suárez, DJ Coco, miembro de la organización del Primavera Sound, quien además confirma que trabajar con estos músicos es particularmente difícil. “Son muy, muy complicados; los del R&B incluso más que los raperos. Tienen estatus de superestrella y actúan así aunque no estén en Estados Unidos. Puedes hacer el esfuerzo de traerlos al festival, pero una gira, con cachés entre 50.000 y 150.000 dolares por bolo, es casi implanteable”.

 
  • A$ap Rocky

  • AlunaGeorge

  • The Weeknd

  • Ab-Soul

  • Killer Mike

  • Earl Sweatshirt

La seductora cadencia de A$ap Rocky. La cremosidad de AlunaGeorge. Los masajes de The Weeknd. Las bases oscuras, exuberantes y estrafalarias de Ab-Soul. La conciencia de barrio de Killer Mike. El “flow” tóxico del malo, malo Earl Sweatshirt.

 

¿Os acordáis de K.Dot a punto de recoger a Sherane? Debéis saber que su verdadero nombre es Kendrick Lamar. Nació y creció en el gueto, presenció asesinatos en la infancia y, sí, formó parte de bandas. Trapicheó en las esquinas, llevó pistola. La inercia habitual habría sido encontrarse hoy con un pavo real con los pantalones caídos y los pectorales y deltoides cincelados, fiel observante de la máxima de Maquiavelo de que es mejor ser temido que amado. Por contra, el rapero apadrinado por Dr. Dre (ex N.W.A.) ha convertido su segundo disco oficial en un viaje cinemático a Compton desde la ventanilla de un Toyota blanco. Dijo Toro Sentado que “el hombre que cuenta historias hace girar el mundo”, y Kendrick lo hace de manera que cada canción funciona como el capítulo de una serie de televisión brillantemente construida: mientras se suceden escenas, personajes, confesiones, miedos, saltos en el tiempo y elipsis, desvela cómo los chicos del gueto quedan atrapados en la telaraña de la violencia de las bandas, el acoso policial, la inconsciencia adolescente, las drogas y el abandono político (Lamar ha dicho públicamente que no vota, ni a Obama ni a nadie). La pandilla, así, no suple la función de la familia, como en el gangsta rap, sino que es parte del problema. Entre los innumerables momentos reveladores de “good kid m.A.A.d city”, el barrio es descrito como un inmenso orfanato, y si esta autobiografía llevada a lenta y envolvente música pudiera condensarse en un verso, ese sería “Todo el mundo respetará al tirador / pero el que está frente a la pistola vive para siempre”. El buen chico recordado por todos como nuevo héroe: esa es la ley de Kendrick Lamar. Escuchándolo, se diría que el rap ya no es la CNN de los negros, sino la HBO.

Junto a Lamar hay tres raperos con los que forma la crew Black Hippy. Ab-Soul es buen ejemplo de todo lo que venimos hablando: en “Control System” (2012) azota al machismo, dice “te quiero”, cita a Frodo o Kurt Cobain y critica los sistemas de control del estado (drogas y entretenimiento incluidos), y todo con bases oscuras pero exuberantes, incluso estrafalarias. El estilo de ScHoolboy Q tiene algo más que ver con Lamar, pues líricamente se basa en experiencias personales, con particular énfasis en la culpa, el arrepentimiento y la pesadumbre, mientras que la música es sencilla y contaminada por sonidos europeos (sample de Portishead al canto). Completa la cuadrilla el más convencional Jay Rock.

“La industria siempre ha estado en contra de la innovación. Si algo ha hecho bien ha sido no entorpecer la oleada de público que llevaba demandando nuevos artistas y mensajes desde hace años”
(Jeff Chang)

Nueva York es el otro epicentro del nuevo hip hop, capitalizado por A$AP Rocky. El chico, de seductora cadencia y dorada dentadura, es también símbolo de la evolución de los roles. Huyó del gueto al suburbio y se balancea entre ambos mundos: aunque se presenta como un superviviente de sus tiempos de dealer y como un vivalavirgen, explora otros muchos terrenos, dispuesto a seducir al público generalista. Su primer álbum para Sony, “Long.Live.A$AP” (2013), es crema. Además de su cohorte de escuderos (A$AP Mob), en torno al amigo malote de Lady Gaga y Rihanna pivota una constelación de aspirantes a estrella bregados en la cancha mixtape, que es el formato fetén en la actualidad. Hay divertidos frikis como Action Bronson, el Alberto Chicote del rap de hoy, un orondo y barbudo MC que abandonó su trabajo como cocinero para rapear a toda pastilla. Aún más locos y muy fumetas son Flatbush Zombies. Pero la archipromesa de Nueva York es Joey Bada$$, quien, por más señas, estudia en el instituto en el que estuvieron Basquiat y el llorado MCA (Beastie Boys). “Odio que me llamen rapero. Antes no le decía a nadie que me interesaba rapear, creía que me hacía parecer malo”, le confesó a ‘Interview’. Mejor retrato no puede haber para este heredero de la tradición alternativa que ya ha sido producido por su héroe, MF Doom.

Dicen todos los expertos consultados que la gran novedad del último año ha sido la profusión de temas personales, pero también una mayor conciencia social y política. Pues bien, nada lo ha expuesto mejor que ese bazuca que es “R.A.P. Music” (2012), el disco de dos hombres ya conocidos como versos libres en el cotarro hip hop: el MC Killer Mike, devorador de versos superenfadados, y el productor EL-P, quien, por cierto, en solitario también ha firmado el avanzado “Cancer 4 Cure” (2012). Y luego está el caso Death Grips, síntesis radical de todos los aspectos comentados. Un grupo de rap que utiliza herramientas del rock industrial y de vanguardia, que intenta atrapar en sonido el apocalipsis de la sociedad de consumo y el caos de internet, que ensalza la individualidad con un discurso antisistema y que le dio un sopapo a la multinacional que los fichó (Epic) al colgar gratis en la red el disco “No Love Deep Web” (2012).

El conflicto Death Grips-Epic y el rocambolesco episodio de que Frank Ocean fuese sondeado por Def Jam cuando en realidad ya lo habían contratado y ninguneado dos años antes, destapan una circunstancia clave: que las grandes discográficas han hecho lo menos posible para que se produjera esta renovación de la música negra. “La industria siempre ha estado en contra de la innovación. Si algo ha hecho bien ha sido no entorpecer la oleada de público que llevaba demandando nuevos artistas y mensajes desde hace años”, afirma Jeff Chang. “Si ahora hay mas diversidad es porque se han derrumbado los viejos modelos de negocio, que, al ir perdiendo ventas, se habían vuelto más conservadores y previsibles”, completa Adam Bradley.

Ya lo dice Kendrick Lamar, “bitch, don’t kill my vibe”: no mates mi rollo, zorra, y la zorra, se sobreentiende, es el viejo sistema, la inercia que él y esta heterogénea generación de artistas parecen estar desafiando.

 

Cosas sobre las que cantar cuando hay un presidente negro

El hecho de que Estados Unidos tenga un presidente afroamericano apenas ha afectado a los mensajes y contenidos de la música negra moderna. Coinciden en esa aparente paradoja todos los expertos consultados para la elaboración de este reportaje. La música de protesta ni siquiera puede decirse que se haya llevado un desengaño con Obama; como dice Killer Mike en “Reagan”, con quien lo compara, “solo es otra cabeza parlante diciendo mentiras en Teleprompter”.

Únicamente merecería un reconocimiento en la aceptación de la homosexualidad y bisexualidad, matiza Jeff Chang: “Cuando el presidente cambió su postura con respecto al matrimonio gay y decidió apoyarlo (en mayo de 2012), artistas como Tyler, The Creator o 50 Cent salieron del armario, por así decirlo, respaldando esa misma idea, y poco después Frank Ocean desveló su bisexualidad”.

¿Es momento de recordar que en 2008 el entonces candidato dijo que su serie de televisión favorita era “The Wire” y que su personaje preferido era Omar? En cualquier caso, Chang piensa que Obama no ha apoyado al sector. “El hip hop ayudó a elegir a Barack Obama, ¡dos veces! Nadie le reconoce eso al hip hop, menos aún la industria musical ni los poderes públicos. Por ese motivo es doblemente meritorio que esta nueva generación de músicos haya triunfado, porque lo ha hecho pese al desinterés de los grandes foros de dinero y de poder”.

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