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  • The Martin Denny Group

  • Les Baxter

  • Arthur Lyman

El concepto de la exótica arrancó con ellos.

 
 

INFORME (2016)

Nueva exótica Paraísos artificiales en el nuevo milenio

Simplificando un poco, podríamos definir la exótica como la parte musical de la cultura tiki. Un maravilloso souvenir sonoro, surgido a finales de los cincuenta, que recogía ecos de culturas orientales y polinesias y los mezclaba al gusto sofisticado de la época. Lejos de su era dorada, pero siempre presente, la exótica está reactivándose con nuevos puntos de vista y una sensibilidad más próxima a las tendencias actuales. Lo testificó Javier Díez Ena en este informe, que se puede complementar escuchando esta selección de temas

El movimiento tiki podría considerarse una de las primeras encarnaciones del concepto de pastiche, en el sentido posmoderno que luego definió Fredric Jameson. Sería algo así como la reducción y sublimación de la cultura y la estética de las islas de la Polinesia, servida a los paladares occidentales gracias a la inspirada visión de un hombre de mundo conocido como Don The Beachcomber. Así se llamaba el primer restaurante que abrió en Hollywood en 1934, en el que mezclaba cocina cantonesa, coctelería potente y una especial querencia por los tiki, ídolos de aspecto humanoide adorados en la mitología polinesia que han llegado hasta nuestros días como genuino artefacto pop.

Podemos encontrar antecedentes de la exótica en algunas composiciones de Ravel, Debussy o Satie (los tres fuertemente impresionados por la escucha de un gamelán javanés en la Exposición Universal de París de 1889), en el “Caravan” de Duke Ellington o en el periplo del tema “Misirlou” desde sus orígenes en el rebético griego. Pero las primeras referencias claras fueron dos figuras singulares del show business yanqui de principios de los años cincuenta: la diva peruana Yma Sumac, dueña de un increíble registro vocal, y el inefable Korla Pandit, un pianista de Missouri que añadió a sus rasgos mestizos una atrevida estética hindo-glam (turbante y rímel incluidos) que remató inventándose una biografía ad hoc.

El concepto de la exótica arrancó con ellos, y quien lo supo recoger a una altura musical nunca imaginada hasta la fecha fue el compositor Les Baxter. Su disco “Ritual Of The Savage” (1951) llevó a la realidad una de las viejas aspiraciones de Raymond Scott: hacer viajar al oyente desde su sofá hasta mundos remotos. Pero mientras Scott lo intentó a través de aparatos electrónicos de su propia invención, Baxter lo consiguió liofilizando y rehidratando en su potaje retazos de músicas de diversas latitudes: percusión afrolatina, escalas orientales, cadencias caribeñas y suntuosos arreglos de cuerda y viento. Esa mezcla de elementos dispares constituye la esencia de la exótica, el pastiche tiki hecho música.

En el nacimiento del estilo como tal intervino de nuevo la mano del empresario Don The Beachcomber cuando contrató al joven pianista Martin Denny para amenizar su nuevo Shell Bar en el Hawaiian Village (hoy Hotel Hilton) de Waikiki Beach en Honolulu. Tras experimentar con diversas formaciones, Denny se decidió por un formato de quinteto integrado por percusión, batería, piano, contrabajo, vibráfono y una colección de instrumentos ignotos para la época: bonang, koto japonés... La espina dorsal de su repertorio eran composiciones de Les Baxter. Una hermosa casualidad natural aportó el condimento definitivo para su sonido; al comenzar uno de sus pases, un ejército de ranas comenzó a croar desde una charca contigua y el vibrafonista Arthur Lyman contestó utilizando reclamos de pájaros: aquel magma sonoro se integró en la música de tal manera que jamás se volvió a separar y pasó a ser uno de los elementos distintivos del estilo.

En 1957, Martin Denny editó “Exotica”, disco fundacional del género que, dos años más tarde, alcanzó el número uno de las listas norteamericanas, presidido por el single “Quiet Village”, original de Baxter y tema insignia del movimiento. La fiebre de los locales tiki inundó Estados Unidos y la incorporación de Hawái en 1959 como estado norteamericano acabó de redondear la ecuación. La exótica se convirtió en el sonido del momento. Eran los años dorados del space age pop y cualquier propuesta de escapismo sofisticado era bien recibida. En apenas cuatro años se grabaron todas las obras maestras del género: “Taboo” (1958) de Arthur Lyman, “Voodoo. Exotic Music From Polynesia And The Far East” (1959) de Robert Drasnin, “Orienta” (1959) de The Markko Polo Adventurers bajo la dirección de Gerald Fried, “Eden’s Island. The Music Of An Enchanted Isle” (1960) de Eden Abhez y “Tropical Fantasy” (1962) de Michel Magne, discos repletos de ambición musical cuyo influjo popular, sin embargo, se debilitó rápidamente a lo largo de la década siguiente. El tsunami de los sesenta lo sepultó todo.

 
  • Sex Mob

  • Combustible Edison

  • Don Tiki

  • Kava Kon

 

Easy listening para oídos complicados

Fuera de un pequeño círculo de tiki-resistentes, la exótica se perdió durante décadas. A partir de mitad de los setenta, empezó a ser objeto de culto entre algunos coleccionistas que lo entendieron como algo artísticamente mucho más potente que una mera variante de la bachelor pad music de los cincuenta. La capacidad hipnótica de la exótica es tal que, a pesar de su sonido sedoso, ha atrapado sin remedio a personajes tan aguerridos como Jello Biafra, gran coleccionista de discos del género, o John Zorn, que ha acabado reservando un lugar muy especial para la exótica en su pantagruélica discografía: en sus Music Romance Series –“The Gift” (2001)–, en alguno de sus Filmworks y en formaciones como Bar Kokhba y The Dreamers (“O’o”, de 2009).

Mención aparte merece el caso de Boyd Rice, líder de NON y una de las mentes más brillantes de la primera oleada de música industrial, que se enamoró de la cultura tiki a finales de los setenta hasta el punto de fundar y regentar durante años su propio tiki bar (Tiki Boyd’s) en Denver. El perfume exótico prende varios de sus álbumes, como “Easy Listening For The Hard Of Hearing” (1984), con Frank Tovey; por supuesto, con el pertinente giro perverso que se espera de alguien como él: su revisión del “Quiet Village” en 2000 (“Quiet Village Idiot”, con Adam Parfrey) es memorable. Incluso Throbbing Gristle editaron en 1979 el tema “Exotica” reinterpretando el estilo a su peculiar modo sonoro. Resulta revelador también que una banda como Sex Mob, formada por algunos de los músicos más avanzados del downtown neoyorquino (Steven Bernstein, Tony Scheer), dedicase todo un disco al espectro exótico (“Sexotica”, 2006).

La exótica protagonizó también numerosas páginas de los dos volúmenes del libro “Incredibly Strange Music” (1993-1994). No deja de ser curioso que un estilo que nació como recreación de un paraíso perdido tuviera semejante acogida en unas páginas consagradas a la música rara. Podría haber seguido siendo pasto de connaisseurs de no ser por el revival de la era easy listening que acontecería al poco de la publicación de este libro.


El revival que nunca sucedió

La banda sonora de la película “Four Rooms” (Allison Anders, Alexandre Rockwell, Robert Rodriguez y Quentin Tarantino, 1995) fue la carta de presentación de Combustible Edison. Su éxito mundial propició un inesperado revival lounge cuya resaca dejó bandas interesantes como Frenchy (en la que se enroló East Bay Ray, guitarrista de Dead Kennedys) o Lushy. Se redescubrieron figuras de peso como Juan García Esquivel, pero la exótica no se acabó de resituar en el mapa a nivel popular.

Sin embargo, las numerosas reediciones de discos perdidos lograron inocular el veneno exótico en una nueva generación de músicos. Los primeros en retomar el género fueron Don Tiki, formados por algunos de los mejores músicos del circuito hawaiano. No solo recibieron el apoyo del mismísimo Martin Denny, sino que consiguieron que escribiese dos temas para ellos y colaborara en su debut “The Forbidden Sounds Of Don Tiki” (1997), donde también tocó su percusionista de los años dorados, Augie Colon; no en vano su hijo Lopaka militaba en la banda. Don Tiki reinterpretaban el lenguaje original con mayor nervio, pero siempre pecaron de respetuosos.

Para encontrar enfoques más innovadores habría que esperar a la aparición de bandas como Clouseaux en Houston, cuyo debut homónimo publicado en 2002 mostró una irreverente relectura del estilo plagada de giros y arreglos inesperados. El dúo Kava Kon (formado en 2004 en Detroit) dio el siguiente paso al transportar la exótica a un entorno urbano y nocturno utilizando en ocasiones texturas y bases electrónicas, sin perder nunca el compromiso con el sonido orgánico.

 
  • The Tikiyaki Orchestra

  • Ìxtahuele

  • Mr. Ho

  • Creepxotica

 

Del purismo tiki a los experimentos de cámara

Una vez asimilado el concepto, la nueva exótica se ha extendido hasta formar un panorama intrincado y difícil de catalogar: da la sensación de haberse convertido más en un estado mental que en un estilo definido. Haciendo un esfuerzo, se pueden identificar diversas vertientes. La rama purista iniciada por Don Tiki, con dos inspirados ejemplos en la actualidad como The Tikiyaki Orchestra desde Los Ángeles, famosos por sus potentes directos, y los suecos Ìxtahuele, evocadores y finos como pocos gracias al excelente uso del vibráfono. Este es el instrumento estrella del estilo, pero hay numerosos casos en los que se cede el protagonismo a otro instrumento, frecuentemente la guitarra; un buen ejemplo son Biller & Horton, un dúo de guitarristas de Austin seguidores de Speedy West cuyo disco “Texotica” (2004) propina una nueva vuelta de tuerca al aportar sonoridades tex-mex swing a un estilo ya de por sí mestizo. Los japoneses Minimums apuestan por la marimba, reivindicando el legado de uno de los secretos mejor guardados de los setenta: los ingleses Cults Percussion Ensemble, una big band de marimbas, xilófonos y carillones que cuarenta años después sigue sonando exuberante, como demuestra la reciente reedición de su música por parte de Trunk Records. Incluso el Theremin encuentra su papel estrella en grupos como Project:Pimento o los franceses The Beachniks, con el thereminista y gran experto tiki Jimmy Virani al frente.

El carácter eminentemente instrumental de la exótica ha permitido aproximaciones desde una sensibilidad más jazzística, como la que practican Stolen Idols y The Waitiki 7, grandes virtuosos que afortunadamente renuncian a su lucimiento personal en favor de la construcción colectiva. Desde Honolulu, Alika Lyman recoge el relevo de su tío Arthur intrincando su discurso y empapándolo de swing. A fuerza de refinar el estilo ha acabado surgiendo también una especie de exótica de cámara, una brecha abierta por los Bar Kokhba de John Zorn y continuada por los bostonianos Mr. Ho’s Orchestrotica cuando funcionan en quinteto; en su versión big band se dedican a reinterpretar el repertorio de Esquivel con una precisión abracadabrante. En terrenos parecidos se mueve el disco “Lua-O-Milo” (2009) de Skip Heller, conocido guitarrista de sesión de Los Ángeles que tuvo la suerte de trabajar con Les Baxter en sus últimos años de vida, convirtiéndose en el productor de las remasterizaciones de sus discos en los noventa. “Lua-O-Milo” es su particular y exquisita declaración de amor a la exótica.

La nota cómica del género la aporta Johnny Aloha, crooner del circuito de clubes de Oahu cuyas (per)versiones hawaianas de conocidos temas del rock actual llamaron suficientemente la atención de Richard Cheese para producirle su último disco, “Lavapalooza. Tiki Music Versions Of Rock And Rap Hits!” (2010), con portada del solicitadísimo artista Shag. La popularización del lowbrow art de Shag y artistas similares ha desembocado en una masiva utilización de iconografía tiki por parte de muchos grupos de surf de última hornada. Sin embargo, muy pocos se han atrevido a sumergirse de verdad a nivel musical en terrenos exóticos: entre ellos, hay que destacar al japonés Ken Kasaki y sus Tiki Bos o a los muy recientes Creepxotica, un interesante combo angelino que practica una exótica crepuscular con mimbres surferos.

 
  • Monster Rally

  • Mike Cooper

  • Akron

  • Babau

 

La verdadera nueva exótica

La exótica del nuevo milenio se está reescribiendo con un léxico más acorde con los tiempos. Era lógico que la electrónica acabara entrando en la pócima. El conocido session man inglés BJ Cole fue uno de los primeros: en su disco “Trouble In Paradise” (2004) cruza con éxito variable su steel guitar con bases downtempo. Tipsy, dúo de DJs de San Francisco enamorados de los sonidos de la era space age pop, culminaron en “Buzzz” (2008) décadas de investigación en torno al collage y la manipulación sonora. En una línea similar suena Monster Rally (proyecto del artista californiano Ted Feighan), ofreciendo una mezcla más intempestiva si cabe: sampledelia exótica y bases de hip hop. “Return To Paradise” (2013) es la prueba de que el cóctel funciona.

Una de las vertientes más interesantes de la nueva exótica es la ambiental. En esta línea de investigación sonora el inglés Mike Cooper, veterano guitarrista todoterreno, se ha ganado un lugar referencial desde que publicó el totémico “Rayon Hula” (2004), un hipnótico mantra construido a base de samples de Arthur Lyman, grabaciones de campo y steel guitar procesada. Su figura ya ha sido suficientemente documentada en estas páginas (entrevista en RDL 343 y crítica de su excelente último disco de 2015, “Fratello Mare”, en RDL 344). Otra buena muestra de exótica expansiva es el trabajo del australiano Chick Vekters: su álbum “Travelogue” (2014) recupera las mejores esencias del guateque sideral de Tom Dissevelt y Kid Baltan.

En una órbita parecida viaja el sonido de Akron, proyecto del barcelonés Pau Loewe, exótica espacial de trazo único y original. Es difícil encontrar más ejemplos exóticos en España a pesar del temprano tanteo llevado a cabo por Mastretta con aquel “Melodías de rayos-X” (1998). Únicamente el quinteto madrileño Biodramina Mood, que entre sus finas composiciones camerísticas deslizan generosos homenajes hawaianos vía steel guitar. Prosiguiendo con la veta ambiental, el dúo italiano Babau propone en “Papalagi” (2015) una escapada evanescente construida a base de drones y beats tribales.

También existen recientes ejemplos de exótica con claras imbricaciones pop. Es el caso de Peptalk, un trío neoyorquino, con miembros de Xiu Xiu, que en su disco “Islet” (2015) consigue hermanar ecos polinesios con una suerte de dream pop casi mántrico. Paul Isherwood & Wayne Burrows han publicado en los últimos meses “Exotica Suite” (2015), que recuerda a Eden Ahbez por ese deje beat a la hora de recitar sobre paisajes sonoros oníricos. Isherwood es miembro de The Soundcarriers (una de las bandas estrella de Trunk Records).

Todos estos álbumes publicados en los últimos meses demuestran la disparidad y el carácter mutante de la nueva exótica. Dejando a un lado el estilo en sí mismo, podemos encontrar intenciones paralelas en The Ex y su fascinante epopeya ethio-punk, en las producciones de Four Tet para Omar Souleyman, en OOIOO y su deconstrucción ruidista del gamelán y en la reposición cool de la cumbia amazónica por parte de Chicha Libre, entre muchas otras propuestas. A buen seguro que cada temporada nos seguiremos sorprendiendo con nuevas fórmulas.

(Se puede escuchar una selección de canciones aquí)

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