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NUEVA VULCANO, Los mirlos negros del underground de Barcelona

Wences Aparicio, Albert Guàrdia y Artur Estrada: fraguando a su ritmo. Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2015)

NUEVA VULCANO Los mirlos negros del underground de Barcelona

Con Nueva Vulcano sientes la dulce tentación de creer que lo que cuentan te está pasando (te ha pasado) a ti. En tu ciudad, con los amigos. Y con los amantes. Y a estas alturas de la novela, quizá con la descendencia. Como si no hubieran transcurrido seis años desde “Los peces de colores” (2009), con su cuarto álbum, “Novelería” (2015), dibujaron con menor enigma pero igual lirismo los pequeños cosmos en los que aún flotamos. Marta Pallarès lo comprobó hablando con ellos para esta entrevista.

No podíamos ser más tópicos. Quedamos en el Cap Verd, uno de esos bares del triángulo de las Bermudas nocturnas que es el barcelonés barrio de Gràcia, con el bajista Wences Aparicio; de ahí, saltamos de acera al patio del Heliogàbal, que solo tiene abierta la oficina a esas horas. Y es que Artur Estrada y Albert Guàrdia, voz y batería de Nueva Vulcano, tienen mano empresarial en este emblema indie más allá de las que tendemos la mayoría en una noche de copas. Unamos lo práctico con lo conceptual, ya que estamos en el epicentro narrativo del grupo.

Con Albert conectado por Skype desde su casa en Madrid, nos sentamos a hablar de “Novelería” (BCore, 2015), que es, por encima de todo, un disco generoso: con su entorno físico y emocional, y con sus artífices. Este power ménage à trois (con el permiso de los superhéroes habituales de su universo, véase Santi Garcia de Ultramarinos Costa Brava, Marc Clos percutiendo teclas y demás percutibles, y los de canciones como “Aventura en Arkham Comics”) necesitaba autoafirmarse. Por eso, Artur canta más alto y claro, y las letras aparcan un poco el misterio. Todo es (algo más) directo: “Sin renunciar al ruido o a ciertos enigmas, buscamos concretar: que las historias fueran próximas, que la producción se redujera, que los arreglos se escucharan ‘perfect’”, nos cuenta. “Grabar siempre nos ha resultado engorroso, pero esta vez nos hemos sentido a gusto aun siendo una grabación exprés de solo cinco días. Sí, le encuentro mil defectos al disco, pero su urgencia nos define”. Vuelta al punk, tomas en directo, y el plus de la experiencia.

“Grabar siempre nos ha resultado engorroso, pero esta vez nos hemos sentido a gusto aun siendo una grabación exprés de solo cinco días. Sí, le encuentro mil defectos al disco, pero su urgencia nos define”
(Artur Estrada)

Se reivindican gritando “Hemos hecho cosas”, se han construido como artistas sin pretenderlo y se postulan como individuos y como formación. La gesta se fraguó en 2013: celebrando los cinco años de La Castanya (el sello dirigido por Albert) y en una furgoneta rumbo a Madrid; y con el lanzamiento del EP “Todo por el bien común” (BCore-La Castanya, 2013) y del libro de fotos de Alberto Polo “Hasta la boya y volver” (2013). “Somos poco constantes, pero cuando nos juntamos montamos las mejores películas”, cuenta Artur. La simiente de la vuelta, si es que alguna vez se fueron, ya estaba plantada.

Pasa una moto y Albert deja de oírnos por un segundo. “Es el motero del Cap Verd”, le aclara el equipo local con la familiaridad de quien conoce los crujidos de su casa, porque eso es el barrio barcelonés para ellos. La ciudad, siempre la ciudad. La Condal, presente en todos sus discos; y su gente, especialmente visible en este. “Estos dos son de Barcelona centro, más del centro nunca he conocido a nadie”, dice Albert, y es a Barcelona a quien le dedican la portada, con unas más que sui generis montañas, olas y baldosas de l’Eixample. No sabemos si estas bailan o no.

“Entiendo que sus primeros habitantes quisieran vivir aquí”, habla casi con voz de enamorado Artur, “pero no estamos de acuerdo en cómo se nos está escuchando, o mejor dicho no escuchando, últimamente”. Ya dedicaron una canción al despropósito del hotel W en “La ley de costas”, y ahora fantasean con cómo debía ser todo “Antes de las infraestructuras”. “Nuestra realidad plantea preguntas, una cierta incomodidad ideal para crear”. Parece ser que sí, a Artur le pega lo de estar incómodo para escribir canciones, ya que lo hace en el metro: “Quién sabe qué me saldría si tuviera el tiempo y las posibilidades de hacerlo de otro modo, probablemente una mierda”. Y todos se ríen mientras entrecierran los ojillos como viejos, como imaginando qué surgiría de esa situación pretendidamente ideal, y sueltan a coro “idiosincrasia” cuando Artur arranca un “forma parte de la...”. El trío ya lleva demasiados años de matrimonio polígamo para no terminarse las frases entre ellos.

 
NUEVA VULCANO, Los mirlos negros del underground de Barcelona

“Somos poco constantes, pero cuando nos juntamos montamos las mejores películas”.

Foto: Óscar García

 

Si todo fuera tan cómodo no hubiera nacido este disco valiente, ya que es más complicado contar paseos por el Alt Camp con la familia que escudarse en metáforas grandilocuentes. Un disco también desprendido en su name-dropping de colegas de profesión, bares y vida: “Lo del Ducados en ‘Hasta la boya y volver’ es una coña para un amigo; está Cristina del Guindas, un bar que nos encantaba; y me he dado cuenta después de publicar que la primera frase del disco habla, precisamente, del agradecimiento”.

Este amor por la microrreferencia lo comparten con unos Jawbreaker que Artur incluso lleva tatuados, como tantas otras cosas. “Con este disco me quería pintar un mirlo (que titula la apertura del álbum), pero ya llevo un cangrejo, y había pensado en dibujarme la cabra del ‘Get Your Goat’ de Shudder To Think, y no sé si tengo espacio para tatuarme ni tanto animal ni tanta referencia musical”, confiesa mientras mira de reojo sus brazos flacos, casi disculpándose. Quien quizá no se tatuaría a Kurt Vile es Albert, pero es culpa de ambos que esta “Novelería” quite el pie del acelerador: “Con el segundo álbum –”Juego entrópico” (BCore, 2005)– estaba clavadísimo con The Flaming Lips, y ahora no paro de dar la brasa con Vile. Quizá por miedo a hacerme mayor o porque la batería es un instrumento muy poco agradecido para las articulaciones, inconscientemente he sugerido bajar el ritmo un poco. No sé ni para qué, si sigo tocando como un bruto”.

“Quizá por miedo a hacerme mayor o porque la batería es un instrumento muy poco agradecido para las articulaciones, inconscientemente he sugerido bajar el ritmo un poco. No sé ni para qué, si sigo tocando como un bruto”
(Albert Guàrdia)

Mencionan también a Guided By Voices, a Daniel Higgs, a dos J.: Robbins de Jawbox, y al sin apellido de Los Planetas (“nos hemos visto casi cada fin de semana este verano”, y sonríen malévolamente, en una clara invitación a no preguntar si una no quiere arriesgarse a saber).

Referentes, todos, masculinos para su muy masculina música. Saltan los tres a la vez, atropellándose en sus declaraciones de amor a féminas del sector: “Llevo todo el día con ‘En ningún lugar’ de Charades; por emocionarme con él he currado hoy muy poco”, salta la voz en Skype. Artur dice que “últimamente solo escucho a Beach House, porque Rita – su hija, quien pregunta con candor en “80% agua” qué es un esqueleto de animal encontrado en el bosque– no para de pedirme que ponga el disco de ‘el hada moderna’”. Parece ser que en los recopilatorios que le graba, porque crecer debe significar dejar de montar casetes para las novietas y hacerlas para tu hija, siempre hay mujeres. Wences reflexiona sobre el hecho de que “en los conciertos de los grupos que nos han cambiado la vida había un 0,01 % de presencia femenina, aunque eso haya ido evolucionando. En los de No More Lies no había ninguna chica... exceptuando a la hermana de Artur”.

Interrumpe la conversación otro hermano, asomando la cabeza por el patio: es Joan Guàrdia, vínculo de sangre y de negocio de Albert. “Eh, ¿cómo vais?”. “Kenneth –le responden mencionando a un amigo de la troupe que tiene una intervención estelar en “Rabindranath”– está ahí delante, si quieres tomarte una con él”. Parece que no hay movimiento en Gràcia que se les escape. Y volvemos al tema del género para recordar cómo en los noventa alguien dijo que el primer grupo de Artur, Aina, “fue una banda que renunció al estereotipo del macho, pero quizá ahora con esto del rock musculoso que hacemos pasamos por un grupo muy masculino”. Parece hacerles cierta gracia.

Sueltan un dardo sugiriendo que en plena promoción y gira de este disco ya piensan en el siguiente. “Trabajo de mesa todavía”, cuenta Albert, y Artur asiente contando que “el Tato –quien marca los ritmos del grupo, además de los que quedan grabados– ya trama grabar en octubre”. Eso, y publicar un “Greatets Jitets” (sic) para México, donde se van de minigira. Y unos cuantos conciertos en locales chiquitos, de los que les sientan bien. Festivales. Y quién da más. En algún momento, sobre sus filias, citarán a Ted Leo: “Even Heroes Have To Die”. Eso está por verse. Lo que está claro es que en la Nueva Vulcano ganan quienes pasan de la capa y usan el traje de calle también sobre el escenario. Ya no quedan cabinas telefónicas en Barcelona para tanto cambio de modelito.

 

AZULEJOS ELÉCTRICOS

NUEVA VULCANO, Los mirlos negros del underground de Barcelona

“Principal primera”
(BCore, 2004)

Quizá no el principal, pero sí el primero bajo el mínimo común denominador de Nueva Vulcano. “Lo hicimos en cuatro fines de semana en el sótano de los padres de Albert”, explica Artur. En él ya estaban las guitarras sucias, los enigmas honestos, el demoler y, claro, Santi Garcia: “Tenía un espacio libre en los antiguos Ultramarinos en la calle de la Llibertat de Sant Feliu y eso precipitó los acontecimientos”. Mucho Superchunk y Hüsker Dü, y también futuro

NUEVA VULCANO, Los mirlos negros del underground de Barcelona

“Juego entrópico”
(BCore, 2005)

Lo irreversible, el caos, el desorden y el placer guiaron este segundo disco del trío: “Nos flipamos creyendo que éramos los Talking Heads o los Flaming Lips”, bandas a quienes no se les puede negar el gusto por la experimentación gozosa, “y metimos más arreglos –gracias a la mano de Marc Clos– e incluso alguna improvisación”. En él ya había arquitectura, naturaleza, algo más de luz, Costa Brava y Barcelona, amor y fe.

 
NUEVA VULCANO, Los mirlos negros del underground de Barcelona

“Los peces de colores”
(BCore, 2009)

Que levante el pie quien nunca haya intentado “evitar la baldosa que baila”. Nueva Vulcano nos dejaron a deber un baile a cambio de su disco más pop. “Canciones cortas y directas sin perder contundencia, para lograr un trabajo que pareciera sencillo sin ser simple”. Si Santi Garcia no los aupó a los estantes más altos del supermercado musical con este disco ya no lo lograría, y los acérrimos del underground dirán que afortunadamente.

NUEVA VULCANO, Los mirlos negros del underground de Barcelona

“Novelería”
(BCore, 2015)

Un álbum de agradecimiento, una grabación corta y un puñado de historias verídicas con personajes aún más verídicos. En solo cinco días, la formación se reencuentra (¿o se topa con ella por primera vez?) con la sonoridad circunvalada durante años. “Compositivamente combina los dos álbumes anteriores, buscando canciones elaboradas sin perder de vista el ‘hit’”: escuchar “Pop y espiritualidad” es la mejor forma de darles la razón.

 
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