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OMAR SOULEYMAN, Vivan los novios

De Siria al mundo.

Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2014)

OMAR SOULEYMAN Vivan los novios

Pocos artistas capturan tan bien en sus canciones el espíritu festivo de la música en vivo como el master of ceremony sirio Omar Souleyman. Afortunadamente, sus grabaciones (cerca de quinientas, nada menos) ya no se encuentran solo en los quioscos de Damasco y su presencia es habitual en los festivales europeos. Manel Peña lo entrevistó tras el éxito de su primer lanzamiento internacional, apoyado en Four Tet: “Wenu Wenu” (2013).

Omar Souleyman transmite en las distancias cortas (vestido con gorra y gafas de sol, como si fuese un turista occidental más) el mismo tipo de carisma misterioso y relajado que proyecta sobre el escenario. Su estampa como maestro de ceremonias es realmente impactante a los ojos del público occidental: su túnica, su keffiyeh (pañuelo para la cabeza) y sus gafas de sol de aviador constituyen una imagen icónica que da que pensar sobre la importancia de la estética en la popularización de ciertos estilos musicales en el mundo.

Yo llegué con un espíritu distinto. Quería encontrar mi propio sitio dentro del patrimonio musical, hacer algo nuevo. Gracias a Dios eso me trajo un nuevo público. La dabke que yo hago es algo propio, exclusivo. Los otros artistas no tienen presentes otros estilos. La dabke es algo que forma parte de nuestro patrimonio musical y hay diferentes maneras de entenderla e interpretarla. En sus orígenes era un poco lenta, así que cuando yo empecé a interpretarla decidí subir un poco el ritmo. Cada vez intento ir subiendo el ritmo más y más”

Como es habitual en los intérpretes que no forman parte de la tradición musical anglosajona, Souleyman es un músico de directo y su razón de ser son las actuaciones en vivo. Empezó su carrera artística a principios de los noventa, siempre al lado del teclista Rizan Sa’id –compositor de la práctica totalidad de sus canciones–, curtiéndose en el circuito de los festejos nupciales, donde adquirió una fama a nivel local que raya lo legendario. Los asistentes a las bodas grababan los conciertos en casete o en vídeo, que luego circulaban sin parar por los quioscos de Damasco sin que el artista viera un duro. Una de esas grabaciones fue a parar a las manos de Mark Gergis, colaborador habitual de Sublime Frequencies, el sello fundado por los hermanos Alan y Richard Bishop (Sun City Girls) e Hisham Mayet y que está especializado en dar una salida comercial a músicas folclóricas que, hasta ese momento, han sido invisibles para el mundo occidental –en una tarea similar a la que ejercían en el pasado antropólogos musicales como Alan Lomax o Harry Smith–. Sus LPs para el sello (un arrollador y vibrante mazacote rítmico y festivo de baja fidelidad) despertaron el interés de los programadores europeos (Sónar, ATP, Primavera Sound), y así fue como, de repente, un nuevo público tuvo ocasión de colarse en las bodas de Ras al-Ayn, la región del noreste de Siria en la que creció Souleyman. Su reciente colaboración con Kieran Hebden (Four Tet) en el álbum “Wenu Wenu” (Ribbon Music-[PIAS] Iberia & Latin America, 2013) ha servido para limpiar su sonido de impurezas, pero, afortunadamente, Omar Souleyman no parece interesado en complacer al oído occidental. Tuvimos el placer de charlar un rato con él (con la única condición de no hablar sobre la guerra civil que atraviesa su país de origen) unas horas antes de su concierto en Lleida en el festival Músiques Disperses (MUD).

El estilo musical que usted practica –la dabke– es una especie de amalgama de sonidos, incorporando particularidades sirias, turcas, iraquíes, kurdas... Al mismo tiempo, combina instrumentos como los sintetizadores con otros más tradicionales. ¿Intenta mantenerse fiel a esta tradición cuando escribe sus nuevas canciones o cuando toca en vivo? ¿Es esta mezcla de sonidos algo común en el noreste de Siria o algo propio de Omar Souleyman? La manera en que interpreto no viene de la nada, no cayó de un árbol. Antes de que yo fuera conocido e hiciera mis primeros conciertos, había otros cantantes y músicos que tenían una carrera a sus espaldas de unos diez años. Yo llegué con un espíritu distinto. Quería encontrar mi propio sitio dentro del patrimonio musical, hacer algo nuevo. Gracias a Dios eso me trajo un nuevo público. La dabke que yo hago es algo propio, exclusivo. Los otros artistas no tienen presentes todos estos otros estilos. La dabke es algo que forma parte de nuestro patrimonio musical y, como tú bien dices, hay diferentes maneras de entenderla e interpretarla. En sus orígenes era un poco lenta, así que cuando yo empecé a interpretarla decidí subir un poco el ritmo. Cada vez intento ir subiendo el ritmo más y más.

“Warni Warni”, clip dirigido por Cali Thornhill DeWitt, es la canción que abre su disco “Wenu Wenu”, producido por Kieran Hebden (Four Tet), su primer álbum internacional.

Tengo entendido que ha participado en más de quinientas grabaciones, la mayoría para festejos nupciales y algunas otras junto a su colaborador habitual, Rizan Sa’id. ¿Nos puede describir cómo es una boda en Siria? Al preparar mis actuaciones para las bodas, intento comunicarme sobre todo con los novios, saber qué es lo que quieren, empaparme del ambiente reinante en la ceremonia. Siempre acabo encontrando un mensaje que tengo que transmitir. Me veo a mí mismo como un intermediario entre los novios y los familiares y el público en general. Siento una afinidad muy grande por la música popular, la tradición, el patrimonio. Intento que esté presente en lo que interpreto. Tiene que estarlo, porque yo no estoy inventando nada. Intento hacer una continuación de ese legado. Si ha cambiado un poco es porque tenía que cambiar.

¿Alguna vez se ha planteado escribir música pensando en otro tipo de contexto, más lírico y contenido? Personalmente no me gusta que el público esté quieto. Me gusta el calor y el movimiento. Es el ambiente que me inspira a la hora de cantar; por eso nunca me he planteado bajar el ritmo, sino subirlo todavía más.

“Al preparar mis actuaciones para las bodas, intento comunicarme sobre todo con los novios, saber qué es lo que quieren, empaparme del ambiente reinante en la ceremonia. Siempre acabo encontrando un mensaje que tengo que transmitir. Me veo a mí mismo como un intermediario entre los novios y los familiares y el público en general. Siento una afinidad muy grande por la música popular, la tradición, el patrimonio. Intento que esté presente en lo que interpreto”

Su repercusión fuera de su país de origen es cada vez mayor. ¿Cómo se siente con el progresivo grado de aceptación que han tenido sus canciones en Occidente? ¿Ha cambiado eso su manera de componer o afrontar los conciertos? ¿Intenta adaptarse a esta nueva situación o pretende aprovechar esta fama para dar a conocer las raíces de su música? Al principio, cuando salí de Siria para cantar fuera, estaba un poco preocupado, ya que yo era un extranjero entre gente extraña. Era una situación completamente nueva para mí y pensaba que no me entenderían y que no apreciarían mi música. Me preocupaba especialmente que no entendieran el mensaje de las letras, algo que para mí es muy importante. Los primeros conciertos pasaron y disfruté de la experiencia. Descubrí que a este público extranjero le gustaba una cosa: pasarlo bien, dejarse llevar por el ritmo. Eso hizo que me animara y acabara disfrutando mucho actuando en festivales en el extranjero. El tema de las letras intenté solucionarlo incluyéndolas en los álbumes con su traducción al inglés; y veo que la gente se las lee porque me felicitan por ellas a menudo.

¿Siguen sus letras alguna temática influida por la tradición o elige el tema libremente? Como letrista trato de no salirme del marco de mi tradición. Intento cantar según vivo mi vida, sobre el presente de la gente que me rodea. Escribo sobre el dolor, la alegría, el amor, la tristeza.

Hasta la fecha ha hecho tres tours por Europa. ¿Le gusta salir de gira? ¿Es algo que disfrute especialmente o simplemente lo ve como parte de su trabajo? Me encanta salir de gira por Europa y disfruto mucho tocando para el público de aquí; se puede ver que aman la música, los ritmos. En todas partes me han recibido muy bien, pero especialmente en Londres y en Barcelona. El problema de Barcelona es que puede ser muy calurosa, con mucha humedad. Recuerdo una vez en Finlandia en la que también me encontré un público bastante loco.

¿Ha asistido a algún concierto que le haya impresionado últimamente? Admiro personalmente a muchos artistas y sería muy difícil ponerme a decir nombres, pero tengo que admitir que nunca he ido a un concierto de los que se hacen aquí en Europa.

Por último, ¿cómo valora la colaboración con Kieran Hebden (Four Tet) en su último álbum, “Wenu Wenu”? No parece que tuviera la intención de transformar mucho su sonido característico. ¿Cree que el hecho de trabajar con artistas como él, Damon Albarn o Björk puede acabar teniendo alguna influencia en su música? Lo que más me ha influido de mi contacto con Kieran Hebden es el provecho que sabe sacar de la tecnología. En ningún momento intentó orientarnos o condicionarnos; fue el ingeniero de sonido y se centró en grabar lo que hacíamos, y lo hizo muchísimo mejor que en mis anteriores producciones. Aprendí mucho de él. No creo que mi contacto con él u otros productores cambie mi estilo de ninguna manera; en cualquier caso, me servirá para aprender nuevas técnicas de grabación. Me interesa mucho sacarle el mayor partido posible a la tecnología a la hora de desarrollar mi estilo, lo que hago en las bodas... Intento estar al día para poder grabar cada vez mejor.

 

Tradición y renovación

En Occidente a menudo percibimos la tradición artística como un objeto de museo, un cuerpo estático que está dentro de una urna y que los académicos se encargan de alejar de las manazas del populacho. Como resultado, muchos artistas se refugian en la vanguardia e intentan crear lenguajes nuevos o que combinan referentes preexistentes de una manera personal. En culturas como las del norte de África, en cambio, la tradición musical es algo vivo, cambiante, como agua adoptando distintas formas en diferentes vasijas. ¿Se considera Omar Souleyman un artista con voluntad de renovar las raíces de la música que interpreta? “No es algo de lo que seamos tan conscientes como en Occidente, pero es innegable que yo soy hijo de una tradición. Mis orígenes forman parte de una tradición mezclada, con influencias de Turquía, Kurdistán, Siria, Arabia... Por eso mismo no sé exactamente hacia dónde voy ni en qué sentido estoy renovando mis orígenes. Respeto esta tradición para satisfacer a mi público, a mi familia, a la gente más próxima a mí. El patrimonio musical es sagrado; un artista que no lo tiene presente, para mí, no es un artista. Por ejemplo, si tú eres español y quieres cantar en Estados Unidos siguiendo el canon americano, nunca llegarás a ser un artista de verdad”.

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