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ORNETTE COLEMAN, El sonido de la libertad

Mr. Harmolodic: la búsqueda infinita.

 
 

ENTREVISTA (2007)

ORNETTE COLEMAN El sonido de la libertad

Ornette Coleman (1930-2015), uno de los más importantes innovadores en el jazz de vanguardia. A finales de la década de los cincuenta del siglo XX, Ornette Coleman desató una de las más sonadas revoluciones de la música. Dijo no a las jerarquías y sí a la libertad, y abrió una brecha que se ensanchó con John Coltrane y, más tarde, con artistas de todas las disciplinas. En 2006, a los 76 años, el padre del free jazz publicó “Sound Grammar” tras una década de silencio; fue cuando Roger Roca lo entrevistó por teléfono y cuando Reid Anderson, contrabajista de The Bad Plus, seleccionó sus tres álbumes favoritos de Coleman para las páginas de Rockdelux.

Aunque nunca se fue realmente, la sensación es que Ornette Coleman ha vuelto. El verano pasado incluso actuó en el Festival Galapajazz de Madrid. Desde que descuelga el teléfono de su loft, en la zona de almacenes de Manhattan, su fama de artista difícil e inaccesible parece completamente injustificada. “Tómate tu tiempo”, dice con voz suave pero firme y acento sureño.

¿Por qué diez años entre el anterior disco y “Sound Grammar” (Sound Grammar-Distrijazz, 2006)? ¿Qué ha ocurrido en este tiempo? Nada en especial. He estado trabajando en nueva música, pero antes de grabar un disco quería estar seguro de que había hecho algún progreso.

¿Así de sencillo? Diez años sin grabar un disco son muchos incluso para el artista que relativizó la noción del tiempo: su revolucionario álbum “Free Jazz” (Atlantic, 1961; nº 57 entre los mejores del siglo XX según el Rockdelux 200), que bautizó a toda una forma de música, consiste en una única toma de treinta y siete minutos que hubo que partir en dos para que se adaptara al formato LP. Hay otras razones que explican por qué ha pasado una década entre “Colors” (Harmolodic-Verve, 1996), el disco que grabó con el pianista Joachim Kühn, y “Sound Grammar”, que inaugura su propia discográfica. Ornette Coleman es confiado por naturaleza, pero no cree en las compañías de discos ni en los mánagers. Eso explica por qué su carrera es tan poco visible: “No tengo un agente que me busque conciertos”.

“Mira, no estoy seguro de lo que es un radical. Pero no. Me veo como un ser humano que intenta descubrir cuál es su propósito en el mundo. Ni más ni menos

Desde que grabó sus primeros discos en 1958, se ha sentido constantemente incomprendido y maltratado por la industria de la música, y en ocasiones por los propios músicos. Ahora cuesta entender por qué sus primeros trabajos causaron tanta controversia. Pero si la música de Ornette Coleman, abierta, libre, de apariencia anárquica y profundamente melódica, resulta hoy tan asequible a nuestros oídos, es porque ha dado forma al paisaje sonoro de nuestros días. Sin Coleman no hay free jazz, pero tampoco nada de lo que viene detrás, porque con su revolución personal hizo toda la música un poco más libre. Que se lo pregunten a John Zorn, a Sonic Youth, a Yo La Tengo, a Yoko Ono (el cuarteto de Coleman participó en su debut, “Yoko Ono/Plastic Ono Band”, en 1970) o a Lou Reed, quien le llamó para una canción de “The Raven” (2003).

Estos días las puertas de su loft se han abierto para recibir a entrevistadores de los medios estadounidenses, publicaciones especializadas pero también periódicos como ‘The New York Times’. La reaparición discográfica de Coleman tras una década de silencio es un acontecimiento importante para la música norteamericana, y no se le ha escapado ni a la organización de los Grammy, que ha seleccionado “Sound Grammar” entre los candidatos a mejor álbum de jazz.

En contraste con largos períodos de su vida, Ornette Coleman es hoy un artista consagrado y reconocido por los poderes fácticos. Actúa en grandes auditorios, tiene el reconocimiento de las instituciones musicales más importantes y vive desahogadamente gracias, entre otras cosas, a la millonaria beca que recibió en 1994 de la fundación filantrópica MacArthur. Pero ni cuando era un incomprendido estuvieron cerradas las puertas de su casa. Coleman las abre a cualquier músico con agallas suficientes para presentarse y pedir consejo: “No guardo secretos y no tengo ningún problema en ayudar a cualquiera a hacer mejor que yo lo que yo hago”.

 
ORNETTE COLEMAN, El sonido de la libertad

Coleman, músico autodidacta pero excepcionalmente dotado. Más allá del virtuosismo, entre la honestidad y la espontaneidad. Foto: Óscar García

 

Compartir es un hecho inseparable de Ornette Coleman. Forma parte de su carácter y de su música, basada en la libre expresión individual tanto como en la cooperación: “Echo de menos ese ambiente de intercambio donde todos aprendíamos de todos”. Se refiere a finales de los años cincuenta, cuando fraguó un lenguaje que en el fondo ha mantenido inalterable hasta ahora mismo. Nacido en Fort Worth, Texas, en 1930, empezó tocando en bandas locales de rhythm’n’blues y pronto mostró inquietudes estéticas incompatibles con su entorno. ¿Se sentía un artista radical? ¿Y ahora? “Mira, no estoy seguro de lo que es un radical. Pero no. Me veo como un ser humano que intenta descubrir cuál es su propósito en el mundo. Ni más ni menos”.

Radical o no, en una ocasión los parroquianos de un bar de su ciudad, hartos de sus solos incomprensibles, le zurraron y le lanzaron el saxo tenor por un barranco. Fue entonces cuando se pasó definitivamente al saxo alto. De Texas fue a Los Ángeles, donde conoció a quienes serían sus compañeros durante muchos años: el trompetista Don Cherry, el contrabajista Charlie Haden y los baterías Billy Higgins y Ed Blackwell. Grabó sus primeros discos en California y de allí viajó a Nueva York, donde Coleman y su grupo causaron una enorme controversia con seis semanas de conciertos en el club Five Spot en 1959. La capital del jazz se encontró de pronto con una forma totalmente nueva de música, donde el rigor de la armonía y el compás había desaparecido. Las melodías, el punto fuerte de Coleman, fluían con libertad sobre ritmos y armonías indefinidas. Más adelante definiría su música como “harmolódica”, un concepto que aún hoy resulta difícil de precisar. Para algunos, como John Coltrane, Charles Mingus y Miles Davis, asiduos a sus conciertos en el Five Spot, fue una revelación. Para otros, la tomadura de pelo de un tipo que aparentemente no sabía los acordes de sus propias canciones. Un amateur, un impostor. “¿Tocas algún instrumento?”, pregunta de pronto el saxofonista al entrevistador.

Toqué en una banda. ¿Qué instrumento tocabas?

La guitarra, porque era el más fácil para empezar. ¿Crees que la guitarra es fácil? ¿Y no crees que cuando yo toco las notas del saxo consigo que suene diferente a como se supone que debería sonar? Si lo tocases tú, conseguirías un sonido distinto al mío. Y no depende del instrumento, depende de ti.

“¿El conocimiento sirve para que seamos como realmente queremos ser o para aprender sobre cosas que en el fondo no importan? Debería ser lo primero, pero no veo que sea así”

Además del saxo alto, toca la trompeta con un lenguaje muy sui géneris, y su forma de tocar el violín contraviene todas las enseñanzas clásicas. Para Coleman, músico autodidacta pero excepcionalmente dotado, no importa el virtuosismo. Lo que les exige a sus músicos es honestidad y espontaneidad. Un dato revelador: en 1966 grabó por primera vez con su hijo a la batería. Denardo Coleman es miembro actual de la banda de su padre, pero entonces tenía sólo 9 años. ¿Qué buscaba en un niño que no le podía dar un adulto? “La música estaba aquí antes que tú, que yo o que él”. Ornette Coleman no es difícil ni esquivo en el trato, todo lo contrario. Pero hablar con él es frustrante porque resulta totalmente imposible que se ciña a preguntas sobre episodios, épocas y personas concretas. Sigue su propia lógica. Escucha pacientemente y lleva las preguntas al terreno que le interesa: la relación entre el sonido, el lenguaje y la condición humana. Otro ejemplo: ¿cuál cree que ha sido su mayor contribución a la música? “La idea de que las mismas notas pueden expresar cosas distintas. Aunque todos utilizamos las mismas notas, no todos conseguimos los mismos sonidos. Me pregunto por qué ocurre”.

A su manera, Coleman habla de libertad, del derecho y de la necesidad de ser uno mismo a través de la música. Es la constante de una obra repleta de proyectos muy distintos entre sí. Tras el impacto inical de 1959, Coleman tocó en pequeño formato y en acústico durante los sesenta. En 1972 grabó una ambiciosa suite, “Skies Of America” (Columbia, 1972), con la Sinfónica de Londres. Hizo un disco en Marruecos con los Masters Musicians Of Joujouka, “Dancing In Your Head” (Horizon, 1976). A mediados de los setenta formó Prime Time, una banda de free funk con guitarristas y bajos eléctricos. Grabó con Jerry Garcia de The Grateful Dead. Participó en la banda sonora de la película “El almuerzo desnudo” (David Cronenberg, 1991). Ha protagonizado carísimos espectáculos con orquestas y bailarines. Tiene un cuarteto estable de saxo, batería (su hijo Denardo) y dos contrabajos que últimamente amplía con un tercer bajista, y sus próximos objetivos pasan por grabar piezas escritas para grupos de música de cámara.

Insiste en que está aprendiendo, y que su aprendizaje no tiene final. “¿El conocimiento sirve para que seamos como realmente queremos ser o para aprender sobre cosas que en el fondo no importan? Debería ser lo primero, pero no veo que sea así”, dice con convicción religiosa. Quizá la búsqueda de Coleman no tiene final, pero sí principio, que se remonta a sus inicios: “Para un hombre negro joven en Texas, tocar el saxo era la única manera de ser libre”. Así de sencillo. En el fondo, Ornette Coleman toca el blues.

 

VISTO DESDE EL PRESENTE

ORNETTE COLEMAN, El sonido de la libertad

Reid Anderson, contrabajista del ecléctico trío norteamericano The Bad Plus, selecciona sus tres álbumes favoritos de Ornette Coleman. Conoce bien su obra: una de las primeras cosas que le acercaron al pianista Ethan Iverson, con quien formaría The Bad Plus, fue su obsesión común por una grabación de Coleman. En el álbum “Give” (Columbia, 2004), The Bad Plus incluyeron una versión de una composición del saxofonista, “Street Woman”, y en noviembre de 2005 compartieron cartel con el cuarteto de Coleman.

ORNETTE COLEMAN, El sonido de la libertad

Change Of The Century”
(Atlantic, 1959)

Coleman cambiaba de siglo antes de tiempo, y su osadía no gustaba a todos. “Algunos músicos dicen que si lo que yo hago está bien, nunca deberían haber estudiado”, decía el saxofonista en la carpeta del disco. Parece imposible que melodías tan bellas como “Una muy bonita” o interpretaciones tan trepidantes como la titular encontrasen tanta resistencia. Los tiempos han cambiado: “Tienen algo increíblemente claro y accesible. Creo que es una buena introducción a la música de Ornette”, opina Reid Anderson. Claridad, melodía y un cuarteto (Coleman, Cherry, Haden, Higgins) en plenitud de facultades.

 
ORNETTE COLEMAN, El sonido de la libertad

The Shape Of Jazz To Come”
(Atlantic, 1959)

“El título lo dice todo. Incluye ‘Lonely Woman’, una de sus composiciones más hechizantes”, dice Anderson, y lo corroboran muchos: es la composición de Coleman que más ha trascendido. Sólo por los cinco minutos de la desolada “Lonely Woman”, este álbum merece un lugar en la historia. Y la media hora restante no tiene desperdicio. Aún no había formado su grupo definitivo, pero el tándem con el trompetista Don Cherry ya funcionaba a la perfección.

ORNETTE COLEMAN, El sonido de la libertad

Science Fiction”
(Columbia, 1971)

“Es el álbum de Ornette Coleman preferido por The Bad Plus. En mi opinión –asegura Anderson–, uno de los discos con mejor sonido de todos los tiempos. Una combinación increíble de músicos, solos brillantes y una orquestación preciosa”. Cuartetos, quintetos, voces (la cantante india Asha Puthli), rap antes del rap (el poeta David Henderson), una energía descomunal y el primer paso de Coleman hacia el sonido eléctrico. La versión original es inencontrable, pero existe una reedición con una hora más de música, “The Complete Science Fiction Sessions” (Columbia-Legacy, 2000).

 
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