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PAPA WEMBA, Viva la música, viva la elegancia

Papa África.

 
 

ARTÍCULO (2016)

PAPA WEMBA Viva la música, viva la elegancia

Por Luis Lles

Formador de ídolos, rey de la Sape, modisto-jefe del Village Molokai, embajador del soukous... Son algunos de los títulos que ostentaba Papa Wemba (1949-2016), quien falleció en el transcurso de una actuación en Abiyán, capital de Costa de Marfil. Su peculiar voz, dulce y aguda, su elegante forma de vestir y sus inolvidables melodías lo convirtieron en una de las estrellas más refulgentes del firmamento africano. Luis Lles lo recordó en este artículo.

Cuando Jules Shungu Wembadio Pene Kikumba nació el 14 de junio de 1949 en Lubefu, su país no se llamaba todavía Zaire ni República Democrática del Congo, como se conoce ahora. Entonces era simplemente el Congo Belga y todavía quedaba más de una década para conseguir la independencia. El colonialismo y la catequesis cristiana marcaron los primeros años del joven Jules, que vio cómo sus padres fallecían siendo todavía un adolescente. Su padre, exsoldado del ejército belga, no quería que su hijo se dedicara a la música, pero el chaval decidió seguir los pasos de su madre, plañidera profesional y cantante en funerales, en los que de niño comenzó a despuntar. Un detalle muy sintomático, ya que la voz de quien luego se convertiría en Papa Wemba siempre tuvo un timbre quejumbroso, melancólico y triste. En una entrevista de 2014 señaló que “cuando comencé a cantar música pop, abandoné por completo la música religiosa. Pero esa influencia ha estado siempre presente en mi voz”.

Reconocido admirador de Sam Cooke, Tabu Ley Rochereau y la Fania All Stars, el rock también influyó en sus inicios, lo que le hizo adoptar el nombre de Jules Presley en sus primeros escarceos musicales de los años sesenta. Ya como Shungu Wembadio, a los 20 años entró a formar parte de Zaiko Langa Langa, grupo que se convertiría en uno de los puntales del soukous o congo-rumba, siguiendo los pasos de los pioneros Franco Luambo Makiadi, Tabu Ley o Pepe Kalle, artistas todos ellos muy influidos por la música afrocubana y sobre todo por la rumba, que ellos adaptarían a los ritmos tradicionales de su tierra en el clásico fenómeno de ida y vuelta, y con un toque de guitarra serpenteante y alegre como principal seña de identidad. En 1974, junto a otros componentes de Zaiko Langa Langa creó un nuevo grupo, Isifi Lokolé, de vida efímera (solo un año), cuyo acrónimo respondía a las siglas del rimbombante Institut du Savoir Ideologique pour la Formation des Idoles. Es allí donde comenzó su fama como formador de ídolos y donde de forma definitiva cambió su nombre por el de Papa Wemba. Tampoco duraría mucho más su siguiente aventura, Yoka Lokolé.

En diciembre de 1976 pasó una breve temporada en la cárcel acusado de haber intimado con la hija de un general, y al año siguiente creó su grupo más conocido, Viva La Musica, nombre elegido tras escuchar las arengas de los componentes de Fania All Stars en un concierto en Kinshasa. Con el propósito de aunar las influencias de la salsa, el rock, el soul y la variété francesa con el soukous, Viva La Musica se convirtió en una especie de comuna de músicos a la que, siguiendo las huellas de la República de Kalakuta de Fela Kuti, llamaría Village Molokai, influido por la película sobre la leprosería del Padre Damián en Molokai, que le había impactado de pequeño. De Viva La Musica saldrían futuras estrellas del soukous como King Kester Emeneya, Fafa de Molokai y, sobre todo, Koffi Olomide.

“Africain comme toi”, tema de su último álbum, “Maître d'école” (2014). Con Nana Kouyaté. El clip fue dirigido por Rodrigo Mayemba. Tras el vídeo, Papa Wemba aconsejaba cómo seguirlo en su web.

Tras una breve temporada en Afrisa International, el grupo de Tabu Ley, Papa Wemba se trasladó a vivir a París a comienzos de los años ochenta, donde creó otra facción de Viva La Musica (Nouvelle Generation), simultaneando a partir de entonces las ediciones de sus discos en Francia y en Congo. En 1983 editó en el sello Crammed el maxi “Malimba”, junto al hechicero electrónico Hector Zazou (del grupo experimental ZNR), quien posteriormente publicaría dos discos junto al también congoleño Bony Bikaye.

Pero el punto de inflexión en la carrera de Papa Wemba sería su participación en 1987 en la entrañable película “La vie est belle” de Mweze Ngangura y Benoît Lamy. Este último le volvería a dirigir en “Combat des fauves” (1997), compartiendo protagonismo con... ¡Ute Lemper! A partir de allí se sucedieron algunos de sus discos más emblemáticos, como “L’esclave” (Gitta, 1986), “Love Kilawu” (Sonodisc, 1987), “Siku Ya Mungu” (Black Music, 1988), “Place Vendôme” (Sonodisc, 1989), “Wake Up” (Sonodisc, 1996; junto a Koffi Olomide) o “Pole Position” (Sonodisc, 1996), que se irían intercalando con sus producciones internacionales para Real World, la compañía de Peter Gabriel, quien se lo llevó de telonero en 1993 en sus giras europea y norteamericana, y quien dijo de Wemba que “posee una de las voces más hermosas y emocionantes que he escuchado nunca”. Con Real World editó Papa Wemba una trilogía imprescindible formada por los discos “Le voyageur” (1991), “Emotion” (1995) y “Molokai” (1998), que incluyeron canciones tan vitalistas y conmovedoras como “Maria Valencia”, “Yolele” o su versión del “Fa Fa Fa Fa Fa (Sad Song)” de Otis Redding.

Pero Papa Wemba fue también el rey de la Sape (Société des Ambianceurs et des Personnes Élégantes), suerte de afrodandis congoleños que dan una importancia enorme a la presencia física: la higiene, el perfume, la elegancia (y la extravagancia) en el vestir. Apasionados seguidores de la moda de Yamamoto y Miyake, cambiaron las reglas según las cuales los músicos africanos tenían que vestir con ropa colorista y tribal (o, peor aún, en taparrabos) para convertirse en un modelo de elegancia y modernidad.

En 2003 tuvo lugar el suceso más incómodo en la vida de Papa Wemba, al ser detenido por la policía francesa acusado de pasar ilegalmente como si fueran músicos de su banda a numerosos inmigrantes congoleños. A resultas de ello pasó tres meses en la cárcel de Fleury-Mérogis, de la que salió, según se rumorea, gracias a la fianza que pagó el Gobierno del Congo. Pero después continuó con su carrera musical –su último disco es “Maître d’école” (Cornely Malongi, 2014)– hasta llegar al fatídico 24 de abril de 2016 en el que, en plena actuación, cayó fulminado en Abiyán, cuando participaba en el festival Femua de Anoumabo, que tenía como objetivo recaudar fondos para construir escuelas. Su muerte ha supuesto un verdadero shock en su país, donde se decretaron tres días de luto y se ofició su funeral con honores de jefe de estado y con una gran exhibición pública de esos sapeurs que él contribuyó a dar a conocer en todo el mundo. Ahora ya baila la rumba con Peret.

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